El Mapocho es humedal urbano, ¿qué hacer ahora?
La reciente declaratoria del río Mapocho como humedal urbano marca un hito relevante para 16 comunas que van desde Lo Barnechea hasta El Monte, siendo el principal corredor biológico de Santiago.
No se trata solo de un reconocimiento simbólico. Por primera vez, el principal eje fluvial de la capital queda protegido bajo la Ley de Humedales Urbanos, incorporando criterios ambientales obligatorios para su planificación, uso y resguardo.
En un contexto de crisis climática, pérdida de biodiversidad y estrés hídrico persistente, la decisión es correcta y oportuna. Pero trae consigo una gran responsabilidad. Se debe gestionar efectivamente. Y es ahí donde se abre el verdadero debate.
El Mapocho ha sido, durante décadas, un símbolo de degradación primero y de recuperación sanitaria después. Su limpieza permitió devolver biodiversidad, mejorar el espacio público y reconciliar a la ciudad con su río. Hoy, la categoría de humedal urbano eleva esa relación a un nuevo estándar al reconocerlo como ecosistema vivo, corredor biológico y pieza clave en la resiliencia urbana.
Sin embargo, declarar un humedal no lo protege automáticamente. La experiencia nacional e internacional muestra que el riesgo de estas figuras es convertirse en buenas noticias sin continuidad, si no se acompañan de planificación, financiamiento, fiscalización y coordinación institucional.
El primer desafío es evitar una gestión fragmentada. Este humedal, atraviesa 16 comunas, cada una con realidades, prioridades y capacidades distintas. Si la protección se traduce en 16 ordenanzas inconexas, el resultado será débil. Un ecosistema continuo no puede gestionarse como un mosaico administrativo. Se requiere una mirada metropolitana, con criterios comunes y objetivos compartidos.
El segundo desafío es incorporar conocimiento científico de manera sistemática. Hoy, el Mapocho no cuenta con un monitoreo permanente de contaminantes emergentes como antibióticos, hormonas, microplásticos o PFAS, pese a que estos compuestos ya forman parte de la agenda regulatoria internacional. Proteger un humedal sin saber qué circula por él, es una forma sofisticada de administrar incertidumbre. Sin datos, no hay prevención. Y sin prevención, la protección es frágil. (…)
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