Tradición e innovación en los medios
Señor Director:
Como ex alumno de la Escuela de Periodismo UC y lector de la REVISTA UNIVERSITARIA, los quiero felicitar por el número 90 que coloca bien la tradición y la innovación en los medios.
Desde la «porfía» de los diarios a morir que explica Eduardo Arriagada, al auge de los blogs y los diarios participativos que describe Jorge Domínguez de Atina Chile (yo agrego ElRancahuaso.cl), aprendí que lo insustituible es la capacidad de informar con fuentes (la crítica a Chile que se desprende del estudio de Silvia Pellegrini y Constanza Mujica) y el imperativo de orientar con mirada positiva, más allá de «pregoneros» a «bibliotecarios» (Sergio Godoy), en ésta o la mixta analógico-digital. Al final, decir la verdad, abrir mundos y orientar con crítica esperanzadora, constituyen lo permanente para enfrentar sin miedo los nuevos medios.
Esteban Valenzuela Van Treek
Diputado Distrito Nº32
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Una democracia informativa
Señor Director:
En los hechos prácticos, la información está íntimamente unida a la sociedad que la genera, aportando seguridad cuando se puede estar al tanto de lo que sucede, como lo confirman los valiosos artículos recogidos en REVISTA UNIVERSITARIA Nº90 sobre el futuro de los medios de comunicación.
Ellos nos describen la incontenible marea de información que hoy nos acosa, y también tienen el mérito de definir, acotar y comparar distintas realidades noticiosas que, al penetrar el poder, lo hacen más permeable a la opinión pública al mismo tiempo que la opinión misma puede ahora exigir mejor comportamiento a quienes lo detentan.
Es una nueva democracia, que sustituye el anterior chorreo noticioso –filtrado desde la autoridad– por la actual democracia informativa, cuando todos leen fuentes diversas y cada vez hay más individuos que se interesan porque desde el blog de un sitio virtual su opinión puede ser debatida en público y, a veces, escuchada.
La nueva democracia será más hija de la información interactiva que del voto personal, porque la interactividad llegará a ser cotidiana, como un hábito mas.
Felicitaciones a la revista, por abrir un paisaje inédito en la comunidad nacional.
Ramón Delpiano
Arquitecto
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Genética y genealogía
Señor Director:
Es muy interesante el artículo «Un mapa marcado con genes» (REVISTA UNIVERSITARIA Nº90), referido al proyecto genográfico, del Dr. Manuel Santos, el que se analizó en reunión del Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas por tener una relación con nuestras preocupaciones.
La genealogía, basada en fuentes documentales escritas, ayuda en determinados casos a la investigación genética, la que a su vez puede servir para establecer paternidades o parentescos dudosos; también en reconocimiento de restos humanos como, por ejemplo, los del Almirante Don Cristóbal Colón, no concluidos, mediante análisis de ADN. Sin embargo, debido a su misma limitación, puede remontarse algunos siglos, pero no milenios, en el estudio de la ascendencia biológica de cualquier ser humano y sus migraciones. Ya sea por medio de la filiación paterna, materna o de un amplio árbol de costados, es imposible documentar la multitud de ascendientes que cada cual posee.
Un niño nacido en 2000, a quien lo separan unas 60 generaciones de Cristo, con un cálculo promedio de 33,33 años cada una, tiene un árbol genealógico ascendente de 260, lo que da una cifra que supera el trillón de abuelos. Esto es parecido a la leyenda del monarca indio que quiso recompensar al inventor del ajedrez, quien le pidió, modesta mente, duplicar un grano de arroz puesto en el primer casillero del tablero y así sucesivamente hasta el casillero final, el 64. Aquella insignificancia inicial se convirtió en 18 trillones 446.744 billones de granos, y la cifra total en el tablero es de 36 trillones 893.488 billones.
Lo anterior implica la mezcla de todas las variaciones étnicas, y la reiterada consanguinidad de la especie, aun más si descontamos las personas infértiles. Es la endogamia la que conformó y reforzó las variedades, en lo que incidió la adaptación al medio en que esos antepasados vivieron. Esto significa que, en el pasado remoto y no tanto, compartimos el cien por ciento de nuestros ascendientes. De tal forma, la genealogía, a medida que remontamos atrás en el tiempo, pierde el sentido elitista y confirma el parentesco del género humano, concordando con el principio de fraternidad del cristianismo.
En el mundo occidental la identificación de antepasados es más o menos posible hasta mediados del siglo XVI, gracias a las disposiciones del Concilio de Trento, que obligó a las parroquias a registrar los sacramentos impartidos por la Iglesia Católica. Indudablemente, existen otros documentos que en ciertos casos pueden suplir aquellos para la identificación de antepasados pero, en general, sólo quedan rastros de aquellos que tuvieron más importancia social y, por tanto, dejaron huellas de su devenir. Remontarse más es condición de contadas grandes familias y debido a su endogamia existe una mayor constancia de antepasados. De todos modos, es un suspiro en la larga existencia de la Humanidad.
Por tal razón, no nos sorprende que todos descendamos de la Eva mitocondrial, y nos parece valioso y muy interesante conocer las líneas de desplazamiento de la humanidad a partir de ella.
Los genealogistas tenemos un universo más modesto a disposición, pues nos basamos en la genealogía inmediata, aproximadamente 15 generaciones (32.764 antepasados) en un pretérito de cinco siglos. Pese a esta corta distancia, ella es un elemento útil para entender la historia y los fenómenos sociales.
A través de parentescos que puedan existir por cualquier línea ascendente, es posible llegar a tiempos anteriores. Esto, si bien da satisfacción, como, por ejemplo, averiguar que se desciende de Carlomagno, no nos posibilita una apreciación global, como sí podemos tenerla sin remontarnos a tal extremo.
Quizás con este proyecto genográfico de antropología genética se logre esa dimensión, que trasciende la genealogía histórica.
Dr. Isidoro Vázquez de Acuña
Presidente Instituto Chileno de Investigaciones Genealógicas |