| Los
primeros atlas nacionales provienen de países «jóvenes» e
imbuidos de un fuerte espíritu nacionalista, como
Escocia y Finlandia, que publicaron sus atlas en 1895 y
1899, respectivamente. Su ejemplo fue seguido muy pronto
por Canadá, la entonces Checoslovaquia, Alemania
y Francia, entre otros.
Chile publicó su primer Atlas
de la República
de Chile en 1966, bajo la responsabilidad del Instituto Geográfico
Militar. En 1982 se llevó a cabo una nueva edición,
que incorporaba mapas temáticos generales y una descripción
de las regiones, de acuerdo con la regionalización
iniciada en 1974.
Durante la década de los 90 no hubo
una nueva publicación;
la actual, del año 2005, presenta un notable avance
en relación con la anterior, y su diseño
se asemeja a los más modernos atlas nacionales,
como los de Alemania y España.
En cuanto al contenido,
sus cuatro capítulos traen
novedades. El primero, con elementos para que el lector
se forme una imagen de la generación y formación
del territorio, así como de su ocupación
y límites, es novedoso por la forma gráfica
como entregan los datos. En el segundo, destaca el mapa
que representa
el Chile físico a una escala de 1:1.000.000, por
cuanto el ámbito territorial se muestra sobrepuesto
a una cobertura satelital, lo que permite diferenciar con
facilidad
los diferentes paisajes del país.
Pero es el tercer
capítulo, de mapas temáticos,
el que le otorga a esta edición su carácter
distintivo, mediante una veintena de mapas a escala 1:4.500.000,
acompañados de ilustrativos cuadros y gráficos.
Ellos abordan diversos temas actualizados de la geografía
nacional: la geología, la división político-administrativa,
el volcanismo, la sismicidad, la minería, el transporte
y las comunicaciones, la densidad de población y
el turismo. También incluye algunos tópicos
que se presentan por primera vez, como la biogeografía,
las amenazas naturales, los aspectos demográficos
y el índice de desarrollo humano.
El último
capítulo es una síntesis de
cada una de las regiones, en el ámbito natural,
económico,
de salud, educación, ingresos, características
demográficas, amenazas y problemas ambientales,
y turismo. Aunque algunas partes integraban el Atlas Geográfico
de Chile publicado también por el Instituto Geográfico
Militar y Barsa Planeta en 2003, éstas han sido
mejoradas y aumentadas. Especial mención merecen
los mosaicos que muestran la expansión urbana de
las capitales regionales, aspecto que, aunque estaba incorporado
en la
edición 1982, ahora adquiere especial connotación
en algunas ciudades como Iquique, Copiapó, La Serena,
Santiago, Rancagua, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas.
El
objetivo central de los atlas nacionales no ha variado
en lo sustancial: ayudar a la comprensión de la
singularidad del territorio de una nación. Sin embargo,
en el presente ellos también pretenden contribuir
a mejorar la gestión
de quienes actúan en y sobre el territorio, y a
elevar la calidad de vida de sus habitantes.
Por lo mismo,
es a todas luces necesario que esta contribución
del Instituto Geográfico Militar sirva para incentivar
la publicación de otros atlas, ahora a nivel de
regiones y ciudades de Chile, como es común en los
países
desarrollados. Esto, para que sus habitantes conozcan la
realidad en la que están insertos y se consoliden
las identidades territoriales que toda región o
ciudad debe tener.
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