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Revista Diálogos

Mis héroes de Venezuela


Foto de Zulay Giménez
Profesora Escuela de Construcción Civil
"(...) No puedo dejar de pensar en mis estudiantes de Construcción Civil. Ellos también serán héroes. Tal vez nunca aparezcan en las noticias. Nadie publicará una fotografía porque un edificio resistió un terremoto. Nadie agradecerá entre lágrimas una estructura que no colapsó. Nadie conocerá el nombre del profesional que hizo bien su trabajo. Sin embargo, ahí reside la grandeza de su vocación", afirma la arquitecta y doctora en Ingeniería.

Quisiera volver atrás y que nada hubiera sucedido. Quisiera despertar y descubrir que todo fue un mal sueño. Pero ocurrió. Mi país se desplomó con dos terremotos y, aunque la mente intenta negarlo, la realidad es devastadora. 

Las noticias, fotografías y videos muestran un dolor imposible de describir. Es inevitable que las lágrimas aparezcan al ver edificios convertidos en escombros, familias separadas, personas que lo perdieron todo y tantas vidas que ya no volverán. Duele pensar en quienes fallecieron. Duele imaginar los sueños que quedaron suspendidos bajo el concreto. 

Pero hay otra imagen que conmueve profundamente: la de quienes permanecen inmóviles mirando entre las ruinas, esperando que aparezca con vida ese hijo, esa madre o ese hermano al que se niegan a dejar ir. Esperan contra toda lógica porque el amor siempre espera. Y mientras haya esperanza, siguen allí, abrazados a la fe. 

En medio del sufrimiento, Dios vuelve a recordarnos que nunca nos abandona. Entre el polvo, los milagros comienzan a aparecer: una vida rescatada, una mano que emerge entre las construcciones derrumbadas, un abrazo que devuelve fuerzas para seguir. Adriana, Aarón, Fabiana… nombres de personas rescatadas que no conocemos, pero que hacemos nuestros porque representan la esperanza de todos los que aún faltan. Y junto a esos milagros, aparecen mis héroes. 

Llegan de todas partes. Algunos cruzan fronteras, otros simplemente cruzan la calle porque vieron desplomarse el edificio de enfrente y no pudieron quedarse de brazos cruzados. Hay rescatistas profesionales y también personas comunes que, movidas únicamente por el amor al prójimo, ofrecen sus manos, su tiempo, su fuerza y hasta arriesgan su propia vida por salvar la de alguien más. (…)

Mientras veo estas imágenes, no puedo dejar de pensar en mis estudiantes de Construcción Civil. 

Ellos también serán héroes. Tal vez nunca aparezcan en las noticias. Nadie publicará una fotografía porque un edificio resistió un terremoto. Nadie agradecerá entre lágrimas una estructura que no colapsó. Nadie conocerá el nombre del profesional que hizo bien su trabajo. Sin embargo, ahí reside la grandeza de su vocación. Construirán con responsabilidad, ética y convicción, entendiendo que detrás de cada decisión técnica hay vidas humanas. Salvarán vidas sin conocer los rostros de quienes protegieron. Su recompensa será el silencio de una ciudad que sigue en pie y la tranquilidad de haber hecho lo correcto cuando nadie estaba mirando. Entonces comprenderán que su profesión también es una forma de amar. (…)

 


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