Tecnologías biomédicas y dignidad humana
El avance de los conocimientos biomédicos permite nuevas formas de intervención sobre el cuerpo humano. Gran parte del saber en ciencias biológicas se caracteriza, entre otras cosas, por hacer intervenciones en los organismos para obtener ciertos efectos deseados como modificar, modular, alterar, aumentar o inhibir variables específicas de las estructuras que los constituyen. Sin embargo, esto por sí mismo no entrega una guía acerca de qué intervenciones promueven la dignidad de la persona y cuáles la degradan. En consecuencia, se hace imperativa una reflexión bioética que ilumine los aspectos valóricos de los cursos de acción posibles. Dicha reflexión no acaba de manera definitiva, dado que el conocimiento y los avances son propios de cada tiempo. Hoy, por ejemplo, estos avances se relacionan con el uso de la inteligencia artificial en salud y las neurotecnologías.
Analicemos el valor del cuerpo humano desde el punto de vista de la fe. Este tiene un lugar central en el pensamiento cristiano a lo largo de la historia. El Nuevo Testamento es enfático respecto de su valor. Señalaremos aquí tan solo dos ejemplos: Primero, se menciona al cuerpo humano como templo del Espíritu Santo con el que se debe honrar a Dios (1 Corintios 6,19-20). Segundo, la estructura funcional del organismo humano es usada como metáfora de la Iglesia. Se dice que, al igual que los distintos miembros del cuerpo desempeñan distintas labores y están unidos a todos los demás, así los miembros de la Iglesia forman también una comunidad de este tipo (1 Corintios 12,12-19). El Papa Francisco, por su parte, señaló: "El cuerpo es un regalo maravilloso de Dios, destinado, en unión con el alma, a expresar plenamente la imagen y semejanza de Él. Por lo tanto, estamos llamados a tener un gran respeto y cuidado de nuestro cuerpo y el de los demás" (Regina Coeli, 15 de abril de 2018).
Desde el punto de vista de la razón, las funciones del cuerpo humano nos permiten, por un lado, subsistir, desarrollarnos y coordinarnos con otros y, por otro, vincularnos con el espacio de la comunidad en que nos desenvolvemos como personas con identidades narrativas. Así, el cuerpo es lo que somos en términos de la dimensión biológica del ser humano, pero también en términos de la expresión de nuestra identidad. (...)
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