LA RECEPCION CRITICA DEL MENSAJE VISUAL



Introducción

El usuario común de los medios masivos se ve inundado desde hace años de mensajes cuyo componente visual es fuertemente predominante. No hemos de olvidar que la información -por la prensa, la radio, la televisión y la "red de redes"- puede ser parcial y tendenciosa, por lo cual es cada vez más imprescindible incluir en las instancias educacionales la formación y del desarrollo del "sentido crítico".

Tal es el propósito de la presente obra: invitar a mejorar nuestro "sentido crítico" frente a los mensajes cuyo objetivo y contenido no es propiamente la información sino la entretención -como las series televisivas- o la motivación, como en el caso de la omnipresente publicidad. Esta es la razón por la cual optamos por redactar un texto destinado a abordar los mensajes "verbo-icónicos", es decir compuestos de palabras e imágenes, pero con predominio visual.

Por cierto no es posible, en un libro (como fue el proyecto original del presente texto), insertar ejemplos visuales de escenas de televisión, ni hacer referencia a las que se pueden ver en uno u otro canal: no todos las han visto, o las han olvidado... aunque parte de su mensaje (especialmente en el campo de las apreciaciones valóricas) puede seguir teniendo efecto sobre nuestro modo de pensar. Hay, sin embargo, mensajes visuales que aparecen a la vez en la televisión y en otros medios de comunicación y que son más fáciles de reproducir o de "tener a mano" para realizar ejercicios: los mensajes publicitarios. Aunque su finalidad inmediata es diferente, tienen una estructura, un contenido y algunos efectos parecidos a las "seriales" y películas. Esto nos permitirá utilizar un material de trabajo reproducible y más fácil de exhibir en la red. Es, por lo tanto, a partir del fenómeno publicitario y centrándonos principalmente en éste que ofrecemos el presente texto.

Esperamos que su estudio resulte útil para todos nuestros lectores.


1 MARCO TEORICO INICIAL

No podemos iniciar este libro sin recordar en qué consiste el pensamiento crítico. Tampoco podemos abordar un análisis de mensajes visuales sin recordar previamente algunas características de los lenguajes icónicos. Y no podríamos abordar el análisis de ningún mensaje si no tuvieramos en cuenta que se estructuran de diferente modo según la finalidad del emisor (estrictamente informativa o, más bien, persuasiva). Todo "discurso" (como también podemos llamar un mensaje visual complejo) cuenta en realidad con diversas "dimensiones" de contenido que debemos poder reconocer.

El "Pensamiento crítico", el "Lenguaje visual" y las "Dimensiones del Discurso" serán por lo tanto los primeros temas -de orden teórico- que trataremos para situarnos correctamente frente a los mensajes que aprenderemos a analizar críticamente. A medida que sea necesario, haremos referencia a la publicidad, sus mecanismos y técnicas.


1. EL PENSAMIENTO CRITICO

Otorgamos habitualmente un alto grado de confianza a la información recogida por nuestros órganos de percepción. Muy pocas veces se nos ocurre que esta percepción podría ser errónea o sufrir transformaciones antes de llegar a nuestra conciencia, lo cual ocurre sin embargo a menudo y nos lleva a reaccionar en forma equivocada. Conocer, en cierto modo, siempre es reconocer, por cuanto implica asociar al menos dos imágenes mentales, una de las cuales es -la mayoría de las veces- un recuerdo. Así, tendemos a comprender todo por referencia a elementos ya conocidos y simples. Recurrimos siempre a nuestra memoria y a soluciones que han resultado ser válidas en situaciones anteriores. Pero -en realidad- dichas soluciones anteriores no tienen por qué ser las mejores hoy. E incluso, más de una vez, no tienen ninguna validez para el nuevo caso.

¿Qué hemos de concluir de esta primera observación? Que el pensamiento crítico no sólo se refiere a la evaluación de mensajes recibidos de terceros, sino que ha de empezar aplicándose a nuestro modo de reflexionar sobre cualquier problema o situación, partiendo con las mismas circunstancias en que vivimos. Por cierto no corresponde aquí abordar un enfoque tan amplio, pero no podemos proseguir sin recordar que la exigencia del pensar crítico se aplica a la totalidad del modo de ser consciente, cuando su objetivo es ejercer plenamente la condición humana de ser responsable.

Las investigaciones realizadas hasta este momento permiten concluir que percepción en general y percepción consciente no son lo mismo. Existe un campo de elaboración de información que prescinde normalmente de la vivencia consciente, que varía principalmente en función de factores emocionales y aparece como un mecanismo regulador y protector. Podemos estimar, como lo sugiere el siquiatra inglés E. De Bono (1973), que falta generalmente educación en lo relativo al control de la influencia de la memoria sobre el procesamiento pre-consciente de la información. Este control, sin embargo, debería constituirse en una primera etapa del pensamiento crítico, en la cual es necesaria una triple toma de conciencia:

  1. de la parte de la situación percibida que será analizada,
  2. de los recuerdos que serán usados en este procesamiento posterior,
  3. de los valores y prioridades asociados a estos recuerdos.

Sólo después de realizar estas operaciones podemos proseguir hacia niveles más avanzados de análisis o de tratamiento de lo percibido. La falta de atención por esta primera etapa del pensamiento crítico es una práctica cuyo peso puede llegar a perturbar muchas actividades humanas, incluyendo la investigación científica (cuya metodología es la que mejor tiende a superar el problema).

El proceso consciente de pensamiento -pensamiento reflexivo o crítico- debe, por lo tanto, "volver sobre sus pasos", criticando su propio origen para luego construir sobre bases más sólidas. ¿En qué consiste entonces, globalmente, este pensamiento reflexivo? A decir de John Dewey, es "la consideración activa, persistente y cuidadosa de cualquier forma de conocimiento, a la luz de los fundamentos que la sustentan y de las posteriores conclusiones hacia las cuales tiende" ("How we Think", 1933, p.9, citado por Burton, p.40).

Si analizamos bien esta definición, podemos descubrir que implica la generación de un estado de duda, de perplejidad, el cual lleva a un proceso de investigación con miras a resolver la duda y, eventualmente, a lograr un estado final de satisfacción. Aquí reside el aspecto medular del pensamiento crítico: se detiene, sospecha, formula hipótesis, las somete a prueba y sólo decide al terminar esta confrontación. El pensamiento acrítico -por el contrario- admite sin discusión el producto de la percepción que llega a la mente, no se propone dudar ni comparar ni someter a prueba. Admite como seguro un pensamiento que, como lo acabamos de ver, no es en realidad más que una hipótesis de interpretación de la realidad.

A continuación ofrecemos un esquema que sintetiza los distintos modos de operar del pensamiento en proceso.

Gráfico 1. El proceso del pensamiento
Pensamiento critico

El pensamiento crítico no es algo innato: es algo que se aprende. Sin ser muy difícil, es exigente y requiere esfuerzo y constancia. En particular hemos de subrayar que exige fuertes convicciones morales. En efecto, puede traer algunas incomodidades sociales, especialmente cuando lleva a oponerse a opiniones o creencias mayoritarias. Es sin embargo una obligación propia de todo hombre que desee superarse, siendo al mismo tiempo testigo de la verdad y fiel a su conciencia moral. Pero a la afirmación de la propia opinión debe corresponder evidentemente la disposición a dejarse convencer por las evidencias o pruebas, la sinceridad personal y la confianza en la sinceridad de los demás así como el respeto por sus puntos de vista.


2. EL LENGUAJE VISUAL

La importancia de la escritura para la comunicación es tal que ha determinado una división fundamental en el estudio de la evolución del género humano: la distinción entre prehistoria e historia. La prehistoria, sin embargo, no nos es ajena: ha dejado para la posteridad una valiosísima información observable y hasta cierto punto comprensible no sólo por expecialistas sino por cualquier persona con un buen sentido de la vista. Aunque la interpretación exhaustiva pueda ser compleja, lo más asombroso es que aún hoy estamos en condiciones de reconocer objetos y seres vivos desaparecidos hace miles de años, y que lo podemos hacer cualquiera sea el idioma que hoy hablemos.

Gruta de Cosker
Ciervo (Gruta de Cosquer, Francia)

Nuestra actual civilización ha vuelto a descubrir el poder inmenso de esta otra modalidad de expresión del pensamiento que es el "lenguaje visual" y le está dando un carácter de avalancha a través de los medios de comunicación masiva. El usuario no puede quedar ajeno a esta realidad. En muchos casos, hoy, no podrá acceder al sentido completo de un discurso si no está en condiciones de evaluar el significado de la expresión icónica.

La mutua complementación entre ambos lenguajes -verbal y visual- resulta actualmente obvia. El lenguaje verbal es analítico: divide y compara, en etapas que se suceden en el tiempo, y la comprensión surge del estudio de las partes y de la aprehensión de sus nexos. El lenguaje visual, al contrario, es más sintético: por la vista se percibe una forma significativa en su globalidad. El proceso de comprensión, aquí, se invierte: se inicia en el conjunto, para investigar luego las partes. Pero la aprehensión del conjunto es inmediata; se logra en el instante, antes e independientemente del análisis de las partes -que es posible pero no indispensable-.

La percepción visual corresponde a un sistema especial cuyos componentes son tres: las dos dimensiones ortogonales del plano y las características de forma de la figura que se represente en este plano. Mientras en un "instante de percepción" se logran percibir simultáneamente estas tres variables visuales, en el mismo instante sólo se logra percibir una sílaba en el lenguaje oral. Así, se necesitan tres instantes para percibir la palabra "estrella" mientras uno sólo basta para percibir su imágen y su ubicación en el espacio de un determinado cuadro.

Por otra parte, mientras la palabra "estrella" permanecerá sin sentido para quién no hable castellano, su representación gráfica podrá ser correctamente interpretada por muchos otros. Se puede decir por lo tanto que el lenguaje visual tiene una vocación más universal que el verbal, aunque puede ser necesario que un mensaje visual deba ser acompañado por un mensaje verbal para asegurar mejor una interpretación correcta. Aquí entra a jugar otra característica del lenguaje visual: se presta más fácilmente a una multiplicidad de interpretaciones, especialmente cuando la técnica expresiva es exhaustiva y no acompañada de texto, como en la pintura figurativa y la fotografía. Esto debería quedar particularmente claro con la Ilustración nº1 que encontrará al inicio del Capítulo 2.


3. LAS DIMENSIONES DEL DISCURSO

Dimensión ideológica
Todo mensaje tiene necesariamente una procedencia que es estrictamente interna del emisor (sus pensamientos). Sin embargo, todo emisor está en condiciones de discriminar dos distintos tipos de referentes: uno que pertenece solamente a su mundo interior (ideas, pensamientos, creencias, sentimientos) y otro que corresponde a una realidad externa observable por otros (objetos materiales y acontecimientos). Al respecto el profesor Desantes, experto español en derecho de la información, señala que desde el mundo interior surgen los juicios de valor y los argumentos para persuadir. Estos conforman la dimensión ideológica de los mensajes.

Dimensión fáctica
Del mundo exterior procede el conocimiento de la realidad y de los hechos que conforman la historia: este conocimiento conforma la dimensión fáctica del mensaje. Los mensajes noticiosos del periodismo han de inscribirse en esta dimensión.

Dimensión "opinática"
A estas dos categorías, dice Desantes, ha de agregarse una tercera. Cuando aplicamos a un hecho un juicio de valor, del choque de ambos términos resulta una mezcla del mundo interior y del mundo exterior del que realiza esta operación. Lo que el emisor comunica es una opinión que el destinatario podrá o no compartir. Por ello, este tipo de mensaje es llamado opinático. La opinión ha de basarse en un hecho verdadero al que se aplica una idea conforme con la ética, de acuerdo a reglas lógicas. El constitutivo de este mensaje es así triple: verdad, moral y lógica.

Como podemos deducir, cualquier discurso contiene, en última instancia, elementos que corresponden a los tres aspectos mencionados, aunque la intención del autor puede concentrarse en uno o dos de ellos. Es así como un informe científico hace predominar lo fáctico y trata de limitarse a ello, mientras -en un extremo opuesto- una declaración doctrinal poco se preocupa de hechos concretos. En consecuencia, podemos representarnos el universo de los discursos como un plano donde el eje vertical representaría la dimensión fáctica y el eje horizontal la dimensión ideológica. En torno a la diagonal se situarían los discursos cuyo principal componente sea la formulación de juicios (lo que Desantes llama "opináticos"). (Ver Gráfico 2)

Gráfico 2. El Plano Informativo

Discursos no propiamente informativos
El análisis de Desantes se refiere esencialmente a la producción de un discurso informativo y a sus componentes. Pero existen discursos que tienen otra finalidad o que combinan la finalidad informativa con otra: ¿qué pasa con mensajes en que no existe, en realidad, ningún contenido propiamente fáctico, reemplazándose éste por hechos imaginarios sea que existan sólo en la mente del emisor sea que hayan sido producidos artificialmente (como en el caso de obras teatrales o telenovelas)? De acuerdo con el enfoque de Desantes, estos son esencialmente productos del "mundo interior" de un emisor.

Pero no incluyen necesariamente elementos "ideológicos", ya que podrían ser "hechos imaginarios". Tanto en el caso de la publicidad como de la propaganda, es obvio que se trata de mensajes persuasivos, que ofrecen habitualmente un bien o un servicio, pero combinan elementos fácticos (el producto) con un juicio ("Es bueno para Ud."), lo cual está sujeto a discusión. La publicidad, por lo tanto, tiene características "opináticas", pero si contiene elementos de fantasía, no entra en lo que Desantes llama de este modo. En el caso de mensajes recreativos, es aún más difícil aplicar las categorías definidas. Esto nos muestra la necesidad de agregar otra dimensión al "espacio comunicacional".

Así, a los dos ejes que forman el "plano informativo" analizado por Desantes, hemos de agregar un tercer eje, relacionado con la capacidad de imaginar hechos, el que llamaremos "eje virtual" -para introducir un término popularizado en el mundo de la informática-.

De este modo resultaría factible ubicar cualquier mensaje en el sistema de ejes, a partir de la ponderación de sus componentes fácticos o virtuales e ideológicos. En el plano informativo podemos ubicar el informe científico arriba, en el eje vertical, mientras la declaración doctrinal se ubica abajo a la derecha, en el eje ideológico. Una editorial periodística -expresión de opiniones del autor- se ubicará en el área opinática, es decir debajo de la diagonal, su altura dependiendo principalmente del grado de la facticidad incluída. Una exposición interpretativa -en el sentido que le da el periodismo- se ubicaría por encima de la diagonal, cerca del límite de lo opinático (dentro o fuera, según sea el caso).

Descubrir que un aviso de publicidad tiene un componente fáctico (el producto o servicio ofrecido) y otro ideológico (su promoción como un bien),pone en claro que -desde el punto de vista informativo- se ubica en torno a la diagonal, es decir que pertenece al área opinática ... y consecuentemente a lo eminentemente "opinable". Pero si contiene elementos de ficción (como ocurre muchas veces) debe ser ubicado fuera del "plano informativo", en el espacio volumétrico que separa este plano del que genera el eje virtual (Cfr. Gráfico 3).

Gráfico 3. Dimensiones del discurso

A su vez, una obra de ficción, como una teleserie o incluso dibujos animados, tiene un bajísimo componente fáctico real y un alto contenido imaginario (virtual), junto con demostraciones de modelos -positivos y negativos- de comportamiento, por lo cual los ubicaríamos cerca del plano horizontal ("Plano imaginativo") con una posición mediana en el eje de lo ideológico.

En el Plano Imaginativo podríamos distinguir discursos de ficción con un fuerte componente ideológico, como ocurre principalmente con los mitos, y discursos menos centrados en lo valórico que llamaríamos simplemente "ficción virtual".

El otro plano que surgió con el agregado del eje virtual es el que llamamos "Pseudo-Informativo". Congrega los discursos que tienen el aspecto de la facticidad pero que corresponden en grados variables a la realidad: desde la "reconstrucción" de un hecho sobre bases documentales con valor histórico ("Documento reconstruído") hasta la ficción total "bien informada", como en obras de teatro o cine "de época" pero sin valor histórico ("Ficción documentada").

Esta distinción de dimensiones es muy importante para el análisis crítico, ya que lleva a buscar diferentes tipos de componentes y a utilizar diferentes criterios evaluativos para cada uno.


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