Una respuesta para Gabriela
Señor director:
Con motivo del fallecimiento de San Alberto Hurtado, la poetisa
Gabriela Mistral envió a la revista Mensaje uno de
sus recados trasmitiendo la impresión que esa muerte
le había dejado. Comienza su escrito con una aseveración
que la lleva a plantearse una duda, en cuanto a que el Padre
Hurtado sería «una especie de franciscano natural».
Lo
que ella no sabía, es que el santo no sólo «rondó en
torno de la llama dulce del franciscanismo». Cuando
Gabriela se refería al franciscanismo sabía
de qué hablaba. Ya lo había demostrado cuando
escribió, años antes, los inspirados Motivos
de San Francisco. Ahora, frente a la visita de la Hermana
Muerte al siervo de Dios, no hace más que constatar
las semejanzas que ve entre el Pobre de Asís y el
Patroncito:
«
Era el Padre Hurtado una especie de franciscano natural.
Yo no se si él rondó en torno a la llama
dulce del franciscanismo, pero su naturaleza era cierto
franciscanismo
trajinador y ese trajín puede llamarse un ‘correteo
por los niños pobres’.
Del Santo de Asís
tenía también el hablar
con gracia, la expresión a la vez donosa y llana.
Este don de su conversación más su llaneza
le ganaba a todos y le servía a maravilla para
limosnear en bien de sus pobres y de sus niños.»
Revisando
las crónicas de la Orden Tercera de San
Francisco, que salían publicadas en la Revista
Seráfica
de los primeros años del siglo pasado, nos
encontramos con la respuesta a la duda de la Mistral.
Aunque los
autores de las biografías del Padre Hurtado
no subrayen el hecho, y ni siquiera lo citen, podemos
aclararle que nuestro
santo rondó en torno a la llama del franciscanismo
no solamente porque su madre, Anita Cruchaga de Hurtado,
fue terciaria franciscana y perseverante colaboradora
del Padre Luis de Tolosa Orellana (iniciador de la
obra social
del Patronato de San Antonio de Santiago), sino porque él
mismo fue miembro de la Tercera Orden, en la que
vistió el
hábito un día 18 de abril de 1915 en
el templo de San Francisco, profesando al año
siguiente, el 4 de octubre de 1916, la regla de la
Venerable Orden Tercera
Franciscana.
No sabemos hasta qué fecha
se mantuvo en contacto vital con la institución,
pero sí dejó constancia
de su proximidad con el Padre Orellana cuando,
después
de haber ingresado al noviciado de la Compañía,
le escribe una tarjetita pidiéndole disculpas
por no haber alcanzado a despedirse antes de dar
ese importante
paso.
Como se ve, no fue un simple encuentro
casual con la ‘dulce
llamada del franciscanismo’, sino el conocimiento
y la vivencia prolongada de los valores con que
el Pobre de
Asís marcó una ruta a sus seguidores,
entre los cuales estuvo el querido Santo chileno.
Lo
que intuyó la poetisa tiene su válido
fundamento y, al mismo tiempo, es un llamado
de atención. El
movimiento franciscano, que produjo en el pasado
tantos santos que decoran la vida de la Iglesia,
sigue siendo aún
en nuestros tiempos una fuente de vitalidad santificante
que entrega un modelo de seguimiento de Jesús
para los que realmente lo buscan. Padre Rigoberto
Iturriaga, OFM
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