Magnifica humanitas y la vigencia de San Alberto Hurtado
Esta nueva carta nos advierte, con particular fuerza, contra una ideología que “sugiere que toda persona deba ganarse o justificar su propio valor, hasta el punto de atribuir mayor valía a quienes son más eficientes y productivos. En semejante perspectiva, la persona termina reduciéndose a un medio para obtener resultados, a un recurso para ser usado y explotado”.
Magnifica humanitas no hace mención ni referencia a nuestro país, pero al leerla resulta ser un documento que llega en un año muy preciso para Chile, y nos abre una invitación a un diálogo muy necesario. Este año celebramos el 125° aniversario del natalicio de san Alberto Hurtado, S.J., y sin que el documento lo nombre, su llamado resuena directamente en el corazón de lo que el padre Hurtado vivió, pensó y escribió: que la justicia es anterior a la generosidad y que ninguna pretensión de eficiencia puede legitimarse a costa de los más frágiles y vulnerables.
Hace más de 80 años, Alberto Hurtado lo formuló con una precisión que sorprende, tanto por su pensamiento preclaro, como por su actualidad. En su obra Humanismo social concluye: “Los hombres (…) no están dispuestos a seguir tolerando que se les niegue la justicia y se les otorgue con aparente misericordia en nombre de la caridad lo que les corresponde por derecho propio. Debemos ser justos antes de ser generosos”. No pedía benevolencia para los pobres; pedía que las estructuras de la sociedad los reconocieran como iguales en dignidad. La caridad sin justicia, insistía Hurtado, no solo es insuficiente: “es reírse de Dios”.
La encíclica de León XIV viene a enriquecer la Doctrina Social de la Iglesia, no es casualidad que la haya firmado, justamente, el día que se cumplieran 135 años de la publicación de Rerum novarum, por el Papa León XIII (15 de mayo de 1891). Magnifica humanitas activa el mismo argumento histórico de la Doctrina Social, evaluar las políticas públicas, “únicamente en términos de eficiencia”6, constituye un error que trata a la persona como costo y no como fin. El documento exige “atención a las personas y a las familias más expuestas a la explotación”7 no como gesto caritativo, sino como condición de justicia. Esta distinción entre la caridad que alivia y la justicia que transforma, es precisamente la que el padre Hurtado legó al pensamiento social católico chileno 80 años antes. (...)
Leer la columna completa launch