Chile frente al desafío climático
Sin embargo, pese a la contundencia de la evidencia científica, persisten discursos negacionistas e ideas que minimizan el trabajo de miles de personas dedicadas a la ciencia. Esto no es superficial. En Chile, la inversión en investigación y desarrollo bordea apenas el 0,4% del PIB, uno de los niveles más bajos entre los países de la OCDE. Evaluar la ciencia solo por su capacidad de generar empleos directos o resultados inmediatos desconoce su lógica más profunda: la investigación permite construir comprensión, capacidades e innovación que, hacen posible nuevas políticas públicas, tecnologías e incluso industrias completas.
Hoy sabemos que el calentamiento global actual es producto de la actividad humana, especialmente del uso intensivo de combustibles fósiles como base del crecimiento económico. La ciencia ha sido clara en esto y ha descartado que se trate de un fenómeno pasajero o meramente natural. Las emisiones acumuladas de gases de efecto invernadero han dejado una señal reconocible en la atmósfera y en los sistemas naturales, una suerte de huella digital que nos delata y nos obliga a hacernos responsables.
Esta crisis también revela la fragilidad de una estructura social y económica construida sobre la dependencia del petróleo como fuente principal de energía. No es casual que conflictos en zonas estratégicas, como el estrecho de Ormuz, tengan efectos inmediatos sobre la economía mundial. Seguimos atados a una matriz energética geopolíticamente vulnerable y ambientalmente costosa, debido a las emisiones de gases de efecto invernadero como el CO₂.
Sus efectos no se limitan al clima: golpean nuestras economías, nuestras formas de vida y nuestra organización social. Por eso, la acción climática no debe pensarse como una tarea secundaria, sino como una transformación estructural que nos invita a repensar nuestra relación con la naturaleza.
Frente a este escenario, los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas han propuesto una agenda común para avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles. Chile no ha estado al margen de ese proceso, en los últimos años ha impulsado políticas y proyectos orientados a acelerar su transición energética. (...)
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