|
PARTICIPACIÓN CIUDADANA Y MEDIOAMBIENTE Juan José Roca G. | Psicólogo, Universidad de Chile,
Los procesos productivos actuales tienen como objetivo principal satisfacer la demanda de los consumidores. En este sistema, la oferta de bienes está determinada por la demanda dentro de las conocidas reglas del mercado. Vista de esta manera, la crisis ecológica sería un problema social generado por nuestra forma de organización y producción. Aún así, la mayoría de los países han preferido, antes que promover cambios conductuales, desarrollar técnicas para disminuir los efectos de la contaminación y continuar con elevadas tasas de consumo y producción. La mayoría de las acciones para mitigar el impacto ambiental se relacionan hoy día con métodos para producir más contaminando menos. Filtros de partículas, convertidores catalíticos, plantas de tratamiento, análisis químicos y estudios de la composición de los contaminantes han dominado los intentos por lograr un desarrollo sustentable. Esto puede explicarse porque las grandes industrias requieren consumidores ávidos para hacer rentables sus chimeneas. Por este motivo, probablemente no estén interesadas en disminuir el consumo, sino en reducir el impacto ambiental manteniendo o aumentando la producción. Este escenario, que solamente podría alargar la «vida útil» del planeta, desacelerando el deterioro, es sin embargo lo mejor que puede encontrarse hoy día. En nuestro país, el 80% de las empresas que transan productos con países más desarrollados gasta dinero en medidas ambientales y sólo el 10% de las que trabajan para el mercado interno lo hace. Esto demuestra que solamente existe una preocupación por el tema cuando tiene repercusión económica para el sector productivo. Además de haber estado, en general, supeditadas a los criterios económicos, las decisiones y políticas ambientales no han puesto el acento en la forma de consumo, sino en técnicas de remediación y mitigación cada vez más sofisticadas. Nos encontramos preocupados, así, de una parcialidad del problema, sólo de la salida, ignorando la importancia del consumo de energía como entrada y actor principal del problema ecológico. El consumo de energía exosomática Desde el punto de vista evolutivo, el desarrollo de la capacidad humana para utilizar energía exosomática (explosión, electricidad, reacción nuclear) ha estado directamente relacionada con el deterioro ambiental. Es aceptado ampliamente que la forma de producción y velocidad de consumo de energía de las sociedades contemporáneas pone en riesgo la estabilidad del ecosistema: consumimos a velocidad mayor que la tasa de renovación de los recursos naturales, y producimos más residuos de los que el sistema es capaz de degradar. 1. Dependencia del consumo creciente de energía. Al poner estos tres límites en un orden secuencial, podríamos suponer que si el primero baja a límites sustentables, los demás se mantendrían también dentro de niveles no agresivos, ya que habría una baja en la demanda y producción de bienes de consumo. Es posible ubicar, entonces, el gasto de energía exosomática en la base de la degradación ambiental, que se relaciona directamente con la producción de bienes y la forma de consumo y organización social contemporánea. El cambio conductual debería ser, en consecuencia, un objetivo fundamental en las políticas ambientales, ya que es nuestra organización social la que pone en jaque la estabilidad ambiental. La educación ambiental ha aportado una de las primeras visiones humanistas al problema, desarrollando desde 1969 la idea de un ser humano consciente, informado y con las habilidades necesarias para actuar en favor de la sustentabilidad y el cuidado de su entorno. La declaración de Tbilisi1 definió sus objetivos generales: conciencia, conocimiento, actitudes, aptitudes y participación. Se trata, entonces, de la formación de sujetos conscientes de los problemas, bien informados, que desarrollen aptitudes hacia la sustentabilidad y participen localmente, pero orientados por un pensamiento global. En la Convención de Aarhus sobre el acceso a la justicia en asuntos ambientales y la participación ciudadana en la toma de decisiones (Dinamarca, 1998), se la definió como «aquella información sobre el estado de los elementos del medio ambiente, las actividades que puedan tener efectos sobre él y los aspectos relacionados con la salud humana y las condiciones de vida». Sería necesario, para educar ambientalmente, desarrollar herramientas que faciliten el acceso a la información ambiental, y promuevan la acción infor-mada y coordinada de los ciudadanos. La participación ciudadana podría transformarse, de esta manera, en una herramienta clave para ser usada por gobiernos en el diseño de políticas del medioambiente. Es reconocido que la confianza en las decisiones públicas y la disposición a colaborar son efectos de la participación ciudadana; lo que es más importante, ella aumenta el control colectivo sobre las acciones públicas. Es, además, un instrumento capaz de multiplicar el impacto social de las políticas y se la visualiza como un proceso que fortalece el capital social.2 El caso chileno En nuestro país no existe un marco regulatorio claro sobre las formas de participación ciudadana y solamente podemos hablar de un desarrollo en este sentido a partir del año 1997, con la entrada en vigencia del reglamento de evaluación de impacto ambiental que en su artículo 50 señala: «Corresponderá a la Conama establecer los mecanismos que aseguren la participación informada de la comunidad organizada en el proceso de calificación de los Estudios de Impacto Ambiental que se presenten». La ley General sobre Bases del Medioambiente establece también que la Conama deberá mantener un sistema nacional de información ambiental (Sinia), el que fue inaugurado en 1999 y funciona en internet como un buscador.4 Otro avance importante es el índice de inversión en medioambiente, que deben publicar todas las empresas que coticen en la bolsa de valores. Esta cifra informa a los inversionistas el grado de preocupación y responsabilidad sobre el ambiente que presentan las compañías. Un estudio realizado por Valeria Torres Larrañaga, publicado en Ecología de la Información (FLACSO Chile, 2001) para identificar los éxitos y fracasos en el acceso a la información ambiental en Chile, entrega los siguientes resultados: Podemos decir, entonces, que a pesar de que existe un sistema como el Sinia, la ciudadanía no está conforme con el acceso a la información ambiental. Esto puede deberse en parte a que no existen interfases apropiadas para toda la trama social y a que los sujetos no saben cómo acceder ni qué hacer con la información que encuentran. La pregunta ¿Cuál es el medio más usado para buscar información ambiental? puede orientar acerca del formato y la plataforma de acceso que según los encuestados debería tener la información ambiental en nuestro país. La importancia de internet en la participación ciudadana La información puede facilitar la participación ciudadana en asuntos ambientales. Esto es un objetivo fundamental porque fomenta la responsabilidad individual sobre el cuidado del medioambiente, nos hace partícipes en las decisiones importantes y fortalece nuestro capital social. El principal desafío es producir información útil y facilitar el acceso a los ciudadanos a través de mecanismos intermediarios entre los datos técnicos y la posibilidad de tomar decisiones basadas en ellos. Podría implementarse el desarrollo en internet de una interfase que permita a los ciudadanos pronunciarse sobre materias ambientales que les competan. Como complemento necesario, debería capacitarse a los usuarios sobre cómo utilizar esta información de manera de cerrar el círculo entre la que está disponible y la realmente utilizable. Esta interfase podría estar ubicada en centros locales y funcionar como kioscos interactivos. La importancia de internet como medio para fortalecer la participación ciudadana es clara pero presenta en Chile grandes dificultades. El estudio «Internet en Chile: Oportunidad para la participación ciudadana», realizado por Rodrigo Araya y Claudio Orrego,5 arroja algunas conclusiones al respecto. Una de las principales es que existe una gran distancia entre la promesa del gobierno electrónico, entendido como la prestación de un servicio público por medios digitales, y la vivencia efectiva de aquellos que tienen el privilegio de acceder a la tecnología. En Chile, alrededor de un tercio de la población es usuaria de internet; el resto, escucha sobre esta revolución por la radio, televisión o por «el eco que surge de los sonoros discursos públicos y privados».6 Internet es una promesa de libertad, de acceso ilimitado a la información, de un espacio donde no existen jerarquías ni límites. Estas cualidades permiten crear un nuevo concepto de ciudadanía y capital social, donde la gente se relaciona de manera más fluida; tiene la posibilidad de interpelar al gobierno, a las empresas o a los diputados. Internet abre espacios nuevos de participación Que la participación a través de internet se transforme en una realidad depende del tipo de información que se entregue. El problema consiste en saber qué es importante para los ciudadanos y capacitarlos de la mejor forma para que utilicen estos datos.
Citas 1 UNESCO: «Reporte Final», Documento presentado en la Conferencia Intergubernamental para la Educación Ambiental, Tbilisi, 1977, p. 26-27.
|
|||||