Skip to content

¿Por qué la humanidad vuelve a la Luna en esta década?


Foto de Jorge González
account_circle
Jorge González
Profesor asistente Instituto de Astrofísica
Esta columna de opinión, del académico Jorge González López, aborda las razones científicas y tecnológicas detrás del renovado interés por la Luna, destacando los objetivos del programa Artemis 2 y su potencial para ampliar nuestro conocimiento sobre el sistema solar.

Hay muchas razones para ir a la Luna: la curiosidad, el deseo de exploración, las rivalidades políticas y, principalmente, la investigación científica. El programa Artemis es el nuevo proyecto de la NASA para la exploración lunar, que incluye enviar astronautas a la Luna y aterrizar en su superficie. Con las misiones Artemis, la NASA usará nuevas tecnologías para estudiar la Luna y preparar futuras misiones humanas a Marte. La descripción general del programa Artemis enumera algunos de los objetivos científicos que se buscan alcanzar con la nueva misión a la Luna. Hay mucha ciencia planetaria que se puede realizar desde la Luna, y procedo a describir algunos de los objetivos a cumplir.

Observaciones orbitales de la superficie lunar y análisis químicos de muestras han revelado la presencia de volátiles, incluido el agua, y otras especies químicas con puntos de ebullición bajos. Quedan varias preguntas sobre el ciclo del agua lunar: ¿Cuál es la fuente de los volátiles lunares? ¿En qué forma existen? ¿Qué tan abundantes son? ¿Cómo se distribuyen los volátiles en la superficie y en la profundidad? ¿Nuestros instrumentos pueden acceder a los volátiles subterráneos? ¿Cómo migran los volátiles a través de la superficie lunar? Actualmente, entendemos que muchos de los volátiles en la superficie se encuentran en regiones permanentemente sombreadas o en cráteres polares que nunca reciben luz solar, lo que provoca temperaturas extremadamente bajas que atrapan agua y otros volátiles. La exploración del subsuelo lunar y la investigación de los entornos en las regiones sombreadas ayudarán a responder muchas de estas preguntas, como el origen de estos volátiles y cómo y dónde se almacenan. Obtener nuevas muestras permitirá estudiar con mayor detalle estos volátiles atrapados

La superficie de la Luna registra la historia de los impactos del sistema solar interior desde la formación del sistema Tierra-Luna. A diferencia de la Tierra, donde las rocas se reciclan por la actividad tectónica o se erosionan, la Luna conserva esta historia. Estudiarla ayuda a comprender los impactos tanto en la Tierra como en la Luna. Regresar muestras del cráter de la Cuenca Aitken en el lado oculto de la Luna ayudará a determinar su edad y a anclar la curva de impactos tempranos. Las muestras y los estudios de cráteres indican que el flujo de impactadores se mantuvo estable durante los últimos 3 mil millones de años, pero fue mayor en épocas anteriores. Algunos modelos sugieren una ‘lluvia de impactos’ tardía y masiva que ocurrió hace aproximadamente 3.900 millones de años, coincidiendo con la aparición de la vida en la Tierra, cuando las tasas de impacto eran elevadas. La datación de la Cuenca Aitken aclarará si las tasas de impacto aumentaron en ese momento y cómo ello afectó la vida en la Tierra. (...)


Comparte esta publicación

import_contacts Medio
Emol
event Fecha
local_offer Temas

Leer columna completa