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Marfa Núñez: La custodia de la memoria escolar Imprimir
Viernes, 09 de Febrero de 2018 00:00


Conozca la historia de esta exalumna de Historia UC que avivó su pasión al entrar en contacto con el archivo escolar de su liceo, el Abate Molina, gracias al Programa de Archivos Escolares UC.

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Sus áreas de interés son historia colonial, historia de la educación y patrimonio cultural y le gusta vincularlas. Además, para ella es fundamental  estudiar  el  pasado  en  concordancia con el presente; es decir, las cosas que siguen vigentes y no aquello que se quedó atrás.

Ya en segundo medio, a los 16, Marfa Núñez sabía que quería estudiar Historia, pero no estaba satisfecha con la forma en que se la enseñaban en su liceo, el emblemático Abate Molina de Talca fundado en 1827. Si buscaba indagar más en la materia, sus preguntas no encontraban respuestas y las clases se restringían al libro entregado por el Ministerio de Educación. Por eso el terremoto de 2010, que derribó la pared que resguardaba el archivo escolar del liceo, marcó un antes y un después en su vida.

El Programa de Archivos Escolares del Instituto de Historia se creó a partir de este megasismo para ayudar a los establecimientos públicos más antiguos de la dañada zona centro-sur a salvaguardar su patrimonio histórico. El objetivo: contribuir al desarrollo del sentido de identidad y ciudadanía de esas comunidades escolares a través del rescate de documentos como libros de cursos, anotaciones o matrículas.

Marfa, entonces miembro de la academia humanista de su colegio, se involucró de lleno en la iniciativa. Esperaba ansiosa las visitas de los investigadores, dos viernes al mes, para observarlos trabajar.

«Tenías  la  libertad  de  ver  por  tus  propios  ojos  la fuente. Era otra relación con la historia», asegura.

A raíz de esa experiencia, cuando llegó la hora de dar la PSU y postular en 2012, con buenas notas y buen puntaje, no lo pensó mucho. Se vino directo al Instituto de Historia UC, no solo para desarrollar su talento en torno a esta disciplina, sino que también para dar continuidad a su colaboración con los archivos escolares. De hecho, se convirtió en la única ayudante de este proyecto.

Lo que más le gusta de su rol es estar en contacto con los niños, que la sorprenden con preguntas que ella ni siquiera alcanza a plantearse. «Muchas veces, si no les va bien, logran subir sus notas porque le dan otro significado a la materia misma y son mucho más empáticos, porque descubren las vivencias de los mismos padres y abuelos. Se conectan más en el archivo que en el aula», dice.

Llegar a Santiago, sin embargo, no fue fácil, pues no tenía familia acá y no conocía a nadie en la ciudad. Sus papás estaban en la Séptima Región y su único hermano mayor, en el sur. La universidad, sin embargo, la becó en arancel, matrícula y casa. Marfa vivió todos los años que duró su licenciatura en la Residencia María Inmaculada en Moneda y se siente muy agradecida del apoyo de las hermanas, que siempre se preocuparon por si estaba bien de ánimo o necesitaba algo.

De su trabajo lo que más le gusta es insertarse en las comunidades. «No me podría quedar sentada escribiendo porque encuentro que hay que estar del lado de los protagonistas, eso le da un valor adicional», sostiene. Sus áreas de interés son historia colonial, historia de la educación y patrimonio cultural y le gusta vincularlas. Además, para ella es fundamental  estudiar  el  pasado  en  concordancia con el presente; es decir, las cosas que siguen vigentes y no aquello que se quedó atrás.

Considerando esto, el tema perfecto para su posgrado es la fundación de su liceo, el cuarto inaugurado  a  nivel  nacional.  El  abate  Juan  Ignacio  Molina  creó  esta  institución  homónima durante sus años de exilio en Bolonia, y a Marfa le interesa saber cómo lo hizo, cómo se relacionó con sus intermediarios, analizar los valiosos libros que envió de Italia, entre otras aristas. Lo cierto  es  que  más  allá  de  esa  investigación,  su corazón siempre ha estado puesto en su liceo. «Siempre  que puedo  ayudar,  lo  hago,  y  encuentro  que  es  importante saber de dónde uno viene. Nunca me he olvidado de eso y menos lo haré si estudio historia», afirma satisfecha.

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Publicado en Visión UC.

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