reseña

A pie y a mano por la gráfica popular
Manuel Córdova
Modesto-Estupendo
Junta Editorial de las Comunas Unidas, Santiago, 2005, 164 páginas.

El libro que nos ocupa representa un testimonio de la inquietud suscitada al interior de la enseñanza del diseño a partir de los años 90 en torno a un concepto acuñado desde la práctica y utilizado de forma muy amplia. Hablamos de la «gráfica popular».

¿ Resulta posible aludir o agrupar bajo esta denominación – como ha ocurrido– a referentes como las liras populares, la pintura de letreros y fachadas comerciales, el rayado callejero, el mural político, el panfleto, el papelógrafo, el graffiti o el stencil?

Si entendemos la gráfica en un sentido tradicional, ella involucra en forma directa a la reproducción técnica, y visto desde tal perspectiva, no todo lo referido como «gráfica popular» podría ser llamado así; sonarían con mayor fuerza términos bastante desplazados hoy del diseño, como «grafismo » y «rotulación», otrora comunes en el área.

Por otro lado, entendemos que muchos lenguajes asociados a la manualidad y al desarrollo de procedimientos alternativos a la imprenta y los medios masivos tuvieron la capacidad de fijar en la memoria colectiva distintos imaginarios. Así, el denominador « gráfica popular» ha sido utilizado para aludir expresiones representativas de diversos sectores no hegemónicos de la sociedad chilena, que en momentos distintos se han valido de estos recursos para adquirir visibilidad bajo múltiples fines: han graficado necesidades, anhelos colectivos, expectativas de progreso social, promovido servicios o formas de intercambio, o sencillamente manifestado una voluntad de presencia en el espacio público.

En una época donde las grandes tecnologías de la información nos enfrentan a la hipervisibilidad de diversos y numerosos referentes, y donde las herramientas de la comunicación otorgan idéntica presencia tanto a una oficina unipersonal y autogestionada como a las grandes entidades transnacionales, esfuerzos como Modesto-Estupendo pueden contribuir de manera significativa a una nueva convivencia e interacción del diseño local con su contexto. Esto, ya que apunta al reconocimiento y la identificación, por sobre la modernización espejeante que promete un mundo «más comunicado» e «integrado».

Este libro no es un catálogo o una publicación orientada al rigor documental. La ausencia de índice, numeración de páginas y lecturas de imagen, deja en claro que, más allá del recorrido lineal, se propone al lector elegir el camino que estime conveniente; se puede ingresar por el centro o la periferia. De hecho, la ausencia de los hitos orientadores antes señalados emplaza a transitar libremente por las visiones de mundo que Modesto-Estupendo recoge. La obra adquiere el carácter de una ciudad o barrio que nunca se termina de conocer, donde se queda expuesto de forma permanente al extravío y, por ende, a la búsqueda de pistas.

Al inicio y al final de la publicación se encuentra el detalle sobre la gestión del proyecto, los recursos humanos, técnicos y económicos que posibilitaron su realización, y ello permite comprender que el nombre de fantasía elegido por Córdova para la editorial buscó eludir un carácter excesivamente institucional o académico, proponiendo en cambio una denominación más cercana a una gran junta de vecinos, integrada por familias, pobladores, comerciantes, pintores y diseñadores. Una alusión a aquella vieja premisa del «poder popular», aunque desprovista de cualquier afán proselitista o panfletario, que nos recuerda las opciones de una actividad como el diseño para construir –o reconstruir– tejido social. Una tarea para la casa.

Al principio, además, se ubican tres textos, escritos por Luis «Tono» Rojas, el autor y Rafael Gumucio; al final, se lee un texto de Guillermo Tejeda. «Tono» Rojas aporta la mirada de una generación que desde la docencia y el medio profesional ha propuesto un diseño en diálogo constante con la ciudad; Manuel Córdova entrega los pormenores de la publicación en un lenguaje emotivo, y Rafael Gumucio nos lleva, con sus apresuradas palabras, a la idea de estar leyendo a bordo de una micro. Al otro extremo, el texto de Tejeda adquiere el formato de un glosario sobre la relación de docencia, amistad y trabajo entablada con el autor en la Escuela de Diseño de la Universidad de Chile.

En las páginas centrales, nos enfrentamos a una selección del trabajo que Córdova –junto a un equipo– llevó a cabo entre 2002 y 2004, que le permitió reunir alrededor de seis mil imágenes, gracias a largos trayectos a pie por numerosos lugares de Santiago. Aparecen así distintos productos y servicios, entre los que destacan talleres asociados a mecánica automotriz o de precisión, reparación de electrodomésticos, línea blanca, bicicletas, vulcanización, cerrajería y zapatería; la comercialización de repuestos y piezas; las peluquerías; los restoranes, cafés con piernas y cibercafés. Salen a nuestro encuentro versiones no oficiales de la cultura de masas mundial, como el conejo de Playboy, Pepe Grillo, el Pato Donald y Lady Di. También adquieren presencia exponentes locales como Aluminio El Mono, «Los Tachuelas», Daniel Vilches, el «Chino» Ríos, las señoritas de los cafés y la locomoción colectiva. Quizá las tres imágenes que tienden a escapar en demasía del total son el detalle de un papelógrafo (pp. 38-39), por toda la carga política que éste involucra; la figura de la Virgen de Fátima (p. 93), pues se vincula a una iconografía de mucho peso en la cultura popular, que podría ser motivo de otra publicación, y la revisión del motor de una micro (p. 111), aunque este último caso puede tratarse de un saludo del autor a una de las personas que conoció a lo largo del proceso.

Si en algunas páginas el registro logra situarse con una objetividad al margen de cualquier pretensión autoral, en otras lo que vemos es el punto de vista de distintos colaboradores invitados a participar en el libro. Las «pasadas de mano» conforman así un relato paralelo a la «gráfica popular». La calle se va quedando en capas posteriores y la publicación se aproxima al devenir reciente del diseño en las escuelas, donde parecemos asistir a una entrega o corrección de taller y, tras varias páginas, perfectamente podría estar el muro de la sala o el entorno de trabajo de cada diseñador. El libro se muestra, entonces, como un lugar de convergencia – y convivencia– entre lo observado y las distintas miradas e interpretaciones del grupo que colaboró en cercanía a Córdova; un encuentro entre la «gráfica popular» y la enseñanza o, mejor dicho, el aprendizaje del diseño local en el último tiempo.

Por lo anterior, debemos reconocer lo suyo a Modesto-Estupendo. Si la publicación se arriesga al forcejeo entre un carácter documental, por un lado, y la intervención de jóvenes diseñadores, por otro, también es muy representativa de una formación que ha trabajado con ahínco por reinventarse, mirándose al espejo en baños de picadas y bares, caminando la ciudad, y que durante más de una década ha sido objeto de los prejuicios y la distancia del establishment administrativo del diseño local. Por sobre cualquier aspecto formal o comentarios descriptivos respecto a tal o cual página, el libro ha tenido la capacidad de generar discusión, controversia y apertura de sentidos. Más que un catastro o un texto de consulta, es una experiencia testimoniada para movilizar percepciones, sensaciones e intuiciones, antes que una entrega regular de datos con afán teórico, tarea de largo aliento que esta publicación no tiene por qué asumir.

EDUARDO CASTILLO

ver sumario completo


 
 
   « volver