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ESTUDIANTES EXTRANJEROS DE POSTGRADO
¿Estudia y se va? ¿O se queda?

El surgimiento de las ciudades globales, como territorios competitivos que, junto con captar inversión extranjera y servicios de alta calidad atraen capital humano en forma de ‘migrantes’ internacionales altamente calificados, constituye una crucial oportunidad de desarrollo para esas ciudades y los países a los cuales ellas pertenecen. Pero no basta con atraerlos; hay que saber retenerlos.

Claudia Rodríguez Seeger y María Elena Ducci Valenzuela| Instituto de Estudios Urbanos UC

Con frecuencia creciente los mundos político, académico e incluso empresarial se refieren a los requerimientos de recursos humanos altamente calificados, capaces de hacer frente a los desafíos científicos, tecnológicos y sociales que exige un mundo globalizado fuertemente competitivo, complejo y en permanente cambio.

El presente estudio buscó su captación y posibilidades de retención en Chile, a través de las migraciones de estudiantes de postgrado que se concentran en Santiago, donde se localizan sus universidades preferidas: la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

A través de una muestra de 98 alumnos de postgrado extranjeros (un quinto del total), que estudiaban en esta última en el año 2004, se investigó la visión que ellos tienen de la ciudad y de los santiaguinos, así como su proyección profesional futura en este país.

La dudosa Santiago
Santiago tiene potencial para convertirse en una ciudad gravitante para estudios de postgrado a nivel latinoamericano. Se sitúa en un país valorado en la región y presenta una oferta educacional atractiva para estudios avanzados. La ciudad otorga seguridad al extranjero, concentra actividades económicas, culturales y recreativas, servicios y comercio y, en general, se considera limpia, ordenada y segura.

A menudo, políticos y estudiosos la califican como de «clase mundial» y aparece entre las ciudades líderes en varios rankings realizados en la región.1 Destaca, especialmente, su primer lugar entre las ciudades latinoamericanas según su aptitud para hacer negocios, clasificación de la revista América Economía 2004 y 2005.

Webster y Müller2 consideran que los recursos humanos constituyen uno de los cuatro activos de la competitividad de una ciudad, junto con su estructura económica, atributos territoriales y medio institucional. Sostienen que la competitividad en los recursos humanos está dada por sus niveles de destreza, disponibilidad y costos de trabajo, calidad de la educación, entrenamiento y número de estudiantes graduados. En concordancia con lo anterior, Papademetriou señala que las empresas centradas en productos basados principalmente en el conocimiento pueden ampliar sus operaciones a cualquier lugar donde abunde el principal producto intangible que requieren: los trabajadores del conocimiento: «Aquí nace el gran interés por los extranjeros calificados y talentosos y las intenciones de aumentar la competencia por ellos...».

Existen evidencias del aumento de las inmigraciones foráneas a Santiago, al punto que absorbe dos de cada tres inmigrantes internacionales al país; además, la escolaridad media de sus inmigrantes es mayor que la de los emigrantes y que la de los no emigrantes, por lo cual «el balance neto en materia de recursos humanos calificados por migración favorece a Santiago».

Pero los estudiantes de postgrado extranjeros ¿estudian en Santiago por la ciudad o a pesar de la ciudad? ¿Se puede considerar su llegada como una ganancia de cerebros («brain gain») para la ciudad y el país?

La seducción de Santiago para emigrantes altamente calificados se ve amenazada por características propiamente urbanas, tales como la contaminación o los problemas de transporte y, por otra parte, por rasgos propios de los santiaguinos que apuntan específicamente a la discriminación frente al emigrante extranjero. A lo anterior, se debe agregar un mercado estrecho para recursos humanos altamente calificados, lo que afecta tanto a postgraduados extranjeros como chilenos.

De esta forma, si bien una parte importante de los estudiantes de postgrado extranjeros que llegan a Santiago se plantea la posibilidad de permanecer en esta ciudad o en el país, otros manifiestan dudas o bien están decididos a no residir en Chile. Por lo mismo, no puede hablarse con certeza de ganancia de cerebros. En cualquier caso, existe la intención de continuar en contacto con el país, la ciudad y la universidad, lo cual asegura –al menos– la circulación de cerebros y sus consecuentes beneficios.

Pasajeros en tránsito
El presente estudio se limitó a la Pontificia Universidad Católica de Chile por razones de facilidades logísticas entregadas por esta institución a las investigadoras.5 Los 98 alumnos de postgrado encuestados eran en su mayoría latinoamericanos (93%); el resto provenía preferentemente de Europa. En general, eran adultos jóvenes (72% entre los 26 y los 35 años de edad), con preeminencia de solteros (70%) y un leve predominio de mujeres (52%).

Estos flujos obedecen tanto a factores de repulsión de sus países (limitaciones para continuar estudios o desarrollarse profesionalmente), como de atracción en el lugar de destino (relevancia de Santiago como sede de la universidad de acogida). La falta de financiamiento para los estudios surgió como un obstáculo importante para concretar la migración.

No todas las migraciones aparecen como movimientos totalmente libres. A veces, el lugar de destino ha sido impuesto por las instituciones de financiamiento o bien por los empleadores, y también se producen migraciones como consecuencia de decisiones familiares, que redundan en que el individuo en cuestión deba emigrar y opte por realizar estudios de postgrado en el lugar de destino de la familia. Estas situaciones se acercan a los llamados «constraints models».

Lo anterior, sin embargo, no es la regla general. La localización de universidades de prestigio en Santiago, con una amplia oferta de estudios de postgrado, en el contexto de un país económica y políticamente estable y seguro, convierten a la capital de Chile en una atractiva opción para emigrantes latinoamericanos altamente calificados, que desean continuar perfeccionándose en un nivel avanzado.

Entonces, ¿podemos hablar de «brain gain»? O, más bien, ¿está Chile perdiendo la oportunidad de captar recursos altamente calificados para su desarrollo («brain drain»)? ¿Puede la capital de este país llegar a ser suficientemente atractiva como para retener al tercio de postgraduados que cuestionan permanecer en Chile?

Sin duda, la capital debe superar en forma más drástica sus problemas de contaminación y transporte, y estar alerta a las manifestaciones de discriminación hacia ciertos grupos de extranjeros. Por otra parte, también es necesario generar un mercado laboral atractivo para los recursos humanos altamente calificados, que permita su permanencia más allá de su período de formación. Lo anterior no sólo contribuiría a retener a los extranjeros instruidos en Chile, sino también a evitar que los propios chilenos formados en el país emigren al mundo desarrollado, posibilitando, además, que los chilenos con estudios avanzados en el extranjero regresen a su país. Sólo entonces podríamos hablar de «brain gain».


Satisfacción con la ciudad de Santiago

Segura y contaminada. En general, Santiago es una ciudad que agrada al migrante latinoamericano, quien aprecia especialmente su seguridad, orden y limpieza. Si bien los migrantes no vienen a estudiar por la ciudad, sino por la calidad de los programas de postgrado y el prestigio del país en términos de su educación superior, estabilidad económica, etc., ella resulta un entorno atractivo para el estudiante de postgrado. No obstante, la capital chilena es fuertemente criticada por su contaminación, el transporte colectivo (exceptuando el metro) y la congestión vehicular.

Estudio y calabaza. Muchos extranjeros permanecen en Santiago a pesar de sus residentes, a quienes atribuyen características propias del habitante de las grandes ciudades, como estresados, fríos, desconfiados, agresivos y faltos de identidad. Otro rasgo que dificulta la inserción de estos migrantes en la sociedad chilena, y que es más preocupante, se relaciona con la discriminación que éstos perciben, ya sea por nacionalidad, raza o clase social. Estas características del santiaguino resultaron ser un argumento importante para varios de los encuestados, quienes habían decidido abandonar Chile después de finalizados sus estudios. Sin duda, con esto los santiaguinos no contribuyen a que la capital se consolide como «ciudad de clase mundial» para estudios de postgrado, aun cuando se valoren sus universidades y el país. En efecto, a la luz de la muestra analizada, una cuarta parte de los migrantes deseaba permanecer en Chile, un tercio de ellos no estaba seguro y otro tercio quería volver a su país, o bien tenía intención de seguir rumbo a un tercero.

Principales problemas de la ciudad de Santiago

Quedar en contacto. Resulta importante propiciar que los extranjeros formados en Chile mantengan al menos los vínculos profesionales o académicos, de manera que sea posible la circulación de cerebros o brain circulation, con el intercambio de conocimiento y habilidades que ello implica. En el caso de la muestra analizada, todos los encuestados que pretendían abandonar Chile (salvo uno), manifestaron su intención de continuar en contacto con el país, inclinándose la mayoría hacia la mantención de vínculos profesionales, tal como lo explica un estudiante de Doctorado en Matemática: «Sería grato mantener vínculos laborales con ciertos investigadores concretos que he tenido el gusto de conocer. Su calidad humana y de trabajo es excelente. Me gustaría volver al país por períodos breves de tiempo para interactuar con dichas personas...»

Chile como opción de futuro

 

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