| Dossier |
Vivir la calle
Comenzamos con calles rectas, despejadas e iluminadas, cristianas, destinadas a superar las oscuras y laberínticas de los paganos que parecían propicias para ocultar o favorecer pecados.
Hoy, más de cuatro siglos después, son otras las demandas de quienes circulan, viven, trabajan o, incluso, hacen arte en ellas. Las seguimos necesitando porque, como dijo Benjamín Vicuña Mackenna, pasamos un tercio de nuestras vidas en ellas, «calle arriba, calle abajo, callejeando».
HISTORIA DE LA CALLE
Una belleza democrática
Gustavo Carrasco Pérez
La calle, logro griego en el mundo occidental, facilita el tránsito de la tiranía a la democracia; luego conforma e integra tramas ordenadoras de espacios públicos hasta, finalmente, alcanzar un estatus de belleza e identidad en el siglo XIX, justo antes de padecer el embate vehicular. En Santiago, la calle está perdiendo terreno por falta de planificación.
TESTIMONIOS DE CHILENOS SIN CASA
La calle para vivir
Germán Puentes y Oriana Bernasconi
Basta un vistazo por Santiago para constatar una de las realidades más tristes del espacio público: la de las personas que viven ahí. Un estudio de Mideplan cuantificó el problema en el país, pero también logró indagar en las características de las personas «en situación de calle»: dignas, alertas, expertas en pasar desapercibidas y en sortear riesgos.
Estética callejeada
Patricio Rodríguez-Plaza y otros
Escenario del tránsito más rutinario y cotidiano, la calle y la ciudad son también portadoras de experiencias estéticas que nos hablan de sensibilidades y significaciones colectivas. En un callejeo cualquiera, entre el hogar y el trabajo, por ejemplo, el ciudadano puede verse enfrentado a murallas con carteles, stencils y graffiti, a monumentos oficiales, a obras de teatro, a sonidos e imágenes dignos de música y fotografía.
Tomarse las calles
Francisca Márquez
En el ancho mundo de las poblaciones marginales, las calles son más que un puro «espacio público». Lo privado y precario se desborda y las invade haciendo de ellas el lugar donde todo sucede o, al menos, donde se espera que algo pase. En ellas transcurre, entre la ternura y la rabia, la vida. Incluso, a veces también sirven para protestar, justamente, por esa vida.
La ley de la calle
Arturo Fermandois Vöhringer
Es un lugar común atribuir a razones jurídicas la debilidad urbanística de calles y plazas y, en general, del ambiente urbano de nuestros barrios. El análisis de la legislación relacionada, sin embargo, apunta en otra dirección: desde Andrés Bello y su Código Civil, se establece la propiedad pública de la calle. Su uso está consagrado a «la nación», es decir, a todos los ciudadanos.
VANDALISMO Y CONDUCTAS NO CIUDADANAS
Espacio público violentado
Enrique Oviedo
Murallas rayadas, paraderos de micros destrozados, y calles ruidosas y sucias forman el perfil menos luminoso de la ciudad, pero uno de los más elocuentes. Relegado por otros tipos de violencia más gruesos, el vandalismo ha sufrido una negación, evidente incluso en la falta de datos e índices que lo cuantifiquen. Pero basta cualquier caminata santiaguina para constatar la magnitud de este fenómeno.
VIGENCIA
Nos juntamos en la calle
Ricardo Abuauad
Desde el mundo clásico hasta hoy, la calle ha asumido diferentes funciones y formas. Desde las grandes rectas griegas hasta las autopistas urbanas, este artículo pasa revista a esta fundamental forma, sustento de interacción y traslados humanos.
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