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Artículos de prensa "Eduardo
Frei Montalva A medida que aumenta la afición de los chilenos por la historia contemporánea de nuestro país, la figura del ex Presidente Frei Montalva ha comenzado también a atraerla mirada de historiadores y cientistas sociales y políticos como lo demuestran las obras que han aparecido en el presente año. Podría ser que el paso del tiempo, dejando ya lejos los hechos y circunstancias de aquella administración, hiciese más fácil el análisis de ellos. Podría ser también, y es lo más probable, que el profundo interés que despiertan los dramáticos sucesos que ocurrieron en nuestro país desde la década de los sesenta requiriesen de interpretaciones y de obras de narración histórica que hicieran posible satisfacer la creciente curiosidad que ellos han despertado. El autor de la obra que comentamos ha logrado salir indemne de la prueba de objetividad que se pide actualmente a los historiadores, y nos entrega un estudio que abarca la vida del ex Presidente, la que, debe decirse, ha sido escrita con mucha honestidad. Se trata de un estudio que seguramente va a perdurar en el tiempo no sólo a causa de su elegante estilo que conduce al lector sin cansarlo, sino por la visión tan completa que entrega, la que es capaz de satisfacer a quien desea enterarse de todos los detalles de una vida y de una administración que marcó un hito en la historia de Chile. Personalmente, estimo que el autor lleva su relato en forma muy equilibrada. No tienen, por lo tanto, ninguna validez las protestas con que se ha tratado de rectificar algunas de sus observaciones. Sin duda que una figura pública, es más, una figura como la del ex Presidente está, necesariamente, sujeta al juicio de sus contemporáneos y de las generaciones que los sucederán. Así ha sido siempre y así continuará siéndolo y los juicios severos o benévolos se irán entrelazando a medida que transcurra el tiempo. El caso del Presidente Arturo Alesandri Palma es un ejemplo, ya que ha motivado biografías de alabanza como la de Augusto Iglesias o detractores como la escrita por Ricardo Donoso. Cambio y no revolución Me interesan dos aspectos que destaca esta obra. El primero es el relativo al programa del Presidente Frei, el cual no era revolucionario como se han encargado de hacerlo presente en todo momento sus adversarios de izquierda. Se trataba de un proceso de cambios o de reformas en un sentido conservador progresista como lo hicieron grandes presidentes del pasado, entre otros Bulnes y Montt; especialmente este último que despertó la ira de sus contemporáneos y provocó dos revoluciones. Así pasa cada vez que el ritmo de la historia se traslada y desplaza empujado ahora por una voluntad reformadora. Distinto es el concepto de "revolución" en su sentido clásico, el cual debe ser distinguido del término "cambio". Se le define como aquellas modificaciones políticas que hacen tabla rasa del pasado. Muchos hablan de un "cambio súbito destinado a establecer un nuevo orden o restablecer, también por medios violentos, un orden anterior estimado más justo o adecuado". En este sentido, existen revoluciones arquetípicas tales como la "glorious revolution" en la Inglaterra de mediados del siglo XVII (1641-1688), o la francesa (1789-1799), o las de la Independencia Americana del Norte y del Sur a fines del siglo XVIII y principios del XIX, todas las que fueron revoluciones políticas, pero con repercusiones sociales y económicas evidentes. En el siglo XX se hicieron también paradigmáticas la Revolución Mexicana (1911-1920), las revoluciones rusas de 1905 y 1917, la revolución china iniciada por Mao contra Kuomintag en 1945, seguida por la revolución cultural desde 1966. También se incluye en este grupo la revolución cubana iniciada en las sierras del oriente de la isla en 1956, así como la más moderna revolución islámica desarrollada a partir de 1979 en Irán y extendida a diversas regiones y países del centro de Asia y el norte de Africa. Todas estas revoluciones fueron capaces de transformar los países donde ocurrieron. A través de ellas se hizo claro que lo fundamental para casi todas ellas fue conseguir una modernización que les permitió a la mayoría de las naciones que la sufrieron el acceso al progreso y al adelantamiento. Fueron, pues, revoluciones sociales y económicas con evidentes repercusiones en lo político. En el caso de Chile y pensando en los ejemplos que hemos enunciado, muchas personas tienden a considerar el período 1964-1990 como un largo proceso histórico revolucionario, más de un cuarto de siglo, con altos y bajos, con distintos colores, pero todos ellos encaminados a la transformación de la vida política, económica, social y cultural del país. La administración Frei fue el primer paso que inició los cambios. Lo siguió el régimen de la Unidad Popular que acentuó aún más este proceso como lo expresó el ministro José Tohá cuando en 1972 expresó que "Chile está viviendo el desarrollo de un proceso revolucionario. Es en atención a este hecho fundamental que hay que contemplar todo el resto de los problemas sociales. No haciendo abstracción de él". Finalmente, el régimen de las Fuerzas Armadas y de Orden persistió en los cambios, con lo cual la acción reformista o revolucionara, si se quiere, siendo siempre en muchos aspectos conservadora, dio paso a cambios globales que, sin duda alguna, transformaron radicalmente a Chile. El
inicio del "empujón" se le atribuye a la gestión de
Frei con el comienzo de la reforma agraria que tocó al viejo
campo chileno y sus propietarios que lo gobernaban con aire señorial,
aunque sin mucho sentido económico. Al cabo de varios años
de producido este experimento, la región del país tocada
por esta reforma pasó a ser un agro moderno capaz de alimentar
a la población y de exportar los excedentes, cosa que antes
era incapaz de hacer. Luego vino la modificación en el régimen
de propiedad de las grandes minas de cobre. La "chilenización"
y la creación de la Corporación del Cobre (Codelco)
prepararon la "nacionalización" que obtuvo la Unidad Popular.
Finalmente, el mismo gobierno estableció los mecanismos para
que los llamados "marginales" que poblaban los aledaños de
las ciudades chilenas pudieran organizarse e iniciaran, desde sus
juntas de vecinos y centros de madres, el proceso de integración
a la sociedad global. La
UP y el Golpe Militar Por supuesto, Frei tenía razón, pero el desarrollo de los sucesos parecía dejar atrás, para muchos, los antiguos escrúpulos democráticos y también comenzaban a borrarse muchos de los mitos vigentes hasta entonces, tales como la apoliticidad de los miembros de las Fuerzas Armadas. Por aquí se cae en el tema de la participación de Frei Montalva en el golpe militar del 11 de septiembre, que es el segundo aspecto que me interesa destacar: para muchos, estaría comprobada esta complicidad. Para el autor que comentamos, no hubo tal comprobación. Sostiene, en cambio, que Frei Montalva justificó a posteriori el golpe militar, justificación que está avalada por su presencia en el Te Deum celebrado en la iglesia de la Gratitud Nacional el 18 de septiembre; por su afirmación hecha en octubre en el ABC de Madrid referida a las Fuerzas Armadas que "han salvado al país de su total aniquilamiento"; por la carta que envió al dirigente de la DC italiana Mariano Rumor donde le dijo que las Fuerzas Armadas "no actuaron por ambición" y que se resistieron largamente a hacerlo, y, finalmente, por el prólogo que escribió a una obra de Genaro Arriagada aparecida por ese entonces, afirmando que aquellas sólo actuaron cuando "ya se había extendido por el país una clara sensación de anarquía". Personalmente, creo que el ex Presidente actuó por omisión habiendo sido posible que creara, previamente a los hechos, las condiciones para deslegitimar un golpe tomando pie de su propia afirmación ya reproducida, de que una alteración constitucional repugnaba con su "vida con más de cuarenta años de acción pública, en la cual no hay ni una sola desviación en su línea democrática". Sin duda que no estaba informado del día ni de la hora en que el golpe de Estado iba a producirse. Pero sí sabía que el mismo terminaría por producirse. Tampoco es posible afirmar que deseara actos extremos como el bombardeo a La Moneda o la muerte del doctor Allende. No obstante, se negó sistemáticamente a escuchar a éste cuando le solicitó una entrevista por intermedio del cardenal Silva porque - dijo entonces- "considero inútil esta reunión, ya que en ella se insistiría en un planteamiento que no tiene base para ninguna solución de los problemas que enfrenta el país". Sin duda que Frei creía que así como el golpe era inevitable, también lo era el deslizamiento del país hacia un régimen marxista si se mantenía el gobierno de la Unidad Popular. Por eso su negativa a lanzar un salvavidas al doctor Allende. Pero por otro lado hace dudar de su perspicacia de estadista y de viejo y avezado político, su creencia de que los militares iban sólo a ser un breve paréntesis y que entregarían muy pronto el gobierno a los civiles. De ahí que no se entienda su justificación del golpe más allá de los primeros días desde que éste se produjo en vista de las características que el nuevo régimen fue tomando desde el primer momento. Sólo cuando pasaron algunos meses y el régimen demostró claramente que tenía su propio proyecto político y que éste era a largo plazo, la actitud de Frei Montalva terminó por cambiar. Pero ya era muy tarde, y el título de "Tiempo de sufrimiento", con que Gazmuri bautiza al último capítulo de su biografía, es no sólo muy apropiado, sino que dibuja el drama que el ex Presidente vivió en sus últimos años condenado también a encabezar una oposición que carecía entonces de posibilidades reales. Dejemos
las dudas al tiempo. Sin embargo, el análisis de lo visto,
hecho y creído por Frei Montalva en esos cruciales momentos
sigue siendo un enigma que tal vez nuevas investigaciones han de permitir
dilucidar. *Armando de Ramón, Premio Nacional de Historia 1998, es Profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. **Artículo publicado en el Diario El Mercurio el 19/11/2000.
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