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La Universidad Católica inaugura su año académico 2004
Globalización, identidad e investigación son los desafíos que tendrá la UC del futuro

Con una misa solemne que presidió el Gran Canciller de la Universidad Católica, Monseñor Francisco Javier Errázuriz y un acto académico que se llevó a efecto en el Salón de Honor, esta casa de estudios celebró la inauguración de su año académico número ciento quince. El rector Rosso hizo hincapié en los énfasis que la dirección de la universidad ha planteado en los últimos años.

 

A las 8:30 horas del 31 de marzo de 1889 se iniciaron las ceremonias para inaugurar el primer año académico de la Universidad Católica, que comenzaba sus clases luego de ser fundada el año anterior. En esa oportunidad la santa misa fue oficiada por el primer rector de la UC, Monseñor Joaquín Larraín Gandarillas en la Catedral Metropolitana. Posteriormente, a las 13 horas se desarrolló la solemne sesión de apertura en el Salón del Círculo Católico.

En esta oportunidad la misa fue presidida por Monseñor Francisco Javier Errázuriz, Gran Canciller de la UC y concelebrada por Monseñor Andrés Arteaga, Vice Gran Canciller; por el padre Samuel Fernández, decano de la Facultad de Teología, y sacerdotes de esta casa de estudios, en la capilla de la Casa Central.

Durante su homilía, Monseñor Errázuriz llamó a los integrantes de la comunidad universitaria a participar en la refundación de la patria, en el contexto del bicentenario de ésta, siguiendo los caminos de Jesucristo. La ceremonia académica se desarrolló posteriormente en el Salón de Honor, durante la cual el rector Pedro Pablo Rosso pronunció un discurso en el cual dio a conocer los principales proyectos y énfasis que la dirección de la universidad ha planteado durante los últimos años.

El rector destacó que el nuevo plan de estudios que se puso en marcha en la UC «responde a ciertas realidades de la globalización. Incorpora contenidos y métodos de enseñanza, como son la experiencia interdisciplinaria, el inglés, y el uso de internet, para invitar a los jóvenes a abrir su intelecto e intereses a diversas miradas de la realidad laboral y a prepararlos en el uso de la lingua franca de las ciencias y el comercio. Por otra parte, mediante los contenidos relativos a la teología fundamental, la antropología y la ética, los ayuda a desarrollar una perspectiva trascendente y a preguntarse sobre el sentido de la historia y de la propia existencia humana».

Respecto a la tecnología con la que cuentan los estudiantes, el rector Rosso destacó que ellos tienen disponibilidad de una conexión inalámbrica WiFi para internet en la Casa Central y San Joaquín y que en las próximas semanas este adelanto técnico será instalado en Oriente y Lo Contador. Este avance forma parte de un gran proyecto liderado por la Vicerrectoría Académica y SECICO, cuyo objetivo es desarrollar y promover el uso de las innovaciones técnicas en la docencia.

En cuanto a la investigación señaló que la exigencia es alcanzar la capacidad de generar un volumen significativo de conocimientos universalmente relevantes; sin embargo, las estrategias que se han adoptado están limitadas por la baja inversión pública y privada que realiza el país en materia de ciencia y tecnología. A pesar de ello, «una universidad como la nuestra, debe contribuir con su investigación al desarrollo de las empresas nacionales, aportándoles los conocimientos necesarios para innovar, mejorar la calidad de sus productos, y competir con éxito en el mercado internacional».

De esta forma nació el Programa UC-Empresa, que fortalece los vínculos de la universidad con el sector productivo y que ha permitido establecer importantes alianzas. «Sin duda estamos abriendo las puertas de un proceso que puede ayudar a Chile a prosperar en un mundo globalizado», puntualizó.

A su vez hizo hincapié en los desafíos que implica la globalización en cuanto a la influencia de las culturas foráneas en la sociedad. Al respecto señaló el rector: «Por su carácter de católica, y por el hecho de representar valores y perspectivas sociales muy enraizadas en Chile y en toda Latinoamérica, nuestra universidad puede constituir un efectivo paradigma de encuentro y de reflexión crítica de la globalización y la cultura que ella nos propone, desde la óptica de los principios antropológicos, éticos y religiosos de nuestra tradición cristiana».

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