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DOCUMENTACIÓN EN TORNO A MARCIÓN

Justino, Apología I. 26. 5. En fin, un tal Marción, natural del Ponto, está ahora mismo enseñando a los que le siguen a creer en un Dios superior al Creador, y por la ayuda de los demonios ha hecho a muchos, en todo género de hombres, proferir blasfemias y negar al Dios Creador del universo, admitiendo, en cambio, no sabemos qué otro Dios al que, por suponérsele mayor, se le atribuyen obras mayores que no a Aquél. 6. Todos los que de éstos proceden, como dijimos, son llamados cristianos, a la manera que quienes no participan de las mismas doctrinas entre los filósofos, reciben de la filosofia el nombre común con que se les conoce.

58.También a Marción del Ponto, como antes dijimos, echaron por delante los malos demonios, quien ahora mismo está enseñando a negar al Dios hacedor de todo lo celeste y lo terrestre, asi corno a Cristo, Hijo de Dios, que fué anunciado por los profetas, y prédica no sabemos qué otro Dios fuera del Creador de todas las cosas, así como otro hijo suyo. 2. Muchos le han prestado fe, como si fuera el único que conoce la verdad, y se mofan de nosotros, a pesar de que no tienen prueba alguna de lo que dicen, sino que, sin razón ninguna como corderos arrebatados por el lobo, son presa de doctrinas impías y de los demonios.

Diálogo con Trifón, [77,1] Y Trifón dijo: –Realmente, te confieso que tales y tantos argumentos son bastantes a convencerme; pero quiero que sepas que aún estoy esperando que demuestres aquella palabra tuya que muchas veces has pronunciado. Dale, pues, cabo también a ésa para nosotros, a fin de que veamos cómo demuestras que la profecía de Isaías se refiere a ese vuestro Cristo; pues nosotros decimos que fué profecía hecha sobre Ezequías. [77,2] Y yo le respondí: –También en eso os quiero dar gusto. Pero antes demostradme vosotros, ya que fué profetizado sobre Ezequías, cómo antes de saber él decir "padre" y "madre", tomó la potencia de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de los asirios. Porque no se os va a consentir que interpretéis como queráis diciendo que Ezequías hizo la guerra a los de Damasco y a los de Samaria en presencia del rey de los asirios (...) Ahora bien, vosotros no podéis demostrar que eso sucediera jamás a ningún judío; nosotros, en cambio, podemos demostrar que se cumplió en nuestro Cristo. [77,4] Porque apenas hubo nacido, unos magos vinieron a adorarle de la Arabia, después de presentarse a Herodes, que era entonces rey de vuestra tierra. A, Herodes, por su ánimo impío e inicuo, es a quien la Palabra llama rey de los asirios. Porque bien sabes –añadí– que muchas veces el Espíritu Santo habla por parábolas y comparaciones (...) [78,9] Por lo demás, al decir Isaías: "Tomará la potencia de Damasco y los despojos de Samaria", quiso significar que, apenas nacido Cristo, sería por Él vencida la potencia del demonio malo, que mora en Damasco, cosa que se ve haberse cumplido. Porque los magos que habían antes sido presa del demonio para la realización de toda suerte de malas acciones por virtud de aquél cumplidas, una vez que vinieron y adoraron a Cristo se ve cómo se apartaron de aquella potencia que los había combatido, la que misteriosamente nos dijo la palabra que tenía su morada en Damasco. [79,1] Y Trifón, un poco molesto, pero guardando la reverencia a las Escrituras, como se veía claro por su semblante, me dijo: –Las palabras de Dios son santas; pero vuestras interpretaciones son artificiosas, como aparece por las que acabas de hacer y, más aún, blasfemas...

Ireneo, Adversus haereses, I,27,1. Un cierto Cerdón tomó como punto de partida la doctrina del círculo de Simón. Vino a Roma en tiempos de Higinio, que ocupó el episcopado en noveno lugar en la sucesión a partir de los póstoles. Enseñó que el Dios anunciado por la Ley y los profetas no es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, ya que éste es ignoto, mientras que aquél es conocido. De ellos, uno es justo, el otro, en cambio, bueno. 2. [Cerdón] tuvo por sucesor a Marción, del Ponto, el cual desarrolló la enseñanza cerdoniana blasfemando descaradamente del Dios anunciado por la Ley y los profetas. Según Él, este Dios es autor de malas acciones, deseoso de guerras, veleidoso en sus decisiones e inconsecuente consigo mismo. Jesús procedía de aquel Padre que es superior al Dios creador del mundo. En tiempo del gobernador Poncio Pilato, procurador de Tiberio Cesar, vino a Judea manifestándose en forma de hombre a los habitantes de aquella región, aboliendo los profetas y la Ley y toda obra de Dios creador del mundo, al cual llaman también Cosmocrátor. Mutila, además, el contenido del Evangelio según Lucas, eliminando todas las narraciones concernientes a la generación del Señor, así como también muchos puntos doctrinales de las palabras del Señor. Los eliminados son, precisamente, los pasajes en los que Jesús manifiesta que el creador del mundo es su Padre. Marción persuadió a sus seguidores de que Él era más veraz que los apóstoles transmisores de los evangelios, con lo cual no les transmitió el evangelio, sino un trozo de aquél. De igual manera recorta las epístolas de Pablo, eliminando todo lo que el apóstol declara abiertamente acerca del Dios creador del mundo, identificando con el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, y suprimiendo también todo lo que Pablo enseña apoyándose en los profetas que predijeron el advenimiento del Señor.

3. Afirma que se salvarán únicamente los que habrán aceptado la doctrina marcionita. Pero el cuerpo, por el hecho de haber sido tomado de la tierra, es imposible que participe en la salvación. No contento con blasfemar de Dios, añade otras enseñanzas, como si fuera la boca del diablo, profiriendo toda clase de mentiras. Dice que Caín y los que se le asemejan, los sodomitas, los egipcios y similares, y, en general, todos los paganos que se han dado a la más inicua conducta, fueron salvados por el Señor cuando descendió a los infiernos y salieron a su encuentro; entonces los aceptó en su reino. En cambio, Abel, Enoc y Noé con el resto de los justos, los patriarcas que proceden de Abraham, todos los profetas, y en general los que pluguieron al Dios, no participan en la salvación; tal es la proclama de la serpiente que está en Marción. La razón aducida es que sabían que su Dios les estaba tentando continuamente; creyeron que su Dios les estaba tentando de nuevo, y por esto no salieron al encuentro de Jesús ni creyeron en su predicación. En consecuencia, sus almas permanecieron en los infiernos (trad. J. Montserrat Torrents, Los Gnósticos, Madrid 1983, vol. I, pp. 221-222).

Adversus haereses IV.33,2. [El espiritual] examinará también la doctrina de Marción. Cómo es que admite dos dioses separados el uno del otro a infinita distancia. Y cómo puede ser bueno el que aparta a hombres no propios del que los hizo y los llama a su reino. Y cómo falla Su bondad, pues no salva a todos y cómo parece bueno para los hombres, pero injustísimo para el que hizo a los hombres, a quien le quita lo que es suyo. Y con qué justicia, el Señor, siendo como es de otro (esto es) del Padre, tomando de nuestra creación el pan, confesaba ser Su cuerpo, y confirmaba por sangre Suya la mezcla del cáliz. Y por qué se profesaba Hijo del hombre, sin el nacimiento propio del hombre y cómo podia perdonamos también los pecados, que debíamos a nuestro Autor y Dios (el Demiurgo) y cómo, no siendo de carne, sino de (sola) apa-riencia humana, fue crucificado, y de su costado herido salió sangre y agua (cf Jn 19,34). Y qué cuerpo enterraron los que le dieron sepultura; qué era el (cuerpo) que resucitó de entre los muertos.

Ps.-Hipólito, Refutatio, VII, 31. De acuerdo con estas doctrinas, Marción ha negado absolutamente el nacimiento de nuestro Salvador; no sería conveniente, según él, que el Logos, el auxiliar de la Amistad, o sea del principio bueno, fuera, por su nacimiento, una criatura de esta perniciosa Discordia. Así pues, «en el año quince del imperio de Tiberio César», el Logos, sin nacer, descendió del cielo; estaba en medio del bien y del mal y empezó a enseñar en las sinagogas. Aunque sea intermediario, dice, es del todo extraño a la naturaleza del mal. Ya que lo que es malo, continúa, es el Creador y sus obras. Si Jesús, afirma, ha bajado sin nacer, es precisamente para estar libre de todo mal. Es, asimismo, extraño a la naturaleza del bien, para poder ser intermediario, como dice Pablo, y como él mismo afirma: «¿Por qué me llamáis bueno? Uno sólo es bueno» (Lc 18,19).

Ps.-Hipólito, Refutatio, X,19,1-3: Pero Marción, el Póntico, y Cerdón su maestro, declaran también ellos que tres son los principios del universo: el Bueno, el Justo, la materia. Algunos de sus discípulos agregan [uno cuarto] a saber el Bueno, el Justo, el Malo, la materia. Todos ellos dicen que el Bueno nada ha hecho en absoluto; mientras el Justo -al que unos llaman también malo, y otros solo Justo- lo ha hecho todo a partir de la materia preyacente. Y lo ha hecho fuera de razón, no bien; pues por fuerza lo que se hace se asemeja a quien lo ha hecho. Por eso también emplean las parábolas del Evangelio, y dicen (cf, Lc 6,43): 'no puede un árbol bueno hacer malos frutos' etc.

Orígenes, Contra Celso, VI,53: Luego, confundiendo, a mi parecer, sectas con sectas y sin indicar que unas doctrinas pertenecen a una y otras a otra, presenta las dificultades que nosotros oponemos a Marción; y tal vez las haya entendido mal de algunos que condenan la doctrina con argumentos sin valor y vulgares, y, desde luego, con no sobrada inteligencia. Como quiera que sea, Celso expone lo que se objeta contra Marción, sin indicar que contra él habla, y dice así: "¿Por qué envía a escondidas y destruye las criaturas de éste? ¿Por qué irrumpe ocultamente y soborna y extravía? ¿Por qué a los que éste condena o maldice, como decís, Él los atrae y se los lleva como si fuera un ladrón de esclavos? ¿Por qué enseña a escaparse del propio dueño y a huir del padre? ¿Por qué los adopta Él mismo sin consentimiento del padre?" Y a esto añade como en tono de admiración: "¡Magnífico Dios que quiere ser padre de los pecadores que otro condena, de desheredados y, como vosotros decís, de la basura! (Phil 3,8). ¡Y al que envió para que los atrajera no fue capaz de vengarlo cuando fue prendido!" Luego, como si arguyera contra nosotros, que confesamos no ser este mundo obra de un Dios ajeno y extraño, dice así: "Pues si éstas son obras suyas, ¿cómo es que Dios hizo cosas malas? ¿Cómo es incapaz de persuadir y amonestar? ¿Cómo se arrepiente cuando los hombres se tornan ingratos y malvados (Gen 6,67) y censura su propio arte, y aborrece y amenaza y destruye sus propios vástagos? ¿Y adónde los saca de este mundo, que El mismo hizo?"

Tertuliano, Adversus Marcionem, I,2: Dos dioses introduce el hombre del Ponto, como dos rocas de su naufragio: el que no pudo negar, el Creador, es decir el nuestro; y aquel que no pudo probar, es decir el suyo. El infeliz fue conducido a esta suposición por un simple pasaje de una declaración del Señor (que se refería a los hombres y no a los dioses), es decir aquellos ejemplos del árbol bueno y del malo: que ni el árbol bueno da malos frutos, ni el árbol malo da frutos buenos (Lc 6,46), es decir, ni la mente o la fe buena produce malas acciones, ni las malas, obras buenas. Tal como muchos lo hacen, también hoy, en especial entre los herejes, se atormentaba acerca del problema del mal: ¿de dónde viene el mal? (unde malum?), y con sus sentidos enceguecidos por la grandeza de su curiosidad, encontró al Creador que pronunciaba: «Yo soy el que crea el mal» (Is 45,7), como supuso que Él era el autor del mal, también en base a otros argumentos, los que convencen a cualquier malvado, asimismo interpretó en referencia al Creador el mal árbol que crea malos frutos, a saber, los males, y supuso que otro Dios debía estar en la parte del árbol bueno que da buenos frutos. Y así encontrando en Cristo una disposición distinta, de sola y pura bondad, como diversa del Creador, con facilidad dedujo una divinidad nueva y extranjera, revelada en su Cristo, y con un poco de fermento, con la acidez herética, corrompió toda la masa de la fe (...) A uno de los Dioses, al que estaba obligado a confesar, lo destruyó insultándolo como malo; al otro, al que debía inventar, se lo creó, mostrándolo como bueno.

Adversus Marcionem II,5,1-2. Ya me encuentro aquí, frente a todas las dificultades (quaestiones), oh perros a los que el Apóstol expulsa, [perros] que ladran contra el Dios de la verdad. Estos son los huesos de las argumentaciones que mordisquean: Si Dios es bueno, conoce el futuro y capaz de evitar el mal; ¿por qué ha soportado que el hombre, engañado por el diablo, cayera de la observancia de la ley a la muerte, siendo, en efecto, [el hombre] su imagen y semejanza, e incluso su substancia (naturalmente, por el origen del alma)? 2. Si, en efecto, es bueno, el que no debía querer que aquello sucediese, y providente el que no ignorava lo que sucedería, y poderoso, el que era capaz de evitarlo; de ningún modo hubiera sucedido aquello que no podía suceder de acuerdo a estas tres condiciones de la divina majestad. Si esto efectivamente sucedió, es necesario, por el contrario, que ni se deba creer que Dios es bueno, ni providente ni poderoso. Puesto que, en cuanto nada de eso hubiera sucedido si Dios fuera así, es decir bueno, providente y poderoso, de hecho aquello sucedió, porque Dios no es así.

Adversus Marcionem, I,19,4: La separación de la Ley y el Evangelio es la tarea propia y principal de Marción (Separatio legis et evangelii proprium et principale opus est Marcionis), sus discípulos no pudieron negar lo que poseen al inicio del Documento (Instrumentum), por el que son iniciados y fortalecidos en esta herejía. Estas son las Antítesis de Marción, es decir las oposiciones de [afirmaciones] contrarias (id est contrariae oppositiones), que intentan mostrar la discordia del Evangelio con la Ley, de modo que, basándose en la diversidad de las afirmaciones de uno y otro documento, se pruebe la diversidad de los dioses.

Adversus Marcionem, IV,6,1-3: Ciertamente, todo lo que elaboró [Marción], también el poner adelante las Antítesis, mira a esto: a establecer la diversidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento; por lo tanto, [presentar] a su Cristo separado del Creador; como Dios de otro, como extraño a la Ley y a los profetas. Justamente por esto, extirpó las [afirmaciones] que eran contrarias a su opinión, las que concordaban con el Creador, como si hubieran sido intercaladas por sus partidarios; pero mantuvo las que estaban en acuerdo con sus opiniones. A éstas nos dedicaremos, éstas trataremos (...) Ésta será la intención y la forma de nuestro opúsculo, en las condiciones que son aceptadas por ambas partes. Marción estableció que un Cristo es el que fue revelado por un cierto Dios desconocido, en los tiempos de Tiberio, para la salvación de todos los pueblos; y otro es el que debe venir, de parte del Dios Creador, destinado a restaurar el estado judío. A ellos los desgarra con una gran diferencia, de todo tipo, como la que hay entre el Justo y el Bueno, entre la Ley y el Evangelio, entre el judaísmo y el cristianismo.

Adversus Marcionem, I,20,1: Dicen que Marción no innovó la regla de la separación entre la Ley y el Evangelio, sino que más bien restauró nuevamente la que había sido adulterada (Aiunt enim Marcionem non tam innovasse regulam separatione legis et evangelii quam retro adultaratam recurasse). ¡Oh Cristo, Señor lleno de paciencia, que has soportado todos estos años la falsificación de tu predicación, hasta que te viniera a ayudar, precisamente Marción! Alegan que el mismo Pedro y los otros, las columnas de los apóstoles, fueron reprendidos por Pablo por no caminar rectamente en la verdad del Evangelio.

Adversus Marcionem, IV,8,7: Marción niega que su Dios sea temido, afirmando que no ha de ser temido el bueno, sino el justo, en el que se encuentran los motivos del temor: la crueldad, el juicio, la venganza, la condenación.

Adversus Marcionem I,23,1-3: Luego, aquel Dios concedió a Tiberio que durante su gobierno fuera inaugurada la bondad divina sobre la tierra. Yo le opongo otro principio: todo en Dios, así como es natural, también debe ser racional. Exijo racionalidad para la bondad, puesto que no se debe tener por bueno sino aquello que es razonablemente bueno, mucho menos la bondad misma es atrapada por la irracionalidad. [2] Es más fácil que el mal, cuando participa de algo de razón, sea considerado un bien, que un bien privado de razón no sea juzgado como un mal. Yo niego que la bondad del Dios de Marción sea racional, en primer lugar porque ha venido para la salvación de un hombre ajeno (quod in salutem processerit hominis alieni). [3] Pues bien, ya sé que van a decir que la bondad perfecta y por antonomasia es ésta, la que se derrama voluntaria y libremente en favor de los extraños, sin ninguna obligación de familiaridad (sine ullo debito familiaritatis in extraneos uoluntaria et libera effunditur). De acuerdo a esta [bondad] se nos pide amar a nuestros enemigos, y bajo este nombre, a los extraños. Pero, ¿por qué no se compadeció de los hombres desde el principio, los que desde el principio eran extraños?

Adversus Marcionem, IV,19,6: Vamos al argumento que utilizan constantemente todos los que, en las controversias, miran en menos el nacimiento del Señor: Él mismo –dicen– afirma que Él no ha nacido cuando declara: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? Así los herejes siempre arrastran donde quieren, con sus conjeturas, las sentencias simples y a la letra, o bien, al contrario, quitan valor [a las afirmaciones] bajo ciertas condiciones y razones, por la lectura literal, como en este pasaje.

Adversus Marcionem III,12,1: Desafía, ahora, como sueles hacerlo, con aquella comparación de Isaías acerca de Cristo, sosteniendo que ella en ningún modo se adecúa. «En primer lugar –dices– el Cristo de Isaías tenía que ser llamado Emmanuel. Luego que tenía que apoderarse del poder de Damasco y de los despojos de Samaría, contra los reyes de Asiria. Finalmente, éste, que vino, ni ha sido conocido con un nombre como ese, ni ha cumplido ninguna obra bélica» (...) [13,1] Del mismo modo, has sido conducido por el sonido de los nombres, cuando de tal modo comprendes el poder de Damasco y los despojos de Samaria y los reyes de Asiria, como si anunciaran al Cristo del Creador como un guerrero.

Adversus Marcionem IV,20,8: [A propósito de la pregunta de Jesús: ¿quién me ha tocado?]

Así una vez el Creador preguntó a Adan, como uno que no sabe: ¿Adán, dónde estás? Has disculpado con Cristo también al Creador y has asimilado a Cristo con el Creador. «Pero también esto, puesto que era adversario de la Ley, para que, dado que la Ley aleja del contacto con una mujer con hemorragia, por ello quiso no sólo permitir su contacto, sino también donar la salud». ¡Oh Dios, benefactor no por naturaleza, sino por rivalidad!

Adversus Marcionem IV,43,6-7:

o{ti pneu=ma savrka kaiV ojsteva oujk e[cei kaqwV" ejmeV qewrei=te e[conta (Lc 24,39).

Ved mis manos y mis pies, que soy yo mismo, puesto que un espíritu no tiene huesos, como me veis que tengo. Y Marción no quiso extirpar de su evangelio, creo, algunas [afirmaciones] que le eran contrarias por su diligencia, de modo que a partir de aquellas [afirmaciones] que podía extirpar y no extirpó, o bien se niegue que haya extirpado aquellas que extirpó, o bien se diga que las extirpó con razón. Sólo respetó aquellas que interpretandolas de un modo distinto las transtornó tanto como si las hubiera extirpado. Así, en efecto, [Marción] quiere la expresión: Un espíritu no tiene huesos, como veis que tengo, como si «como veis que tengo» se refiriera a espíritu, es decir, que no tengo huesos como un espíritu.

Adversus Marcionem V,11,9: ejn oi|" oJ qeoV" tou= aijw=no" touvtou.

Sabemos que algunos significados pueden sufrir una ambigüedad a partir del sonido de la pronunciación o del modo de la puntuación, cuando se da una duplicidad de ellas. Marción las captó leyendo así: «en los que el Dios de este siglo» (2Cor 4,4), para mostrar al Creador como Dios de este siglo, y sugerir otro Dios de otro siglo (Hanc marcion captauit sic legendo: in quibus deus aeui huius, ut creatorem ostendens deum huius aeui, alium suggerat deum alterius aeui). Nosotros, por el contrario, puntuando así, pronunciamos: En los que el Dios, luego, encegueció las mentes de los infieles de este mundo (Nos contra sic distinguendum dicimus: in quibus deus, dehinc: aeui huius excaecauit mentes infidelium).

Adversus Marcionem V,17,9: Este será el diablo, al que en otro lugar, si acaso quieren que así se lea al Apóstol, reconocemos dios de este siglo. A tal punto llenó todo el siglo con la mentira de su divinidad. El que si efectivamente no existiese, entonces estas [palabras] podrían corresponder al Creador.

Ireneo, Adversus haereses 7, 1. Lo que dicen abiertamente, que Pablo ha dicho en la segunda carta a los corintios: En los que, el Dios de este siglo encegueció las mentes de los infieles. Afirman que uno es el Dios de este siglo, pero otro el que está sobre todo principado, principio y potestad.

Adversus Marcionem V,18,1: tiv" hJ oijkonomiva tou= musthrivou tou= ajpokekrummevnou ajpoV tw=n aijwvnwn ejn tw/= qew/= tw/= taV pavnta ktivsanti (Ef 3,9).

No me sorprendo de las manos del hereje (que deben ser cortadas), me admiro cuanado roba unas sílabas, en circunstancias que muchas veces ha arrancado páginas completas. Dice el Apóstol que a él, último entre todos, le ha sido dada la gracia de iluminar a todos cuál es la economía del misterio oculto desde los siglos en Dios, que creó todo. El hereje extirpó la preposición "en" y así hace que se lea: oculto desde el siglo, al Dios, que creó todo (Rapuit haereticus in praepositionem et ita legi facit: occulti ab aeuis deo, qui omnia condidit).