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La profunda herencia de la reforma universitaria de 1967


Pasó de ser una universidad docente a una de carácter complejo que consiguió en pocos años doblar el número de estudiantes y profesores. Este es uno de los legados de un momento único en la historia de la Universidad Católica, en la voz de Juan de Dios Vial Correa, Manuel Garretón, Ernesto Illanes y Miguel Ángel Solar. Este un reportaje de la nueva edición del periódico Visión UC.

photo_camera Archivo UC

Fueron días ruidosos los que antecedieron a la recordada toma de la Universidad Católica en agosto de 1967. Y ruidosos, principalmente, por la barahúnda de un grupo de estudiantes que por primera vez decidía tomarse la Casa Central en la Alameda.

Pero había alegría. Y mucha. El evento marcaba y marcaría un antes y un después en las efemérides de esa década impetuosa, en la que Frei Montalva dio el vamos a su reforma agraria y la Iglesia trabajaba en torno a las resoluciones del Concilio Vaticano II.

El movimiento llevó a la renuncia del último rector eclesiástico de la universidad, inspiró las subsecuentes reformas en el resto de las instituciones del país y, a la postre, convirtió a la UC en una universidad compleja, esa que hoy destaca entre las mejores de Latinoamérica.

"Aun cuando lo combatí después y tuve poca simpatía por muchas de las cosas que se intentaron hacer, lo que pasó el año 67 era un golpe necesario", explica el rector emérito y académico de Medicina de ese tiempo, Juan de Dios Vial Correa.

"La reforma trajo un modo distinto de ser y de pensar. De repente nos vimos todos en la práctica de la ciencia, en la conexión internacional para la ciencia, en la formación intelectual de la ciencia".

Tras la salida de la rectoría de monseñor Alfredo Silva Santiago, durante seis años la universidad de la reforma liderada por Fernando Castillo Velasco -rector laico confirmado por el Vaticano-, iniciaría cambios fundamentales que llevarían a la UC a enrielarse en un desarrollo académico vehemente. 

En dicho sexenio se crearon, por ejemplo, los institutos de Ciencias Biológicas, de Historia, de Geografía y de Sociología, y se flexibilizó el currículo del grueso de las carreras.

Apoyado por la creación de Conicyt a nivel estatal, la administración de Castillo Velasco instauró el primero de los hoy conocidos planes universitarios llamado "Bases para un plan de desarrollo" (1969), aunque también instauró los "Objetivos de política universitaria 1969-1970-1971" y el "Fondo de investigación" de la UC en 1970, prototipo de la futura Dirección de Investigación (1974) que se transformaría en la vicerrectoría homónima en 2010.

"Los orígenes de este modelo de universidad que hoy tenemos y que es admirada en el mundo están ahí. Algunos incluso son previos a la reforma. Después se empalmarían con ella. Eso se mantuvo, eso se sigue impulsando. Lo que si se perdió fue la universidad más participativa (a nivel estamental)", sostiene el decano de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política, Patricio Bernedo.

DÉCADA DE LOS “60: EL AVAL

Los historiadores y sociólogos coinciden y, por supuesto, también los actores de este evento, en afirmar que la toma y la posterior reforma de la Universidad Católica fue de algún modo el resultado de los cambios reformistas de Frei Montalva, la Iglesia y el espíritu de la década misma que vería revoluciones universitarias en México y Francia en 1968.

Resultó vital la influencia del Seminario de Buga (Colombia) en 1967 sobre la misión de las universidades católicas en Latinoamérica, y también la figura de Raúl Silva Henríquez, el cardenal y Gran Canciller de la casa de estudios nombrado arzobispo en 1961 por Juan XXIII, el pontífice que propició el Concilio Vaticano II.

Según Bernedo, no solo Frei Montalva, exalumno de la UC, vio con buenos ojos el accionar de los estudiantes: también lo hizo el purpurado.

Ante la toma de la UC el gobierno solicitaría la mediación de Silva Henríquez. Lo mismo haría la nunciatura local.

Para Ricardo Krebs, autor de la historia oficial de la universidad, con estas negociaciones se logró detener a sectores más radicalizados que buscaban estatizar a la institución.

Como fuera, "el mismo cardenal apoyaría la toma en su estilo. Y la nunciatura se preocupó de esto, y por ende la Santa Sede", dice Bernedo.

Vial Correa lo refrenda. "Era mucha la gente en el Vaticano que encontraba que don Alfredo Silva Santiago ya no se la podía. Entonces, ellos no iban a poner en juego a la universidad por defenderlo. En parte era una reforma justificada", dice el rector emérito a sus 92 años.

Las primeras conversaciones concretas que abordaron el cambio del rector eclesiástico se realizaron en 1964.

La FEUC de ese momento era liderada por el futuro profesor Manuel Antonio Garretón. El actual Premio Nacional de Humanidades explica que durante "ese año se plantearon varios temas fundamentales como la confesionalidad, hasta que punto debería ser misionera la universidad, si eran necesarias las actas de bautismo a la hora de ingresar, el rol de la ciencia, que la UC dejara de ser profesionalizante para ser más académica, o que el consejo superior -presidido también por figuras externas asociadas al Partido Conservador como Luis Felipe Letelier y Carlos Vial Espantoso- fuera realmente representativo".

Sin embargo, hubo varias otras variables que explicarían los eventos del 67.

Por ejemplo, el aumento considerable de estudiantes en la Educación Superior. En parte, esto se debió, según Bernedo, a los programas de escolaridad de los gobiernos radicales. Estos apalancaron la demanda de los estudios superiores tras impulsar el crecimiento del número de secundarios.

De acuerdo a datos de la Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile de Krebs, el total de universitarios en Chile pasó de tres mil a diez mil entre el período 1953-66.

Para responder a esta demanda, que explotaría a fines de los “60, las subvenciones fiscales aumentaron de 20 a 43 por ciento entre 1955-1959. A nivel internacional, la UC gestionó apoyos a mediados de los 50 con la fundación Kellog, la Rockefeller, la OEA, el BID y la Unesco.

De hecho, la misma institución crearía su oficina de relaciones internacionales en 1953. En esa década se crearía incluso una Vicerrectoría Económica.

Todos estos esfuerzos pavimentaron sin duda la explosión del '67.

"La toma es más bien el hito de una preocupación por volver al concepto más original de la universidad: una que permite una reflexión más humanista del desarrollo, y por lo mismo, la preocupación por ella como una comunidad corresponsable que busca la verdad para el bien común", dice el Vice Gran Canciller, Tomás Scherz.

LA UNIVERSIDAD COMPLEJA

No pocos actores de ese momento principal señalan que los líderes de la reforma -estudiantes y académicos- se tomaron la universidad básicamente con un frente político inspirado en la Revolución Cubana del 50.

"El gran cambio y desarrollo de la UC vino después", observa Ernesto Illanes, presidente de la FEUC en 1969 y lider del Movimiento Gremial de ese tiempo. "En ese momento hubo algunos cambios internos organizacionales positivos, pero otros muy negativos, porque siguió una lucha interna que se acrecentó".

Pero los efectos de la reforma iniciados con la toma están lejos de ser meros cambios internos.

En 1967 la UC contaba con más de siete mil estudiantes, incluyendo los de sus sedes regionales.

"En 1972, respondiendo a las políticas que habían sido adoptadas como parte del proceso de reforma universitaria, su alumnado aumentó hasta superar los 12 mil", dice un estudio del rector emérito Pedro Rosso, actual director del Grupo de Estudios Avanzados Universitas, y médico egresado de la UC en 1966.

Cambios muy parecidos a los descritos para el cuerpo estudiantil ocurrieron también en la comunidad académica en cuanto al número de profesores contratados.

Las metas propuestas por la Dirección Superior en los “60 se tradujeron en un incremento considerable de la planta de profesores de tiempo completo. Es verdad que esta disminuiría en la década siguiente -consecuencia de los turbulentos años de la dictadura militar- para volver a aumentar en los noventa con el retorno a la democracia, tendencia que se acelera a partir del año 2000, hasta doblar en número el nivel alcanzado en 1972-1973.

Desde la fría geografía de Temuco, el carismático presidente de la FEUC que lideró la toma, Miguel Ángel Solar, no tiene dudas en afirmar que la reforma funda la moderna Universidad Católica de la que habla Rosso.

"Esta hizo posible que hoy, cualquier niño chileno, no importe su ingreso económico, su estatus social, su cultura y su fe religiosa, aspire a estudiar en la UC. No era así antes de la reforma", dice el médico.


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