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Una Reflexión Semanal

El ser finito existe ante el ser eterno


Foto de Pamela Chávez
Profesora Facultad de Filosofía
"Sé que alguien me sustenta y en eso reside mi tranquilidad y mi seguridad" (Edith Stein).

Frecuentemente vemos a nuestro alrededor signos de finitud y fragilidad: deterioro ambiental, guerras, hambrunas, ambición de poder, desentendimiento, indiferencia, mentira, violencia contra inocentes. Cuando esto nos hace sentir abrumados y angustiados, es necesario detenerse a considerar el sentido de nuestra finitud, sobre lo cual Edith Stein, santa Teresa Benedicta de la Cruz, filósofa, carmelita y mártir (Breslau, 1891-Auschwitz, 1942), tiene mucho que decirnos.

En Ser finito y ser eterno. Ensayo de una ascensión al sentido del ser (1936)² , piensa el sentido del ser finito que somos y que es nuestro mundo, es decir, su razón de ser, su significado. Puede parecer una pregunta "densa", una abstracción filosófica prescindible entre tantas urgencias vitales. Pero, aunque se la ignore o evite, es una cuestión que está en la base de lo que hacemos y pensamos.

Se trazan planes y proyectos con base en una visión de la persona y la sociedad, cuál es su bien y su finalidad; por ello, es necesario clarificarla, hasta donde es posible. La pregunta por el sentido del ser fue analizada en el siglo XX por Martin Heidegger en su obra Ser y Tiempo (1927); pero, observa Edith Stein, su mirada queda encerrada en la sola finitud. 

La filósofa y santa toma un punto de partida diferente: el ser finito existe ante el ser eterno. Internalizando la metafísica de Tomás de Aquino y el lenguaje fenomenológico, el camino de Edith Stein comienza por la experiencia interior más inmediata y universal -transitada por Agustín y Descartes-: nuestra certeza de ser. Nos experimentamos como existentes y como siendo cada uno un sí mismo; esta certeza está signada por el límite y por la temporalidad, por la fugacidad del instante: al pensar nuestro yo actual, ya ha pasado, como las gotas del tiempo –en lenguaje agustiniano- o como un grano en el reloj de arena; nuestro ser actual es un constante y vertiginoso consumir el tiempo, dice Edith Stein, y nuestro ser presente se encuentra como «sobre el filo de una navaja». Así, nuestro ser-existir aparece como un sin fondo, un casi abismo o nulidad; «casi», porque algo somos y porque la conciencia de serlo expresa también nuestra dignidad en el universo, como advertía Pascal. (…)

 


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