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El Mostrador

Mérito, origen o suerte


Foto de María Luisa Méndez
Profesora Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales
“Existe una acumulación de la riqueza de grupos minoritarios sin precedentes”, afirma la socióloga y académica UC, quien acaba de lanzar un libro que analiza las trayectorias de éxito y costos subjetivos asociados a la movilidad social en el Chile actual, basado en más de trescientas historias de vida.

Para la doctora en Sociología la lógica del mérito llega a un extremo donde “observamos estas enormes fortunas forjadas por lecturas de individuos de trayectorias extraordinarias, merecedores de toda esta riqueza. Cuando en realidad son conductos muy complejos que han favorecido estas formas de acumulación”.

La doctora en Sociología, María Luisa Méndez, lleva años estudiando desigualdades sociales y territoriales, con especial énfasis en la evolución de la movilidad social y la reproducción de las élites en Chile.

Su trabajo apunta a lo que el país prefiere no mirar: que el ascenso social nunca ocurre en solitario y que la desigualdad, aunque esté menos visible en el debate público, sigue siendo una de las heridas más profundas. 

La profesora del Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Universidad Católica publicó recientemente el libro Mérito, origen o suerte: Trayectorias de éxito y costos subjetivos asociados a la movilidad social en el Chile actual, basado en más de trescientas historias de vida. Junto a un equipo multidisciplinario, la académica analiza los significados y las experiencias actuales sobre la movilidad social en Chile, y el entramado tras la ideología meritocrática. 

En un nuevo programa de Pensando Chile, la investigadora profundiza sobre estos temas, además de por qué las nuevas expresiones de desigualdad y concentración de la riqueza requieren proyectar un bienestar sostenible para la población, donde las humanidades, las ciencias sociales y la ética ocupan un lugar no negociable.

Dotar a las próximas generaciones de herramientas críticas es, para la académica, la condición mínima para evitar una sociedad distópica.

Movilidad social: desigualdad menos visible, pero igualmente profunda

“Con posterioridad a todo lo que fue el proceso fallido de cambio constitucional, el tema de la desigualdad perdió un poco de fuerza en la discusión pública. Pero eso no significa que el problema, desde el punto de vista de su realidad y su magnitud, haya desaparecido”, señala Méndez. 

Lo que inquieta a la académica no es solo la persistencia histórica de las brechas, sino su aceleración. La concentración de riqueza en grupos minoritarios avanza a una escala sin precedentes, de la mano del desarrollo de las grandes tecnológicas y la inteligencia artificial,  superpuesta sobre desigualdades estructurales difíciles de revertir. (...)


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