El futuro del ‘broadcasting’ comprende
mayores atributos para los usuarios, tanto en calidad de
imagen y sonido, como en la posibilidad de elegir los contenidos
que quieran, cuando quieran. Todo idealmente en una misma
plataforma portátil, al alcance de la mano.
Sergio Godoy Etcheverry | Facultad
de Comunicaciones UC
De
todos los medios de comunicación y tecnologías
más recientes disponibles, sólo la radio
y la TV (broadcasting en inglés) están presentes
en casi todos los hogares. En contraste, apenas un tercio
de los chilenos lee impresos, otro tanto está conectado
a internet y la mitad tiene celulares o teléfonos
de línea fija.
El futuro en este ámbito del
broadcasting es entonces especialmente importante. Cada
hogar cuenta con un par
de receptores de radio y de TV. Así, cada chileno dedica unas tres
horas diarias a exponerse a cada uno de esos medios, lo
cual suma casi seis horas al día. Un niño
promedio pasa más tiempo ante la pantalla que en
el colegio,
y alrededor del 70% de los chilenos se forma su noción
de «realidad» a partir de lo que ven en los
noticiarios de la televisión abierta.
El futuro del broadcasting «clásico» es
confuso no sólo por los cambios tecnológicos,
sino ideológicos,
regulatorios y corporativos. Parece muy complejo (y lo es),
pero a fin de cuentas tiene simplemente que ver con invertir
el modelo de comunicación del cual estamos hablando:
desde el un emisor-a-muchos receptores del viejo pregonero
en la plaza pública al muchos emisores-a-un receptor
activo de la Biblioteca de Alejandría. En otras palabras,
se trata una pugna entre dos maneras bastante antiguas que
los humanos usamos para comunicarnos.
Del pregonero a la tele
El
modelo comunicacional uno-a-muchos se origina con los oradores
o pregoneros que
emitían un mensaje
indiferenciado a una masa más o menos pasiva de
auditores en un lugar público, típicamente
una plaza. Cuando a fines del siglo XIX Marconi descubrió que
podía transmitir señales telegráficas
por el espacio sin necesidad de cables, replicó sin
querer el modelo del pregonero. Esta manera de comunicarse
es bastante eficiente para mensajes estandarizados, tales
como anuncios comerciales, reglamentos, historias ficticias,
sucesos
reales relevantes para la comunidad (como el Cantar de Mío
Cid en la España medieval) o difundir las artes escénicas
y musicales. Fue un efecto no buscado, porque el negocio
de Marconi era proveer comunicación instantánea
persona a persona, que es un tercer modelo de comunicación
que replica las conversaciones bipersonales cara a cara.
Originalmente, y al igual que el teléfono
(inventado en la década de 1870), el telégrafo
usaba cables. Eso permitía mantener los diálogos
en privado y cobrar por el acceso a la red de alambres
que conectaría a los participantes. Pero, al usar
el espectro electromagnético, los mensajes quedaban
al alcance de cualquiera que tuviera un receptor dentro
del área de cobertura.
Para colmo, a esa persona era imposible cobrarle.
Recién al fin de la Primera Guerra
Mundial (1914-1918) esta aparente desventaja de la telegrafía
inalámbrica
pasó a ser una fortaleza, al aprovecharse
el modelo de comunicación uno-a-muchos
común a las artes escénicas en general, la
prensa y las incipientes industrias cinematográfica
y fonográfica. Así nació la radiodifusión
o broadcasting: emitir (cast) a la redonda (broad). A fines
de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), este concepto
abarcaba también a la TV.
El problema de cómo financiar el broadcasting había
quedado resuelto en la década de 1920. Como era
imposible cobrarle a los usuarios, se recurrió a
terceros: al anunciante y al Estado. El anunciante pagaba
al emisor por acceder a lasaudiencias congregadas en torno
al receptor de radio o TV, aprovechando de emitir un mensaje
comercial contrabandeado en medio de los contenidos de interés
general que convocaban a esas audiencias. Ello obligó a
cuantificarla para vendérselas a los anunciantes.
Así nacieron los sistemas de medición de sintonía
y la hoy vilipendiada
«
tiranía del rating». En aquellos países
en que los caprichos de las masas eran mirados con desconfianza,
especialmente en Europa, se privilegió el financiamiento
estatal.
Hacia el modelo opuesto
El atractivo e influencia
de este modelo de comunicación
broadcasting fue y sigue siendo enorme. En los países
desarrollados, la radiodifusión vivió una
Edad de Oro entre 1930 y 1950 aproximadamente,
hasta que se impuso la TV abierta (copiándole descaradamente
el modus operandi y los programas). En los años
60 y 70, en Estados Unidos se decía que tener una
estación
de TV era una licencia para imprimir dinero, con rentabilidades
de incluso 50% anual.
Pero poco a poco una serie de cambios fueron
erosionando este modelo comunicacional. Las audiencias,
mejor educadas
que sus antepasados, empezaron a aburrirse con los mensajes
homogeneizados
de la radio y laTV. Con los transistores primero y circuitos
integrados después, los equipos receptores fueron
volviéndose cada vez más pequeños,
resistentes y baratos. El Walkman de Sony (en la década
de los 70) inauguró el consumo
personalizado de medios electrónicos. Esta tendencia
fue consistente con la fragmentación de las sociedades
industrializadas a causa de la menor natalidad, la incorporación
de la mujer al trabajo, la inmigración y la aparición
de nuevas tribus urbanas. Las personas ya no se reunirían
fácilmente en torno a una sola «plaza pública» como
antaño.
En lo político-económico, el viejo liberalismo
económico renació inesperadamente de la mano
de Thatcher y Reagan (y los Chicago Boys en Chile).
Hasta entonces, el broadcasting había estado bastante
protegido de la libre competencia, incluso
en EE.UU. Razones había varias, desde el miedo
a sus efectos supuestamente nocivos hasta las pretensiones
de proteger a la infancia de contenidos
indeseables, evitar los monopolios televisivos o fomentar
la cultura. Dejó de atribuírsele una alta
función social y pasó a ser concebido como
un negocio cualquiera. Su principal medida de éxito
sería satisfacer la demanda del consumidor, un ser
egoísta y socialmente aislado.
Así, se autorizó lo prohibido: que los grandes
inversionistas del sector financiero ingresaran
al negocio y formasen gigantescos consorcios
mediales. Y cómo no, si tener un canal de radio
o de TV había permitido «imprimir dinero
»
pocos años antes.
La llegada de otros actores
A partir de los 80 la competencia se volvió feroz,
pero su dinamismo gatilló la innovación tecnológica
y corporativa a niveles nunca antes
vistos. Se incluyó por primera vez a sectores tecnológicos
que hasta entonces habían estado aislados: la TV
por cable, la TV vía satélite, las telecomunicaciones
y la informática.
El cable había surgido en EE.UU. a fines de los
años 40 para llevar TV abierta a comunidades
rurales con problemas de recepción. Por no usar
espectro, estos pequeños sistemas de TV por suscripción
estaban mucho menos reglamentados
que la TV abierta. Los satélites de telecomunicaciones,
surgidos en los 60 cubriendo continentes completos, permitieron
unir a los cableoperadores aislados (y generar nuevos gigantes
mediales en los 80).
La aburrida industria informática
súbitamente
pasó a ser gravitante: su lenguaje binario de ceros
y unos («digital»), necesario para los tediosos
cálculos de producción industrial, podían
usarse para reconstituir texto, imágenes y sonidos.
Ellos no sólo quedaban registrados con mayor fidelidad,
sino que se requería menos espacio
para almacenarlos y transmitirlos. Los operadores de cable
y de satélite pudieron así multiplicar exponencialmente
su capacidad de acarrear señales. Y los monopolios
de telecomunicaciones
también se dieron cuenta de que su red de conexiones
telefónicas podían usarse para
nuevos negocios.
El futuro: ¿pregonero,
bibliotecario o ambos?
Así, el porvenir de la radio y la TV combina
dos fuerzas antagónicas: una que lo mantiene en
el modelo tradicional de la comunicación uno-a-muchos
y otra opuesta asociada al modelo de
internet de muchos emisores tratando de seducir
a un usuario activo y selectivo. Quitando los aspectos tecnológicos,
se trata de una pugna
entre el pregonero en la plaza y el bibliotecario de Alejandría
por atraer a los transeúntes. El pregonero brinda sus
contenidos de siempre,
aunque con mejor calidad de imagen y de sonido. También
ofrece modificar los horarios de los pregones, subdividir
la plaza entre varios
pregoneros simultáneos (algunos extranjeros,
para darle más variedad) y establecer un buzón
de sugerencias para ajustar sus discursos a los deseos del
oyente. El bibliotecario, en cambio,
ofrece ingresar a un recinto donde el usuario
podrá recorrer los contenidos en el ritmo y orden
que desee. Además podrá depositar en los estantes
sus propios escritos (por malos que sean) y contactar a otros
usuarios. Parece imbatible,
y en cierta medida así es.
Sin embargo, y pese a
las incertidumbres, el pregonero sabe que siempre habrá espacio
para
su oficio: elaborar buenos relatos de ficción, informativos,
musicales o escénicos es caro y complejo, y la manera
más efectiva de producir, comunicar y consumir a Shakespeare,
Mozart o el despacho periodístico del maremoto en
Indonesia
es usando el modelo de uno a muchos. Ello no impide que
esos mensajes también queden
disponibles en la Biblioteca de Alejandría. Ni tampoco
impide que, después de algunos refunfuños
iniciales, el pregonero y el bibliotecario
terminen asociándose.
CONVERGENCIA
EN LOS MEDIOS
Todo
en la palma de la mano
Los
límites de la industria informática
y la del contenido se desdibujaron: hoy todo
cabe en el computador, la Palm o el celular.
Francisco Fernández | Facultad
de Comunicaciones UC
Si nos fijamos en lo
que ha sido la electrónica de consumo en
los últimos cincuenta años, veremos
que los intentos por converger los distintos soportes
o contenedores de información han sido muy
variados: los muebles que incorporaban
radio, tocadiscos y parlantes en una sola unidad;
los difundidos equipos «3 en 1» que
agregaron el casete en la década de los
setenta, y los mini componentes de los años
80, algunos de los cuales llegaron a incluir un
televisor. Sin embargo, los discos sólo
podían escucharse en un tocadiscos y los
casetes en un deck, no al revés.
La convergencia, entonces, sólo existía
en el contenedor, el mueble que tenía todo
dentro.
Fue la digitalización de los contenidos
la que inició toda la revolución
en los medios de comunicación de la que
somos testigos. Ésta permite
convertir cualquier sonido, imagen o texto en lenguaje
digital binario, una serie de unos y ceros que
cualquier aparato digital es capaz de leer si tiene
el programa adecuado. Todo se inició de
forma masiva con el lanzamiento al mercado
del compact disc de audio digital, el CD, en 1982.
Toda la música que hasta entonces estaba
contenida en los surcos del disco de vinilo fue
convertida en series de unos y ceros, el lenguaje
universal de los computadores.
Y con ello, los límites
entre la industria de la informática y la
del contenido comenzaron a desdibujarse. A finales
de la década de
los ochenta el fenómeno de la convergencia
de estas industrias se hacía más
fuerte con la integración de una tercera,
la de las telecomunicaciones. Lo que unía
y aún une a todos estos actores es ese mismo
lenguaje digital, que permite que mucha información
se concentre en espacios muy pequeños,
con excelente calidad, sin que se gaste y con menos
posibilidades de error al ser reproducida. Una
muestra de ello es la televisión digital
terrestre, cuyo comienzo aún no está definido
en Chile. En ella, donde ahora cabe un solo canal
de TV analógica –como Canal 13, por
ejemplo–, con la codificación digital
podrán caber hasta cinco o seis canales
de televisión distintos. Las consecuencias
para la industria de los medios están a
la vista: mayor oferta de canales y una segmentación
del público, tal cual como ocurre con la
oferta de canales en la televisión por cable.
Una
sola plataforma
Sin embargo, la verdadera catalizadora que disparó
la convergencia como fenómeno fue la irrupción
de la World Wide Web en la primera mitad de la década
de los noventa. Entendida como una telaraña mundial
que une diversas redes y sus contenidos a través
de enlaces (links), la WWW se caracteriza por contener
en una misma página
web diversos soportes de contenido: texto, audio, video
e imagen fija. Esta convergencia de medios en una sola
plataforma y las posibilidades del usuario de interactuar
con el contenido, son algo que ni la prensa, la radio
ni la televisión han podido ofrecer adecuadamente.
En este sentido, la red se ha convertido en una versión
moderna y virtual de la plaza pública: en ella
encontramos el kiosco con las noticias, la cabina telefónica
para comunicarnos, realizamos tareas y compartimos información
con el resto.
Y dentro de la WWW, los buscadores
han sido los grandes protagonistas en los últimos
años.
El principal es Google, que en un constante estado
Beta (versión
de prueba) ofrece diversas salidas para las necesidades
del público: Gmail para correo electrónico,
noticias con Googlenews, Gvideo para intercambio y
venta de video, Blogger para los blogs o bitácoras,
y Google earth para ubicarse en el mundo, gracias a
una colección constantemente actualizada de
mapas e imágenes satelitales. Para todas estas
actividades se requiere estar frente a un computador
con una conexión
a internet, pero las últimas tendencias indican
que los dispositivos de acceso a los servicios de la
red serán mucho más portátiles
en el futuro. Las redes de acceso inalámbrico
a través
de Wi-Fi son cada vez más comunes en los espacios
públicos, pero el verdadero avance se espera
que sea a través del teléfono celular.
La idea es que por medio de este aparato el usuario
reciba información
personalizada
sobre lo que quiera, esté donde esté.
Y no sólo texto, sino que imágenes también.
Tanto Yahoo, como Google y MSN han desarrollado propuestas
para sacar más partido a los celulares que se
pueden
conectar a internet a través de WAP (Wireless
Application Protocol). El interés por desarrollar
más y mejores servicios para los celulares se
apoya en que la penetración de telefonía
móvil en Chile, por ejemplo, es de un 60%, el
doble de la que tienen los computadores en el hogar.
Otros
aparatos tan portátiles como un celular
son los reproductores de MP3, entre los cuales iPod
es el más conocido. Desarrollado por Apple,
ha vendido poco más de 40 millones de unidades
en el mundo –de los cuales 30 millones se vendieron
sólo en 2005– y su ventaja estriba en
el fácil uso del programa computacional para
conectarse a internet, digitalizar y comprar música
(iTunes). Los primeros modelos sólo permitían
escuchar música, pero actualmente también
muestran fotografías
y video.
La próxima convergencia que se concretará
este año será la de TiVo con las consolas
de videojuegos y los otros reproductores de MP3 portátiles
que permitan ver video. TiVo es una compañía
estadounidense que permite grabar de manera digital
en un disco duro la programación
de la TV saltándose los comerciales. De esta
manera, sin tener que conectarse a internet, se podrán
descargar las series favoritas que se grabaron digitalmente,
directamente a la consola de videojuegos portátil
o al reproductor portátil de música y
video.
La convergencia de los contenidos
en una misma plataforma se acerca rápidamente hasta que en
un futuro tengamos todo, literalmente, en la palma
de la mano. |
LEER
MÁS
» Roger Fidler (1997): Mediamorphosis, Pine Forge Press, Thousand Oaks
(Ca), 1997.
» Angélica Heredia y Cristóbal Marín (1999): «Rusell
Neumann: La convergencia no es ciencia-ficción», en Cuadernos de
Información Nº13, Escuela de Periodismo UC, Santiago.
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