Opinión

¿Quién pide más Estado?

5 de noviembre de 2009
Ignacio Irarrázaval L.

Director del Centro de Políticas Públicas UC

Fuente: Columna de Opinión, El Mercurio, Lunes 2 de noviembre de 2009

El dilema de más o menos Estado se ha instalado con fuerza como uno de los temas de la agenda de discusión en esta campaña presidencial. Sin embargo, lamentablemente este debate respecto del papel y tamaño del Estado se ha estancado en un nivel de superficialidad y lugar común que poco contribuye a una mejoría de nuestro desarrollo económico y democrático.

En primer lugar, porque ni los propios chilenos parecen considerar al Estado, como sí lo fuera alguna vez, el referente salvador de su bienestar. Y pese a los relatos ideológicos que algunos han intentado hacer a partir de la última crisis financiera internacional, el mundo desarrollado comprendió hace rato que el modelo de un "ogro filantrópico" no es viable. Es cosa de ver, por ejemplo, los recientes anuncios del gobierno alemán, tendientes a dar un giro hacia menos paternalismo.

En esta línea, me parece decidor lo que muestra la Encuesta Nacional Bicentenario 2009, en la cual dos tercios de la opinión pública considera que son las personas -y no el Estado- las responsables del bienestar (atribución que es pareja, tanto para el estrato bajo como para el alto). La muestra Bicentenario señala también un predominio de las atribuciones individuales como causas de éxito económico: son la "iniciativa y trabajo duro", junto a la habilidad y el talento personal, los factores que se perciben como los mayores detonantes de la riqueza. Más interesante aún -por la paradoja- resulta que estas percepciones se recogen mientras se desarrolla una fuerte campaña para promocionar una red de seguridad social, con protección "de la cuna a la vejez".

Y la paradoja no es sólo una cuestión de percepción. Si se trata de proteger a los chilenos por la vía de hacer crecer al Estado, existen innumerables ejemplos que derrumban esta promesa y evidencian una peligrosa ineficiencia del Estado: episodios de corrupción, hospitales que literalmente "enferman" a los pacientes, colegios que no consiguen ningún estándar de mejoría en sus estudiantes; inauguraciones de proyectos que se quedan ahí, en el corte de cinta; fondos y programas para deportes que nunca llegaron a los deportistas, etcétera.

Poner en evidencia estos nudos y contradicciones no significa desmerecer el significativo papel que el Estado debe ejercer para garantizar los derechos y deberes de las personas, para promover el desarrollo y la búsqueda del bien común. Sólo que esta promesa debe levantarse sobre argumentos menos populistas y más técnicos, como ha sido la propuesta del Consorcio de Reforma del Estado, elaborada por ocho centros de pensamiento de todo el arco político y por tres universidades. Esta manera de enfrentar los problemas refleja que sí es posible construir acuerdos fundamentales sobre cómo modernizar a este actor esencial. Se trata de una propuesta técnica que recoge las mejores experiencias de gestión del extranjero y también incorpora los aprendizajes de la realidad de nuestro país. Aspectos como la definición de un mecanismo para abordar la resolución de problemas intersectoriales, la profesionalización del servicio civil, la separación de funciones en la entrega de servicios, el potenciar a los municipios como estamentos de primera línea y situar a los ciudadanos en el centro de su acción son algunas de las propuestas de este consorcio.

El Estado puede y debe ser un actor fundamental en el desarrollo del país. Pero su tamaño no es lo relevante. Lo que interesa precisar es el alcance de sus funciones y su capacidad para ejercerlas.

El Estado chileno debería ser como un corredor de larga distancia que tiene claras sus metas razonables, y para eso planifica la carrera y dosifica los esfuerzos: mide cada gramo que consume y cada tranco que corre. Sabe que esta carrera de fondo requiere músculo y que mucha grasa sobrante puede ser letal.

Educación: Elige Educar

31 de octubre de 2009
Claudio Seebach
Director Ejecutivo
Centro de Políticas Públicas UC

(Fuente: Qué Pasa. 31 de octubre de 2009)

¿Qué pasaría si los mejores talentos de este país decidieran ser profesores? Esa es la idea de una nueva campaña que se lanzará en Chile.

"La calidad de un sistema educativo no puede ser mejor que la calidad de sus docentes", se lee en el Informe McKinsey de Michael Barber.

El mismo documento también nos ilustra cómo un buen profesor puede cambiar el desempeño de un niño promedio (percentil 50), y en sólo tres años llevarlo al 10% superior de rendimiento, mientras que un profesor malo puede, en el mismo período, hacer retroceder a dicho alumno promedio al percentil 37.

Los sistemas educativos más exitosos del mundo eligen a los mejores para la carrera docente; desde el 30% mejor en Singapur o el 10% de Finlandia.

El primer elemento contraintuitivo es que no lo logran por la vía de mejores salarios, ya que, por ejemplo, en el país escandinavo un profesor inicia su carrera ganando 5% menos que el promedio de la población, y el sueldo máximo al que puede aspirar es apenas 12% superior al promedio.

En Chile, de los 19.104 alumnos que obtuvieron sobre 650 puntos en la PSU 2008, sólo 400 se decidieron por la carrera de Educación (y apenas el 4% de los que ingresaron tuvo sobre dicho puntaje).

Otro dato: al 56% de los profesores no le gustaría que sus hijos estudiaran educación y sólo el 23% de ellos cree que "la sociedad valora sinceramente la profesión docente".

Nadie discute el rol central que tiene el profesor como actor principal en la educación de niños y jóvenes. El desafío que se nos plantea es revertir la actual situación, mejorando el estatus y el prestigio de la profesión docente y estimulando el ingreso a Educación de los mejores egresados de cada generación.

El mismo Michael Barber, cuando era asesor estratégico de Tony Blair, impulsó una exitosísima campaña comunicacional que enfatizaba lo desafiante que es intelectualmente educar a niños y jóvenes. Posteriormente se trabajaron los incentivos que existían o se crearon para aquellos que optaron por Educación. En 5 años esa estrategia integral logró revertir el deteriorado estatus social de los profesores ingleses: ya en el primer año de la campaña las postulaciones a educación crecieron 31%.

En Chile estamos próximos a lanzar la campaña de bien público Elige Educar, la que busca precisamente mostrar de manera positiva lo desafiante que es ser profesor, lo atractivo que es trabajar con niños que son inquietos e innovadores, y cómo los mejores talentos de este país pueden ser agentes de cambio para tener en Chile un sistema educativo de clase mundial.

En un planeta donde la lucha por los mejores talentos es cada vez mayor, captar a los mejores será cada vez más difícil. Debemos empezar hoy por atraerlos a Educación. Lo demás se nos dará por añadidura.

Integración social y democracia

21 de octubre de 2009
Carta de la Ministra de Vivienda y Urbanismo, Patricia Poblete. Publicada en el diario La Tercera (lunes 19 de octubre de 2009).


Señor director:

La semana pasada, junto a la Presidenta Bachelet y al alcalde de Las Condes, inauguramos 480 departamentos, las primeras viviendas sociales que se construyen en la comuna, luego de 10 años. En tanto, el conjunto Bicentenario de Lo Barnechea espera a 150 familias que están a meses de trasladarse a sus nuevas viviendas, tras vivir años en campamento.

Calidad y dignidad es lo que estamos logrando. También avanzamos hacia una mayor integración social. Nuestra tarea ha sido radicar a las personas donde siempre han vivido, cerca de sus familias, fuentes de trabajo y redes sociales. Y no desarraigarlas, expulsándolas a la periferia.

Hemos avanzado. Pero para ponernos pantalones largos necesitamos legislar para generar mayor integración en todas las comunas del país, garantizar el acceso de los más pobres a buenas localizaciones y premiar a los proyectos y a las comunas integradas.

Se trata de corregir una tendencia urbana negativa que no está regulada en Chile y que ha sido enfrentada por países como EEUU, Francia, España, Colombia y Brasil. No se trata de que los inmobiliarios resuelvan los problemas de marginalidad urbana, pero sí de que, en la medida en que conforman la ciudad, incorporen condiciones mínimas de integración social.

Nuestra mirada apunta a lograr que Chile sea, lo antes posible, un país con políticas urbanas modernas, centradas en las personas y con sentido del territorio. Un país que mire la integración social como una oportunidad y no como una amenaza.
27 de septiembre de 2009

Claudio Seebach
Director Ejecutivo
Centro de Políticas Públicas UC

(Fuente: Cartas El Director, El Mercurio. 26 de septiembre de 2009)

Señor Director:

Los potenciales graves efectos ambientales y en el turismo en los géiseres del Tatio, debido a las perforaciones de la empresa estatal Geotérmica del Norte, propiedad de Enap y Codelco, sólo demuestran, una vez más, la importancia de la separación de funciones que debe haber entre un Estado que regule, fiscalice y eventualmente subsidie o fomente la innovación, y que sea exclusivamente el sector privado el que emprenda.

Cuando el Estado también se dedica a emprender, como es en este caso, los ciudadanos nos quedamos indefensos, porque el incentivo del mismo Estado es muy grande para proteger o favorecer sus propias iniciativas, impulsando ideas que pueden no ser las mejores, o derechamente ser muy malas. Si hubiera esta debida separación de funciones, hace años podríamos haber obligado a mejorar las condiciones de contaminación atmosférica en la zonas de operación de Codelco en El Teniente, Calama o Potrerillos.

Datos personales y competencia electoral

24 de septiembre de 2009

Claudio Seebach
Director Ejecutivo
Centro de Políticas Públicas UC

(Fuente: Opinión, El Mercurio. 18 de septiembre de 2009)

La venta de bases de datos del padrón de electores por parte del Servicio Electoral ha causado una interesante y ojalá productiva polémica. El hecho de que un organismo del Estado, sin aprobación previa de los que se inscriben, venda públicamente los datos personales, tales como nombre completo, RUN, dirección, profesión y situación de discapacidad, es sin duda una violación a la privacidad y pone a las personas incluso en riesgo por el uso malicioso que a esa información se le pueda otorgar, mucho más allá del ya molesto uso comercial.

Vender bases de datos a agentes no vinculados con el proceso de elecciones no tiene ninguna relación con la misión del Servicio Electoral, que es llevar un registro de electores confiable al servicio de elecciones limpias e informadas.

La reacción que esta polémica ha generado demuestra el avance que ha habido en Chile en términos de exigencias de mayor transparencia y de empoderamiento de los ciudadanos, que cuestionan las acciones públicas arbitrarias y tienen cada vez más herramientas para hacerlo. La creación del Consejo para la Transparencia, entre otros factores, ha sido sin duda un paso fundamental en esa dirección.

Es evidente que existe una tensión entre las necesidades de la gestión pública, sobre todo una gestión moderna estructurada en torno a las necesidades de los ciudadanos que requiere conocer a sus usuarios, con la necesaria protección de la privacidad de las personas ante el poder público. El hecho de poseer en Chile un sistema de identificación con un Rol Único Nacional ahorra costos de levantamiento de información y evita errores y duplicidades, lo que en muchos casos compensa la pérdida de libertad de los ciudadanos que renuncian a su privacidad frente al Estado, al otorgarle la información.

Si bien existe un proyecto de ley en trámite, el no contar hoy con una legislación que dé una debida protección a los datos personales nos impide ser considerados un país apto para plataformas internacionales de call centers u otros servicios que requieren poder asegurar la privacidad y seguridad de la información.

La falta de una política clara también perjudica aspectos de las políticas públicas, donde tener información detallada de las personas es tremendamente valioso. Lo anterior no implica que sea necesario poder individualizar a las personas, sino simplemente contar con datos innominados para evaluar el impacto de políticas públicas y para la investigación académica. Así, es posible medir la pertinencia de los subsidios, del sistema de protección social u otros instrumentos del Estado que implican importantes gastos y que requieren evaluaciones rigurosas sobre los efectos que han tenido en la población objetivo específica.

El Servicio Electoral vende el padrón por considerarlo información pública y para que esté al alcance del sistema político, y en particular de los candidatos, bajo el supuesto de que así los electores podrán recibir la información necesaria para tomar una decisión informada.

Mucho se ha discutido en torno al financiamiento de la política en Chile, por lo que quisiera terminar con dos propuestas que apuntan en esa dirección, y que, a mi juicio, resuelven el conflicto de información planteado, otorgándole al Servicio Electoral un papel fundamental en dar igualdad de oportunidades en las elecciones.

Los candidatos independientes conocen la dificultad que implica asegurar que las firmas de apoyo que consiguen sean efectivamente de electores válidos. Un uso eficiente de recursos públicos sería que en vez de vender las bases al público, el Servicio Electoral cruzara las firmas recogidas con su base de datos, cobrando sólo por el costo de este servicio.

Una propuesta aún más potente es replicar lo que ocurre en Suiza, donde cada elector recibe en la dirección de su casa las propuestas de los distintos candidatos o partidos, labor que podría realizar el Servicio Electoral de manera mucho más costo-efectiva.

Las propuestas anteriores contribuirían de manera decisiva y concreta a mejorar el financiamiento y transparencia de la política, evitando de paso que la información privada de los electores se venda y distribuya públicamente.

Los mejores, a educación

25 de agosto de 2009
Francisco Claro
Decano Facultad de Educación UC

(fuente: Columna de Opinión, El Mercurio 23 de Agosto de 2009)

“Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad.”

Sin distingos ideológicos, parece haber acuerdo que el nudo neurálgico del problema de la pobreza en Chile no se soluciona sin mejor educación. ¿Cómo lograrlo? Este enorme carro-motor llamado Educación que empuja a todos los otros vagones del convoy nacional, arrastra una historia e ingeniería tan complejas que hacer que se movilice más rápido requiere, antes que nada, de la gente más preparada. Que los mejores comanden ese primer carro. Y que entregarle una mejor educación a los niños chilenos sea una aspiración tanto o más válida que construir la mejor carretera o levantar la torre más alta de Santiago.

En esta línea, llama la atención el impacto que ha tenido la iniciativa EnseñaChile, que invita a jóvenes recién egresados de la universidad a enseñar durante dos años en escuelas vulnerables. En pocos meses de convocatoria postularon el 2008 más de setecientos jóvenes para apenas treinta cargos, lo que permitió una holgada y exigente selección. A sabiendas que las condiciones de trabajo en las escuelas vulnerables dejan mucho que desear, cabe preguntarse ¿cómo se explica esta inesperada demanda por enseñar?

El ejemplo muestra que en Chile existe una gran reserva de idealismo juvenil y deseo de servicio público, no capitalizada en la actualidad. La misma que en los 60’ renovó la universidad y volcó a tantos al cambio social en búsqueda de una mayor equidad. La misma que hoy, desencantada con lo que los mayores les muestran y ofrecen, no participa en elecciones ni parece interesarse por el asunto público.

También sugiere que el campo de la educación podría concitar una convergencia de ese idealismo juvenil extraviado, donde encuentren expresión aquellos que no quieren una vida profesional orientada sólo al lucro, sin un sentido claro de servicio. Para que esto ocurra los jóvenes deben apreciar la educación como un desafío del más alto nivel, en el cual podrán realizar en plenitud sus anhelos de crecimiento profesional e intelectual, de servicio y liderazgo social.

¿La perciben así? Cuando han encontrado oportunidades atractivas e innovadoras han respondido con generosidad. No sólo EnseñaChile ha conseguido buenas adhesiones sino también otras iniciativas educacionales - fundaciones y corporaciones - han logrado reclutar jóvenes profesionales de excelente perfil, principalmente para labores de gestión. También algunas carreras de pedagogía han logrado captar jóvenes capaces y bien motivados que desde un principio se han sentido atraídos por el desafío.

Pero unos pocos no bastan. El sistema educacional da trabajo a más de ciento ochenta mil personas, siendo la profesión de educador, lejos, la de más empleo en el país. En los últimos años el sector ha crecido a una tasa anual de cuatro mil quinientos nuevos puestos de trabajo, los que en su mayoría requieren el título de profesor. Esta realidad ha hecho crecer la oferta de programas para estudiar pedagogía, cuadruplicándose en los últimos ocho años, mientras en igual lapso el número de alumnos se duplicó, siendo hoy sobre ciento diez mil. Estas cifras revelan algo bueno, el incremento en la cobertura escolar. Hoy todos quieren estudiar y hay lugares donde hacerlo. Lo que resulta desolador es el pobre criterio de selección de los futuros profesores: en 2009 apenas un 4% de los aceptados a las carreras de educación de las universidades tradicionales estuvo en el segmento deseable para todos ellos, estar en el 10% superior de su promoción (sobre 650 puntos en la PSU).

Quisiéramos un país en el cual cuando la joven se acerca tímidamente a su padre y le confiesa que quiere estudiar ingeniería, éste se pone pálido y exclama ¡pero cómo, con todo el esfuerzo que hemos hecho para que llegues a la Universidad! ... ¿por qué no estudias pedagogía en matemáticas y si eso no te satisface, bueno, ahí veremos?

Es decisivo cambiar la imagen pública del educador, mostrar la dignidad de su tarea y la enorme importancia que tiene para la sociedad. Es necesario divulgar la estampa de maestros de verdad, que se sienten realizados haciendo clases y las hacen bien, apasionados por su tarea, como hay muchos. Es al mismo tiempo urgente el diseño e implementación de políticas públicas que mejoren las condiciones de trabajo del profesor: mejores sueldos, más tiempo para preparase y evaluar y más libertad para crear e innovar.

En lo inmediato, una acción que podría tener impacto ya el próximo año sería ofrecer más y mejores becas para los estudiantes de pedagogía pertenecientes a ese 10% superior deseable de la selección académica.

La inédita presión social por una mejor educación obliga a la autoridad a realizar cambios radicales en el sector. En cinco años, cuando egresen los novatos 2010, el panorama tendrá que ser otro. Necesitamos a los mejores en educación. Si no, malas noticias.


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Educación inicial: La diferencia entre lo accesorio y lo importante

22 de junio de 2009

Ignacio Irarrázaval L.

Director de Asuntos Públicos UC

Fuente: Columna de Opinión, El Mercurio, 22 de junio 2009

Hace algunos días atrás apareció en este medio un reportaje que daba cuenta de la existencia de 480 salas cunas que reciben aportes del gobierno vía Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI), las que operan sin permiso sanitario.

Para dimensionar el problema, tengo algunos comentarios e información de contexto. En el caso de la JUNJI, tiene un decisivo problema de diseño institucional, ya que se le entregan, simultáneamente, las funciones de fiscalización y prestación. El viejo problema que las cosas no funcionan si se es juez y parte. ¿Qué sucedería, por ejemplo, si la Superintendencia de Bancos, fuese a su vez un banco que ni siquiera cumple los requisitos mínimos para operar?; A otro nivel, es como el padre que exige a sus hijos más respeto pero se pasa las luces rojas con ellos en el asiento trasero. Obviamente, existe un conflicto ético insalvable cuando el fiscalizador de un servicio es el principal proveedor del mismo. Y eso es lo que está sucediendo con la JUNJI: debe cumplir con ciertas metas de cobertura impuestas por el gobierno central, pero para lograr ese objetivo, sabe que no puede ser demasiado estricta en la fiscalización del cumplimiento de los estándares. Por esto, el diseño de políticas públicas exige separar lo más posible las funciones que deben cumplir las instituciones.

En segundo lugar, si bien no puede desconocerse que muchas veces las regulaciones de permisos sanitarios establecen requisitos desproporcionados, es el mismo Estado que definió esos estándares de prestación, el que ahora los presenta como irrelevantes. Pero lo que resulta más grave, en un escenario como el actual, con una política definida como de expansión de la cobertura de la educación inicial, es que la discusión siga estando en el nivel de cumplimiento de los requisitos básicos para operar y poco o nada se conozca respecto a la calidad del servicio en términos de lo que realmente importa: los estándares de aprendizaje y desarrollo cognitivo del niño. Diversos estudios han señalado en Chile que los niños de escasos recursos que asisten a educación parvularia no muestran avances en su desarrollo cognitivo e incluso pueden experimentar retrasos. Por lo tanto, mas allá de la calidad de los servicios higiénicos, lo que verdaderamente interesa saber, es cuanto está aportando la educación inicial al desarrollo integral de los niños.

En estos días se discute en el Parlamento un proyecto de ley que define un Sistema de Aseguramiento de la Calidad de la Educación, esta iniciativa mejoraría al menos el primer aspecto señalado en esta columna, pero no define adecuadamente como se abordaría el tema de la calidad de la educación preescolar, concepto que va mas allá de la acreditación de los establecimientos prestadores y debería considerar elementos como estándares de aprendizajes, una institucionalidad para evaluarlos y un sistema de incentivos y sanciones para promover el cumplimiento de los mismos. Tal como lo señala James Heckman (Premio Nobel de Economía 2000), los déficits cognitivos y no cognitivos emergen tempranamente en los niños, antes del colegio, y la mayor parte de estos se explican por factores familiares, por lo que se requiere una política pública con fuerte énfasis en la familia. Complementariamente se necesitan intervenciones de alta calidad que puedan contribuir a superar esos déficits parcialmente. En este sentido, si no se puede asegurar calidad en la educación inicial, sería necesario evaluar otras alternativas socialmente más rentable para el país, entre las que puede considerarse el subsidio al cuidado de los niños en sus propias casas.

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El nuevo profesionalismo del sector público británico

28 de abril de 2009


Cristián García Palomer

Coordinador del Área Gestión Pública
Políticas Públicas UC

Ingeniero Civil de Industrias UC, profesor instructor auxiliar del Departamento de Ingeniería y Sistemas UC.


El 2008, la Oficina del Gabinete del gobierno británico publicó el documento “Excellence and Fairness: achieving world class public services” (disponible en www.cabinetoffice.gov.uk), una especie de guía sobre los principales aspectos que seguirá el gobierno durante los próximo años para hacer más eficientes los servicios públicos.

Fiel al estilo anglosajón, el escrito fue publicado en un sitio web que cuenta, entre otras secciones, con un repositorio de documentos que fundamentan las conclusiones del texto principal y que permite además dejar comentarios y propuestas a quien quiera hacerlo.

El trabajo en cuestión se centra en tres ejes, señalados como los fundamentales para potenciar el funcionamiento de los servicios públicos británicos. Estos son:

1. Fomentar el poder ciudadano, creando una relación potente entre quienes usan los servicios y los profesionales que los proveen.

2. “Nuevo profesionalismo”, centrado en lograr un nivel de clase mundial a diez años plazo.

3. Liderazgo provisto desde el gobierno, no centrado en los aspectos micro, sino que en los estratégicos del sistema.

Con respecto al segundo punto, llama la atención, en primer lugar, el concepto utilizado, que da cuenta de una renovación importante y necesaria en la forma de enfocar el trabajo de los profesionales del sector público británico. Como se menciona en el mismo documento, los últimos 30 años han generado una serie de nuevos desafíos para los trabajadores públicos de los países industrializados. Entre otras cosas, porque los usuarios de los servicios son más exigentes y tienen acceso a mayor información. En definitiva, dado que hay sistemas más avanzados de evaluación y sumado al rápido avance tecnológico, se ha transformado la forma de entregar servicios y hacer negocios, tanto en el sector público como privado. Esta realidad ha hecho más importante que nunca el papel de los funcionarios de un servicio.

Los aspectos señalados adquieren especial relevancia en el proceso de modernización del Estado chileno, donde el Sistema de Alta Dirección Pública continúa creciendo en importancia y nos topamos nuevamente con una discusión acerca de los insólitos niveles en que opera el cuoteo político. La reciente Ley de Transparencia y los avances tecnológicos también han configurado una realidad donde el ciudadano chileno hace ver, cada vez más, sus exigencias al Estado. Considerando este escenario y como un ejercicio de reflexión, especialmente en época preelectoral donde ya se discute sobre la necesidad de instalar a los mejores profesionales en la esfera pública, es interesante revisar los cinco ejes que para los británicos son fundamentales en la conformación de este “nuevo profesionalismo”. Quizás puedan iluminar a nuestras futuras autoridades y rescatar alguno de ellos para potenciar la labor de los funcionarios públicos chilenos:

- Incrementar las habilidades, herramientas y la consistencia, que apuntan a mejorar la calidad de prácticas asociadas a los servicios públicos, desde procesos de reclutamiento hasta mecanismos permanentes de retroalimentación y análisis de desempeño.

- Entregar mayor libertad de gestión a las organizaciones y funcionarios que han demostrado ser altamente competentes.

- Instalar incentivos claros, bien diseñados y efectivos para quienes obtienen buenos resultados.

- Promover prácticas que apuntan a generar liderazgo y gestión de primer nivel.

- Promover la definición de estándares de calidad y excelencia desde los propios funcionarios.

Como se puede observar, los conceptos repiten lo que viene escuchándose hace algunos años y hacen que vuelvan a nuestra mente palabras fundamentales en cualquier proceso que busca potenciar las capacidades profesionales de los equipos que conforman una organización: capacitación, reclutamiento, evaluación del desempeño, flexibilidad, libertad, incentivos, liderazgo y estándares de calidad, entre otros.

En resumen, los ejes parecen estar claros y las oportunidades de innovar e instalar nuevas prácticas son amplias. Por lo tanto, y sin negar el importante esfuerzo que implica avanzar en estas líneas, las excusas no son válidas y tampoco “quitarle el cuerpo” a este crucial desafío que enfrenta el Estado chileno, especialmente ante la oportunidad que debiese revestir un nuevo escenario de elecciones presidenciales.

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Tácticas para generar cambios organizacionales

3 de octubre de 2008

Cristián García, coordinador del área Gestión Pública
Políticas Públicas UC

El sitio 21st Century Government, asociado al “Ash Institute for Democratic Governance and Innovation”, de la Universidad de Harvard, mantiene un flujo constante de artículos interesantes asociados a temas de gestión pública. En particular, en agosto de este año publicó “Push Pull Strategy for Chance”, una columna de Babak Armajani, director del “Public Strategies Group”, organización que centra su trabajo en transformar procesos burocráticos en sistemas orientados al usuario o cliente final.

La columna revela, una vez más, quizás el aspecto principal que debe considerarse para gatillar mejoras en los procesos de una organización: comunicar la necesidad de un cambio y embarcar a los actores involucrados en los pasos necesarios para concretarlo. Mismo punto señalado durante su reciente visita a Chile por Peter Beattie, ex Premier de Queensland, quien transformó a esta región en el “Estado Inteligente” de Australia, a través de una gestión que potenció, entre otras cosas, la capacitación, educación, aprovechamiento de las ventajas competitivas y el desarrollo de nichos productivos de última generación.

Armajani propone una estrategia específica para administrar el cambio en una institución. Más aún, plantea usar la siguiente fórmula desarrollada por el “Center for Creative Leadership”:

D (demanda) x V (visión) x C1 (conocimiento de los próximos pasos) x C2 (convencimiento) > R (resistencia)

El autor señala que los líderes hábiles son capaces de potenciar cada uno de los aspectos del lado izquierdo de esta desigualdad, haciendo así inevitable el cambio.

Con respecto a los dos primeros aspectos, Armajani dice que, en relación a la demanda por un cambio, es muy importante captar una masa crítica de funcionarios dispuestos a tratar algo diferente para salir de un cierto estado de satus quo. Para ello, pareciera ser fundamental poner a las personas en contacto con aquellos aspectos que necesariamente necesitan un cambio, proyectando, al mismo tiempo, una visión clara de un mejor futuro. Al respecto, propone las siguientes tácticas:

- Acercar a los funcionarios con los clientes o usuarios finales de los proyectos en que están involucrados. Esto pareciera generar una motivación extra en pos de satisfacer a la gente a través del trabajo de cada uno.
- Usar dinero para crear demanda, dejando de centrar los presupuestos en lo que se gastó el año anterior e intentando que sean los propios funcionarios quienes propongan cómo usar los recursos en forma más eficiente.
- Preocuparse de hacer sentir el descontento por el status quo, evitando que los líderes sirvan como amortiguadores de presiones que pueda producir esta realidad (sí, tal cual).

Generada la demanda por el cambio, falta crear una visión clara de un mejor futuro, única forma en que este proceso complementario resulte ser constructivo. Ya sea a través de un proceso de planificación estratégica u otro, parece importante seguir otras tácticas propuestas por Armajani, tales como:

- Asegurarse que la visión de futuro esté 100% ligada a lo que la gente ha detectado como necesario de cambiar.
- Foco. Centrarse en el cambio, aún cuando algunas personas importantes se opongan a algunos aspectos de la estrategia. Hay que escucharlos, manejar su resistencia, pero nunca perder el foco hacia el objetivo final.
- La visión debe ser específica y concreta, ojalá lo más tangible posible.
- La visión debe ser aspiracional y levantar a la gente. Ojalá esté asociada a cosas que la gente cree casi imposibles de conseguir.

Las propuestas de Armajani son muy interesantes y apuntan a aspectos claves que podrían ayudar a limitar el constante temor a los cambios, que se hace, en ocasiones, más palpable en ciertas instituciones públicas donde se promueve el pragmatismo y los cambios graduales y en un mismo sentido (características que aumentan la magnitud de la variable “R” o resistencia).

Al respecto, y sin entrar en las variables C1 y C2 (fundamentales en el proceso específico de desarrollo de un cambio), la demanda por un cambio parece ser el punto principal para gatillar el movimiento de una planta de funcionarios. Esto asumiendo que existe un líder capaz de diseñar y comunicar en forma efectiva una visión atractiva de futuro.

Tomando en cuenta esto y el funcionamiento del aparato estatal chileno, conviene preguntarse, entre otras cosas, si los incentivos para el desempeño de los funcionarios están alineados con la necesidad de generar una demanda por un cambio orientado a entregar un mejor servicio. Por ejemplo, ¿se premia en forma oportuna el desempeño de un servicio de acuerdo a las impresiones de las personas que atiende? O en el caso educativo, ¿existen incentivos para que un profesor cambie su forma de trabajo para mejorar los resultados de los niños que atiende? Las respuestas a estas preguntas y otras parecen ser, al menos, dudosas. O, por lo menos, se podría dudar en algunos casos si la magnitud de un incentivo es suficientemente poderosa para generar los impulsos buscados.

La necesidad de seleccionar y reclutar buenos líderes es fundamental para generar estos cambios, pero también lo es el diseño de estructuras de incentivos alineadas con los objetivos últimos de un servicio.

¿Podemos terminar la segregación?

14 de agosto de 2008
Pablo Allard
La Tercera, domingo 10 de agosto de 2008.


Si hay algo que caracteriza las ciudades chilenas es la segregación espacial, que por más de medio siglo ha acrecentado las diferencias sociales y económicas entre los ciudadanos, generando instancias de inequidad urbana, tales como ghettos y bolsones de pobreza con tremendas consecuencias sociales.

Muchos hablan de verdaderas “ciudades dentro de la ciudad” o que en Chile existen barrios del primer mundo, mientras otros aún están en el tercero. Un ejemplo de lo absurdo de la situación es la cruel paradoja de que en la mayoría de los hogares de clase media y alta en Chile convivimos diariamente con empleadas domésticas, a las cuales confiamos nuestros hijos y más preciados bienes, pero que irónicamente no pueden vivir en nuestros barrios o comunas y deben desplazarse por más de tres horas, cruzando la ciudad para llegar a sus hogares.

Lo mismo pasa con empelados, obreros y tanta gente honesta, que diariamente debe atravesar las barreras de la segregación. ¿Por qué llegamos a esto? Las políticas de suelo y vivienda implementadas en los últimos 25 años han tenido una incidencia directa en las condiciones de vida de barrios y comunidades. En los 80, los programas de erradicación de campamentos desarrollados por el régimen militar significaron el traslado masivo de poblaciones de escasos recursos desde áreas centrales hacia la periferia. Si bien estos programas ofrecían soluciones por la vía de regulaciones que redujeron la oferta de suelo urbano, lo que detonó la especulación y limitó la oferta de suelos para vivienda social.

Estas dinámicas superaron la capacidad de los instrumentos de planificación vigentes y de las autoridades locales para asegurar la provisión de equipamiento y suplir las necesidades de servicios, esparcimiento, educación y socialización. En el caso de los nuevos barrios de viviendas sociales, estas carencias se acentuaron, en parte, debido a la sobrecarga que estos conjuntos generan en los servicios municipales, los cuales no perciben ingresos suficientes para cubrir las demandas, ya que la vivienda social está exenta del pago de contribuciones de bienes raíces.

Los costos de esta forma de hacer ciudad los estamos pagando todos hoy, y Transantiago es la mejor prueba de ello, poniendo en evidencia las enormes distancias que muchos santiaguinos deben recorrer para ir de sus hogares al trabajo o servicios.

Otras consecuencias más dramáticas son la exclusión, marginación y falta de oportunidades para los jóvenes, que terminan manifestándose en expresiones de asociación antisistémica como encapuchados, narcotráfico, crimen, pandillas o barras bravas.

Ante esto, hay dos salidas: encerrarnos bajo siete llaves, cámaras de vigilancia y cercos eléctricos, o nos abrimos a “reparar” la deuda urbana que se tiene con nuestras ciudades.

En este aspecto, tanto el mercado como las autoridades han reaccionado a esta situación. Y ya advertimos como se están produciendo dinámicas de colonización de equipamiento –malls y centros comerciales se convierten en verdaderos subcentros de servicios y esparcimiento- y que viviendas de estratos socioeconómicos medios (condominios cerrados) se instalan en áreas tradicionalmente estigmatizadas. Además, una nueva gama de subsidios y programas fomentan la recuperación de barrios, la mejor localización de la vivienda social y la integración.

Estas dinámicas ya son visibles en Peñalolén, Huechuraba, Quilicura, Puente Alto, Pudahuel y Renca, y evidencian que, al menos como sociedad hemos tomado conciencia del problema.

Todavía hay muchos matices respecto de cómo implementar políticas y programas que incentiven la integración social. El gobierno sugiere establecer cuotas de vivienda social para nuevos proyectos inmobiliarios, o premios en constructibilidad para proyectos mixtos. Estas medidas pueden ser consideradas por algunos como forzosa ingeniería social y despiertan dudas respecto de la viabilidad de su implementación, pero son herramientas que, por utópicas que parezcan, internalizan la necesidad de corregir las fallas de mercado.

El solo hecho de que ya estemos discutiendo esta materia es un gran avance. Todavía es tiempo de revertir esta deuda urbana, que debemos enfrentar con creatividad, voluntad y decisión.

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El problema de los combustibles: una visión estratégica más allá de los populismos

1 de agosto de 2008

Rodrigo de la Calle V.
Profesional Puentes UC

Políticas Públicas UC

En estos días hemos asistido a un intenso debate en torno a la posible derogación del impuesto específico de los combustibles. La discusión ha sido colocada en la agenda por grupos de interés y ha encontrado eco en nuestra clase política, ya sea porque ven en esto una posibilidad de aliviar la carga de gastos de la clase media o simplemente por la posibilidad de sumar votos con propuestas populistas.

Las presiones por disminuir o derogar este impuesto tienen su origen en el alto precio que ha alcanzado el petróleo en los mercados internacionales, llegando a un valor histórico de 140 dólares el barril de crudo. En Chile, esta situación se ve amplificada por dos cargas impositivas: la que se aplica al valor agregado y el impuesto específico de los combustibles. El primero opera para todos los bienes finales y, el segundo, se justifica dadas las externalidades de su consumo.

Primero, es conveniente afirmar lo evidente, -que por “ser obvio” no se dice y porque no se dice se olvida: el alto precio actual es un reflejo de la escasez mundial de este producto. La demanda ha aumentado a raíz del mayor consumo de China e India, pero no así la oferta, debido a las dificultades geopolíticas para la extracción y las restringidas cuotas de producción impuestas por la OPEP. En este escenario es natural que los precios del petróleo suban, pues se ha convertido en un bien más escaso que hace cinco o diez años.

La aplicación de un impuesto específico a los combustibles, desde una mirada económica, está perfectamente bien justificado, puesto que el uso de ellos genera una externalidad negativa sobre el resto de las personas. Es decir, su uso produce un daño a la sociedad, que no es tomado en cuenta por el usuario cuando decide cuánto consumir. Por tanto, en el supuesto de que no hubiese impuestos, el uso privado de los combustibles sería distinto del óptimo social, ya que no compensaría el mal causado. Por este motivo, se debe gravar el consumo de combustibles para corregir la externalidad. Ahora bien, dada la ventana de oportunidad que genera esta discusión, es conveniente revisar qué otras políticas públicas podrían implementarse para enfrentar esta coyuntura.

Otra manera de corregir las externalidades son los cambios en la tecnología, como cuando en Chile se impuso que todos los autos nuevos tuvieran incorporado un convertidor catalítico para reducir las emisiones contaminantes de los automóviles. Asimismo, ahora el gobierno puede crear incentivos económicos para el uso de tecnologías más eficientes, máquinas con motores de mejor rendimiento o reemplazar los sistemas de combustión interna por alternativas eléctricas. Además, esto ayudaría a descomprimir la demanda, lo que tendría una consecuencia en la baja de los precios.

Por otra parte, las voces que reclaman, lo hacen argumentando que esta alza de precios perjudica sobre manera a las clases medias y bajas. En efecto, el alza equivale a una disminución importante de los ingresos de estas familias, sin embargo, bajar el impuesto específico, o derogarlo, no es la mejor alternativa ya que se perdería la focalización de la política, subsidiando a grupos que no lo necesitan. La literatura en esta materia y la experiencia señalan que las modificaciones impositivas no son el mejor instrumento redistributivo, en su lugar, lo óptimo es aplicar subsidios directos a la población más vulnerable.

Adicionalmente, se puede aprobar la exploración de pozos petroleros en Chile. Se dice que nuestro país no cuenta con este valioso recurso natural, pero lo cierto es que se han realizado pocas investigaciones, dado que no existen los incentivos económicos ni las condiciones legales para hacerlo. En Brasil, donde se creían agotados los pozos petroleros, se aprobó una ley para estimular la exploración y explotación, por lo que ambas han aumentado considerablemente. Si se encontrara petróleo en Chile, aun cuando no fuese de la mejor calidad y aunque los costos de extracción pudiesen ser altos, los precios internacionales podrían justificar su explotación.

En síntesis, el problema de escasez de los combustibles, y su consecuente alza de precios, exige tomar medidas en el corto plazo. Sin embargo, la derogación del impuesto específico a los combustibles no sería la mejor decisión, pues obviaría las externalidades que produce su consumo y por lo tanto incentivaría un uso irracional de éste, aumentando la demanda y los precios. Lo óptimo sería tomar medidas de largo plazo: la autoproducción –en el entendido que fuese posible-, incentivar cambios por tecnologías más limpias y eficientes y, aplicar subsidios focalizados para quienes no pueden esperar hasta que las políticas anteriores den fruto.

No estaba muerta

25 de junio de 2008

Axel Christensen

Director académico Diplomado en Políticas Públicas UC. BA, Stanford University. Ingeniero Civil Industrial UC.

Fuente: Revista Qué Pasa, viernes 20 de junio 2008

La inflación está de vuelta. No hay duda de ello. No sólo está afectando el presupuesto de las familias chilenas sino que es un fenómeno que hace sentir su presencia en todo el mundo, desde Buenos Aires a Beijing. En particular, su impacto golpea con mayor fuerza en economías en vías de desarrollo, donde los alimentos y combustibles –los productos que más han subido- tienen una mayor importancia en el consumo.

Si bien los precios de alimentos y combustibles ya mostraban una trayectoria de alzas desde fines de 2006, lo que hasta hace poco era más bien un fantasma se convirtió en un monstruo muy real y con dientes.

Adiós Ricitos de Oro…

Hasta hace algunos años se presumía que la inflación era cosa del pasado, al menos desde la perspectiva de quitarles el sueño a economistas o inversionistas.

Muchos analistas financieros hablaban de que la economía global había entrado en la era de Ricitos de Oro, ni muy caliente (como para generar presiones inflacionarias) ni muy fría (como para caer en estancamiento de crecimiento económico). Economistas y banqueros centrales preferían usar un término más elegante –la Gran Moderación– para referirse al período que se extiende desde mediados de los 80, toda la década de los noventa y la primera mitad de los 2000.

La Gran Moderación no solo se refería a la reducción de la inflación sino también a la menor volatilidad que mostraban los ciclos económicos. El mismísimo Alan Greenspan –a quien algunos apuntan hoy día como uno de los responsables del rebrote inflacionario– identificaba como principales causas de esta era de estabilidad a una feliz combinación de tres factores.

Primero, a cambios estructurales como la globalización, que permitió que los países de menores costos laborales como Chile se convirtieran en las “fábricas” del mundo. También ayudaron los adelantos tecnológicos –que permitieron mejorar la productividad– y las comunicaciones. Asimismo, colaboró una ola de desregulación en muchas industrias, que incentivó una mayor innovación (aunque una excesiva "creatividad” en el sector financiero nos hizo creer que los riegos prácticamente habían desaparecido, error que nos vendría a penar más tarde).

La segunda causa sería el mejor desempeño de políticas macroeconómicas, particularmente la política monetaria llevada a cabo por los bancos centrales. Aunque la recomendación venía de muy cerca, Greenspan enunciaba que los banqueros centrales habían vencido al dragón de la inflación.

La tercera causa, aunque no lo crean, es la buena suerte. Sí, la buena suerte. Esto en el sentido de que los shocks que afectaron a la economía global fueron más pequeños y menos frecuentes. A pesar de la crisis asiática o los defaults de Rusia o Argentina, en términos generales el mundo siguió avanzando, sin generar inflación.

… y ¿bienvenido el Lobo?


Irónicamente, algunos de los elementos que ayudaron a que el genio de la inflación se mantuviera dentro de la botella, están ayudando, paradójicamente, a que éste salga hoy con inusitada fuerza.

De pronto China se transformó de “fábrica del mundo” a un animal devorador de cuanta materia y alimento se le ponga adelante. Integrados años atrás casi a la fuerza a la WTO, ahora los chinos quieren tener la misma calidad de vida de Occidente, ya sea en automóviles o hamburguesas o lo que fuere. Lo mismo ocurre con otros países cuyos habitantes, en su mayoría, quieren transitar desde la Edad Preindustrial a la Era Digital en una sola generación, causando una gran presión de demanda. Adicionalmente, las mismas fuerzas de la globalización –que no siempre han sido delicadas con mercados laborales y sistemas políticos– han dado origen a respuestas de proteccionismo pero en el sentido inverso a lo que estábamos acostumbrados a ver. Ahora buscan limitar la salida de productos –como los alimentos– para mantener precios domésticos bajos, o significan subsidios en combustibles que no hacen más que agravar la situación, al entregar una falsa señal respecto a un bien –el petróleo– que se ha vuelto más escaso ante una creciente demanda.

Finalmente, el impacto de la tecnología sobre el capital físico, que ha podido lograr aumentos de productividad, se ha ido diluyendo y, como bien sabemos en Chile, ahora chocamos con la gran muralla que significan las reformas para mejorar el capital humano, cuyos resultados no son compatibles con los tiempos de los procesos políticos.

That 70s Show

Existe una gran tentación de volver a mirar este nuevo escenario inflacionario como una repetición de lo ocurrido durante los 70. Si han vuelto las patas de elefante, los bigotes, las patillas y la música disco, ¿por qué no pueden volver los mismos fenómenos económicos?

Si bien hay muchos elementos coincidentes, particularmente en relación a la escalada en el precio del petróleo y a tasas de interés reales negativas, en muchos aspectos la situación es bien distinta. Por lo pronto, las presiones inflacionarias todavía no se han traspasado de manera relevante a incrementos excesivos de salarios. Asimismo, el fenómeno esta vez parece más bien circunscrito a países emergentes. La combinación de baja actividad y bancos centrales vigilantes permite proyectar que la inflación en las regiones desarrolladas –como EE.UU., la zona del Euro y Japón (la única parte del mundo donde la inflación ha sido bienvenida)– retroceda al rango de confort de los bancos centrales.

Duro de Matar

Lo más difícil de este rebrote inflacionario es justamente su origen global y no doméstico. Es en esta última variedad donde los bancos centrales habían demostrado sus éxitos. Ahora su principal arma, la política monetaria, parece cada vez menos efectiva, como una espada que ha perdido el filo. El impacto de tasas de interés más altas es nulo frente a escaladas en el precio del petróleo o de los alimentos, que suben en todo el mundo. Tampoco pueden evitar el aumento de los precios eléctricos, afectados por la crisis energética. Peor aún, existe el riesgo de que incrementos en la tasa de interés solo termine por afectar áreas de la economía que ya se ven afectadas por los mayores costos energéticos y de otros insumos.

El dilema anterior no solo se limita a nuestra realidad. En una columna reciente, el siempre polémico economista Joseph Stiglitz declaró el rotundo fracaso de las políticas monetarias con metas inflacionarias –como la que compartimos con países como Nueva Zelanda, Reino Unido, Sudáfrica, Corea del Sur y Brasil– y llamó a una mayor flexibilidad para enfrentar las presiones inflacionarias. Quemen lo que han adorado y adoren lo que han quemado, parece predicar. El tiempo dirá si existen nuevas maneras de luchas contra la inflación y si los perros viejos pueden aprender trucos nuevos.

En todo caso, si pensó alguna vez que a los consejeros del Banco Central se les pagaba demasiado por tan solo pensar y reunirse ocasionalmente, piensen de nuevo por la responsabilidad que recae sobre ellos. Pueden, incluso, incidir en quién ganará la próxima elección presidencial chilena.

Toda institución de educación superior está orientada a “lo público”

6 de junio de 2008

Ignacio Irarrázaval L.

Director de Asuntos Públicos UC

Fuente: Cartas al Director, El Mercurio, 30 de mayo

En relación a la columna de opinión publicada miércoles 28 respecto a “Educación Superior Pública”, es necesario aclarar que toda institución de educación superior está orientada a “lo público” independiente de si el organizador de la misma es un ente privado o estatal. En la mencionada columna, se pretende argumentar que las universidades públicas serían las únicas que pueden producir ciertos bienes públicos, y por ende, ameritarían un tratamiento especial.

Se argumenta que la universidad pública posibilita al Estado una formación profesional con diversidad de visiones, tolerante y pluralista. Ciertamente la educación superior privada es muchísimo más diversa que la pública, hay universidades reconocidamente laicas, católicas, adventistas, fundadas por intelectuales de izquierda, de centro o de derecha; algunos nombres que reflejan esta diversidad son Universidad ARCIS, Universidad Bolivariana, Universidad del Desarrollo, Universidad Mayor y otras.

Se argumenta además que la investigación que realizaría la universidad pública tiene mayor espacio de libertad ya que está protegida de los intereses particulares, lo que le permitiría adentrarse en los grandes temas nacionales. No hay espacio en esta carta para describir el sin número de investigaciones de universidades privadas que apuntan precisamente a los grandes temas del país. Una muy rápida revisión de la base de datos del FONDECYT regular me entregó investigaciones financiadas por ese fondo en temas tan diversos como “Estilos de crianza parentales”, “Evolución de los partidos políticos femeninos”, “ Investigación policial y reforma penal”, todas ellas desarrolladas por universidades privadas y ciertamente orientadas a temas de alto interés público.

La diversidad, la investigación en grandes temas nacionales y la excelencia académica, son atributos que deben ser compartidos por todo el sistema universitario, y no son para nada exclusivos de las universidades estatales. La política pública de educación superior debería esforzarse realmente por potenciar estos aspectos, para lo cual no tiene ninguna necesidad de discriminar arbitrariamente a través del carácter privado o estatal de cada institución.

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Las decisiones en políticas públicas como resultado de un proceso social

16 de abril de 2008

Esteban Manuel De la Huerta

Sociólogo

Alcaldía - I. Municipalidad de Maipú

Leí el interesante artículo de Francisco Gallego (vea columna anterior) sobre la importancia de la psicología en el modelamiento de la toma de decisiones en políticas públicas y me pareció prometedor y refrescante el interés, desde la economía, en las variables sociales como modeladoras del proceso de toma de decisiones.

En las políticas públicas la toma de decisiones es un proceso poco estudiado, particularmente en lo que respecta a América Latina. Las principales referencias son trabajos hechos desde la perspectiva del mundo desarrollado (Graham, Meier) en que el énfasis está puesto en cómo la corrupción distorsiona la capacidad de las políticas de dar cuenta de los problemas.

Actualmente, nuestro país y parte de América Latina se enfrentan a nuevos desafíos en políticas públicas, en los que la corrupción deja de ser una problemática central, dejando un amplio ámbito de libertad para la construcción de nuevas visiones para enfrentar la pobreza.

Frente a esta libertad considero que hace falta profundizar (o más bien comenzar) el estudio sobre cómo los factores sociales se imbrican en la toma de decisiones, no sólo de los beneficiarios, sino también de los diseñadores de las políticas.

La decisión es un proceso social, pues la sociedad y sus particularidades la enmarcan. En este sentido, aparecen como elementos relevantes a estudiar:

a) Cómo los diferentes actores (organizaciones incluidas) perciben la realidad y cuáles son los diagnósticos en los que fundan sus opciones de política. No es obvio ver los problemas desde una misma perspectiva, y el diagnóstico que se haga de ellos es parte de la receta para las soluciones propuestas.

b) Cómo las redes configuran un espacio de decisión que muchas veces excluye actores e información divergentes.

c) Relacionado con lo anterior, cómo algunas opciones de política y diagnósticos sobre los problemas sociales constituyen discursos aceptados acríticamente.

Estos dos últimos factores pueden afectar el proceso de toma de decisión al limitar la capacidad de adquirir nueva información sobre la realidad. En este sentido hay un factor cognitivo que es crucial, pues si estamos dispuestos a dejarnos guiar por la realidad de los problemas estaremos en mejores condiciones de percibir las dinámicas que les dan origen y de proponer soluciones que efectivamente puedan resolverlas.

Las modas en políticas públicas, vale decir, los discursos que sin mayor discusión o análisis son usados para argumentar, empobrecen la discusión y nos llevan a adoptar soluciones que no siempre son las más efectivas.

Actualmente conceptos como participativo y descentralizado son ofrecidos como soluciones a todos los problemas, sin reparar en el hecho de que, en algunos casos, las realidades sociales ameritan un acercamiento diferente de parte de las políticas. Como afirmaba el profesor Gallego, no siempre más información es mejor y, en algunas ocasiones, el abrir nuevos espacios de participación en la generación de las políticas implica dar más voz a quienes ya influyen, dejando de lado a quienes tienen menos recursos para participar.

En una investigación en la que participé sobre las determinantes del policy making en América Latina, resultaba interesante constatar cómo la calidad de las políticas (entendida como la capacidad de dar respuesta a los problemas a los que se dirigen) estaba profundamente relacionada con estos factores subjetivos y relacionales de la decisión.

La libertad implica responsabilidad. La posibilidad de diseñar con mayor independencia nuevas y más ambiciosas políticas debería ser utilizada con la atención puesta siempre en los problemas que nos afectan; no podemos, en este sentido, dejar que las convicciones intelectuales y las modas de turno nos hagan perder la atención de lo que es la prioridad: las políticas deben ser efectivas para enfrentar los problemas concretos que hoy sufren tantos.

Me parece claro que en la medida en que estos temas sean estudiados con mayor profundidad nuestra capacidad de diseñar políticas efectivas orientadas a la disminución de la pobreza y el desarrollo social serán mucho más efectivas y tendremos nuevas razones para sentirnos orgullosos del esfuerzo que el país hace por alcanzar un desarrollo socialmente armónico.

Economía y sicología y las políticas públicas para superar la pobreza

2 de abril de 2008
Francisco Gallego
Profesor del Instituto de Economía UC y del Diplomado en Políticas Públicas para la Superación de la Pobreza.

Fuente: El Diario Financiero, miércoles 2 de abril de 2008.

Los economistas modelamos el proceso de toma de decisiones de un modo diferente a cómo lo hacen los sicólogos. Nosotros suponemos que las personas comparan costos y beneficios (pecuniarios o no) y toman aquellas acciones que les reportan el máximo beneficio. Los sicólogos, en cambio, tienden a enfatizar más aspectos relacionados al proceso cognitivo y el modo como las personas interpretan la realidad.

¿Quiénes tienen la razón? Probablemente ninguno de los dos. Ambos aportan algo. Por un lado, existe amplia evidencia de que las personas responden a los incentivos en la mayoría de las situaciones. Por otro lado, las personas somos animales más complejos que simples máquinas que siempre optimizamos. A veces tenemos tentaciones, a veces nos olvidamos o nos desconcentramos, a veces exageramos beneficios o costos para decidir lo que “de guata” queremos hacer. La pregunta es si estos sesgos son relevantes o no para explicar la realidad. En mi opinión, la respuesta es “depende”. En muchas situaciones, existe evidencia que sugiere que estos sesgos son poco importantes y en otras se sugiere que son muy importantes y que ayudan a entender paradoja que una mirada convencional no puede hacer.

En esta columna quiero aplicar esta discusión al tema de las políticas públicas orientadas a superar la pobreza. Un artículo de Marianne Bertrand (Chicago), Sendihl Mullainathan (Harvard) y Eldar Zafir (Princeton) revisa la literatura de la subdisciplina de la economía llamada Behavioral Economics y estudia cómo mejorar la efectividad de las políticas enfocadas a los pobres (http://www.economics.harvard.edu/faculty/mullainathan/
files/Decision-Making.pdf). Esta disciplina trata de extender el análisis económico tradicional incorporando algunos sesgos sicológicos. Por ejemplo, una serie de estudios sugieren que las personas valoran mucho el status quo, lo que implica que presentan aversión a las pérdidas. Por tanto, la implicancia de política es que se deben enfatizar más las pérdidas de no tomar una acción, que los beneficios de tomarla. Asimismo mientras para la visión tradicional la entrega de información adicional es siempre valiosa, en algunos contextos la entrega de información excesiva o compleja puede crear costos sicológicos no triviales -en términos de estrés o ansiedad. La implicancia en este caso es entregar información simple y fácil de procesar.

En este contexto, Bertrand et al. intentan explicar la incapacidad de los programas de asistencia social en USA para llegar a sus beneficiarios. Por ejemplo, la tasa de participación en programas de entrega de beneficios en efectivo de seguridad social llegan a cerca de 50%. Estos autores argumentan que esta tasa de participación tan baja se derivan en parte de los altísimos costos de postulación que los usuarios enfrentan. Un ejemplo simple: en promedio el largo de un formulario de postulación para los programas de food stamps tiene 12 páginas. Pero también porque los formularios suponen que quien los llena conoce un lenguaje que en ocasiones requiere ser abogado especializado y en otras tener estudios de postgrado. Cuando las personas leen esto perciben que quizás los beneficios no son para ellos y por sus sesgos sicológicos exageran el costo de preguntar o de decir que no se sabe la respuesta. Así, para evitar estos costos las personas deciden simplemente no participar del programa. Esta actitud es claramente irracional desde el punto de vista tradicional (el costo de preguntar es cercano a 0), pero en la cabeza de las personas no es así y deciden no participar y justamente los más pobres quedan fuera de los programas que están orientados a ellos.

¿Qué podemos aprender de esta evidencia? Que cualquier esfuerzo de desarrollar programas orientados a los más pobres debe ser transmitido de modo simple. Esto es clave en el contexto actual en que es probable que surjan nuevos programas sociales a partir de las propuestas de la Comisión de Equidad. Como he argumentado previamente en este espacio, el detalle de los programas es el que los hace efectivos o no. En el pasado reciente hemos aprendido que no sacamos nada con tener una página web de última generación que nos presenta la ruta óptima a usar en el Transantiago si los usuarios del mismo no usan en su mayoría el computador…

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Políticas públicas de segundo tiempo

30 de enero de 2008
Axel Christensen
Director Académico
Diplomado en Políticas Públicas UC

Fuente: La Segunda Internet

Se ha instalado en la opinión pública, incluso antes que el propio gobierno lo haya reconocido, la noción del segundo tiempo, cual partido de fútbol. La tentación de seguir con la analogía es demasiado grande.

El equipo de gobierno se va a camarines con un abultado marcador en contra —el Transantiago—, pero vuelve a la cancha con la incorporación de refuerzos en el alineamiento y con un potente gol de camarín: la aprobación de la reforma previsional. Desgraciadamente, los sinsabores del Transantiago no han permitido vislumbrar que este primer gol muestre el estilo que el director técnico le ha querido imprimir a su equipo: el sello de la protección social.

A partir de esta jugada, el segundo tiempo parece auspicioso, particularmente por la entrada de un conductor con experiencia y sentido práctico. En cualquier caso, el equipo adversario espera que el juego sea mucho más brusco y sin tregua, aunque siempre dentro del fair play.

A pesar del efecto sicológico del gol de camarín y de las ganas de los nuevos jugadores, los riesgos del segundo tiempo no son menores. El afán de privilegiar la ofensiva puede llevar a descuidar la defensa, particularmente ante el equipo adversario que quisiera desalojar el local.

Analogías aparte, el segundo tiempo del actual gobierno es un período sumamente sensible en cuanto al desarrollo e implementación de políticas públicas. Por una parte, el reducido tiempo que resta de ejercicio desincentiva la propuesta de iniciativas más audaces, cuyos impactos se sientan más allá del período actual o que tengan costos políticos inmediatos. Es más, empieza a aumentar la tentación de proponer medidas con alta rentabilidad política de corto plazo —sobre todo habiendo abultadas arcas fiscales—, pero que pueden llevar a elevados costos de largo plazo. Desgraciadamente, los ejemplos de ello se han acrecentado en los últimos períodos preeleccionarios.

¿Qué hacer? ¿Resignarse ante lo que parece que es un elemento intrínseco en una competencia electoral cada vez más fiera? Es en estos momentos que los centros de estudios, o think tanks, tienen que redoblar sus esfuerzos en difundir con objetividad y firmeza el impacto que la dictación de leyes y regulaciones de última hora trae aparejado. Si bien puede ser más entretenida la labor del primer tiempo, donde estos centros se focalizaban más en propuestas, sin duda su verdadero impacto e importancia se verá en este segundo tiempo que comienza.

Reivindicando las predicciones de los economistas. Porque no tiene nada de paradójico que Chile haya dejado de crecer

27 de noviembre de 2007
Francisco Gallego
Profesor del Instituto de Economía UC, profesor del Diplomado en Políticas Públicas para la Superación de la Pobreza.
Fuente: El Diario Financiero, 27 de noviembre de 2007.
Un amigo suele agregar al final de sus correos electrónicos la frase “El economista es aquél que podrá decir mañana, por qué no ocurrió hoy, lo que él predijo ayer." En esta columna, sin embargo, quisiera reivindicar una pequeña predicción basada en teoría económica simple que algunos economistas hicimos hace algunos años. Lo interesante es que esta predicción se sigue cumpliendo hoy y que, más aún, podría ser interesante que se tuviese más presente en el debate sobre el crecimiento económico en Chile.

Para esto quiero comenzar recordando la discusión sobre el crecimiento económico que se produjo en la campaña presidencial de 1999. En esa época los equipos económicos de ambos candidatos prometieron, más o menos explícitamente, que Chile volvería a crecer a una tasa de 7% como en los llamados años dorados de 1985-1997. Recuerdo haber estado como asistente en un debate entre economistas jóvenes de ambas campañas y haber preguntado bajo qué supuestos se hacía esto y la verdad es que no hubo buenas respuestas. Porque en verdad era una promesa que no se podía cumplir con los programas que se prometían.
En mi opinión esta promesa ha sido nefasta para la posterior discusión sobre el modelo económico en Chile: se prometió un crecimiento que no se podía cumplir. ¿Por qué? Por un simple resultado robusto de la literatura empírica sobre crecimiento. El llamado efecto convergencia condicional: países más ricos tienden a crecer más lentamente si nada cambia. Si bien existen una serie de argumentos teóricos para esto, la explicación es bastante obvia: las oportunidades de generación de nuevos negocios en el Chile del 2000 eran bastante menores a las disponibles en el Chile de 1985 o de 1990, cuando una serie de sectores aún no se expandían fuertemente. Es obviamente más fácil encontrar una oportunidad rentable de negocios cuando la mayor parte de los sectores aún no se desarrollan fuertemente, como a mediados de los 1980s o comienzos de los 1990s. En cambio en el 2000, la única posibilidad de crecer más era reformar: o sea, mejorar el funcionamiento de los mercados e instituciones, de modo de crear nuevas oportunidades rentables. Si no se reformaba (ninguna de las dos campañas ofrecía reformas sustantivas), no se podía volver a crecer al 7%. Punto.
Esto estaba documentado en esa época usando análisis de las causas de las diferencias de de crecimiento entre países. Robert Barro, de Harvard, en 1999 publicó un paper en que se preveía un crecimiento del PIB en torno a 4.0% para el período 1996-2006, condicional en que el país mantenía su estructura institucional. ¿Cuánto creció Chile en ese mismo período? 3.9%. Sin comentarios. Luego, en un trabajo que escribí en el año 2001 en conjunto con Norman Loayza, economista peruano del Banco Mundial, proyectábamos un crecimiento de 4.5% para el período 2001-2010. ¿Cuánto llevamos hasta ahora en ese período? 4.3%. Sin comentarios, de nuevo.
Entonces la paradoja que algunas personas plantean sobre el crecimiento en Chile en cierto sentido no es tal. Es lo que podemos crecer dado lo que tenemos en términos institucionales. Si queremos crecer más, tenemos que reformar más. ¿Dónde? En nuestro trabajo argumentábamos que si Chile avanzaba más rápido en áreas tales como desarrollo financiero, infraestructura y calidad de la educación, Chile podría crecer más. Si bien algo se ha avanzado, sólo recientemente se ha puesto el énfasis relevante en calidad de la educación. Hay otras áreas donde tenemos mucho que avanzar: las llamadas restricciones micro. En Chile los días que toma inscribir un nuevo negocio, cobrar un cheque protestado o simplemente hacer cumplir un simple contrato de arriendo son demasiado altos y yo no veo razones por qué no bajarlos.

Por tanto, en mi opinión, la respuesta a la aparente paradoja del crecimiento en Chile no pasa por varitas mágicas o volver a caer en errores del pasado, sino que volver a un mensaje fundamental de la literatura reciente: sin buenas instituciones que se reflejen en mercados de factores desarrollados, en igualdad de oportunidades (especialmente en educación) y en estabilidad, es difícil volver a crecer a una tasa de 7%. Lo predijimos ayer y sucedió hoy…

Concesiones 2.0: ¿Un nuevo diálogo?

11 de noviembre de 2007
Pablo Allard S.
Director del Observatorio de Ciudades UC, Profesor del Diplomado en Políticas Públicas y miembro del Consejo de ProUrbana

Fuente: Diario La Tercera, 11 de noviembre de 2007.


En los últimos meses hemos sido testigos de una verdadero “culebrón” de controversias, opiniones encontradas, contrapuntos y recados por la prensa entre los concesionarios de obras públicas y las autoridades del ramo. Lo que se fundó en los noventas como una virtuosa “alianza público/privada” capaz de revertir el déficit histórico de infraestructura del país con niveles de cobertura y calidad de servicio sin precedentes, aparece hoy como una relación áspera, distante y a veces tensionada.

Los motivos son varios, por un lado la primera generación de concesiones ya está cerrando su ciclo con algunos “baches” no menores, luego del controversial primer grupo de concesiones carcelarias y los litigios por cuantiosas obras complementarias no previstas en los proyectos originales, queda claro que los contratos y responsabilidades son mucho más complejos y dinámicos que sus predecesores.
En este escenario, el Ministro Bitrán ha impulsado una reforma significativa a la industria, que pasa por modificar la ley y crear una superintendencia de concesiones. Si bien estas reformas se discuten hace años y es reconocida la capacidad técnica de Bitrán en estos temas, tal como gentilmente le encaró el presidente de los concesionarios Hermann Chadwick el pasado jueves en el almuerzo anual del gremio, una cosa es la viabilidad técnica de estas reformas y otra el momento político en que se realizan.
Desde hace meses que los principales actores de la industria han venido reclamando por la baja en el volumen de proyectos y montos de inversión, de hecho el 2007 marcó el año más bajo en una década, con una inversión total de US$ 340 millones, poco más de un tercio de la inversión total del 2004 que llegó a los US$ 880 millones (corregido el tipo de cambio).
Algunos podrían pensar que simplemente se terminaron las obras cuya rentabilidad económica y social amerita que se realicen por la vía de conceder a privados el derecho a construir, operar y luego transferir estas infraestructuras al Estado, pero esto no se condice con el número de hospitales, cárceles, edificios públicos, embalses, colectores, rutas transversales, puentes, transbordadores, sistemas de transportes y tantos otros que el país aún necesita para preservar su competitividad (no sería mala idea hacer un catastro de estas necesidades). Otros dirán que ahora el estado tiene suficientes recursos para construir estas obras sin la participación de privados, pero parte clave del origen de concesiones no está sólo el construir, sino el de mantener estas obras y ofrecer un estándar de servicio que el estado difícilmente podrá lograr sin los incentivos o la capacidad de gestión para ello.
Las concesiones de obras públicas han probado ser un gran aporte a la construcción del país. Así como el centenario de la República se caracterizó por la construcción de grandes obras de “infraestructura cultural”, tendremos que reconocer que más allá de algún centro cultural de último minuto, lo que marcará al bicentenario de la nación es una nueva “cultura de las infraestructuras,” representado por la movilidad, dinamismo y oportunidades que la industria ha abierto a todos los chilenos, pese a detalles de diseño o conflictos locales propios de todo megaproyecto. Generar esta industria no fue fácil y hay que cuidarla, mejorarla y fortalecerla.
Hay que recordar que las concesiones son una herramienta y no una actividad planificadora, por lo que una eventual superintendencia tendría que ampliarse a toda la actividad y no sólo a la herramienta. Hay que romper el nivel de desconfianza existente en otros sectores y ministerios frente al sistema, particularmente ahora que se avecinan proyectos mixtos. Hay que generar reglas claras y flexibles para resolver conflictos, pasar de arbitrajes en derecho a considerar también criterios económicos, sincerar las cifras, definir estándares de servicio, mejorar contratos con opciones flexibles (renegociaciones) y no sólo modificar la ley sino generar mejores capacidades de gestión dentro del estado. Éstos son los temas de fondo que urge tratar si queremos enfrentar con éxito esta nueva generación de proyectos, más complejos, más difíciles y por lo tanto más importantes para el futuro del país. El próximo capítulo de esta historia de acercamiento y nuevo dialogo se escribirá este jueves en un seminario en la UC, donde nuevamente se verán las caras autoridades gremiales, ministeriales y técnicas, esta vez en tierra neutral, para reestablecer de una vez confianzas y acelerar el tranco.

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El Caso de Teach for America: atrayendo la atención de jóvenes profesionales a la educación en sectores de pobreza

29 de octubre de 2007

Cristián García Palomer

Ingeniero Civil de Industrias UC, profesor instructor auxiliar del Departamento de Ingeniería y Sistemas UC y profesional PuentesUC de Puente Alto.

Una de las últimas ediciones de “The Economist” incluye un artículo sobre el programa “Teach for America” (TFA). Fruto de la tesis de pregrado de su creadora y actual CEO, Wendy Kopp, este programa empezó a operar en EE.UU. el año 1990, con 500 hombres y mujeres haciendo clases en colegios de 6 comunidades de escasos recursos a lo largo del país. Hoy, cerca de 5.000 jóvenes trabajan en 26 regiones, la red de participantes en TFA supera los 17.000 individuos y el proyecto se ha transformado en el primer proveedor de profesores para colegios de escasos recursos en EE.UU.

Lo más interesante de todo es que estos profesores son reclutados, en la mayoría de los casos, desde unidades académicas distintas a las ligadas a la Pedagogía. El programa los ubica, por un mínimo de 2 años, en los sectores más necesitados del país, después de un período corto -pero exhaustivo- de preparación para hacer clases.

Pese a que “Business Week” lo sindicó como uno de los mejores lugares para comenzar una carrera exitosa y “Fast Company” lo incluyó en la lista de los “emprendedores que están cambiando el mundo”, TFA, como todo programa innovador, tiene seguidores y detractores. Entre estos últimos, muchos profesores que dudan de su efectividad en lograr que niños con falencias aprendan, y que apuntan a algunos estudios que aseguran que profesores certificados lo hacen mejor. También se critica que muchos de los jóvenes deja las salas de clases para siempre después de los 2 años en que participan en este programa.

Al otro lado de la moneda, los ejecutivos de TFA sacan a colación que el estudio más confiable sobre el impacto de sus voluntarios (hecho por Matemática Policy Research en 2004) encontró que los escolares que tuvieron profesores de TFA sacaban mejores puntajes en matemáticas y prácticamente iguales en comprensión de lectura.

Más allá de este pequeño triunfo, los miembros de TFA tienen claro que esto es sólo parte de su estrategia para aportar un grano de arena en mejorar la educación de miles de niños alrededor de EE.UU. Están concientes de que probablemente su mayor aporte está dado por su red de ex-alumnos, que situados en diversas áreas ligadas o no ligadas a la educación, mantienen en sus mentes el recuerdo de su paso por el Programa, y desarrollan proyectos, ideas o hacen otro tipo de aporte para el desarrollo educacional del país. Hay encuestas que señalan que los ex-alumnos de TFA mantienen su interés en el estado del sistema de educación pública del país y tienen mucha más confianza en que pueden ayudar a mejorar su nivel.

Sobre esto, dos reflexiones. En primer lugar, ¿por qué no pensar en crear una versión chilena de TFA? Ya hay algunas ideas al respecto, y si se estudia bien cómo implementarlo (entre otras cosas, para que los participantes desarrollen clases de buen nivel y para que haya un sistema de incentivos atractivo para los postulantes), puede llegar a ser un gran aporte al desarrollo de la educación en el país, centrando, al mismo tiempo, el foco e interés de profesionales en ella.

En segundo lugar, debe incentivarse la creación de este tipo de instancias para promover que cada vez más jóvenes tengan contacto directo con realidades que de otra forma quizás nunca conocerían. Mi propia experiencia me insta a pensar que el contacto con las realidades más necesitadas es el principal motor para atraer profesionales directa o indirectamente al trabajo en estos temas. Muchos conocidos que trabajan en el sector público, fundaciones, centros de estudio, o que siguen pensando constantemente en cómo ayudar al desarrollo del país, estaban construyendo mediaguas hace algunos años, en trabajos de invierno, verano o en operaciones de fin de semana.

Parque pobre, pero honrado

6 de octubre de 2007

Pablo Allard S.

Arquitecto, director Observatorio de Ciudades UC y profesor del Diplomado en Políticas Públicas UC.

Fuente: Diario La Tercera, 6 de octubre de 2007.

Uno de los aspectos fascinantes de la modernización y globalización vivida por nuestro país es el resurgimiento de manifestaciones de una profunda identificación con la cultura popular de manos de las nuevas generaciones. Candidatos y ministros aún sufren bochornosos pies de cueca dieciocheros, mientras miles de jóvenes colman fondas universitarias (y vaya que sí saben bailar cueca), siguen la música de los Tres, los Parra y Gepe, rescatan lugares como el bar “la Piojera” y celebran la cultura “guachaca” con orgullo. A esto se suman iniciativas como Un Techo Para Chile, Servicio País, y tantas otras organizaciones cuyo motor es precisamente identificarse con el mundo popular acortando “la brecha humana” mientras los economistas y políticos se encargan de las otras brechas. A diferencia de la generación de los ochentas, en este caso estamos hablando de un fenómeno más amplio, pluralista, ecléctico y masivo.

En este contexto no debiera extrañar entonces la iniciativa que surge en conjunto entre el Centro de Alumnos de Arquitectura UC, el programa PuentesUC y la Ilustre Municipalidad de la Pintana para promover el proyecto “Parque Pelotillehue.”

El Parque Pelotillehue pretende celebrar lo mejor de la cultura popular chilena representada por el personaje de Condorito. No se trata de un parque temático o una “Disneyficación” de una franquicia, sino más bien de un esfuerzo serio y comprometido de La Pintana para fomentar un polo de atracción y esparcimiento en una de las comunas más populosas e injustamente estigmatizadas del país.

El grado de autenticidad de la iniciativa radica principalmente en que Condorito fue capaz de exaltar las virtudes del chileno “pobre pero honrado”, aquél que vive modestamente en una mediagua con piedras y neumáticos en el techo, junto a su perro Washington y su sobrino Coné, cuya picardía y esfuerzo lo llevan a buscar las pegas más absurdas sin nunca dejar de lado a sus amigos ni ceder en la búsqueda del amor de Yayita. En este sentido el concurso busca un acercamiento a lo urbano desde la perspectiva social (La Pintana es una de las comunas con menores índices de espacio público y áreas verdes per cápita) y, por otro, usar la imagen como herramienta de gestión, de manera de asegurar recursos para mantener el parque en el tiempo.

Para lograr este objetivo, los gestores han convocado a un concurso de ideas dirigido a estudiantes de arquitectura de distintas universidades del país, el cual tenga como resultado un proyecto de utilidad pública y promoción social. El municipio de La Pintana por su parte ha liderado esta iniciativa en el marco del programa “Chile Emprende”, estableciendo contacto con los actuales dueños de los derechos de imagen y comerciales, así como la familia de Pepo, el fallecido creador del popular personaje y los actuales caricaturistas. El lugar elegido es una franja de terrenos al nororiente de la comuna, flanqueada por la polémica autopista Acceso Sur, y los participantes tendrán la difícil tarea de sintetizar el espíritu de la iniciativa sin caer en la caricatura (valga la paradoja) y en un contexto de escasos recursos para la mantención y construcción del mismo. En otras palabras, un desafío de arquitectura mayor y significativo cuyas bases se pueden encontrar en www.cearq.cl/parquepelotillehue.

Ahora que muchos temen que las ciudades globales se están volviendo iguales, iniciativas como ésta dan cuenta de una generación capaz de celebrar su “historia profunda”, reconocer sus cualidades históricas para definir su rol global e insertarse en la economía internacional, sin dejar a nadie atrás y antes que sea demasiado tarde.

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Equidad educativa

22 de agosto de 2007

Cristián García Palomer

Ingeniero Civil de Industrias UC, profesor instructor auxiliar del Departamento de Ingeniería y Sistemas UC y profesional PuentesUC de Puente Alto.

La palabra equidad es muy recurrente cuando se discuten temas educativos. De hecho, constituye uno de los ejes centrales de la propuesta de Ley General de Educación elaborada por el gobierno. El documento que presentó recientemente la Alianza también aborda este tema, poniendo el énfasis en la igualdad de oportunidades y recalcando que los recursos necesarios para educar a cada niño no son los mismos.

El Diccionario de la Real Academia Española presenta cinco acepciones de equidad, entre ellas “igualdad de ánimo”, “justicia natural por oposición a la letra positiva” y “disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que merece”. El análisis de estas definiciones acerca la palabra en cuestión a la complementariedad de los conceptos de justicia e igualdad, y es en este punto donde radicaría el principal peligro al utilizar el concepto de equidad. La sobredimensión de la igualdad por sobre la justicia puede terminar desvirtuando la importancia del esfuerzo individual, mientras que el papel de la justicia para generar igualdades es complicado y puede caer en la parcialidad.

Un ejemplo interesante que aborda este tema se ha dado en dos estados de la costa este de Estados Unidos y es abordado en el artículo “Mixing Cocktails for School Reform”, de Feather O'Connor Houstoun, presidenta de la William Penn Foundation, lugar desde donde ha observado las reformas educativas que se han llevado a cabo en Pennsylvania y New Jersey durante las últimas dos décadas. Estos estados han generado políticas educativas radicalmente opuestas para intentar lograr dos objetivos: buenos resultados académicos y un sistema de accountability efectivo en sus sistemas educacionales.

En New Jersey, la Corte Suprema estatal ha entregado repetidamente mayor capital a los colegios locales de sectores más pobres, para que logren otorgar lo que la Constitución de EE.UU. define como una educación “eficiente y cuidadosa”. Por otro lado, la Corte Suprema de Pennsylvania ha transferido las discusiones de equidad a la legislatura estatal, indicando que es ésta la responsable de interpretar lo que señala la Constitución. A partir de esto, los colegios de New Jersey han logrado equidad financiera, ubicándose entre los distritos con mayor nivel de gasto educacional en el país. Por otro lado, en Pennsylvania las diferencias de recursos entre colegios se ubican entre las más altas a nivel nacional.

En términos operacionales, en New Jersey ha sido una única organización la que ha liderado la lucha por la equidad financiera en los colegios, llevando todos los casos conflictivos que ha detectado a la Corte Suprema si es necesario. En Pennsylvania los esfuerzos no han logrado los mismos resultados, y pese al trabajo de tres organizaciones, recién se logró que los legisladores locales aprobaran el financiamiento de un estudio para determinar los recursos reales que se necesitan en cada distrito para otorgar educación de calidad (cosa que debiera imitarse lo antes posible en nuestro país).

A partir de estos ejemplos (que grafican las distintas formas de abordar las necesidades financieras a nivel educativo), el artículo se pregunta si es efectivamente importante generar equidad financiera a nivel de colegios, para lo cual analiza en forma más específica el caso de New Jersey. En este marco, señala que la constante insistencia de la Corte Suprema de este estado por lograr esta equidad no ayudó a generar un aparato legislativo que apoyara esto en forma robusta, lo que a su vez no contribuyó a la generación de elementos adecuados de control de calidad de la gestión (accountability). Esto porque pocos abogados se mostraron dispuestos a informar que varios distritos del estado presentaban magros rendimientos educacionales, temerosos de que cualquier crítica a los resultados pudiera afectar la distribución de recursos. Este cuadro creó una situación en que los distritos más pobres y de peores resultados de New Jersey tienen poco que temer, pues, salgo excepciones, los reformistas locales no suelen demandar cambios sistemáticos para disminuir las diferencias de logro entre los alumnos.

Este punto no es menor y cae precisamente en la discusión acerca de los elementos que constituyen el concepto de equidad. En New Jersey, da la impresión que se cargó la mano hacia el lado de la igualdad, y se buscó encarecidamente que cada colegio contara con los mismos recursos, sin preocuparse demasiado de la forma en que se éstos se utilizan.

En este sentido, el ejemplo citado es interesante si se toma en cuenta el estado actual de la discusión educacional en Chile. Sin repetir el argumento evidente, trillado (y sin respuesta eficiente) que señala que “la educación no puede esperar”, la equidad es ciertamente un tema importantísimo en el plano educativo. Sin embargo, hay que ser cuidadosos en el uso de esta palabra y las herramientas para promoverla. En un sistema como el chileno, donde los resultados de TODOS los colegios son magros en pruebas internacionales, no sería ninguna gracia redistribuir los recursos para que los colegios más pobres se acercaran a los ricos que tampoco lo están haciendo tan bien como parece. Esto, especialmente si no somos capaces de sumarle un sistema de control de calidad con objetivos claros.

En base a todo esto, debiera crearse un sistema claro y ágil de accountability (aquí puede ser clave el proyecto de la Superintendencia). Por otra parte, parece importante apuntar a la equidad en el plano de la igualdad de las oportunidades y sólo en el plano de distribución de recursos si se muestran buenos resultados.

Si se hace el ejercicio de complementar ambas ideas, puede aparecer como una buena opción apuntar a un sistema eficiente de subvención diferenciada (tema archidiscutido pero aún no zanjado en el Congreso). Esta subvención debiera reconocer el monto necesario para educar eficientemente a cada niño de acuerdo a sus características y en base a elementos y resultados que sean luego analizados a través de un eficiente (y ojalá “liviano”) sistema de evaluación (accountability). Por último, a través de este control de calidad, se pueden dar mayores libertades e incentivos a los colegios que obtienen buenos resultados, mientras se apoya, sanciona e incluso se cierran o transfieren (por ejemplo, a sostenedores que tienen otros colegios que han sido exitosos) aquellos que sistemáticamente no lo hacen.

Regular para la transparencia


Yael Stekel Schwarz

Ingeniero Civil UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)

Es fundamental que el cliente sepa a ciencia cierta la tasa de interés que le están cobrando. Este punto se vuelve especialmente relevante dado que hablamos, en su mayoría, de personas que no tienen la facilidad de hacer estos análisis por su cuenta.

Con el tiempo las casas comerciales han abierto nuevas áreas de negocios y actualmente ofrecen múltiples bienes y servicios. Dentro de éstos, las facilidades de pago, con las tasas de interés asociadas a éstas, y los créditos de consumo son servicios que han generado bastante discusión.

Esta discusión, en muchos casos, se genera en torno a la falta de una mayor regulación y a una mayor fiscalización. Sin embargo, sabemos que ambas cosas son costosas, por lo que hay que evaluar qué regular y conocer hasta dónde somos capaces de fiscalizar.

Primero que todo, el hecho de que las casas comerciales hayan ampliado su campo de acción genera un nuevas opciones en el mercado en la sociedad, siendo algunas de éstas positivas y otras negativas. Dentro de las positivas se destaca el hecho de que se le otorga la oportunidad a las personas de menos recursos de acceder a bienes y servicios que antes les eran mucho más difíciles de conseguir. Adicionalmente, hace del trámite de adquirir un crédito algo menos engorroso, dado la poca documentación que estas empresas exigen para otorgar éste.

Por otro lado, los aspectos negativos no son menores. Se sabe que a pesar de que existe una tasa máxima convencional, las casas comerciales se las arreglan para hacer distintos cobros adicionales, al incorporar diversos seguros. Los usuarios también alegan que la información que reciben es muchas veces incompleta y que se les cobran cosas sobre las cuales no estaban en conocimiento.

Con el objetivo de mantener los aspectos positivos minimizando los aspectos negativos, hay que solucionar ciertos puntos que parecen relevantes.

Uno de estos aspectos es el de normar la información mínima que se le tiene que entregar al cliente y el formato en que ésta se entrega, de manera que sea completa y comparable entre distintas casas comerciales. La información debe comprender todos los gastos a los cuales el cliente va a estar afecto al momento de comprar con crédito o pedir créditos de consumo.

En este sentido es fundamental que el cliente sepa a ciencia cierta la tasa de interés que le están cobrando por algún servicio. Por ejemplo, un cliente que pasa hoy día por una tienda y ve un producto que cuesta $100.000 pero lo puede pagar en 12 cuotas de $10.000 y luego va a otra tienda y ve el mismo producto que vale $100.000 pero que lo puede pagar en 18 cuotas de $8.000, no puede darse cuenta fácilmente cuál es la tasa asociada a cada caso y así decidir cuál es la más conveniente para sus intereses personales.

Este punto se vuelve especialmente relevante dado que hablamos, en su mayoría, de personas que no tienen la facilidad de hacer estos análisis por su cuenta, por lo que les es más difícil tomar una buena decisión a la hora de elegir.

Otro aspecto relevante a solucionar es el de simplificar el procedimiento para cerrar los diversos productos ofrecidos por estas empresas, ya que es notoriamente más fácil abrir la mayoría de dichos productos que cerrarlos. Este trámite debería ser al menos equitativo, o incluso al revés. Un ejemplo de esto es que para contratar un seguro de vida, se hace mediante un simple trámite, en que sólo se necesita el carnet de identidad, mientras que para terminar el contrato es necesario redactar cartas y adjuntar fotocopias de documentos. Esta asimetría cobra mayor relevancia para personas con menos niveles de educación, ya que para éstas dichos procedimientos se hacen más difíciles.

Probablemente la herramienta más recurrente para vulnerar la ley de la máxima convencional es obligar a las personas a incorporar seguros a ciertas personas que quieren acceder a algún tipo de crédito. Esto claramente no debiera suceder, es decir, una empresa no puede venderte algo obligándote a comprar otra cosa.

Por último, la fiscalización es fundamental, por al menos dos razones: 1) permite cerciorarse que se cumple la ley, y 2) hace que las empresas perciban la presión necesaria para hacer bien las cosas.

Por último, una situación clara que se generó a partir de esta apertura de las casas comerciales al mercado de los créditos, es el sobre endeudamiento de la sociedad chilena, las personas pueden finalmente acceder a créditos por montos que superan varias veces su sueldo, lo que en caso de caer en cesantía se vuelve crítico, y sobre este punto no se vislumbra una solución clara en términos de regulación.

Entonces, habrá que hincarle el diente a solucionar los temas pendientes, en pro de lograr un mercado cada vez más transparente.

Las columnas de opinión mejor evaluadas del Diplomado en Políticas Públicas son publicadas en este espacio de opinión, y no representan necesariamente el pensamiento del Programa de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Concesiones: participación y transparencia



Cristina Huidobro T.

Arquitecto UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)


Cuando hablamos de transparencia del proceso, no todos los involucrados acceden a la misma información. Incontables veces nos hemos encontrado con importantes asimetrías de información entre los ciudadanos directamente afectados y la autoridad.

Si bien pareciese que existe un Chile antes y después de que se implementara el sistema de concesiones viales, lo que hace unos años fue un signo de modernización y crecimiento, hoy representa conflictos y movilización ciudadana.

Uno de los objetivos de la ley de concesiones era que ésta fuese transparente tanto para los inversionistas como para el público en general. Pero en su implementación, el proceso en su totalidad dista de serlo. Revisando el marco legal de las concesiones, uno detecta que este tiene énfasis sólo en regular el proceso para los inversionistas, pero no regula la participación del “público en general“, como estaba estipulado en los objetivos iniciales.

Entonces cuando hablamos de transparencia del proceso, no todos los involucrados acceden a la misma información.

Incontables veces nos hemos encontrado con importantes asimetrías de información entre los ciudadanos directamente afectados y la autoridad.

En el caso de la Costanera Norte, el polémico trazado por el barrio de Pedro de Valdivia Norte, no sólo se hizo a puertas cerradas, sin la participación de los vecinos afectados, sino que además no era información pública.

En el mismo proyecto, una vez que el trazado se hizo por el Río Mapocho, por mucho tiempo se habló del impacto que generarían los accesos y las salidas de la autopista, pero el proyecto ya era inevitable cuando se hizo público el controversial video del MOP para el proyecto, donde se mostraba una animación del recorrido.

Entonces, ¿podemos hablar de transparencia en el proceso cuando la información se entrega parcializada y a destiempo?

Si incluimos otra variable, muy recurrente en estos días, podemos mencionar la participación ciudadana. Una variable fundamental en este tipo de proyectos que dista de estar presente. Cuando tenemos proyectos con la sensibilidad que implica intervenir las ciudades y los barrios con un sinfín de externalidades tanto positivas y negativas, el tener mecanismos de participación, consulta ciudadana y sociabilización del proyecto, resulta fundamental. En el caso de las concesiones viales, cabe preguntarse por qué funcionamos con las mismas reglas para las autopistas interurbanas y para las urbanas, cuando el impacto que generan es completamente distinto. En el caso urbano, las sensibilidades son mayores, por lo que se requeriría una mayor atención a la opinión pública.

En caso de que verdaderamente exista la voluntad de cambiar esta realidad, nos encontramos con un vacío normativo con respecto a este tema. ¿Cómo son estos procesos de participación? ¿Existen canales establecidos? La respuesta parece ser negativa. ¿Debemos someternos a la pura voluntad del regulador?

Cuando se cree necesario, estos procesos parecen ser el resultado de una improvisación y una descoordinación al respecto.

El resultado lo tenemos a simple vista: un Transantiago que lucha por ser validado por la ciudadanía ante la nula participación de ésta en el proceso, vecinos de La Reina y Nuñoa organizados en la lucha por una autopista urbana subterránea para Américo Vespucio que no se sienten escuchados, la lucha perdida de los vecinos de Pedro de Valdivia Norte por los túneles del Cerro San Cristóbal. La lista suma y sigue.

El caso parece estar lejos de tener una fácil solución. Las concesiones parecen ser necesarias para alcanzar un desarrollo óptimo de nuestras ciudades, pero el cómo llevar a cabo el proceso debe involucrar más variables y más actores que los que hoy participan, además de regular el nivel de participación y toma de decisiones por parte de los usuarios.

Debemos aspirar a un proceso con garantías de transparencia para todos los involucrados, canales de participación regulados y de conocimiento público, para no seguir cayendo en improvisaciones por parte del regulador.

Sólo así podremos hablar de un sistema moderno y que apunta a un desarrollo, tanto del país como de la sociedad.
Las columnas de opinión mejor evaluadas del Diplomado en Políticas Públicas son publicadas en este espacio de opinión, y no representan necesariamente el pensamiento del Programa de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Alianza Microsoft - Gobierno: ¿Buenas intenciones o futuro monopolio?


Loreto Navarrete C.
Antropóloga Social UCH y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)

El rol del Estado es promover y fortalecer la competitividad siempre que pueda, en todos los mercados posibles. Por más importante que sea el beneficio desde el punto de vista tecnológico, el Estado no puede caer en ofertas fáciles que además de ser incoherentes con la propia política pública, desde el punto de vista económico pueden incluso empeorar la brecha tecnológica, mediante la consolidación de un monopolio.

Desde la discusión sobre las Telecomunicaciones como ejemplo de Servicio de Utilidad Pública, me quedó rondando la idea de debatir en torno al acceso a Internet y las posibilidades de su conceptualización como SUP en el marco de los desafíos que nos impone la modernidad reflexiva, pensando en una posible regulación al mercado de la Banda Ancha, mediante políticas de fortalecimiento de la competencia (en la actualidad prácticamente hay un duopolio) y, porqué no, regulaciones en la tarificación, considerando los altísimos precios que los consumidores chilenos pagan por los servicios de banda ancha en relación al mundo, con diferencias de hasta ochenta veces en relación a los países desarrollados (Unión Internacional de Telecomunicaciones, 2007).

Y aunque sigo sosteniendo lo anterior, no pude evitar cambiar mi foco de atención al encontrarme con una polémica más que interesante y contingente, en un mercado también relacionado a las TICs como es el del software: la firma del Acuerdo Marco de Colaboración entre el Ministerio de Economía y Microsoft Corporation.

¿En qué consiste dicho acuerdo? Básicamente, en la generación de instancias de colaboración entre la multinacional y el gobierno para la adopción y masificación de tecnologías de información, la disposición de herramientas tecnológicas para la ciudadanía y la generación de alianzas público-privadas como motor de generación de soluciones tecnológicas en materias de inclusión digital, educación, seguridad informática, seguridad en la red y otros.

Como se lee en un principio, suena extremadamente auspicioso, sin embargo, al descargar desde la página del Ministerio de Economía dicho acuerdo, y leerlo en detalle, nos encontramos con un documentos más parecido a un contrato de prestaciones que a una “mera declaración de intenciones” como señaló ayer en EMOL el gerente de comunicaciones de Microsoft.

Lo cierto es que dicha declaración de intenciones asegura la participación de Microsoft mediante la colaboración en entrega de software a diversas reparticiones públicas, a nivel central y a nivel local, mediante ofertas de soluciones tecnológicas. Además, el acuerdo ofrece servicios tecnológicos gratuitos a todos los ciudadanos, para lo cual, es el Registro Civil quien debe asegurar la carga de cuentas de los ciudadanos, ojo. Por otro lado, se compromete la generación de alianzas con actores del mercado (retail incluido, “Mi primer PC”) para la compra de hardware y paquetes de software por parte de las PYMEs. Todo lo anterior entre otras varias áreas de acción del acuerdo.

La pregunta que surge tiene que ver con las señales que el gobierno está dando al mercado de las tecnologías de información y comunicaciones y también a los ciudadanos.

Sabemos que el mercado del software es altamente competitivo a nivel mundial, teniendo incluso oferentes motivados por razones no lucrativas que desarrollan softwares gratuitos y de código abierto. Sabemos también que la trasnacional Microsoft ha sido llevada a juicio en EE. UU. justamente por prácticas monopólicas. Sabemos asimismo, que el negocio de Microsoft no se encuentra sino en la venta de licencias y que sus múltiples donaciones (un ejemplo son los computadores de la Red Enlaces de MINEDUC) son seguidas por abultadas facturas por concepto de licencias. Es más, en abril el senador Navarro hizo una intervención en el Congreso señalando que los gastos del gobierno en pago de licencias en sólo nueve ministerios[1] en 2007, es de aproximadamente de 14 millones de dólares.

Y de muestra, otro botón: el mismo Ministerio de Economía publicó este mes la nueva Estrategia Digital 2007-2010 en la cual, una de las líneas estratégicas es desarrollar una política tecnológica en torno al software de código abierto.

Entonces ¿Qué es lo que el gobierno nos quiere decir con este acuerdo? ¿Cómo se llega a un convenio de esta naturaleza con una empresa multinacional del software –que ya tiene una altísima participación en el mercado- sin mediar licitación alguna?

Sería impresentable sin duda, un convenio entre LAN y el gobierno de Chile que declarara intenciones en torno a hacer todos los vuelos del gobierno en dicha línea aérea, ¿No? O un acuerdo marco con una constructora que indique la intención de hacer en conjunto todos los nuevos proyectos de infraestructura vial. Desde todo punto de vista, sería inaceptable no contar con un proceso de licitación –y competencia entre oferentes por el mercado-.

Lo que vemos aquí sin duda es una seria contribución desde el Gobierno al fortalecimiento de un monopolio, ya que detrás de ese acuerdo vienen ventas millonarias en futuras licencias, así como pérdidas importantes para los desarrolladores nacionales de soluciones tecnológicas. En este sentido, es una pésima señal para la competitividad del mercado.

Y aunque en ningún caso, el planteamiento puede ser regular dicho mercado, ya que cuenta con los mecanismos para que funcione correctamente, sí se puede argumentar que el rol del Estado es promover y fortalecer la competitividad siempre que pueda, en todos los mercados posibles. Por más importante que sea el beneficio desde el punto de vista tecnológico, el Estado no puede caer en ofertas fáciles que además de ser incoherentes con la propia política pública, desde el punto de vista económico pueden empeorar la brecha tecnológica.

[1] Defensa, Vivienda, Trabajo, Educación, Justicia, Economía, Salud, Interior, Planificación.

Las columnas de opinión mejor evaluadas del Diplomado en Políticas Públicas son publicadas en este espacio de opinión, y no representan necesariamente el pensamiento del Programa de Políticas Públicas de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Mejorando la educación: ¿Fiscalizar resultados o procesos?

7 de agosto de 2007
Francisco Gallego
Ph.D. en Economía, Massachusetts Institute of Technology, Economista UC.
Profesor asistente Departamento de Economía UC.


Fuente: Diario Financiero, martes 7 de agosto de 2007.

Hoy se discute sobre la institucionalidad educacional óptima para Chile. Parte de la discusión tiene que ver con el modo de fiscalizar a los colegios que reciben recursos públicos. Simplificando la discusión, existen dos posiciones. Por un lado se argumenta a favor de fiscalizar “procesos” educativos, y por otro lado están quienes apoyan la idea de fiscalizar “resultados” educativos.

El supuesto del segundo grupo es que si se determinan los resultados esperables, los colegios pueden desarrollar descentralizadamente los procesos que consideren mejores para alcanzar los logros esperados. En el otro lado están quienes argumentan que existen ciertos procesos educativos que garantizan resultados y por tanto es mejor fiscalizar la implementación de estos procesos para lograr los resultados esperados.

¿Qué grupo tendrá la razón? Como siempre les enseño a mis alumnos, el mundo mirado desde un punto de vista académico está, en general, lleno de matices y, por tanto, en la mayor parte de los casos la respuesta a la pregunta previa no será absoluta. Sin embargo, existen algunos estudios académicos que presentan resultados muy útiles a esta discusión. Uno de ellos fue escrito por Victor Lavy y publicado en el Journal of Political Economy –una de las cinco mejores revistas académicas de economía (ver http://cee.lse.ac.uk/conference_papers/25_09_2001/victor_lavy.pdf ).

En este estudio, se investiga qué efectos tiene en los resultados educativos (tales como la tasa de finalización de secundaria y los resultados en pruebas de conocimientos) entregar incentivos al desempeño de los profesores. Es decir, se premia a los profesores que lo hacen bien, midiendo los resultados que obtienen sus alumnos. El autor encuentra grandes efectos positivos en este programa. Un corolario de esta evidencia es que fiscalizar por resultados parece ser efectivo.

En paralelo el autor también evalúa si este programa de incentivos en base a resultados es más costo-efectivo –o sea genera mejores resultados por peso gastado—que otro que entrega recursos a los colegios para afectar procesos educativos tales como aumentar el tiempo de enseñanza, reducir el tamaño de las clases e incrementar el tiempo dedicado a estudiantes débiles. El autor muestra que el costo del programa de incentivos es cercano a la mitad del programa de recursos, pero que las mejoras obtenidas por el programa de recursos son menores que las obtenidas por el programa de incentivos. Es claro, por tanto, que el programa de incentivos es significativamente más efectivo por peso gastado.

Otro trabajo reciente que también compara programas de incentivos basados en resultados con programas de resultados implementados en India, llega a conclusiones muy similares (ver http://www.people.fas.harvard.edu/~muralidh/papers.html).

¿Qué implica esta evidencia para la discusión inicial? Sugiere que es mucho más efectivo poner el énfasis en los resultados que en los procesos. ¿Por qué? Entre las muchas respuestas que se pueden dar, una de ellas es que, como en la mayoría de las situaciones del mundo real, los agentes descentralizadamente tienen más información para saber cuáles son los mejores procesos a implementar con el fin de lograr resultados. En el caso de la educación, una amplia literatura sugiere que los recursos o procesos no están directamente correlacionados con los resultados porque (i) un proceso que es útil para un niño o un curso puede no serlo para otro y (ii) sin incentivos adecuados, los recursos pueden perderse sin producir resultados.

En fin, esta evidencia parece sugerir que es mejor centrar el énfasis de la fiscalización y de un sistema de aseguramiento de la calidad de la educación en los resultados educativos y no en los procesos. En otras palabras, poner el énfasis en lo que los niños aprenden –el objetivo final de todo sistema educativo— y no en los insumos del proceso educativo, que son meros instrumentos.


La importancia de la gestión de datos (positivos y negativos) para el éxito de los programas públicos

23 de julio de 2007
Cristián García Palomer

Ingeniero Civil de Industrias UC, profesor instructor auxiliar del Departamento de Ingeniería y Sistemas UC y profesional PuentesUC de Puente Alto.

Recientemente tuve la oportunidad de leer un interesante artículo de la profesora Shelley Metzenbaum, Visiting Professor de la School of Public Policy de la Universidad de Maryland y Executive Director del Environmental Compliance Consortium.

El artículo, titulado “Count your Blessings? Sure, but Count your Problems Too”, se refiere, básicamente, a cómo un análisis acabado de los sucesos (en especial aquéllos más problemáticos) permite generar acciones remediables muchos más efectivas. Metzenbaum lo asocia directamente con no contar sólo aquello que se realiza y que impacta positivamente, sino que sincerar también los problemas. La autora señala que los sistemas gubernamentales que dan cuenta de sus dificultades y las analizan abiertamente tienen mayores posibilidades de éxito en reducir el impacto de éstas. Para esto, parecen existir cuatro características comunes y fundamentales:

- Dar cuenta en forma sistemática de los problemas o errores involuntarios.
- Recolectar información de las características básicas de cada evento, para identificar las claves sobre “quién, qué, dónde y cuándo” sucedió cada problema.
- Dedicar esfuerzos en identificar los factores causales, en especial cuando pueden ser prevenidos.
- Realizar pruebas y diseñar métodos de prevención, además de promocionar en forma agresiva los métodos que han resultado positivos.

En base a esto, cabe revisar dos ejemplos interesantes.

En primer lugar, y en un caso presentado por la misma autora, se menciona el manejo que dan ciertas agencias de tráfico locales y federales en Estados Unidos al tema de los accidentes de tránsito. Varias de estas agencias recolectan información de cada accidente fatal, que incluye el equipamiento, las características de los involucrados, características físicas del sector, y, en algunos casos, el nivel socio-cultural del sector donde ocurrió el suceso. Además, no sólo recolectan información del accidente en sí, sino que de las condiciones pre y post al evento, que pueden influir en las consecuencias de éste.

La National Highway Safety Administration (NHTSA) compila luego esta información en una base de datos y busca patrones comunes y anomalías. A partir de esto intenta responder preguntas como: ¿Qué tipo de personas, equipamiento y condiciones del sector están más asociadas a accidentes?, ¿qué factores causales parecen ser influenciables?, ¿cómo pueden influenciarse? Al dar a conocer estos datos, los distintos niveles gubernamentales diseñan métodos y sistemas de prevención que puedan resultar más efectivos.

En parte gracias a este método, y pese al aumento del parque automotriz, el gobierno norteamericano ha reducido sistemáticamente los accidentes de tránsito en los últimos 40 años, pasando de 5.5 muertes por cada 100 millones de vehículos transitando, a 1.45 en 2005.

Un segundo ejemplo interesante, y que se registra en Chile, tiene que ver con el uso que le dan diversos municipios al SinedUC, un sistema de información en línea que permite monitorear diversos datos de cada colegio, entre ellos, la asistencia diaria de alumnos, datos de los profesores, familias y notas.

Un análisis del funcionamiento de este sistema da cuenta de los distintos niveles en que se utiliza esta importante base de datos educacional. Mientras en muchas comunas sólo se utiliza como apoyo para el registro diario de asistencia y su envío al Mineduc, existen algunas experiencias de otros municipios donde SinedUC se aplica como una importante herramienta de gestión para detectar problemas en el área y generar métodos para solucionarlos. En este sentido, el análisis de los datos ha permitido detectar, por ejemplo, los niveles de asistencia que presentan los alumnos de cada profesor jefe. En base a esto, se han generado diversas iniciativas para promover una mayor asistencia de los alumnos (y por ende, aumentar los ingresos por la subvención estatal). Entre estas iniciativas se pueden mencionar el uso de incentivos económicos ligados al porcentaje de asistencia de cada profesor, y la realización de estudios en terreno para sistematizar las prácticas que parecen más efectivas para que los alumnos no falten a clases.

En resumen, este artículo toca puntos importantes relacionados con el momento actual que viven muchos municipios del país, que se encuentran en etapas de definiciones sobre el uso y masificación de los sistemas de información a nivel comunal. Podemos concluir:

La importancia de generar datos de calidad a nivel comunal que sirvan como apoyo para el diagnóstico de problemas y el análisis del impacto de iniciativas municipales.

La importancia de no centrarse únicamente en la generación de bases de datos en diversos temas, sino que potenciar el análisis de éstas y una gestión creativa y eficiente basada en los resultados detectados.

Financiamiento del Transantiago: ¿Recursos para la mejora de un servicio o dineros para ocultar lo malo de éste?

5 de julio de 2007

Andrés García Aranda

Ingeniero Civil Industrial UC y alumno del Diplomado en Políticas Públicas UC (2007)

Un vicio en la aplicación de las políticas públicas es el esconder lo malo de las medidas adoptadas bajando el precio de éstas. Esta es la medida adoptada por el actual gobierno para ocultar las fallas estructurales del actual sistema de transporte público de Santiago, para el cual se ha aprobado durante la semana pasada un millonario presupuesto.

Es una opinión unánime dentro de los economistas que lo peor que se puede hacer en un gobierno ante un bien o servicio es ocultar o manipular el indicador de precio de éste. Ya lo vemos e Argentina, en donde la crisis del gas es generada por el falso bajo precio de éste debido a la intervención estatal.

En los últimos meses, debido a los magros resultados de Transantiago, muchos usuarios han preferido no cancelar su pasaje en protesta a la mala calidad del servicio, lo que sumado a la imposibilidad por o a la falta de compromiso de los conductores y autoridades por fiscalizar el pago, han llevado al sistema al desfinanciamiento.

¿Ante esto qué queda?. Pues bien, una política de libre mercado indica que se deben poner incentivos para que la evasión baje a su mínima expresión, pero lo más importante, es que los pasajes deben de subir para poder cubrir así los gastos operacionales. Ambas medidas, por ahora, son difíciles de aplicar, en el caso de la segunda por ética, ya que no se puede aplicar un costo menor a un servicio que a todas luces es malo.

Ante esto, el gobierno ha solicitado al congreso (y aprobado por éste) 293 millones de dólares con el argumento principal de no subir los precios, es decir, está bajando falsamente el precio del transporte para así no despertar reacciones en la población. Es decir, “si el servicio es malo, a lo menos que sea barato”.

Este es uno de los principales errores de los gobiernos centralizados que fallaron antaño; el esconder lo malo de las medidas adoptadas bajando el precio de éstas. Ésta ha sido la medida adoptada por el actual gobierno para ocultar las fallas estructurales del actual sistema de transporte público. Sin embargo, ahí también está su segundo gran error (luego de la puesta en marcha del plan); los gobiernos, más que subsidiar las políticas públicas, como en este caso, deben de centrar éstas en crear los incentivos necesarios para lograr los objetivos deseados.

Un vicio en la aplicación de las políticas públicas es esconder lo malo de las medidas adoptadas bajando el precio de éstas. Lo que se está haciendo con ello es similar a comprar el silencio de los ciudadanos para que éstos no hagan presentes las demandas de un servicio de calidad. He aquí la razón para no controlar la evasión, ya que esto sería visto como injusto por los usuarios al tener que obligadamente pagar costos por un servicio que no les satisface.

Por ello es que es urgente poner incentivos a la mejora del servicio. Primero, mantener el indicador precio para ver la calidad-beneficio del servicio; segundo, crear los incentivos necesarios para evitar la evasión (pago por pasajero transportado a lo operadores y a los conductores, o una mezcla fijo-variable de ello); tres, de ser necesario, evitar el golpe precio a los sectores más pobres de la población, entregando asignaciones directas de montos en dinero a lo usuarios más pobres del sistema.

Nuestra sociedad no puede los costos del sistema de transporte subsidiando -y silenciando- un mal diseño o una mal implementación. Es por ello necesario que el gobierno libere lo precios del transporte público par saber efectivamente el alcance final del proyecto, creando los incentivos necesarios para que el equilibrio de mercado, roto por la puesta en marcha del sistema, vuelva a crear competitividad en el sistema y mejore la calidad de éste; pero que también evite el efecto negativo en las economías de los más pobres de nuestro país.


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¿Viva el cambio?

Luz María Gaju Molina
Ingeniero Civil UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (2007)

Ha pasado ya bastante tiempo desde que este eslogan fue, (o más bien tuvo que ser) archivado. Lamentablemente, continúa estando muy teñido políticamente, y probablemente deba pasar mucho tiempo para que pueda ser resucitado. Es una lástima. "Viva el cambio", aislado de su connotación política, es un eslogan fabuloso: resume en tres palabras la actitud positiva y progresista que debiéramos adoptar todos los que creemos en los beneficios del fenómeno ‘globalización’.

Los chilenos aspiramos a obtener el estatus de país desarrollado, y existe consenso en que la herramienta para lograrlo es el crecimiento. Sabemos, además, que para mejorar la tasa de crecimiento, es necesario hacer crecer los tres factores elementales que lo componen: el capital físico (la inversión), el capital humano (la educación), y la productividad; y que en todos estos ámbitos, la globalización y la apertura que ella conlleva, puede tener muchos efectos benéficos.

Pero, para poder capitalizar los beneficios, no podemos perder de vista que la globalización es en esencia cambio. Necesitamos adoptar prácticas de flexibilidad laboral, implantar culturas organizacionales diferentes, renovar nuestros estándares, y adaptarnos a nuevas tecnologías acorde a los avances del resto del orbe.

A pesar de que todo lo anterior suena muy atractivo y desafiante, puede resultar complejo de poner en práctica, por el simple hecho de atentar contra un muy arraigado atributo del ser humano: su resistencia al cambio.

Independientemente de cual sea nuestro discurso, tenemos que admitir que no nos gusta cambiar. Ni siquiera en las cosas más simples. Pensemos en los innumerables ejemplos que avalan esta afirmación: nos sentamos en el mismo puesto en nuestra mesa de comedor, todos los días. Tomamos siempre la misma bebida 'cola', y generalmente nos disgusta que en un restaurant haya otra marca, que nos obliga a cambiar de sabor. En general, no probamos la competencia de los productos que habitualmente consumimos ni cambiamos de camino para llegar al trabajo (a menos que estemos obligados por la falta de disponibilidad o por un taco infernal). Y es raro ver expresiones de agrado cuando en el lugar donde trabajamos se implementa un nuevo software que nos obliga a realizar las tareas cotidianas de un modo diferente.

¿Por qué no nos gusta cambiar? Cambiar implica decidir. Y decidir es difícil, y eventualmente doloroso: cuando tomamos una opción, necesariamente dejamos de lado una o más alternativas igualmente atractivas.

Una de las formas más comunes de resolver el problema, tal vez la más inmediata, es simplemente, no decidir. No cuestionarse si la forma en que se están haciendo las cosas es correcta. Esgrimir el antiguo y útil refrán 'más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer', y quedarnos tranquilos con nuestra no-decisión.

Otra alternativa es decidir por la opción que, a priori, nos parece mejor, pero dejando abierta la puerta a todas las demás posibilidades. Decidir a medias. Es cierto que esto mitiga la sensación de incertidumbre que genera una decisión definitiva, pero probablemente avanzaremos con un paso titubeante en el camino escogido, y a la primera dificultad retrocederemos todo lo avanzado, y volveremos al punto de partida para evaluar nuevamente la decisión.

Las políticas pro-globalización que se han implementado en Chile son, en general, bastante liberales. El sistema de arancel único evita favorecer algunos productos en desmedro de otros, se han firmado tratados de libre comercio con muchos países del mundo, y se ha establecido, a través de un sistemático esfuerzo de muchos años, una sólida base macroeconómica, que permite desarrollar planes de inversión y desarrollo en el país, con un riesgo relativamente bajo.

El problema es que un entorno favorable a la globalización no produce automáticamente el cambio de actitud necesario para que su implementación sea exitosa. ¿Se puede educar la disposición al cambio? ¿Será posible que los políticos y líderes de opinión prediquen con el ejemplo y sean un poco más innovadores en sus propuestas, teniendo en cuenta en el diseño de todas las políticas, las dimensiones de flexibilidad y adaptabilidad, indispensables para evitar su obsolescencia en el corto plazo?

Es verdad que el temor a lo desconocido nos hace difícil vencer la inercia. Y corremos el riesgo de caer en el círculo vicioso que nos lleva a desaprovechar muchos beneficios potenciales porque no nos atrevemos a saltar la valla que nos separa de ellos. Tal vez sería una buena idea, de cuando en cuando, seguir el ejemplo de Hernán Cortés cuando llegó a América: el conquistador tenía muy claro su objetivo de conquistar los territorios recién descubiertos, aún sin tener la menor idea de lo que encontraría en ellos. Una vez en tierra firme, decidió eliminar de raíz cualquier tentación de retroceder: quemó sus naves, y se lanzó a la aventura.

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Autonomía del Banco Central

José Ignacio Cuesta Ezquerra
Abogado y alumno del Diplomado en Políticas Públicas UC (2007)
En los próximos meses, el Senado de la República, deberá tomar una decisión trascendental para el futuro del país, ya que le corresponderá aprobar a la persona designada por la Presidenta de la República, para ocupar el cargo de Presidente del Banco Central.

No se trata de una decisión irrelevante, la persona que ocupe el cargo por el plazo de cinco años fijado por el artículo 8° de la Ley Orgánica Constitucional del Banco Central de Chile, además de su indiscutida capacidad profesional, deberá mantenerse absolutamente independiente de la contingencia política, autonomía que se hará extensiva al instituto emisor.

La autonomía del Banco Central le permite desmarcarse de los objetivos de corto plazo del Poder Ejecutivo, como son la ejecución de las políticas públicas, y abocarse libre de cualquier presión a la consecución de su principal objetivo, que es estabilizar la inflación, lo que favorece el crecimiento económico de largo plazo, ya que aumenta la eficiencia de la inversión.

Esta separación de objetivos obliga al Ejecutivo a actuar con cautela, ya que salvo en casos de emergencias, no contaría con el respaldo financiero del ente emisor, situación que lo obliga a actuar con seriedad en materias presupuestarias.

Las políticas implementadas por el Banco Central en materia de inflación, referidas principalmente al tipo de cambio y tasa de interés, servirán de freno a políticas públicas impulsadas desenfadadamente por el Ejecutivo, que pudieran originar desequilibrios macroeconómicos.

En consecuencia, esperamos que en la elección del Presidente del instituto emisor, los poderes de Estado que participan en su designación, ponderen debidamente la importancia de contar con un Banco Central autónomo del Ejecutivo.

Hasta la fecha se ha buscado que en el Consejo del instituto emisor se encuentren representadas todas las corrientes políticas. Si repasamos los nombres de Vitorio Corbo, José de Gregorio, Jorge Desormeaux, Manuel Marfán y Enrique Marshall, comprobamos lo expuesto.

Para muchos la reelección de Vitorio Corbo en la Presidencia, constituiría una garantía de autonomía e independencia, necesarios para el objetivo antes mencionado. El actual Presidente ha dado siempre garantía de independencia y ha sabido conducir los destinos del Instituto Emisor en el marco de la autonomía, constituyendo el necesario contrapeso a las políticas públicas intentadas por el ejecutivo.

El tema requiere de la mayor responsabilidad por parte de la Presidente de la República, quién deberá designar de entre los Consejeros del Banco Central a su Presidente, decisión que deberá contar con el acuerdo del Senado, donde la coalición de gobierno cuenta con mayoría. La tentación de nombrar a una persona de su mismo pensamiento político, podría romper el equilibrio antes aludido, cuyas consecuencias podríamos lamentar.

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¿Terremoto en Aysén o sismo en la Onemi?

26 de junio de 2007

Bárbara Aravena Águila
Geógrafa UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)


El pasado 21 de abril el fiordo de Aysén sufrió un sismo de 6,2 grados en la escala de Richter, produciendo derrumbe de laderas y la caída de fragmentos de ellas al mar, lo que generó olas del orden de los siete a veinte metros de altura, causando la muerte de cuatro personas y la desaparición de otras siete, que aún no son halladas por lo equipos de rescate. Pero el movimiento telúrico no afectó tan sólo a la zona de Aysén, sino que produjo un importante cuestionamiento en la organización y capacidad de acción en la institución destinada a estas materias, la Oficina Nacional de Emergencia.


En un país como Chile, acostumbrado a los desastres naturales, la Onemi no ha sido mayormente cuestionada en su quehacer, responde adecuadamente a los requerimientos, moviliza los recursos y a las instituciones competentes una vez ocurrida la catástrofe. Pero a nivel de opinión pública, es poco sabido lo que esta oficina realiza para prevenir los efectos de los fenómenos naturales, vale decir, cuáles son sus planes de contingencia frente a posibles desastres naturales. Éste era el caso de Aysén, en donde desde el 20 de enero del presente año se venían registrando una serie de sismos que tenían a la población inquieta. Frente a este escenario la Oficina Nacional de Emergencia llevó a cabo varias campañas preventivas, es precisamente aquí donde llega el juicio por los distintos sectores políticos acerca del actuar de la institución, y en especial en la gestión de su directora, como cara visible del organismo.

Así es como, a días de ocurrido el terremoto, el senador por la región Antonio Horvath saca a la palestra un informe realizado por uno de sus asesores, el geofísico Luis Donoso, en donde se proponía la evacuación del área en torno a los epicentros por los riesgos a que estaban sometidos los pescadores, acuicultores y los colonos del sector. Dicho informe fue entregado a la a la Intendenta, quien a su vez lo remitió a la Onemi. Por su parte, Carmen Fernández, directora del organismo, reconoce haber recibido el informe, e incluso haber invitado al profesional a apoyar al equipo técnico de la institución.

De esta forma se produce una polémica en varios ámbitos, en donde se cuestiona la forma de trabajar de la Onemi, el modo en que los profesionales de la institución trabajan y preveen los desastres naturales, también se cuestiona la estructura de la Oficina Nacional de Emergencia hasta la forma de elegir los cargos adentro de la institución. En este sentido el mismo senador señala “también existen anomalías en el propio nombramiento de la directora de Onemi, porque existen antecedentes de que el concurso de Alta Dirección Pública habría sido direccionado para que una determinada persona ocupara el cargo y mucha gente competente fue quedando en el camino”.

En la conciencia de la opinión pública, siempre ha existido el temor, por llamarlo de algún modo, de que los altos cargos públicos son “hechos a medida”. Si bien se ha avanzado en los últimos años en materia de transparencia, ese resquemor no se ha retirado. Es claro que son los legisladores los que cumplen la actitud fiscalizadora que esperan los ciudadanos que los elige, pero siempre es en estos casos de connotación pública cuando lo resaltan, a mi juicio, provocando en la opinión pública un efecto contraproducente. Mejor dicho, tampoco se les cree a los políticos su actitud, sino que se piensa que solamente lo hacen para ganar tribuna. Es innegable que para un cargo del cual depende la protección civil, como para muchos otros cargos, debería escogerse a la persona más calificada. Esperemos que ése sea el camino que se sigue con la transparencia pública.

Por otra parte, ¿qué tan valido es presentar a los medios un informe técnico una vez ocurrido el terremoto?, nadie cuestiona la calidad profesional del informe, pero ¿cuántos informes en la materia existen?, una institución que está a cargo de la protección civil debe ser extremadamente cuidadosa al tomar decisiones, por ello cuenta con un equipo especializado que está a cargo de la asesoría en fenómenos naturales. Si la Onemi hubiera adoptado medidas más drásticas en el caso de Aysén, vale decir, realizar evacuaciones de los pobladores en las zonas de riesgo, informar a la población claramente del riesgo que se corría, pero no se hubiese desarrollado ni un desastre natural, ¿también se le cuestionaría su acción?, a mi juicio sí, y quizás en una mayor medida.

Es muy difícil la planificación de contingencia frente a los riesgos naturales, ya que como por todos es sabido el pronóstico de ellos es imposible en el caso de los sismos, por lo tanto lo primordial es contar con un equipo profesional estable, equipos de medición de calidad a lo largo del país, en definitiva, contar con los recursos necesarios para poder actuar de la mejor manera posible, estableciendo metodologías claras, zonificación de las zonas de riesgo, mayor independencia y capacidad de acción de las oficinas regionales y por sobre todo una educación de los fenómenos naturales y los riesgos que ellos implican a la ciudadanía. Con ello la población sabrá responder de una mejor forma frente a las instrucciones y recomendaciones de las autoridades en estos casos.

Chile es un país caracterizado por los desastres naturales, terremotos, tsunamis, remociones en masa, inundaciones, entre otros, pero lamentablemente la población, que es la afectada, posee muy escaso conocimiento de los fenómenos naturales, y no sabe actuar frente a ellos para que no se transformen en desastres naturales. Quizás con una sociedad más educada en esta materia sería mas fácil la reacción en estos eventos.

A propósito de Bunster, o sobre investigación y desarrollo en Chile

Loreto Navarrete Carrasco

Antropóloga Social UCH y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)


Chile requiere una Política de Investigación y Desarrollo Integral, con un presupuesto ambicioso y un marco regulatorio que no permita la generación de suspicacias. Para el pequeño mundo científico que existe en nuestro país, contar un sistema de incentivos y apoyo financiero estatal es vital, tanto como la transparencia de estos instrumentos y la posibilidad real del fair play entre proyectos, investigadores e instituciones.

A propósito de un interesante debate sobre PIB y productividad con Sebastián Claro, surgió en mi mente el tema de Investigación y Desarrollo en Chile. ¿Cuánto invertimos como país y bajo qué modalidades? Y lo más importante aún, ¿Son estas modalidades las más pertinentes? ¿Se pueden mejorar las políticas públicas en torno a esta materia?

Ya es un lugar común señalar que Chile invierte poquísimo en I+D en relación a los países desarrollados, y a los países que actualmente se constituyen en un modelo a seguir, tales como Irlanda y Finlandia. En efecto, de acuerdo a los indicadores de CONICYT, Chile invirtió el 0,68% del PIB en I+D, comparado con el 1,20% de Irlanda o con el sorprendente 3,48% de Finlandia. Y es que como señaló el Consejo de Innovación en enero de 2007, los países ricos no invierten en Investigación y Desarrollo porque sean ricos, sino que son ricos porque invierten en I+D, ya que dicha inversión incide en el aporte al crecimiento del país en la lógica de la Productividad Total de Factores (PTF).

Y entonces ¿Qué estamos haciendo como país frente al tema? A pesar de la existencia de agencias estatales a cargo de la temática como el mismo CONICYT o el reciente Consejo de Innovación, que se encargan de diseñar, proponer y posteriormente implementar las políticas públicas en torno a Investigación y Desarrollo en Chile, aún hay inconsistencias y grandes vacíos.

En este sentido, no podemos dejar pasar la experiencia de Claudio Bunster y el Centro de Estudios Científicos de Valdivia, que ha estado en la palestra pública durante los últimos días, debido a cuestionamientos de la Contraloría por la adjudicación de mil millones de pesos en un concurso CONICYT y cuestionamientos desde los medios de comunicación por la recepción de asignaciones directas de la Presidencia.

¿Qué lecciones nos deja este caso? Podemos plantear que surgen aprendizajes articulados en torno a presupuesto, lobby y transparencia en torno al mejor diseño de políticas públicas en torno a Investigación y Desarrollo en Chile.

En primer lugar, hablemos del presupuesto. Los doscientos noventa millones de dólares que aporta el Estado anualmente a Investigación y Desarrollo, son exiguos en relación a las metas “Bicentenario” que han planteado los dos últimos gobiernos de la Concertación en torno al desarrollo del país. Mas aún cuando, de acuerdo al Premio Nacional de Ciencias Aplicadas 2002, Pablo Valenzuela nos estamos comiendo mil millones de dólares en el plan Transantiago sólo por defectos de su diseño. En este sentido, sólo cabe esperar que la Estrategia Nacional de Innovación para la Competitividad que preside Nicolás Eyzaguirre consiga aumentar dicho aporte, haciendo un buen uso del llamado Fondo de Innovación para la Competitividad, articulado a partir del proyecto del Royalty Minero.

En relación a lobby y la transparencia, podemos decir que las deficiencias de las Políticas Públicas que plantea el caso CECS – Bunster, se derivan directamente de la precariedad presupuestaria de la I+D en Chile, ya que no puede ser que en nuestro país, los científicos de alto nivel tengan que recurrir al lobby e incluso a las influencias personales –con lo cuestionable de la práctica- para conseguir recursos que de otro modo no obtendrían por parte del Estado y menos del sector privado.

Y aunque valoremos la honestidad de Bunster al señalar en su entrevista a La Tercera cómo ha solicitado apoyo a cada uno de los presidentes de la Concertación para llevar a cabo su proyecto, surge como interrogante el manejo del Programa de Subvenciones de la Presidencia, (que le aportó la mitad de su presupuesto al CECS) y si efectivamente es el mejor instrumento para la entrega de recursos a Investigación y Desarrollo, ya que en tanto asignaciones directas, definidas por un equipo que posiblemente no cuenta con la expertise de la agencia especializada, permite hacerse la pregunta de cuánto de ese apoyo prestado es por causa del lobby y del vínculo de amistad previo con la presidenta.

En este sentido, Chile requiere una Política de Investigación y Desarrollo Integral, con un presupuesto ambicioso y un marco regulatorio que no permita la generación de suspicacias. Para el pequeño mundo científico que existe en nuestro país, contar un sistema de incentivos y apoyo financiero estatal es vital, tanto como la transparencia de estos instrumentos y la posibilidad real del fair play entre proyectos, investigadores e instituciones.

And the winner is: ¡Transantiago! La mirada desde el espectador

21 de junio de 2007
Loreto Campos Rosales
Psicóloga UDP y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)
Termina una semana bien noticiosa, y desde todas las esferas: la toma de un colegio por el aún vigente movimiento pingüino, la crisis del gas, las protestas de los funcionarios del Sename y las infaltables bandas de delincuentes que se están tomando la ciudad. Todos temas que, en otro momento, ocuparían el protagonismo en la agenda noticiosa. Sin embargo, este año sólo tiene un protagonista; pase lo que pase con el gas, con los pingüinos e incluso con la Bolocco, Transantiago es el Top One de este 2007.

Lamentablemente de interés negativo y que, pese a todas las alternativas y soluciones que baraja el Gobierno, parece no tener salida a corto ni a mediano plazo (conservemos la esperanza y esperemos que sí a largo plazo).

Sí, ya es un hecho de que este Plan es un desastre y que la culpa no la tuvo Zamorano, por lo menos eso lo tenemos claro. Lo que no está nada de claro es qué se va a hacer con los US $290 millones que el ministro Cortázar está solicitando como presupuesto para adoptar las nuevas medidas de solución y si su sentencia fulminante de que, o se aprueba el presupuesto, o la tarifa sube $20 mensualmente hasta llegar a la tarifa de equilibrio, es tan definitoria como parece.

En esta nebulosa que me encuentro como ciudadana, me viene una cascada de preguntas sin respuesta inmediata: En primer lugar, ¿en qué acciones específicas se gastarán estos US $290 millones? Según el ministro, para aumentar el número de buses, mejorar su frecuencia y corregir los recorridos; en resumen, para mejorar el sistema actual.

¿Cómo se gastará este presupuesto?, ¿quién o qué instancia los administrará y fiscalizará?, ¿habrán funcionarios miembros de equipos anteriores de Transantiago que participarán en los equipos de ahora?, ¿cuál es la tarifa de equilibrio?, ¿qué pasará si este presupuesto no es aprobado por el Parlamento?

Después de hacerme tantas preguntas y sabiendo que sus respuestas son más ambiguas que claras (y no sólo para mí), me llama la atención algo que tiene que ver con la tan nombrada calidad de las políticas públicas: ¿Cómo el parlamento va a tomar una decisión tan importante para los ciudadanos acerca de un proyecto que tendrán menos de un mes para evaluar?

Éste en un tema que me preocupa mucho, no sé si por el escaso tiempo que tienen para evaluar y ponerse de acuerdo, por el sentimiento de poca representatividad que siento en el Congreso, o más bien por la desconfianza en los procesos de toma de decisiones para aprobar presupuestos como éste. Quizás, si lo pienso bien, tiene que ver con un tema de transparencia, tanto de los procesos establecidos, como de los mismos funcionarios públicos que nos representan en las altas esferas.

Asumo que el Gobierno informa sobre el gasto público y que se han incentivado iniciativas de Gobierno Transparente; sin embargo, no creo que éstas sean suficientes para un país en democracia. No es bueno que la ciudadanía se sienta tan excluida de los diseños de políticas públicas como ésta, en donde tomaron en cuenta la opinión ciudadana en forma tan mínima y tardía. ¿Hasta cuándo somos receptores pasivos de las políticas de gobierno que nos atañen y, en este caso, perjudican tan directamente?

Creo que hasta que éstas políticas no sean pensadas desde y para el ciudadano común, no serán eficientes ni efectivas. Hoy vemos al mundo político más preocupado de sus intereses partidistas o personales que preocupados por las necesidades de la ciudadanía; la oposición aprovecha su oportunidad de atacar y ofrecerse como “única salida” a este desafortunado escenario, mientras que la Concertación cae inocentemente en un juego de manipulaciones, acelerando procesos de forma impulsiva y con resultados hasta el momento deficientes o, de frentón, negativos.

Lo anterior se refleja claramente en que el 80% de pérdida que ha tenido Transantiago, se debe en gran medida a la evasión del pago de tarifa. La ciudadanía, a través de esta medida, ha hecho notar su desaprobación a este sistema no pagando, dada la mala calidad y el incumplimiento del objetivo central de este sistema de transporte “mejorar la calidad de vida de la gente e impulsar la transformación de Santiago en una ciudad de clase mundial” (sin comentarios).

Como ciudadana, exijo respuestas y explicaciones frente a las decisiones que mis representantes están tomando. Exijo transparencia en los procesos y en el gasto público. Exijo la participación ciudadana que tanto me prometieron y aún no he visto. Exijo que este tema sea tomado de una vez de manera seria y se cumpla de una vez el objetivo que se propusieron.

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Desarrollo, institucionalidad democrática y bicentenario: ¿Hacia dónde avanzamos?

Carlos Bravo Núñez

Ingeniero Comercial y Administrador Público USACH y alumno del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)

Si tuviéramos que rendir nuestro último examen como nación para graduarnos como país desarrollado, y nos consultaran respecto de la combinación de factores más eficiente para lograr la meta ¿Cuál sería nuestro razonamiento y a quién(es) deberíamos convocar para resolver la ecuación?

Veamos qué tenemos. Chile, un país emprendedor de 16 millones de habitantes, un país que durante el periodo 1989-2000 es capaz de duplicar su PIB; un país con una economía pequeña empeñado en ser un jugador global, que muestra excelentes índices macroeconómicos y que es respetado en el concierto internacional por su “modelo de desarrollo”.

Durante el año 2010 Chile cumplirá 200 años como nación soberana e independiente. Será el año del bicentenario, y la fiesta será en grande. Lo mejor de nuestra identidad nacional, brotará de norte a sur y de cordillera a mar; hablaremos de desarrollo y de la tradición de nuestras instituciones democráticas, nos propondremos nuevas metas y desafíos y ¡juntos brindaremos por la patria toda!

Pero como en toda gran fiesta, también tendremos una gran resaca. Luego de las celebraciones, deberemos ventilar la casa y barrer bajo nuestra vieja alfombra roja – aquélla que se instala en palacio para las grandes ocasiones y que también forma parte de nuestra institucionalidad – aquélla donde se esconden nuestros miedos, anhelos y esperanzas.

Hoy cuando aún faltan tres años para el bicentenario, Chile muestra un triste récord al mundo global: ¡Somos el país con una de las peores distribuciones de ingreso a escala universal! No siendo éste un dato menor, y estando arraigado bajo nuestra querida alfombra de palacio; las preguntas son claras ¿Hacia dónde queremos avanzar? ¿Cuál es la combinación de factores que nos llevarán a ser una nación desarrollada?.

De inmediato surgen distintas reflexiones:

- Avanzamos por una senda exitista donde brillan, como lo hace Venus al atardecer, los indicadores macroeconómicos; aquéllos que nos sitúan como un modelo de desarrollo y como un país líder, capaz de firmar importantes acuerdos comerciales.

- Nos movemos en un enfoque donde las políticas públicas sólo tienen un afán redistributivo del crecimiento económico en áreas como salud, educación, control de la delincuencia, viviendas sociales, pensiones y medio ambiente; y por lo tanto, es aquí donde se concentra la gestión de un Estado que todo lo regula y supervigila.

- Avanzamos por una senda donde lo que nos mueven – al ciudadano común, a la clase política y al mundo empresarial- son las encuestas de opinión, los sondeos, las calculadoras electorales y la geometría política. Donde nuestro principal objetivo es la conquista del poder, no importando caer en las descalificaciones y en la virulencia verbal, algo de lo que ya estamos saturados en el Chile de hoy.

Personalmente creo que para hablar del Chile que todos queremos y definir la combinación de factores que nos permitan a todos disfrutar de una sociedad que remueva los obstáculos económicos, sociales, políticos y culturales, que permitan al individuo llevar una vida larga y saludable y que en definitiva ponga a la nación en un estado de desarrollo, resulta fundamental incluir en la combinación de factores con la que aprobaremos nuestro último examen los siguientes aspectos:

- Una visión de país dialogada, donde la clase política, los empresarios, los trabajadores y estudiantes, aporten para definir una visión de un país que incorpora y acoge la diversidad de intereses, y que es capaz recoger lo mejor de cada una.

- Un cambio de paradigma acerca del rol que le cabe al Estado y al mercado y las instituciones que los representan. Si se quiere, una nueva institucionalidad común, que defina estrategias competitivas en la economía global y en el ámbito interno defina la manera más eficiente de distribuir riqueza.

- Un plan de acción, basado en políticas públicas eficientes que apoyen el uso de nuevas tecnologías, que permitan la innovación y la investigación y desarrollo en áreas productivas de interés nacional. Políticas publicas que no solo queden en manos de la gestión del estado, sino que también incorporan al mundo privado y al ciudadano, a través de procesos de mayor participación, dialogo democrático y mejor gestión.

- Educación como pilar estratégico del desarrollo nacional, orientado a desarrollar el potencial innovador y creativo del país, en áreas como ciencia, tecnología, artes, humanidades, ciencias sociales, educación, creación de nuevos negocios y desarrollo de nuevas industrias.

- Un liderazgo que aglutine, convoque, delegue y oriente el accionar de la nación, basado en la figura del Presidente de la República como principal comunicador de las políticas de Estado.

Sólo la puesta en marcha de esta nueva combinación de factores, nos permitirá aprobar nuestro último examen y llegar al Bicentenario como un país, ahora sí líder, exitoso y solidario… podremos tener una gran fiesta, nuestra alfombra lucirá mejor que nunca y lo que es mejor…. no sufriremos de la tan temida resaca.

¡Salud!

Todo Chile es Chile


Mariela Ramírez Goio

Ingeniero Agrónomo UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)




La crisis del Transantiago en particular ha sacado de quicio a quienes defienden la bandera de la descentralización.




La crisis del Transantiago en particular ha sacado de quicio a quienes defienden la bandera de la descentralización.El desarrollo a lo largo de estos meses del proyecto Transantiago ha dejado al descubierto una de las crisis más significativas del centralismo. Si bien no es posible negar lo trascendental de lo ocurrido los últimos meses a los 6 millones de habitantes de la capital, aparentemente y a pesar de los años intentando levantar la descentralización como la receta fundamental para el desarrollo del país, la idea de que Santiago es Chile está hoy más presente que nunca. En este aspecto, quienes han tenido gran poder en decidir hacia dónde va todo esto, ha sido la prensa, en sus diferentes formatos. Y aunque existen medios regionales, la prensa escrita y televisiva de Santiago tienen carácter nacional, con la derivada de la idea de nación que esto implica.

Por esta razón, esta crisis en particular ha sacado de quicio a quienes defienden la bandera de la descentralización. Se ha hablado de la concentración ministerial y de políticas en la Región Metropolitana, y de la falta de inversión en tren, conectividad y planes de transporte en la mayoría de las ciudades intermedias, como un escándalo.

Pero, ¿quién debe financiar el Transantiago? Es razonable la idea de que este proyecto debiera ser financiado por los usuarios de esta gran ciudad, por cierto, generadora de innumerables externalidades ambientales negativas.

Actualmente, se ha informado que el fondo de “reserva técnica” se agotó. Y para evitar un alza de las tarifas, el Transantiago se subsidiará con recursos fiscales, financiando un monto de 290 millones de dólares vía todos los contribuyentes, vivan en Santiago o no, manteniendo así la misma lógica centralista, donde las soluciones a los problemas imperiosos de la capital las tenemos que asumir todos los chilenos. Es válido preguntarse cuántas inversiones en nuevas oportunidades de desarrollo para todo el país se han dejado y se dejarán pasar como consecuencia de éste y otros subsidios, requeridos para solamente paliar los impactos de las políticas públicas centralizadoras.

Por otra parte, se ha prometido un subsidio a las regiones “bis a bis”, es decir, habrá ecuanimidad entre los recursos que se destinarán al sistema de transporte capitalino y lo que se entregará a las regiones. La coincidencia de los dos aportes se trata simplemente de igualar los subsidios a los santiaguinos con los de los habitantes de regiones, descartando que se basen en evaluaciones de proyectos que justifiquen dichas cifras, como bastante se ha hablado. Sin embargo, al parecer los cálculos no se han hecho tan bien, puesto que no se ha considerado que en Santiago reside sólo un cuarenta por ciento de la población. En consecuencia, debería darse a las regiones la cantidad proporcional que le incumbe, lo que equivale a 435 millones de dólares, de modo que el subsidio per cápita sea igual para todos los chilenos.

Cabe en este contexto preguntarse qué pasará en las regiones. Han de conformarse por ahora, con mantenerse como espectadores forzosos de un conflicto ajeno, que sin embargo los invade y atañe. A fin de cuentas, como dicen por ahí, Todo Chile es Chile.

Hay que hacer nuevas reformas y políticas públicas… ¿Pero cómo habrán resultado las ya existentes?

Yael Stekel Schwarz
Ingeniero Civil UC y alumna del Diplomado en Políticas Públicas UC (v. 2007)

Se observan discusiones sobre propuestas que no basan su análisis en el cumplimiento de los objetivos esenciales, sino más bien en otras razones, por ejemplo la discusión sobre el lucro de los colegios particulares subvencionados.

Dentro del marco de las últimas discusiones sobre las reformas en educación, es alarmante observar la poca evaluación que existe de lo existente. ¿Cómo se puede cambiar una política sin saber con certeza cuál es la razón por la cual se está cambiando, o en qué punto falló ésta?

Para avanzar en el sentido deseado, el seguimiento y la evaluación de las políticas públicas son aspectos básicos a considerar, más aún, previo al diseño de nuevas políticas relacionadas con las ya existentes. Sin embargo, pareciera que estos hitos no están bien cubiertos en la práctica.

Preguntas como ¿Con qué recursos se cuenta para evaluar?, ¿Quién evalúa? y ¿Cuál es la metodología de evaluación? tendrán que encontrar una respuesta, aunque no sea sencillo. Destinar recursos año a año, sin saber si están bien asignados o no, es una actitud poco responsable.

Se observan discusiones sobre propuestas que no basan su análisis en el cumplimiento de los objetivos esenciales, sino más bien en otras razones, por ejemplo la discusión sobre el lucro de los colegios particulares subvencionados. Básicamente las políticas públicas deberían ser cíclicas, tener un origen, un diseño, una implementación, una evaluación, y luego nuevamente ir al diseño o implementación dependiendo del resultado de la evaluación. Dado que la mayoría de las nuevas políticas públicas se relacionan con otras, en un contexto en que múltiples políticas interactúan rondando el mismo tema, es fundamental que existan los mecanismos necesarios para una correcta evaluación de éstas, sin perder de vista jamás los objetivos por los cuales fueron creadas.

La primera pregunta es una discusión pendiente. Definir con qué recursos se cuenta para la evaluación y control de una política pública, o en otras palabras, determinar qué porción de la torta utilizada en el desarrollo de una política pública se destinará a evaluación y control, es algo que no está resuelto y que afecta a la calidad y la periodicidad de la evaluación y control, entre otros aspectos.

Respecto a la segunda pregunta, es claro que la institución que evalúa debe ser un ente independiente del que crea e implementa las políticas. Esta discusión sí ha estado más presente: un ejemplo es la creación de una Superintendencia de Educación que controle y sea independiente del Ministerio, que hasta hoy ha sido juez y parte en materia de políticas de educación.

La última pregunta que se plantea tiene relación con otro aspecto fundamental, y es que las evaluaciones se hagan ocupando una metodología y un análisis correcto. Una evaluación mal hecha lleva a conclusiones erróneas y por consiguiente a malas decisiones. Hacer una buena evaluación no es fácil, existen múltiples factores que afectan un resultado.

En este sentido, se ven bastantes análisis que hacen correlaciones entre variables asumiendo una cierta causalidad, sin contar con bases que sustenten la certeza de esta premisa. Un ejemplo de esto, es afirmar que a los colegios que seleccionan alumnos les va mejor. Sin embargo, puede ser al revés, que los colegios con mejores resultados comienzan a seleccionar dado que reciben una mayor demanda. Es muy difícil saber realmente cuál es la causalidad de las variables. Por esto, hay que tener especial cuidado cuando se hacen afirmaciones de este tipo. El analista responsable afirmará sólo lo que está sustentado en buenas metodologías de investigación y se abstendrá de sacar conclusiones en aquellos casos en que no se cuenta con la información mínima necesaria.

También se observan discusiones sobre propuestas que no basan su análisis en el cumplimiento de los objetivos esenciales, sino más bien en otras razones. Por ejemplo, la discusión sobre el lucro de los colegios particulares subvencionados, que ha sido más bien una discusión ideológica que una discusión centrada en los objetivos primordiales, los cuales tienen como norte mejorar la calidad de la educación y disminuir la brecha.

Durante años las políticas se han enfocado en aumentar la cobertura, más hospitales, más viviendas sociales, más establecimientos educacionales, más horas de los niños en los colegios, etc. El objetivo ahora es asegurar que toda esa cobertura se convierta en cobertura de calidad… ¿cómo hacemos esto? no es una respuesta sencilla, pero al menos uno de las bases de este camino a recorrer debiera ser evaluar antes de avanzar. Por que si no, no sabemos hacia dónde nos estamos dirigiendo.

Tres imágenes

22 de enero de 2007

Claudio Seebach Speiser
Director Ejecutivo Políticas Públicas UC.


Fuente: El Mercurio, lunes 22 de enero de 2006

Comenzaré con tres imágenes que parecerán inconexas.

Primero. Hace algunos días tuve que ir a un hospital público, un hecho que si uno ha tenido la suerte de haber estudiado en un colegio particular y después en una buena universidad, debe ser algo poco común. Los de mayores ingresos de nuestro país, entre ellos los políticos y los que diseñan políticas públicas, van a una clínica privada para ser atendidos en el momento en que lo necesitan y con equipamiento de primera.

Segundo. Veo las autopistas urbanas o leo sobre las mayores comodidades y seguridad para los presos en las nuevas cárceles y me impresiona ver cómo privados con incentivos correctos y reglas claras invierten, arriesgan y generan servicios de primer nivel. Lo anterior ha hecho de Chile uno de los pioneros en los modelos de asociación público-privada.

Tercero. Se dieron a conocer los resultados de la PSU y nuevamente quedó de manifiesto que aquellos con educación privada obtienen resultados superiores. El modelo de subsidio a la demanda ha permitido que los alumnos migren a los colegios particulares subvencionados, pero ha sido un proceso muy lento.

Sé que no es el momento para hablar de más concesiones, por las tarifas que tan ocupados tienen a nuestros políticos, pero insistiré: contamos con un mecanismo de lujo para que el Estado delegue la educación escolar, y por qué no también la salud, en los privados. ¿Por qué relegarlo sólo a carreteras o a los delincuentes?

Formemos agrupaciones de colegios, por zonas o tipos de especialidad educativa a lo largo de Chile, y licitemos la gestión con incentivos y estándares de calidad de servicio definidos, en forma pública y abierta. El subsidio necesario para educar gratis quedará definido por las ofertas que se reciban. Tendríamos, además, un indicador transparente de cuánto cuesta educar en las diferentes realidades de Chile, y el Estado dejaría de ser juez y parte en un sistema educacional de baja calidad.

Ojalá el escándalo que se ha producido en torno a las tarifas se pudiera traducir en que discutiéramos cómo aplicar esto a la educación escolar, la mejor manera de lograr equidad, y que no importe el origen socioeconómico para poder recibir educación gratuita, pero de calidad. Las autopistas y las cárceles son una prueba de que nuestro nivel de desarrollo podría ser mucho mejor, y las concesiones dejarían así de ser sólo para los que "pueden pagar" o para los que deben quedar "bien guardados".

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Becas de Postgrado, Gestión Pública y Emprendimiento

10 de octubre de 2006
Claudio Seebach Speiser
Director Ejecutivo Políticas Públicas UC

Quisiera poner atención sobre algunas incongruencias en los mecanismos de beca existentes en Chile y nuestra apuesta de desarrollo como país.

Mucho se ha hablado sobre la importancia de la innovación en ciencia y tecnología, el fomento al emprendimiento y la importancia de mejorar la gestión del sector público. En esta línea, quisiera sugerir reducir las restricciones que imponen algunas becas de postgrado tanto al tipo de estudio que financian, como a las exigencias que imponen al regresar a Chile.

En primer lugar, y dada la importancia de la ciencia y tecnología, no sólo en el ámbito académico, sino especialmente en el desarrollo de nuevas tecnologías y el emprendimiento, sería fundamental que la beca Presidente de la República permita trabajar en el sector privado a los científicos que regresan, y no sólo en universidades o el Estado como los obliga la actual legislación, como sucede en países como Singapur. La transición entre academia y sector privado debiera ser cada vez más fluida, y los beneficios sociales que reporta la incorporación de científicos a la industria en proyectos de investigación aplicada, desarrollo e innovación, justifica con creces este gasto público.

En segundo lugar, para fomentar el emprendimiento y frente a las urgentes necesidades de mejorar la gestión pública, necesitamos más y mejores ejecutivos, y en ese sentido los MBA's u otros programas orientados a la gestión juegan una pieza fundamental, pero han estado excluidos de las posibilidades de becas como Fulbright o Presidente de la República (MIDEPLAN). Dado los altos costos de estos programas, muchos de estos profesionales al regresar se inhiben de emprender algún negocio o trabajar en el sector público. En este último ámbito es importante tener presente que muchas buenas políticas públicas fallan precisamente por la falta de capacidad de implementarse debido a la escasez de buenos ejecutivos.

Invito a los responsables de la becas de postgrado en Chile a alinear los objetivos de fomento a la innovación, el emprendimiento y mejora de gestión del sector público, cambiando estas rigideces y afinando los mecanismos de selección para poder asegurar que sus becarios regresen a Chile a ser un aporte a nuestro desarrollo para una sociedad del conocimiento.

Innovación en Ciencia y Tecnologí­a y el aporte de nuestras universidades

16 de junio de 2006
Claudio Seebach Speiser
Director Ejecutivo Políticas Públicas UC

Fuente: La Segunda, 13 de junio de 2006

Observando a mi hijo cómo descubre los Legos, no puedo dejar de recordar mi propia infancia jugando con ese maravilloso invento danés. La posibilidad de creación, diversión y desarrollo de la imaginación diseñando cosas nuevas, en otras palabras innovando en cada nuevo juego, es infinita. Se necesitan muy pocas piezas para lograr cosas sorprendentes, y basta tener un pequeño espacio físico, tal vez un grupo de amigos, y por sobre todo mucho tiempo para experimentar, armar y desarmar cientos de veces.

Pasa el tiempo y uno avanza por el colegio y la universidad. Las piezas ya no son de plástico, sino que se llaman teorías y herramientas, las cuales memorizamos y acumulamos, como si nos regalaran cajas y cajas de Lego. Pero a medida que nos inundan con esas nuevas piezas, nos van quitando el espacio para jugar porque todo lo llena la materia que hay que cubrir y la información que hay que manejar. Además, con el paso del tiempo nuestra imaginación y creatividad se va perdiendo por las estructuras a las que nos vamos ajustando inconscientemente o, querrámoslo o no, simplemente con la edad.

Por todo ello, la universidad debe con urgencia aprovechar más ese enorme capital de creatividad e imaginación que son sus alumnos, para innovar en ciencia y tecnología. Eso implica potenciar los espacios para que alumnos y académicos puedan “jugar” a los Legos con los conceptos y modelos, investigando y desarrollando nuevas teorías y herramientas. Concretamente, abramos los laboratorios, fomentemos los tiempos de dedicación a la experimentación y al diseño, potenciando la investigación aplicada y el involucramiento temprano de los estudiantes al proceso de innovación.

En segundo lugar, para producir innovación exitosa, debemos unir investigación y desarrollo con pragmatismo económico, vinculando efectivamente a nuestros ingenieros comerciales e industriales con nuestros ingenieros químicos, diseñadores, médicos, agrónomos o biotecnólogos. Además, es necesario enfrentarlos a desafíos concretos asociados a nuestras necesidades más prioritarias como país, donde puedan aportar desde sus diversas disciplinas e intereses.

En tercer lugar, la universidad debe ser un centro de apoyo para que la sociedad chilena aumente sus capacidades de innovación, no sólo generando capital humano, atrayendo investigadores extranjeros, o vinculándose más con la industria, en particular aquélla en la que tenemos ventajas comparativas. Debe también apoyar la educación escolar, y nuevamente no sólo con la formación de buenos profesores, sobre todo en ciencias y matemáticas y que verdaderamente hayan conocido la investigación y desarrollo siendo capaces de fomentar la exploración en sus alumnos, sino también hacer de la ciencia y la tecnología algo alcanzable para los escolares. Un ejemplo destacado en esa dirección es el programa de educación de talentos PentaUC.

Finalmente, la universidad debe estar presente en la discusión y el diseño de políticas públicas en torno a investigación, desarrollo e innovación, yendo más allá de sus propios intereses como centros de investigación y desarrollo, sino como un pilar fundamental para hacer de Chile un país más competitivo y capaz de enfrentar exitosamente el dificil desafío de aumentar drásticamente la productividad de su población, reduciendo de paso las inequidades de ingreso producto de las grandes diferencias en la calidad de la educación actual.

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¿Educación municipalizada?

1 de junio de 2006
Claudio Seebach Speiser
Director Ejecutivo Políticas Públicas UC

Fuente: Diario Financiero, 14 de junio de 2006

Entre los muchos temas que han sido planteados en los acontecimientos de los últimos días en torno a la crisis de la educación escolar, hay uno en el cual me quiero detener: se ha levantando una opinión en torno a volver a una educación centralizada desde una educación (supuestamente) municipalizada.

El objetivo de descentralizar, en general, es que a mismo nivel de gasto, sea posible lograr resultados más alineados con las necesidades de la población. En el caso de Chile los municipios son la cara más visible y más cercana del Estado hacia los ciudadanos. Hace algunos años, la encuesta nacional de opinión pública del Centro de Estudio Públicos, mostró que el 64% de las personas mencionó al municpio como el lugar que mejor puede solucionar los problemas locales de las personas, versus sólo un 24% que mencionó al gobierno central, y sólo un 17% a las intendencias regionales.

Hoy en día, si bien las escuelas públicas tienen una dependencia administrativa del municipio, no podemos decir que la eduación sea municipalizada: los contenidos pedagógicos son definidos centralmente; los profesores se rigen por un sistema de contratación que imposibilita una gestión de personal, ya que los sueldos son fijados en una escala de remuneraciones negociada entre el Ministerio de Educación y el Colegio de Profesores; los sueldos están más ligados a antigüedad que a desempeño; los municipios tienen poca y ninguna injerencia en la evaluación docente; es muy dificil generar políticas de incentivos asociadas a resultados y, por último, despedir a los profesores de bajo rendimiento es prácticamente imposible. Por otro lado los directores, claves por el buen desempeño de un establecimiento, son legal y políticamente dificiles de remover. En resumen, los municipios son hoy más bien una caja pagadora del nivel central, que puede tomar decisiones en muy pequeños ámbitos, y que es dificil que se traduzcan en cambios sustantivos de la calidad de la educación. Esto último, sumado con un ineficacia de los resultados de una administración pedagógica centralizada como existe en la actualidad, levantan la duda si una descentralización real no sería la alternativa a profundizar realmente.

Para conservar las virtudes de tener una educación cercana a los ciudadanos, donde exista mayor participación de los padres y la comunidad, sería interesante considerar la posibilidad de formar agrupaciones de establecimientos de uno o más municipios y luego, siguiendo el exitoso ejemplo de las concesiones de obra pública, licitar la gestión de estos con estrictos estándares de calidad de servicio, en forma pública, internacional y abierta. Así tendríamos en primer lugar un indicador transparente de cuánto cuesta realmente educar en las distintas partes y realidades socioeconómicas de Chile, y además el Estado dejaría de ser juez y parte en un sistema educacional de baja calidad y podría exigir el cumplimiento de los contratos y no se vería capturado por los grupos de interés actuales. El Estado Docente como lo conocemos ha demostrado enormes falencias. Ojalá que la coyuntura permita apuntar a soluciones acordes con los tiempos y lograr finalmente cerrar la brecha de calidad educacional que redunda directamente en las enormes diferencias de ingreso de nuestro país.

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¿Y, dónde está mi información?

5 de diciembre de 2005


Dino Besomi Zubieta
Magí­ster en Ciencias de la Ingenierí­a UC e Ingeniero Civil Industrial en Tecnologías de la Información

En la información almacenada en los computadores y bases de datos de una Municipalidad reside parte importante de su capacidad de generar valor. ¿Cuán fácil resulta acceder a ella? ¿Es realmente información útil? ¿Si se cambia de proveedor, cuán difí­cil será llevársela? ¿Podrá acceder a ella en unos años más?


En el presente documento se trata este tema y se presentan sugerencias para mantenerse en control de los datos propios en un contexto Municipal.

La cantidad de información que dí­a a dí­a se genera en una Municipalidad es muy grande; se entregan millones de servicios, entre permisos, patentes y otros. A modo de ejemplo, sólo en la Municipalidad de Santiago, fueron más de tres millones durante el año 2004. Además, cada uno de estos servicios es acompañado de una importante cantidad de documentos que deben ser almacenados, a los que hay que agregar todos los informes y reportes generados internamente, y otras fuentes de información utilizadas en la operación municipal.

El acceso a esta información es esencial para una Municipalidad, ya que no sólo debe velar por mantenerla disponible para la comunidad, sino que puede ser una importante fuente de generación de valor. Estudiándola se pueden identificar áreas para mejorar el funcionamiento interno (cuellos de botella, demoras u otros) y comprender mejor el entorno en el cual opera el Municipio.

En la actualidad, esta información está contenida en gran parte en los Sistemas de Información y en los computadores utilizados en las municipalidades, cuestión que probablemente sea la norma en el futuro. Frente a esta situación, se debe advertir que si no se incorporan criterios de acceso y control al manejo de la información, los costos serán cada vez mayores cuando se quieran hacer cambios en gestión de la información.

Algunos problemas relacionados con esta situación que ya se pueden observar en algunas Municipalidades son:



  • Pérdida de información: Nadie sabe dónde está el archivo con el dato que se necesita, ni cómo llegar a él.· Imposibilidad de acceder a un archivo: En ocasiones, un archivo es generado por programas que con el tiempo caen en desuso, perdiéndose esa información.·

  • Altas barreras para cambiar de proveedor: Cuando se utilizan formatos propietarios o plataformas cerradas que no son compatibles, los costos de cambiar de solución aumentan significativamente.

  • Desaprovechamiento de la información disponible: Si no se puede acceder a la información, difí­cilmente se podrá aprovechar.
Así­, es importante mantener la "puerta abierta" a esta información (acceso, poder disponer de la información de manera fácil y expedita) y no perder la llave (control, capacidad de tomar decisiones soberanas sobre el manejo de la información).



Para aterrizar esto es recomendable:

- Respecto de los archivos:



  • Utilizar formatos de archivos abiertos, cuyas definiciones sean públicas y que no establezcan relaciones de dependencia con algún proveedor especí­fico, tales como OpenDocument y PDF. Esto permite asegurar que se podrá seguir accediendo a estos documentos durante muchos años. Además, en el caso de los formatos abiertos existen alternativas gratuitas para manipular estos archivos, tales como OpenOffice (disponible para Windows, Mac y Linux, si no lo ha probado aún, hágalo) y KOffice.

  • Procedimientos de backups regulares sobre la información de los usuarios. Esto no sólo permite estar preparado frente a imprevistos, sino que tener una copia central de los archivos. Así­ es posible saber dónde están siendo utilizados en un momento determinado por un funcionario. Esto puede verse facilitado por el uso de carpetas de trabajo compartidas en los servidores, el uso de programas de control de versiones como Subversion (que permiten guardar una historia del trabajo realizado) u otras tecnologí­as.
- Respecto de las Bases de Datos:



  • Elegir plataformas interoperables, flexibles y establecidas, que no limiten el desarrollo de aplicaciones futuras ni restrinjan el acceso a los datos. Hay que evitar plataformas y tecnologí­as de carácter propietario o cerradas. Esto es particularmente importante para la incorporación futura de herramientas de Inteligencia de Negocios, tales como Dashboards, Query and Reporting y OLAP al entorno Municipal.

  • Mantener un estricto control sobre las Bases de Datos que se tienen, ya sea administrándolas internamente -cuando sea factible-, como incorporando (y aplicando, ya que sino sólo es tinta sobre papel) estrictos resguardos contractuales sobre el control y uso de la información. Es importante considerar temas como acceso irrestricto a las BD, tanto para los sistemas actuales como para otros sistemas que eventualmente se podrán desarrollar, backups locales y regulares, multas por retrasos e incumplimientos y otras condiciones que podrán proteger a la Municipalidad sobre eventuales pérdidas de control sobre sus datos.

La información es poder, poder hacer, poder aprender, poder mejorar. No dejemos que se nos escape.

Links:

http://es.wikipedia.org/wiki/OpenDocument

http://www.mass.gov/Aitd/docs/policies_standards/openstandards.pdf

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Violencia urbana en Francia: Algunos puntos de encuentro con Chile

22 de noviembre de 2005
Isabel Brain Valenzuela
Socióloga UC, Coordinadora Programa de Apoyo a las Políticas Urbanas y de Suelo en Chile, ProUrbana, UC-LILP.

Chloé Duval Zack
Abogada (París), especialista en Derecho del Urbanismo y de la Vivienda.

Francisco Sabatini Downey
Sociólogo y Doctor en Desarrollo Urbano y Regional, Universidad de California. Profesor del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales UC.


La violencia y destrucción que hemos visto durante estas últimas semanas en la periferia de las grandes ciudades francesas conforman un espectáculo tan triste como de magnitud insospechada. Sin embargo, es aún más preocupante constatar la coincidencia que existe entre la situación que se vive en los suburbios franceses y los barrios pobres de nuestras ciudades chilenas.

Entre los años ’60 y ‘70 Francia construyó en forma acelerada grandes conjuntos de vivienda social para recibir tanto a las familias desplazadas por la Segunda Guerra como a obreros extranjeros (principalmente del norte de África) que ayudaron a re-construir las desvastadas ciudades. Estos enormes conjuntos se ubicaron en los suburbios de las grandes ciudades, lejos de los centros, con escasos servicios de transporte público y con infraestructura educacional deficiente. Hoy estos barrios son habitados por familias con problemas sociales y económicos. Muchas de ellas son de origen extranjero y viven día a día grandes dificultades de adaptación e integración. Las tasas de desempleo duplican el promedio nacional. Es imposible encontrar un trabajo cuando te llamas Mohamed, no hablas bien el francés y vives en los suburbios. Esta realidad de pobreza y exclusión ha dado paso a la violencia generalizada y a la realidad de ghetto, en la cual los jóvenes han optado por involucrarse en distintas redes criminales de tráficos (de drogas o de armas, robos de auto, etc.) ante la frustración reiterada al buscar trabajo.

Este panorama de los suburbios franceses no parece extraño a las condiciones en que viven muchas familias en la periferia pobre de nuestras ciudades, como son Puente Alto, La Pintana, San Ramón, Alto Hospicio, Boca Sur, Alerce cuya población habita casi en su totalidad en enormes conjuntos de vivienda social. Estas poblaciones, y especialmente aquellas formadas por blocks se están ghettizando. Los estudios de “satisfacción residencial” muestran un porcentaje importante de desencantados, principalmente con el barrio y la inseguridad.

El deterioro social que exhiben nuestros barrios pobres parece inscrito en la lógica misma de estas políticas: al segregar a las familias pobres hacia la periferia mal equipada, a veces anegable o cercana a basurales, cárceles y otros nimbys generan las condiciones “ideales” para la desintegración social. Hacinados en sus barrios de pobres, especialmente los jóvenes, dejan de creer que podrán surgir dentro del sistema. Las resistencias éticas van aflojando, y el ingreso al crimen, al consumo de drogas y el abandono del sistema escolar se vuelven realidad. El sistema social que no es capaz de integrarlos o, al menos, de mantener una razonable esperanza de hacerlo, es reemplazado por los patrones de conducta “desviada” que constituyen al ghetto como un sistema social alternativo. No será fácil “devolver” a esta gente a la sociedad.

En una época en que los lazos económicos, sociales y políticos de los grupos populares con el resto de la sociedad se han debilitado mucho, la localización dentro de la ciudad se vuelva crítica. La “geografía de oportunidades”, asociada al lugar de residencia, constituye una oportunidad de relación con personas de otra condición social, especialmente en los espacios públicos donde se construye la democracia como forma de vida y el sentido de comunidad nacional.

El problema que vive Francia nos demuestra el valor que tiene la diversidad social y económica; es urgente cambiar la política habitacional por una que evite las aglomeraciones de pobreza dentro de las ciudades; que disperse los conjuntos de vivienda social por todos los barrios de las ciudades y que permita por lo tanto la integración y convivencia entre personas con realidades sociales y económicas diferentes. Nos demuestra también la importancia de comprender la vivienda no como una unidad particular y aislada, sino como parte de un barrio y de la ciudad. El año 2000 Francia adoptó políticas de integración y cohesión social. Sin embargo, el conflicto que hoy viven pareciera demostrar que el tiempo transcurrido entre el momento en que apareció el problema y se idearon las soluciones fue demasiado largo como para revertir el proceso de exclusión y ghettización. Varias generaciones crecieron en esta realidad social marcada por la discriminación y violencia, sucumbiendo a la cultura del ghetto.

La política habitacional de Chile está a tiempo para generar los cambios necesarios que permitan detener el avance hacia el ghetto. Es importante, comprender que el gasto social en vivienda para las familias más pobres no puede estar aislado de elementos claves como son el barrio y la localización. Un estudio realizado por el Programa ProUrbana UC-LILP, demuestra que para las personas estarían dispuestas a vivir en un departamento en vez de una casa, a cambio que éste se localice más cerca del centro de la ciudad.

La solución de vivienda debe lograr transformarse con el tiempo en una inversión; que potencie y fortalezca a la familia en vez de debilitarlas, mejorando su calidad de vida y agregando valor a la ciudad como un todo.

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