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Cooperativa Ciencia

Estudios científicos contra el hantavirus


Foto de Marcela Ferrés
Académica Facultad Medicina
A raíz del reciente brote de la variante Andes en un crucero en la Patagonia, la investigación liderada por la infectóloga de la la Red de Salud UC CHRISTUS es uno de los cuatro estudios nacionales que destaca el medio por el desarrollo de terapias experimentales y métodos de diagnóstico que buscan frenar una enfermedad letal.

El brote de hantavirus detectado en el norte de la Patagonia argentina, vinculado a pasajeros del crucero MV Hondius y que ya registra víctimas fatales y contagios en estudio, ha puesto nuevamente en el foco la variante Andes. Se trata de la única en el mundo capaz de transmitirse de persona a persona. Ante la ausencia de una vacuna o tratamiento antiviral aprobado globalmente, la ciencia chilena se alza como el referente principal para combatir esta amenaza.

Durante años, investigadores de universidades chilenas, entre ellos Pablo Vial, María Inés Barría, Alejandro Rojas y Marcela Ferrés, han liderado el estudio del virus, pasando del uso de plasma de sobrevivientes al desarrollo de anticuerpos monoclonales y tecnología basada en camélidos. (...)

El rol de la saliva y la transmisión persona a persona

Comprender cómo se contagia el virus es fundamental para la prevención. La Dra. Marcela Ferrés, infectóloga de la Red de Salud UC CHRISTUS, se ha dedicado a estudiar el comportamiento del virus Andes. Sus investigaciones, publicadas en revistas de alto impacto como The Lancet, confirmaron que el virus está presente y activo en la saliva y secreciones orales de los pacientes infectados.

«Lo interesante es que refuerza que los fluidos orales, saliva, secreciones respiratorias, que se pueden compartir con otra persona susceptible al virus, pudiera ser la vía transmisora de contagio a un segundo sujeto que no tiene defensas, no tiene anticuerpos contra el virus», explica Ferrés. Este hallazgo ha permitido a las autoridades chilenas mejorar las recomendaciones de seguimiento de contactos y establecer alertas tempranas.

Según la investigadora, la clave para reducir la mortalidad —que hoy ronda el 30%— es el monitoreo semanal de los contactos estrechos mediante pruebas genómicas para detectar el virus en la sangre antes de que el pulmón y el corazón se vean comprometidos.

Pese a los notables avances, la comunidad científica nacional coincide en un punto: la necesidad de mayor financiamiento para llevar estas terapias del laboratorio al paciente.

 


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