América Latina de derecha
Si Flávio Bolsonaro se impone en la segunda vuelta en Brasil, las fuerzas de derecha habrán ganado 14 de las últimas 17 elecciones presidenciales en América Latina. Una nueva ola, con la gran pregunta si podrá proyectarse o será otro episodio del eterno péndulo latinoamericano.
Entre 2019 y 2023, el voto de castigo se convirtió en la principal fuerza política regional, imponiéndose en prácticamente todas las elecciones, con las excepciones de Nicaragua -sin democraciay Paraguay. Una región que pasó del boom de los commodities con, quizás, la mayor transformación social de su historia reciente, a un estancamiento casi endémico desde 2014. El resultado fue una profunda desafección ciudadana y un fenómeno que la política tradicional todavía no logra calibrar: no existen cheques en blanco ideológicos. Pasamos de la política de las ideologías a la política del delivery.
Hoy existe una segunda oportunidad para la derecha. Pero para no repetir la historia, la derecha deberá superar cuatro pruebas.
La primera es mostrar resultados. La seguridad y el crecimiento económico desplazaron a la igualdad y los derechos sociales como principales demandas ciudadanas. La derecha parte con viento a favor: su oferta parece más creíble frente al crimen y el estancamiento. Pero la confianza tiene fecha de vencimiento. Sin resultados contundentes, el apoyo se evaporará.
La segunda es abandonar el "sálvese quien pueda". La afinidad ideológica puede traducirse en cooperación concreta. Desde la competencia para atraer inversiones, como el RIGI argentino y la invariabilidad tributaria chilena, hasta la integración energética y minera, pasando por corredores bioceánicos y otros proyectos de infraestructura transfronteriza. Pero eso requerirá romper el prejuicio hacia lo multilateral y entender que espacios de integración efectivos ayudan a este tipo de iniciativas. (...)