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Una Reflexión Semanal

Migrar, un camino de fe


Foto de Zulay Giménez
Académica Escuela de Construcción Civil
"Tomar la decisión de migrar es, en muchos casos, un verdadero salto de fe. Es caminar sin tener todas las certezas, confiar sin controlar el futuro, creer que Dios va delante, aun cuando el camino no se ve claro".

Pensar en migrar no es algo neutro. Remueve el corazón y despierta sentimientos profundos: angustia, incertidumbre y miedo a lo desconocido. Es dejar atrás lo seguro, lo familiar, lo que nos identifica y nos sostiene. Incluso cuando la migración es voluntaria —por un nuevo trabajo, un proyecto de estudios o una oportunidad—, siempre supone un quiebre y un desprendimiento.

Migrar es aprender a vivir con el corazón dividido entre el lugar que fue hogar y el lugar que ahora lo es, entendiendo que el hogar se construye allí donde está la familia.
Pero hay migraciones que no se eligen. Migrar porque se debe huir es una experiencia muy dolorosa. No se escoge el momento ni las condiciones, no hay tiempo para preparar el corazón ni las maletas. Se huye para proteger la vida, la dignidad o el futuro de los hijos. En esos casos, el miedo se mezcla con la urgencia y la esperanza se vuelve frágil, casi silenciosa, pero indispensable para seguir adelante.

Muchas veces, la migración trae consigo la separación de las familias y una profunda sensación de soledad. No siempre migra toda la familia de una sola vez: unos parten primero, otros se quedan, y el reencuentro se vuelve incierto o lejano. La distancia fragmenta la vida cotidiana y transforma los vínculos. Se aprende a amar a través de una pantalla, a celebrar a destiempo y a acompañar sin presencia.

Quien migra vive, además, la experiencia constante de sentirse extranjero: en la lengua, en las costumbres y en las miradas. Convive con la nostalgia por todo lo dejado: los seres queridos, los momentos compartidos, las tradiciones y hasta las pequeñas comodidades que parecían obvias. Migrar es aprender a vivir con el corazón dividido entre el lugar que fue hogar y el lugar que ahora lo es, entendiendo que el hogar se construye allí donde está la familia. (...)


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