GASTÓN SOUBLETTE

Armonías y símbolos

Mientras aprovecha un semestre sabático para terminar una investigación sobre la belleza natural, el musicólogo, intelectual y profesor del Instituto de Estética revisa algunas de sus influencias ineludibles. Tal como atestiguan sus libros o clases de simbología del cine, sus referencias –y las interpretaciones que hace de ellas– demuestran la particular habilidad de Soublette a la hora de descifrar significados ocultos en todo lo que mira, lee o escucha.

 

Música

Siglo XIX: Como padre de la música moderna, Ludwig van Beethoven (1770-1827). Pero a mí me complace más la música de la segunda mitad del siglo XIX. Los grandes pianistas, como Robert Schumann (1810-1856), Franz Liszt (1811-1886), Frédéric Chopin (1810-1849). En específico, las dos obras que más me gustan del piano romántico son la Balada en sol menor (1833) de Chopin y la Sonata en si menor (1853) de Liszt.

Siglo XX: Yo distingo muy por sobre la demás música la escuela de Viena: Arnold Schönberg (1874-1951), Alban Berg (1885-1935) y Anton Webern (1883-1945). Esa escuela a mí me impresiona mucho. Creo que traduce ciertas vivencias del hombre identificándose con la armonía cósmica. El resultado del sonido remite a un mundo que no es éste; es un mundo allende la estratósfera. Lo más representativo estaría en el Concierto para violín y orquesta (1934-1936) de Schönberg, la obra maestra de esa escuela. Y las Seis piezas para orquesta (1909) de Webern. Después, por supuesto, entre los rusos, Igor Stravinsky (1882-1971), con La consagración de la primavera (1913). Es clave en el siglo XX, por la fuerza ritual que tiene. Se remontó al paleolítico en esa obra. Él buscó los ritos del advenimiento de la primavera, pero de la raza blanca de hace 30 mil años atrás.

Cine

Ingmar Bergman (1918): Por la profundidad y el aparato psicológico que maneja. Él se ha basado mucho en la psicología transpersonal de Jung; sus obras están impregnadas de eso, aparecen sueños… Por ejemplo, en Fresas salvajes (1957) hay un sueño que tiene una clave importantísima. Con ella me inicié como analista de cine. Despertó en mí un aptitud para interpretar símbolos.

Stanley Kubrick (1928-1999): Yo puedo decir por qué me gusta 2001 Odisea del espacio (1968): porque soy un hombre muy dedicado al estudio de la Biblia. Es una película en apariencia de ciencia ficción, pero que tiene un simbolismo bíblico que se relaciona con la Torá hebrea y con el mesianismo judío. De repente, por una serie de hechos que me dieron la clave, se me hizo consciente que ahí hay toda una teoría sobre el hombre y su destino. Por ejemplo, tardé en darme cuenta de que en la escena final de David Bowman, en ese departamento en que está solo, triste, envejecido, lo que está comiendo son los ingredientes de la pascua judía. La planificación es completa.

Poesía

Enrique Lihn (1929-1988): Creo que él es uno de los genios más grandes que ha tenido la poesía de habla castellana. A mí el libro que más me interesa e impresiona es La musiquilla de las pobres esferas (Universitaria, Santiago, 1969, y Eloisa cartonera, Buenos Aires, 2004). Es la prosa poética, es la poesía que da lo mismo que esté escrita en columna de verso o no. Está escrita como en versículo. Ahí se traduce su manía autodestructiva de una manera tremenda. Lihn escribe una poesía que es como escéptica de sí misma.

Pintura

Pieter Brueghel, el viejo (ca. 1520-1569): Un pintor revolucionario, de protesta social, feroz. Por ejemplo, Los segadores (1565): es una magnificación del hombre sin rostro, del hombre que no se distingue como una individualidad, sino del montón. Es la escena escatológica del evangelio: quiénes son invitados a la cena del Señor, que es el advenimiento del reino de Dios... Por eso, hay una iglesia ahí. Y el árbol es Cristo. Y la guadaña que siega la espiga es el juicio final. Cristo lo dice en una parábola: vendrán los ángeles y segarán las espigas.

 


 


 «Cuando decimos ‘formación’ [Bildung] nos referimos a algo más elevado y más interior, al modo de percibir que procede del conocimiento y del sentimiento de toda la vida espiritual y ética, y se derrama armoniosamente sobre la sensibilidad y el carácter».

Wilhelm von Humboldt, Gesammelte Schriften VII, 1, 30.