Los mejores, a educación
25 de agosto de 2009
Francisco Claro
Decano Facultad de Educación UC
(fuente: Columna de Opinión, El Mercurio 23 de Agosto de 2009)
“Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad.”
Sin distingos ideológicos, parece haber acuerdo que el nudo neurálgico del problema de la pobreza en Chile no se soluciona sin mejor educación. ¿Cómo lograrlo? Este enorme carro-motor llamado Educación que empuja a todos los otros vagones del convoy nacional, arrastra una historia e ingeniería tan complejas que hacer que se movilice más rápido requiere, antes que nada, de la gente más preparada. Que los mejores comanden ese primer carro. Y que entregarle una mejor educación a los niños chilenos sea una aspiración tanto o más válida que construir la mejor carretera o levantar la torre más alta de Santiago.
En esta línea, llama la atención el impacto que ha tenido la iniciativa EnseñaChile, que invita a jóvenes recién egresados de la universidad a enseñar durante dos años en escuelas vulnerables. En pocos meses de convocatoria postularon el 2008 más de setecientos jóvenes para apenas treinta cargos, lo que permitió una holgada y exigente selección. A sabiendas que las condiciones de trabajo en las escuelas vulnerables dejan mucho que desear, cabe preguntarse ¿cómo se explica esta inesperada demanda por enseñar?
El ejemplo muestra que en Chile existe una gran reserva de idealismo juvenil y deseo de servicio público, no capitalizada en la actualidad. La misma que en los 60’ renovó la universidad y volcó a tantos al cambio social en búsqueda de una mayor equidad. La misma que hoy, desencantada con lo que los mayores les muestran y ofrecen, no participa en elecciones ni parece interesarse por el asunto público.
También sugiere que el campo de la educación podría concitar una convergencia de ese idealismo juvenil extraviado, donde encuentren expresión aquellos que no quieren una vida profesional orientada sólo al lucro, sin un sentido claro de servicio. Para que esto ocurra los jóvenes deben apreciar la educación como un desafío del más alto nivel, en el cual podrán realizar en plenitud sus anhelos de crecimiento profesional e intelectual, de servicio y liderazgo social.
¿La perciben así? Cuando han encontrado oportunidades atractivas e innovadoras han respondido con generosidad. No sólo EnseñaChile ha conseguido buenas adhesiones sino también otras iniciativas educacionales - fundaciones y corporaciones - han logrado reclutar jóvenes profesionales de excelente perfil, principalmente para labores de gestión. También algunas carreras de pedagogía han logrado captar jóvenes capaces y bien motivados que desde un principio se han sentido atraídos por el desafío.
Pero unos pocos no bastan. El sistema educacional da trabajo a más de ciento ochenta mil personas, siendo la profesión de educador, lejos, la de más empleo en el país. En los últimos años el sector ha crecido a una tasa anual de cuatro mil quinientos nuevos puestos de trabajo, los que en su mayoría requieren el título de profesor. Esta realidad ha hecho crecer la oferta de programas para estudiar pedagogía, cuadruplicándose en los últimos ocho años, mientras en igual lapso el número de alumnos se duplicó, siendo hoy sobre ciento diez mil. Estas cifras revelan algo bueno, el incremento en la cobertura escolar. Hoy todos quieren estudiar y hay lugares donde hacerlo. Lo que resulta desolador es el pobre criterio de selección de los futuros profesores: en 2009 apenas un 4% de los aceptados a las carreras de educación de las universidades tradicionales estuvo en el segmento deseable para todos ellos, estar en el 10% superior de su promoción (sobre 650 puntos en la PSU).
Quisiéramos un país en el cual cuando la joven se acerca tímidamente a su padre y le confiesa que quiere estudiar ingeniería, éste se pone pálido y exclama ¡pero cómo, con todo el esfuerzo que hemos hecho para que llegues a la Universidad! ... ¿por qué no estudias pedagogía en matemáticas y si eso no te satisface, bueno, ahí veremos?
Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad. Es necesario divulgar la estampa de maestros de verdad, que se sienten realizados haciendo clases y las hacen bien, apasionados por su tarea, como hay muchos. Es al mismo tiempo urgente el diseño e implementación de políticas públicas que mejoren las condiciones de trabajo del profesor: mejores sueldos, más tiempo para preparase y evaluar y más libertad para crear e innovar.
En lo inmediato, una acción que podría tener impacto ya el próximo año sería ofrecer más y mejores becas para los estudiantes de pedagogía pertenecientes a ese 10% superior deseable de la selección académica.
La inédita presión social por una mejor educación obliga a la autoridad a realizar cambios radicales en el sector. En cinco años, cuando egresen los novatos 2010, el panorama tendrá que ser otro. Necesitamos a los mejores en educación. Si no, malas noticias.
Decano Facultad de Educación UC
(fuente: Columna de Opinión, El Mercurio 23 de Agosto de 2009)
“Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad.”
Sin distingos ideológicos, parece haber acuerdo que el nudo neurálgico del problema de la pobreza en Chile no se soluciona sin mejor educación. ¿Cómo lograrlo? Este enorme carro-motor llamado Educación que empuja a todos los otros vagones del convoy nacional, arrastra una historia e ingeniería tan complejas que hacer que se movilice más rápido requiere, antes que nada, de la gente más preparada. Que los mejores comanden ese primer carro. Y que entregarle una mejor educación a los niños chilenos sea una aspiración tanto o más válida que construir la mejor carretera o levantar la torre más alta de Santiago.
En esta línea, llama la atención el impacto que ha tenido la iniciativa EnseñaChile, que invita a jóvenes recién egresados de la universidad a enseñar durante dos años en escuelas vulnerables. En pocos meses de convocatoria postularon el 2008 más de setecientos jóvenes para apenas treinta cargos, lo que permitió una holgada y exigente selección. A sabiendas que las condiciones de trabajo en las escuelas vulnerables dejan mucho que desear, cabe preguntarse ¿cómo se explica esta inesperada demanda por enseñar?
El ejemplo muestra que en Chile existe una gran reserva de idealismo juvenil y deseo de servicio público, no capitalizada en la actualidad. La misma que en los 60’ renovó la universidad y volcó a tantos al cambio social en búsqueda de una mayor equidad. La misma que hoy, desencantada con lo que los mayores les muestran y ofrecen, no participa en elecciones ni parece interesarse por el asunto público.
También sugiere que el campo de la educación podría concitar una convergencia de ese idealismo juvenil extraviado, donde encuentren expresión aquellos que no quieren una vida profesional orientada sólo al lucro, sin un sentido claro de servicio. Para que esto ocurra los jóvenes deben apreciar la educación como un desafío del más alto nivel, en el cual podrán realizar en plenitud sus anhelos de crecimiento profesional e intelectual, de servicio y liderazgo social.
¿La perciben así? Cuando han encontrado oportunidades atractivas e innovadoras han respondido con generosidad. No sólo EnseñaChile ha conseguido buenas adhesiones sino también otras iniciativas educacionales - fundaciones y corporaciones - han logrado reclutar jóvenes profesionales de excelente perfil, principalmente para labores de gestión. También algunas carreras de pedagogía han logrado captar jóvenes capaces y bien motivados que desde un principio se han sentido atraídos por el desafío.
Pero unos pocos no bastan. El sistema educacional da trabajo a más de ciento ochenta mil personas, siendo la profesión de educador, lejos, la de más empleo en el país. En los últimos años el sector ha crecido a una tasa anual de cuatro mil quinientos nuevos puestos de trabajo, los que en su mayoría requieren el título de profesor. Esta realidad ha hecho crecer la oferta de programas para estudiar pedagogía, cuadruplicándose en los últimos ocho años, mientras en igual lapso el número de alumnos se duplicó, siendo hoy sobre ciento diez mil. Estas cifras revelan algo bueno, el incremento en la cobertura escolar. Hoy todos quieren estudiar y hay lugares donde hacerlo. Lo que resulta desolador es el pobre criterio de selección de los futuros profesores: en 2009 apenas un 4% de los aceptados a las carreras de educación de las universidades tradicionales estuvo en el segmento deseable para todos ellos, estar en el 10% superior de su promoción (sobre 650 puntos en la PSU).
Quisiéramos un país en el cual cuando la joven se acerca tímidamente a su padre y le confiesa que quiere estudiar ingeniería, éste se pone pálido y exclama ¡pero cómo, con todo el esfuerzo que hemos hecho para que llegues a la Universidad! ... ¿por qué no estudias pedagogía en matemáticas y si eso no te satisface, bueno, ahí veremos?
Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad. Es necesario divulgar la estampa de maestros de verdad, que se sienten realizados haciendo clases y las hacen bien, apasionados por su tarea, como hay muchos. Es al mismo tiempo urgente el diseño e implementación de políticas públicas que mejoren las condiciones de trabajo del profesor: mejores sueldos, más tiempo para preparase y evaluar y más libertad para crear e innovar.
En lo inmediato, una acción que podría tener impacto ya el próximo año sería ofrecer más y mejores becas para los estudiantes de pedagogía pertenecientes a ese 10% superior deseable de la selección académica.
La inédita presión social por una mejor educación obliga a la autoridad a realizar cambios radicales en el sector. En cinco años, cuando egresen los novatos 2010, el panorama tendrá que ser otro. Necesitamos a los mejores en educación. Si no, malas noticias.
Etiquetas: Educación
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