reseña

Urgencia sobre Lihn
Enrique Lihn
Una nota estridente
Edición, epílogo y notas de Matías Ayala. Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago, 2005, 111 páginas.

La historia de Una nota estridente es la de un hallazgo. Gracias a la curiosidad y rigor de su editor, Matías Ayala, se reúnen en este libro los poemas que iban a ser editados en 1973 bajo el nombre de Álbum de toda especie de poemas, título que fue utilizado, por decisión del mismo Lihn, en la compilación que la editorial Lumen publicó de manera póstuma en 1989.

Para materializar este hallazgo fue necesario dar con antiguos archivos del autor repartidos en diversas antologías, traducciones, revistas y manuscritos guardados por la Fundación Getty, gracias a lo cual es posible disfrutar de un texto no sólo preciado para los lectores habituales de Lihn, sino que también completa y abre el puzzle de la poética y la estética lihneana.

Escrito entre 1968 y 1972, época en la que Lihn publicó dos de sus obras fundamentales, Escrito en Cuba y La musiquilla de las pobres esferas (ambos de 1969), el libro en cuestión se acerca a aspectos abordados en esos textos, como la relación de la literatura y el poeta con la realidad y el contexto en que se inscribe.

Como bien señala Ayala en el epílogo del libro, la urgencia en la escritura de Lihn es una idea que se arrastra y palpa en cada verso; esa urgencia que en Por fuerza mayor (publicado en España en 1975) se traduce en la contingencia política chilena y que en este libro anterior aborda todas las posibilidades del hablante: la urgencia de lo no dicho, del amor frustrado y de la palabra necesaria y consciente del poeta.

En este sentido, el título del libro es un acierto: la notación musical chirriante, la palabra poética, el susurro de un lenguaje que da cuenta de su compleja e incierta posibilidad al situar sus contextos de producción, circulación y recepción (Ayala dixit) y que al mismo tiempo corrobora las variaciones de un autor tremendamente ácido, autorreflexivo y melancólico. Todo esto pone sobre el tapete la urgencia por releer y redescubrir a Enrique Lihn.

Esto, porque Una nota estridente (así como toda la poesía de Lihn) activa y supera
la circunstancia en que fue escrito. En este sentido, nos instala frente a determinados acontecimientos políticos (en este caso, la guerra de Vietnam y la situación cubana, como en «Guerra», «Spelman», «Cuba, 1969» y «La revolución es») sobre los cuales interfiere a modo de comentario y colofón, enfrentando la nostalgia ideológica justamente desde esa nota aguda, desconcertante y crítica que es su poesía.

No es extraño entonces que las líneas argumentales que cruzan el libro sean precisamente el poema y su(s) escribiente(s): una enunciación particular que intenta generar una escritura en la conciencia de su imposibilidad: «El poema no escrito que se ríe del verbo/ paraliza mi mano sobre el papel en blanco./ La cabeza es un bosque, otra vez, y la mano, un insecto con el que juega/ la monstruosidad/ y de la lengua escapan las palabras que la acosan/ como de un pobre diablo sus sueños de grandeza.»

En este fragmento inicial del extraordinario poema «Bosque», alegoría y metáfora se cruzan como un ejercicio que delimita el sueño de la poesía; poetizar es también pensar y accionar de un modo oblicuo, en tanto ese sujeto sin nombre y torturado por una infinitud de pensamientos choca de golpe con el mundo material que busca comentar.

Comentario, evocación, imposibilidad: éste es un sujeto extrañado, víctima de su propio exilio pero también de la conciencia de un ser que se enfrenta a la certeza de no ser en el otro y de la ausencia como constante, como sucede en «Puesta de sol con dedicatoria» y «A fuerza de su azul el mar de la tarde y qué».

La estridencia de la lengua es también la estridencia de la poesía. El fracaso no es sólo el del lenguaje. En Una nota estridente nos queda claro, más allá de las complejidades inabordables en pocas páginas, que ese fracaso patentado en La musiquilla de las pobres esferas y puesto al frente al extremo en Escrito en Cuba, supera la urgencia inmediata y nos sienta frente a un sujeto cuya capacidad apelativa traspasa las circunstancias en que fueron escritos estos poemas, no sólo por su valor estético, sino sobre todo porque nos sitúan de nuevo ante ellas: éste es un poeta que ha de ser abordado sin escapatorias; no podemos dejar de sentir y resentir el tirón de orejas que Lihn le hace a Lihn.

Una nota estridente permite continuar un camino de lectura repleto de aparentes desvíos, pero cuya materia vuelve a ser reconstruida hasta el último libro publicado del autor (Diario de muerte, de 1988); es un camino que excede la poesía, que nos habla de literatura y arte, de una visión política y estética del mundo incomprendida en su momento de recepción inmediata. La distancia entre la producción de este libro y su (re)circulación incitan no sólo las congratulaciones por un excelente acierto editorial, sino que, sobre todo, rearticulan la urgencia sobre Lihn y las variaciones de su palabra poética

FRANCISCA LANGE
Universidad Diego Portales

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