canon personal

ERIKA HIMMEL KONIG
Puertas pequeñas, mundos enormes
La destacada experta en evaluación y medición educacionales soñaba desde niña con ser profesora. Las clases de piano y de ballet en la infancia no prosperaron, pero el gusto por las matemáticas y las artes permanecen en esta reconocida maestra.

En sus aventuras tras el conejo en el País de las Maravillas, Alicia se pierde en un vestíbulo lleno de puertas cerradas. La única llave que encuentra es una muy pequeña, que le permite abrir una puerta también diminuta. Pero al otro lado, se ve la luz y un hermoso jardín. «En mis clases uso distintas citas, pero ésa es una de las que más me gusta», explica la profesora Erika Himmel (75) sobre el clásico de Lewis Carroll (pseudónimo de Charles Lutwidge Dodgson, 1832-1898).

« Yo hago clases de Metodología de investigación educacional y encuentro que se presta especialmente bien, porque uno, cuando encuentra un problema de investigación, encuentra una puerta pequeña y una llave muy pequeña, pero al abrirla se van encontrando más y más luces», explica.

« Me dediqué a esto porque partí desde muy niña queriendo ser profesora y profesora de matemáticas». Inició sus estudios en el Instituto Pedagógico, donde destaca como sus grandes maestros a Egidio Orellana y Federico Rutllant: «Eran realmente modelo de formación y se interesaban por que los alumnos se formaran más allá de los contenidos de la asignatura». Después, sus estudios de postgrado la llevaron hacia el mundo de las estadísticas y la medición. Y fue ahí, en Nueva York, donde tuvo la suerte de ver a María Callas, a Laurence Olivier y a Claudio Arrau en un escenario.

Esta maestra siguió sus pasos. Es una reconocida experta en el ámbito de la evaluación educacional. Su trayectoria en la Universidad Católica comenzó en 1955 y su legado fue distinguido con el premio a la Vida Universitaria Monseñor Carlos Casanueva, el año pasado.

Sus referencias son múltiples, con un predominio por los clásicos. Aquí, un recuento de algunos de sus favoritos.

LITERATURA

Si bien no se declara especialmente admiradora de las obras de Victor Hugo (1802-1885), la novela que más le gusta es Los miserables (1862). «Es una de las cosas que uno lee una y otra vez. Uno vuelve a leer y vuelve a sentir ese drama de Jean Valjean».

Más recientemente descubrió a Sándor Márai (1900-1989), «un escritor húngaro maravilloso y absolutamente contemporáneo». El autor de Divorcio en Buda (1936) y El último encuentro (1942) «tiene una gran habilidad para describir todas las decadencias de una época y dar cuenta de sus últimos brillos».

Además de Alicia en el País de la Maravillas (1865), también son repetidas las lecturas y alusiones a El principito (1943). «Pueden sonar bastante infantiles, pero son de una profundidad espectacular. Cada vez que los leo puedo sacar algo nuevo». Hasta el día de hoy lee con frecuencia a sus nietos el cuento de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944).

En su velador llegó a tener las Obras completas de William Shakespeare (1564-1616) –«me producía un placer infinito, tanto leerlas como verlas en un escenario»–, y varias veces ha leído en alemán a Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), y Friedrich von Schiller (1789-1850).

Mención especial tiene Pablo Neruda (1904-1973) y sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924). «Son realmente hermosos. Los leí cuando tenía 15 ó 16 años y enganché inmediatamente. Realmente lo encuentro muy excepcional». Menos la entusiasman Canto general o Alturas de Macchu Picchu. «Es que los Veinte poemas te llegan al alma... los encuentro realmente lindos. Son un grito al corazón».

« Lo tremendo es que me a mí me queda prácticamente tiempo para leer sólo en febrero, porque el resto del año estoy preocupada de leer literatura técnica y científica, trabajos de alumnos, actualizaciones y demás. Entonces, leo para descansar».

MÚSICA

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791): «Tengo preferencias por los pianos y también por el oboe y la flauta, y Mozart tiene unos conciertos preciosos que realmente logran fascinarme. De Mozart no podría decir que hay una obra que no me gusta: me gustan todas. Desde los conciertos hasta el Réquiem». Y aunque no es su género favorito, las óperas también: La flauta mágica, Las bodas de Fígaro, Don Giovanni.

Su pasión musical se extiende por los nocturnos de Frédéric Chopin (1810-1849) y por Las cuatro estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741).

PLÁSTICA

Le gusta especialmente la pintura de Salvador Dalí (1904-1989). Le ha fascinado toda la vida e incluso leyó su autobiografía, La vida secreta de Salvador Dalí (1942). «Tiene una gran plasticidad. No me refiero sólo a que es excepcional dibujante –vaya que lo era–, sino a lo plástico que son sus obras». El Cristo de San Juan De La Cruz (1951) es su favorita: tiene una reproducción en su casa.

CINE

«Si uno revisa la historia del cine, los grandes-grandes actores de la historia han sido todos ingleses», asegura. De ahí que se quede con las películas de Laurence Olivier, Leslie Howard y más recientemente, Anthony Hopkins, protagonista de Lo que queda del día (1993), de James Ivory (1928). «Es bien excepcional. Es tan sutil ese compromiso que tiene el mayordomo con su trabajo. Eso es algo que se logra cada vez menos y es una de las cosas más importantes de la vida. De las clásicas, Casablanca (1942), de Michael Curtiz (1886-1962). «Responde a toda una época. Todo el contexto es maravilloso. Y es mucho más que una historia de amor imposible».

ver sumario completo


 
 
 
   « volver