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ÚLTIMA EDICIÓN DEL ‘ATLAS DE CHILE’
El nuevo autorretrato

Aunque Chile se adelantó en América Latina al dar a conocer un moderno atlas nacional en 1966, éste sólo se había actualizado en 1982. En 2005 se publicó una nueva edición de este importantísimo documento –clave en la formación de una imagen fundamentada del país–, publicado, como es tradicional, por el Instituto Geográfico Militar. Aquí, una reseña de las novedades de esta edición; entre ellas, nuevos mapas temáticos de las regiones y mosaicos sobre la expansión de las ciudades.

José Ignacio González | Director del Instituto de Geografía UC

Los primeros atlas nacionales provienen de países «jóvenes» e imbuidos de un fuerte espíritu nacionalista, como Escocia y Finlandia, que publicaron sus atlas en 1895 y 1899, respectivamente. Su ejemplo fue seguido muy pronto por Canadá, la entonces Checoslovaquia, Alemania y Francia, entre otros.

Chile publicó su primer Atlas de la República de Chile en 1966, bajo la responsabilidad del Instituto Geográfico Militar. En 1982 se llevó a cabo una nueva edición, que incorporaba mapas temáticos generales y una descripción de las regiones, de acuerdo con la regionalización iniciada en 1974.

Durante la década de los 90 no hubo una nueva publicación; la actual, del año 2005, presenta un notable avance en relación con la anterior, y su diseño se asemeja a los más modernos atlas nacionales, como los de Alemania y España.

En cuanto al contenido, sus cuatro capítulos traen novedades. El primero, con elementos para que el lector se forme una imagen de la generación y formación del territorio, así como de su ocupación y límites, es novedoso por la forma gráfica como entregan los datos. En el segundo, destaca el mapa que representa el Chile físico a una escala de 1:1.000.000, por cuanto el ámbito territorial se muestra sobrepuesto a una cobertura satelital, lo que permite diferenciar con facilidad los diferentes paisajes del país.

Pero es el tercer capítulo, de mapas temáticos, el que le otorga a esta edición su carácter distintivo, mediante una veintena de mapas a escala 1:4.500.000, acompañados de ilustrativos cuadros y gráficos. Ellos abordan diversos temas actualizados de la geografía nacional: la geología, la división político-administrativa, el volcanismo, la sismicidad, la minería, el transporte y las comunicaciones, la densidad de población y el turismo. También incluye algunos tópicos que se presentan por primera vez, como la biogeografía, las amenazas naturales, los aspectos demográficos y el índice de desarrollo humano.

El último capítulo es una síntesis de cada una de las regiones, en el ámbito natural, económico, de salud, educación, ingresos, características demográficas, amenazas y problemas ambientales, y turismo. Aunque algunas partes integraban el Atlas Geográfico de Chile publicado también por el Instituto Geográfico Militar y Barsa Planeta en 2003, éstas han sido mejoradas y aumentadas. Especial mención merecen los mosaicos que muestran la expansión urbana de las capitales regionales, aspecto que, aunque estaba incorporado en la edición 1982, ahora adquiere especial connotación en algunas ciudades como Iquique, Copiapó, La Serena, Santiago, Rancagua, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.

El objetivo central de los atlas nacionales no ha variado en lo sustancial: ayudar a la comprensión de la singularidad del territorio de una nación. Sin embargo, en el presente ellos también pretenden contribuir a mejorar la gestión de quienes actúan en y sobre el territorio, y a elevar la calidad de vida de sus habitantes.

Por lo mismo, es a todas luces necesario que esta contribución del Instituto Geográfico Militar sirva para incentivar la publicación de otros atlas, ahora a nivel de regiones y ciudades de Chile, como es común en los países desarrollados. Esto, para que sus habitantes conozcan la realidad en la que están insertos y se consoliden las identidades territoriales que toda región o ciudad debe tener.

 
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