En busca
de instrumentos científicos para los cambios que
exige la globalización al sistema informativo, un
equipo de investigadores de la Facultad de Comunicaciones
ha desarrollado en la última década una fórmula
de medición de la calidad que ha resultado útil
para la gestión
de medios. Pero los resultados permiten apuntar más
allá: se puede esbozar un cuadro de fortalezas y debilidades
de la prensa en el continente, así como de la clara
relación entre los rasgos del ejercicio profesional
periodístico y la situación político-cultural
de cada país.
Silvia Pellegrini, Constanza Mujica | Facultad
de Comunicaciones U.C.
América
Latina enfrenta hoy el desafío de lograr que sus medios
de comunicación se pongan al nivel de las exigencias
y requerimientos del mundo globalizado. Para lograrlo deberá alcanzar
una relación de equilibrio con el mundo político
de modo de permitir democracias sanas y conseguir que las
industrias informativas sean económicamente sustentables
y capaces de una inversión constante en innovaciones
tecnológicas y capacitación
de su personal.
El entorno en que se da esta situación
no es fácil
para los medios. Internet ha permitido que el público
tenga acceso directo a las fuentes informativas y la masividad
de cámaras digitales y teléfonos celulares
ha acrecentado la capacidad de las personas para registrar
y difundir los hechos. A este diagnóstico
se suma la sobreabundancia de información, la aparición
de nuevos medios y, en especial para la prensa escrita, la
atención
fluctuante y la pérdida
de capacidad lectora.
En ese contexto, los medios requieren cambiar
sus estrategias de manera de captar y retener público. La mayoría
de las veces han recurrido a exacerbar los aspectos de
emoción
y entretención bajo
el supuesto de que el requisito de estabilidad económica
impide o dificulta mucho el cumplimiento del rol social
de informar.
Esto crea una paradoja: el público consume más
tiempo y recursos en medios de comunicación, pero
conoce menos de las circunstancias en que vive. Esa realidad
genera un pensamiento crítico hacia los medios y
un grado de insatisfacción entre los periodistas. Para quebrar ese círculo vicioso,
desde diversos puntos de vista se ha planteado como urgente
obtener parámetros para analizar los estándares
profesionales
y éticos del trabajo realizado por los medios. Esa
meta se ha entendido como la búsqueda de calidad.
Es difícil precisar «calidad» cuando se
trata de intangibles; es decir, de productos, como el periodismo,
donde se refleja más la capacidad intelectual que
los insumos físicos. No hay modo de evaluarlos sin
establecer relaciones con ciertos estándares fundados
en valores y normas, que usualmente se asocian a la imposición
de un «deber ser» o de
un grado de subjetividad en las apreciaciones. Y, más
aún,
en el caso concreto de la información social, «calidad » se
identifica con el «periodismo de élite» y
por ende como un factor inhibidor de toda la información
popular o masiva, que es la base del contenido de gran parte
de los medios latinoamericanos.
¿Cuál es la calidad de un diario
o de un programa informativo? ¿Existen
elementos suficientes para dar una mirada objetiva al proceso
o siquiera plantearse alguna posibilidad de medirlo? ¿Es
factible hacer de la calidad periodística un factor
de desarrollo político y económico? Esas
fueron las interrogantes con las que empezó a trabajar,
en la década
del 90, un grupo de investigadores de la Escuela de Periodismo,
1 que hoy se denomina equipo VAP UC. Convencidos de la
necesidad de aportar parámetros periodísticos
en los necesarios cambios en la selección y presentación
de información, como un aporte profesional al objetivo
de lograr una mayor calidad medial, se elaboró un
modelo de medición llamado «
Valor Agregado Periodístico» (ver «La
fórmula VAP»).
El método se ha extendido por América
Latina y varios países han comenzado a gestar y enseñar
a la luz de sus conceptos. Más aún, recientemente
fue expuesto a los dueños, editores y administradores
de medios reunidos por la Sociedad Interamericana de Prensa
en Indianápolis y, a raíz de ese
encuentro, otros tres países quieren ensayar ese proceso
de medición.
El retrato de los medios
La aplicación sistemática de la formula VAP-UC
a cuatro países latinoamericanos y su posterior comparación
permite extraer algunas conclusiones de carácter más
libre que no estaban dentro de sus objetivos científicos
originales. Parece posible deducir que algunos de los rasgos
político-sociales de estos países
se dibujan en sus periódicos. También muestra
que hay rasgos comunes en la prensa continental: su relación
con las fuentes provenientes del Estado, la tendencia a priorizar
informaciones de contenido político, una escasa presencia
de temas debatidos en profundidad y los testimonios humanos
usados como modo de vincularse con el público, por
ejemplo. La alta cobertura que tienen las informaciones
políticas
en la prensa de estos países (ver recuadro «Los
países y sus principales focos») corresponde
probablemente al cúmulo de problemas no resueltos
que hay en el continente. Un vínculo fuerte entre
lo político
y lo informativo constituye la relación temática
más tradicional
de la evolución de los medios. En ella, el mundo político
concibe a la prensa como el modo natural de expresión
de sus ideas y ésta se pliega a sus requerimientos.
Esa etapa corresponde a momentos de definición
interna del sistema político, cuya intensidad copa
la pauta informativa. En etapas posteriores de desarrollo
surge el énfasis noticioso en lo económico
para derivar luego al ámbito social. Por otra parte,
en algunos países latinoamericanos la prioridad informativa
hacia lo político choca con los intereses del público
que, según las encuestas de opinión, se encuentra
desencantado con ese tema.
Un caso que escapa a la norma
es Colombia, donde la política
desaparece de los cuatro primeros temas de portada para
dejar paso a noticias del mundo económico y del
trabajo. Para aventurar una explicación habría
que señalar que la prensa colombiana es la única
que tiene en el desglose de sus temáticas (y en
primer lugar) el tema de la paz. Se plantea, entonces,
la posibilidad de que sea la especial situación
social que vive ese país –con el rol clave
que juegan en su realidad la droga y la guerrilla– la
que induzca a los medios de comunicación a evitar
la cobertura política para no contribuir a los
peligros que trae consigo la exposición de estos
temas.
El modo en que los medios enfrentan a lo
político fluctúa generalmente entre denuncias
sobre hechos puntuales de corrupción, a veces incluso
muy focalizadas (y a las que se hace escaso seguimiento posterior),
y la reproducción bastante exacta de
lo señalado por fuentes oficiales. Así se
cubren acusaciones contra familiares de autoridades peruanas
por la apropiación
de tierras, la falta de transparencia en gobiernos locales
o las acciones de mafias en los otros países.
En este diagnóstico pueden verse
dos señales de inmadurez del sistema informativo:
la falta de continuidad en los temas que afecta la comprensión
o de visión más global de los problemas,
y la dependencia de las informaciones oficiales.
El gráfico
1 muestra que el uso de fuentes provenientes del Estado
varían entre el 39,6% en el caso de Argentina,
hasta el 75,7% en el caso del Perú.
En los cuatro
países, contrasta el alto uso de fuentes
oficiales con la relativa escasez de fuentes expertas:
las cifras son casi perfectamente inversas, con excepción
del caso de Colombia.
La mayor variedad en el uso de las fuentes
es una buena señal del grado de desarrollo profesional
del sistema informativo, ya que las fuentes expertas, por
ejemplo, proveen una mirada más profunda e independiente
sobre los temas por lo que permiten evaluar los datos provenientes
de la voz oficial.
La distribución de los tipos de fuentes
utilizados en Argentina (con menos fuentes oficiales que
el resto de los países y una proporción mayor
de expertos y testimonios), indica que se trata de un sistema
informativo
más
maduro y con un mayor grado de independencia profesional.
Ese perfil es también coherente con una
situación político-social compleja,
donde prima la desconfianza hacia el mundo político.
A
pesar de la escasa presencia de los temas políticos
en su pauta, los medios colombianos muestran la misma dependencia
de las fuentes oficiales del Estado
que los otros países de la región. En una proporción
sorprendentemente menor, considerando la alta presencia
de los temas económicos, se usan las fuentes oficiales
privadas –representantes de empresas,
de organismos sindicales y de organizaciones no gubernamentales,
por ejemplo– y fuentes expertas.Ese factor vuelve
a colocar a Colombia en la ruta tradicional del periodismo
latinoamericano.
Perú, donde el número de fuentes
oficiales más que duplica la cifra argentina, se comporta
de modo coherente con su perfil de pauta, donde priman las
informaciones de gobierno. En un escenario de estas características
suele desaparecer la presencia de los expertos y los testimonios,
para que la información esté preferentemente
tamizada por el sesgo de las autoridades. La principal particularidad
de los diarios chilenos es la alta frecuencia con que no
se identifica el origen de la información, disimulándolo
con fórmulas como: «fuentes de La Moneda» o «amigos
del implicado». Éste es un factor que puede
afectar, en el mediano plazo, su credibilidad. Cerca del
20% de los recursos informativos testimoniales en cada uno
de los países analizados (muy alto en
comparación con el mundo desarrollado) refleja la
importancia que tiene para la cultura latinoamericana una
relación de identificación afectiva con
el mundo externo. América Latina ostenta una cifra
mucho menor que los países del primer mundo en cuanto
al número de fuentes por noticia. El número
de notas que tienen un solo origen se acerca al 40 ó 50%,
con lo cual el medio deja de agregar valor a través
de la constatación
de los hechos y contraste de opiniones para convertirse más
bien en un vocero de la fuente. La variable «Tipo de
noticia» responde a la pregunta ¿
cuándo debe ser publicada esta información?
(ver gráfico 2). Así, las noticias actuales
serán aquellas que requieren ser entregadas al público
inmediatamente, porque de lo contrario pierden vigencia.
Es el caso de los acontecimientos de coyuntura, de los actos
públicos
o masivos, de los accidentes y de los hechos policiales.
Las
informaciones atemporales serán las que pueden
esperar más tiempo sin perder su atractivo o significación
informativa. Un reportaje sobre el aumento de la incidencia
social de la anorexia o sobre la cesantía
en una región, por muy importante que sea el tema,
puede esperar semanas e incluso meses sin dejar de estar
vigente.
Aunque no está determinada una razón óptima
entre estos dos tipos de informaciones, el carácter
efímero del trabajo periodístico sugiere
que los hechos puntuales, que se convierten en noticias
actuales, debieran ser más frecuentes que los
otros.
En Colombia
y Chile se da una proporción similar de noticias
actuales (cerca de 70%) y atemporales (alrededor de 30%).
Esa mezcla está en el límite
del equilibrio para medios de aparición diaria,
en los que es lo urgente lo que suele acaparar portadas.
En esa misma lógica, si se considera
que la mayor parte de las notas de deportes y de justicia
y policía tienen que ver con hechos y resultados puntuales,
no es de extrañar la gran cantidad de noticias actuales
en los medios argentinos (que alcanza a un 88%). Pero incluso
más allá de eso, da cuenta también de
una cultura informativa y un ejercicio profesional de reacción
rápida.
En el caso de Perú,
en cambio, existe una distribución opuesta a la
esperada, con 40% de notas actuales contra casi 60% de
atemporales.
Esa característica
se hace coincidente con las analizadas anteriormente, en
la
medida en que las fuentes oficiales suelen tardar en
reaccionar ante los hechos.
Otro aspecto revelador del
nivel de calidad de la prensa en América Latina
es la estructura narrativa, que da cuenta del modo en que
se ordenan los datos de una información (ver gráfico
3). El periodismo profesional generó un modo de
organizar la noticia llamado «pirámide
invertida», que representó un
aporte muy significativo a la objetividad periodística
y a la progresiva independencia del ensayismo. Los textos
en pirámide invertida responden a las preguntas
tradicionales del periodismo (qué, quién,
cómo,
cuándo, dónde y por qué) en orden
de importancia decreciente. Junto a ella es posible distinguir
una estructura cronológica, que ordena de acuerdo
con relaciones causa-efecto, y una estructura mixta, que
ofrece la situación
más relevante al comienzo pero que plantea las siguientes
de modo secuencial.
La fuerza del periodismo profesional
argentino de mediados del siglo XX y el relativo estancamiento
de su desarrollo político social podrían
ser la explicación para el uso tan extensivo de
la pirámide invertida
(un 90,6%), a pesar de que su pauta –menos estructurada
en torno a temas y fuentes oficiales– sugeriría
la posibilidad de entregar más libertad a la voz
del narrador al momento de construir los relatos.
Un estudio
publicado en 2004 por la Universidad Católica
Argentina, que encuestó al público sobre
su percepción respecto de algunas variables del
VAP-UC, sugiere que la estructura que los lectores de diarios
prefieren y comprenden mejor es la mixta. Esto, porque
al entregar
los datos más relevantes al principio atrae al lector
y, posteriormente, le entrega los detalles del hecho, sus
antecedentes y consecuencias, en una lógica
causal ordenada. Cabe plantearse que un giro de estilo
de la prensa transandina hacia estructuras narrativas más
modernas podría generar un aumento
de lectoría y satisfacción de su público.
Colombia
y Chile muestran proporciones similares de uso de la pirámide
invertida, pero tienen una preferencia diversa por las
otras estructuras: mientras los medios chilenos utilizan
más a la estructura cronológica
(de mayor rigidez), los colombianos recurren más
a la estructura mixta, que permite más
combinaciones retóricas.
Por otra parte, en Colombia y Perú están
quienes utilizan una mayor variedad de estructuras, lo que
podría ser resultante del mejor dominio del lenguaje
castellano que ha caracterizado tradicionalmente a esos países.
El caso del Perú presenta una interesante situación
adicional: la pirámide invertida
corresponde a menos de la mitad de las notas analizadas y
ocupa una proporción muy similar a la de la estructura
mixta.
Hay una última variable del VAP que
combina la relación
de las fuentes con la estructura narrativa y donde también
difiere ampliamente América Latina con el mundo
desarrollado. Se trata de la relación trascripción
procesamiento y que refleja el grado de inclusión
profesional del periodista en el relato.
Dado que el periodista no puede
estar siempre presente en los hechos que cubre, su discurso
está constituido
por la recopilación de otras
voces que le relatan lo que ellas experimentaron, opinan
o sienten.
En las transcripciones, las fuentes controlan
la información
y sus dichos son el tamiz por el que el lector se entera
de la noticia. Esto no significa, necesariamente, que se
dé espacio
a un solo tipo de fuentes o sólo a aquellas con una
determinada alineación. Un texto de este tipo puede
corresponder a la entrega de un ping-pong de opiniones diversas,
pero que no están
mediadas por ningún contexto. La señal más
clara de este tipo de textos, es la profusión
de verbos como «dijo», «señaló» y «explicó».
Las informaciones con procesamiento implican
un trabajo de elaboración de la voz de las fuentes,
para hacerlas más accesibles y comprensibles a los
lectores. Además, las ponen en contexto, lo que
da como resultado una información más completa
y elaborada.
En los diarios argentinos, la trascripción
es casi inexistente (98% de procesamiento), lo que refrenda
el mayor dominio profesional y mayor independencia del periodismo
que se percibe en las otras variables. Chile sigue esa tendencia,
aunque en menor medida (casi 85%) Los medios colombianos
y peruanos tienen una mayor cantidad de notas (sobre 40%)
basadas en la simple reproducción de los dichos
de las fuentes.
En los inicios del periodismo profesional
se trató de evitar el procesamiento como forma de
control de la subjetividad, que suele ser tan intensa en
la cultura
latina. Sin embargo,
junto con ello, se perdió también una proporción
significativa de calidad lingüística.
Todos estos elementos dan cuenta de grados
significativos de riqueza y diferenciación del periodismo
en cada país, que dicen relación con sus propias
culturas y experiencias. Dibujan también una relación
entre la situación socio cultural de los países
y las pautas y recursos de elaboración periodística
que se usa en ellos.
La riqueza periodística que se
percibe en los kioscos argentinos refleja bien la capacidad
de sus profesionales
y la independencia que ha alcanzado el sistema informativo
de ese país. Dos son las características
que delatan la detención de su desarrollo: el lenguaje,
con la amplia difusión de la pirámide invertida
y el apego a formas muy tradicionales del ensayo, todavía
muy presentes en los medios de élite,
y el tinte político que asoma en las más
diversas formas, incluso en las coberturas policiales,
como en el caso del secuestro del joven Nicolás
Garnil, que fue cubierto durante el período analizado
y que se convirtió en un debate entre la madre y
el Presidente Kirchner sobre la seguridad ciudadana.
Perú es el que evidencia
la relación más
estrecha entre prensa y política, y se perfila así como
el país que ha conservado de modo más puro
ese vínculo original del gobierno y la información.
Por otra parte, la pauta peruana es la única que
incluye política exterior, con énfasis en
la relación
entre Perú y Chile como parte de sus temas principales.
Eso podría dar cuenta de un país interesado
en las circunstancias externas que rodean su proceso de
definición
política, o bien de la necesidad de derivar el interés
público desde la política
interna hacia otros factores generadores de unidad.
Chile mostraba en
2003 coherencia entre los temas principales de su pauta
informativa y la orientación
del país hacia una apertura de sus fronteras
económicas y culturales. Esta última medición
parece indicar que las ataduras informativo-políticas
y ciertos rasgos isleños de la tradición cultural
se hacen presentes nuevamente con fuerza. Una próxima
medición permitirá definir más precisamente
si se trata de vaivenes propios de circunstancias
puntuales o si cualquiera de las dos tendencias logra imponerse.
El
análisis libre y comparativo del VAP sugiere, entonces,
nuevas perspectivas para examinar la calidad
de la prensa que dicen relación con su grado de
independencia de las diversas formas de organización
social. Un camino que está por explorarse y que
a la luz de los conocimientos actuales parecería
indicar que la información latinoamericana se debate
entre las ataduras políticas y los temas de entretención,
dejando de lado muchas otras perspectivas
que podrían contribuir significativamente a su desarrollo
y madurez.
La
fórmula VAP
Los problemas teóricos para
evaluar la calidad periodística son dos: encontrar
un fundamento ampliamente aceptado, a partir del cual
se puedan deducir valores y normas para la acción
de los medios, y formular un modo adecuado de cuantificar
el cumplimiento de los parámetros deducidos
a partir de ese rol.
En ese contexto, el equipo de investigación
de la Escuela de Periodismo buscó lograr un
instrumento capaz de sistematizar y evaluar el trabajo
que realizan los medios informativos de prensa y televisión,
y entregar una herramienta que aportara a la toma informada
de decisiones a nivel de administradores de medios,
periodistas, editores, el público y la academia.
El concepto de Valor Agregado Periodístico refleja
aquello que el trabajo profesional le aporta a la información
y que el público no puede obtener en un contacto
directo con el universo informativo.
Luego de más de once años de trabajos
con medios del país y del extranjero, el
VAP-UC ha concluido que los aportes insustituibles
del periodismo son: la constatación de que un
hecho publicado es real y que sus antecedentes están
entregados por fuentes confiables (llamado función
notarial de los medios), y la asignación de
sentido al universo
informativo al orientar al público dando jerarquía
y relación a los contenidos que se informan.
Las variables profesionales con las
que se cumplen estos objetivos pueden darse en cualquier
tipo de medio
y público, y dentro de toda definición
de línea editorial, misión y proyecciones.
El VAP-UC está sustentado en
un marco conceptual que concibe la información
periodística
en dos momentos: la mirada sobre la realidad, a partir
de la cual se la prioriza, y la construcción
de un mensaje a través del cual el público
puede formarse una imagen coherente del hecho informado.
La medición se hace a través de la
aplicación
de una ficha-fórmula de 54 variables, que
recoge los rasgos fundamentales de ambos procesos,
para una
posterior descripción de ellos, sobre una
base cuantitativa.
Actualmente, se está avanzando
en lograr un aporte adicional: la apreciación
del público.
En Argentina recibe el nombre de PCP y en Chile se
trata de un trabajo conjunto
entre la Facultad de Comunicaciones de la UC y Adimark
que recibe el nombre de Mediatrix.
Los
países y sus principales focos
En los diarios argentinos analizados
los temas de justicia y policía, espectáculos
y deportes (tradicionalmente vinculados a la prensa
popular) ocupan tres de los lugares principales en
la pauta. Así, en el período analizado,
predominaron las noticias sobre el desempeño
de los equipos de fútbol locales, el secuestro
de Nicolás Garnil y el incendio de un supermercado
en Paraguay.
El área política aparece representada
sólo por la cobertura de las acciones del gobierno,
mientras que la discusión en el Congreso y entre
los partidos queda fuera del foco de los medios. Ese
resultado fue interpretado por profesionales trasandinos
como coincidente con la baja credibilidad que tiene
la clase política
en el público de ese país. En un estudio
anterior (realizado en 2003), la distribución
de los cuatro temas principales era muy similar. Sin
embargo, mientras en 2004 Congreso y partidos políticos
corresponde a 1,5% de las notas de portada, en la medición
anterior representa 4,9% de ellas, lo que indicaría
que la importancia relativa de los partidos políticos
y el Congreso sigue disminuyendo en ese país.
Dos de los temas más «populares» coinciden
en la prensa chilena y la argentina: justicia y policía,
y deportes que se mantienen como los temas más
frecuentes tanto en 2003, como en 2004. En esta última
medición, Chile presenta
una pauta en la que tiene preeminencia el área
política, con protagonismo de la discusión
originada en el Congreso y los partidos. Este énfasis
representa un cambio respecto de la medición
anterior, en la que ninguno de estos temas aparecía
entre los cuatro más importantes y eran sustituidos
en relevancia por Internacional y Empresa, Comercio
e Industria. Es posible que este cambio se deba a la
proximidad de las elecciones municipales (el período
examinado está a seis meses de su realización),
aunque las campañas sólo aparecieron
tangencialmente en los diarios analizados. Podría
tener también el significado de una vuelta del
país sobre sí mismo, más que a
dar prioridad a los factores de globalización
que primaban en 2003.
Colombia presenta un perfil de
pauta distinto,
en el que llama la atención la ausencia del
gobierno (el único caso entre los cuatro países
analizados) unida a la presencia importante, aunque no
prioritaria, de Congreso y partidos políticos.
Los dos temas más frecuentes
son del área económica, que en total (junto
con el tema Trabajo y gremios) ocupa un 33,1% de las
notas. Se dio especial énfasis a las estrategias
de desarrollo de grandes empresas como las tabacaleras
y bancos y sus efectos sobre sus trabajadores.
Por otra parte, los cuatro temas principales
ocupan sólo el 45% del total de las notas (la
proporción más baja de los cuatro países),
lo que es signo de una pauta más rica y diversa.
A primera vista daría cuenta también de
un interés cultural más alto en el público
de ese país.
La distribución de temas en los medios peruanos
está orientada mayoritariamente a la cobertura
de la actividad política (Congreso y partidos,
Gobierno y Política exterior). Se trata, además,
de una selección de pauta mucho más focalizada
al ámbito político que la de los otros
países: los cuatro temas principales dan cuenta
de casi el 70% de la pauta de los medios analizados,
contra 45% en Colombia, 56% en Chile y 52% en Argentina. |
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