Plan de infancia: Llegar antes
Llegar antes es exactamente lo correcto. Pero hay una pregunta que el plan todavía no responde: ¿cómo sabremos, en unos años, si efectivamente logramos llegar antes? Casi todo lo que promete un plan de infancia ocurre en el tiempo. Un programa de parentalidad no se juzga por las familias que atiende, sino por lo que pasa con esos niños después. Que un niño salga de una residencia no es un resultado; es el inicio de una trayectoria. Y la prevención, por definición, también se mide por lo que no ocurrió, algo que solo se vuelve visible con los años.
Ahí está la tensión de fondo: los planes se diseñan a cuatro años, porque así funciona el ciclo político, mientras que sus efectos aparecen mucho después. Para cerrar esa brecha, hace falta memoria.
El anunciado sistema de información integrado va en dirección correcta, pero hace algo distinto. Los registros administrativos indican a quién atendimos, cuándo y con qué programa. No dicen necesariamente cómo se desarrolla ese niño, cuándo empieza a abrirse una brecha, si una dificultad fue transitoria o se volvió persistente, ni qué ocurrió con ella años después. Para saberlo, hay que volver a preguntarles a las mismas familias y observar sus trayectorias.
Los registros son la fotografía; el seguimiento longitudinal es la película. Necesitamos las dos. (...)
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