VERSO FRESCO

Andrés Anwandter

La máquina de las palabras

Ferias públicas, comercio callejero, griterío, robos en la calles, vagabundos... ¿Suena conocido? A mediados del siglo XVIII, Santiago refulgía con estos signos de autonomía y esplendor popular. Ante ello, la elite aristocrática y política comenzó un proceso de dominación y control que desembocó en un profundo desinterés del bajo pueblo por la gesta de la Independencia.

Andrés Anwandter nació en Valdivia en 1974. Es psicólogo y ejerce como tal. Ha publicado tres libros de poemas bastante distintos entre sí: El árbol del lenguaje en otoño (1996), Especies intencionales (2001) y Square poems (2002). La poesía de Anwandter es el resultado de una serie de indagaciones realizadas tanto en el papel como en la pantalla del computador. El libro considerado como objeto, las palabras retraídas a su visualidad y sonoridad, la distorsión tipográfica y la irrupción de significados imprevistos, entre otras muchas posibilidades, lo han mantenido ocupado y parcialmente solo en un panorama donde este tipo de exploraciones no suelen acometerse. Los poemas verbales aquí seleccionados son una muestra de lo que actualmente está haciendo: desenrollar un hilo de palabras que una máquina bien pudiera haber emitido, de manera neutra e involuntaria. Los poemas visuales –titulados para la ocasión como «kinegramas»– los diseñó en un programa para proyectar diapositivas.

Cristóbal Joannon

 


challa

un
trozo
de queso
de plástico
masco
remuerdo
noticias
recientes
sangrientas
o asépticas
cargo
las bolsas
de nylon
afuera
retorno
zapatos
al mueble
mis pies
averiados
los buses
de noche
rugientes
lejanos
leones
bostezo
la tele
visión
documenta
mañanas
soleadas
del trópico
pálidas
tardes
boreales
al rato
familias
enteras
con dientes
perfectos
imbéciles
pierden
sorteos
chillones
reciben
diplomas
agradecen
una lluvia
de teléfonos
que suenan
al unísono
apagamos
la luz
suponemos
que el sol
morirá
desteñido
también
al final
de la pampa
en el otro
hemisferio
y cerramos
los ojos
al susto
la espera
paciente
de un sismo
que barra
por fin
con los medios

 

Banda sonora

el
fondo
submarino
de papel
celofán
azul
disimula
los breves
ensueños
poblados
de voces
que crujen
crepitan
en medio
del living
paredes
con nudos
y anillos
los dedos
que ordenan
un lote
de discos
rayados
en parte
sin funda
tijeras
que pasan
de largo y
recortan
la cena
repite el
almuerzo
rodeado
de cuadros
parlantes
internos
por sobre el
umbral de
volumen
capaz
de llamar
la atención
o ceder
un pedazo
de pampa
que surca el
arado en
redondo
objetivo
de aviones
espías
que ocultan
las nubes
ceniza
y un poco
de brasa
subsiste el
aroma
del raid
adherido
al tapiz
que recubre
por dentro
el oído
se extiende
como una
avenida
de grava
por donde
las tropas
ingresan
containers
repletos
de tele
visores
al puerto
soleado
remoto
horizonte
trazado
con regla

 

Panorama

las
líneas
del tendido
telefónico
recortan
el cielo
poblado
de imágenes
diáfanas
pieles
de luz
que los cuerpos
rezuman
se mezclan
y forman
figuras
efímeras
nubes
saturan
los ojos
desechos
de escenas
lejanas
que el sueño
más tarde
recicla
veloz
un avión
atraviesa
la sien
y deviene
moneda
disuelta en
las aguas
nocturnas
arrojan
residuos
por toda
la playa
mental
que repasa
la tarde en
oleadas
periódicas
rayas
de tiza
fugaz
un esbozo
del día
que asoma
detrás de
los cerros

 

estratos

si escribo sol implacable no estoy
repitiendo una metáfora el verano

en santiago es así mediodía
perenne si pienso en barroco

pero chile no es barroco
los ministros de estado usan togas

la moneda es un templo romano
adoramos el rigor de su diseño

económico que enfrenta la barbarie
por todos los flancos aquí

se recorta la sombra y deshace
por esto la calle a pedazos

para abrir otros huecos al sol
que demanda el progreso y la historia

en partes iguales simétricas
vías conducen los autos

cromados de vuelta a sus casas
domingo en la tarde y al centro

del patio reseco se aplican
suplicios con lupa a un insecto