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País Circular

Sistema frontal no basta para revertir megasequía


Foto de Guillermo Donoso
Académico Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales, y director CDGA UC
En la región de Coquimbo, una de las más afectadas por el intenso frente que azota al país en estos días, se han registrado precipitaciones que superan los 300 milímetros, con superávit en acumulación de nieve y embalses que han alcanzado su capacidad al límite. Aun así, estas cifras no bastan para recargar los acuíferos, reservas de agua subterránea sobreexplotadas debido a la escasez ¿En qué medida estas lluvias ayudan a contrarrestar la crisis hídrica que vive Chile hace más de una década? “Tenemos que avanzar hacia una mirada más preventiva y proactiva, porque la realidad es que hoy día estamos reaccionando ante este evento”, advierte el académico UC y director del Centro de Derecho y Gestión de Aguas, en conversación con País Circular junto con la docente de la Universidad de Concepción Alejandra Stehr.

Desbordes de ríos, activación de quebradas, rutas bloqueadas, derrumbes, damnificados y hasta ahora 10 víctimas fatales, son algunos de los devastadores efectos que ha dejado el sistema frontal, asociado al fenómeno de El Niño, que ha golpeado al menos a diez regiones del país en los últimos días. Producto de la emergencia, este lunes se decretó Estado de Catástrofe para la región de Coquimbo y la provincia de Huasco, en la región de Atacama. En tanto, se anunció que hoy ingresará un nuevo frente que se extenderá desde la región de Valparaíso hacia el sur.

Con todo, las precipitaciones representan un alivio parcial frente a la megasequía que el país arrastra desde 2010, debido a que varios embalses de la zona centro-norte han aumentado de forma de significativa sus reservas, de acuerdo a los reportes de la Dirección General de Aguas (DGA) del Ministerio de Obras Públicas. (…)

Guillermo Donoso, profesor del Departamento de Economía Agraria de la Pontificia Universidad Católica de Chile, argumenta que, pese a la recuperación de los embalses, los acuíferos -también llamados napas subterráneas- necesitan más tiempo y agua superficial para poder recargarse. “Considerando que nuestras cuencas son cortas y de una altura a nivel de mar en un espacio reducido, los flujos superficiales son muy rápidos. Eso significa que, con esta intensidad de lluvia en un breve periodo, hay muy poca percolación. Es decir, aporta poco a los acuíferos”.

“Aporta, pero no tanto. Y hay un escurrimiento muy fuerte que lleva a lo que estamos viendo, que son las inundaciones, los ríos que crecen mucho y movimiento en masa de tierra, particularmente en la zona norte, donde hay poca vegetación en las laderas”, para contener el agua, agrega el académico, quien es integrante del Centro de Derecho y Gestión de Aguas UC. (…)

No obstante, más allá del actuar gubernamental, han quedado al descubierto importantes falencias, que se arrastran en el tiempo y que tienen que ver con deficiencias en infraestructura, planificación territorial y sistemas de alerta a la comunidad, entre otros ítems. “Tenemos que avanzar hacia una mirada más preventiva y proactiva, porque la realidad es que hoy día estamos reaccionando ante este evento. Ocurren los impactos y estamos llegando a ver cómo mitigamos el impacto, pero no nos anticipamos”, plantea Guillermo Donoso.

“Lo que necesitamos, para poder tener un resultado no tan negativo o un impacto más positivo, es saber que esto viene con tiempo. Y prepararnos para poder recibir esta cantidad de lluvia, aprovechándola de la mejor manera. Hasta hoy, seguimos siendo más bien reactivos”, subraya el ingeniero agrónomo experto en gestión hídrica. (…)

 


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