Un país donde sí nacen guaguas
Chile acaba de conocer un dato que debería detener cualquier conversación: por primera vez, la fecundidad cayó por debajo de un hijo por mujer. Es una señal que va más allá de la demografía; es una señal de desconfianza. Las familias están diciendo, con sus decisiones, que criar es una tarea que sienten que enfrentarán en gran medida solas.
Me alegra que se haya convocado una comisión asesora presidencial para elaborar el Plan Chile Renace. Pero antes de diseñar incentivos para que nazcan más niños, vale la pena preguntarse ¿qué necesitan las familias que ya tienen hijos —o que quieren tenerlos— para sentir que el Estado estará con ellas desde el primer día?
Sabemos que la decisión de tener un hijo no se toma mirando un bono o una exención tributaria. Se toma mirando la vida cotidiana y preguntándose si habrá sala cuna, si se podrá volver al trabajo sin sentir que se abandona al bebé, si alguien acompañará cuando no se sepa qué hacer a las 3 de la mañana con un recién nacido que no para de llorar.
No hay una bala de plata ni evidencia contundente de políticas que hayan estabilizado o revertido la caída de la natalidad. Lo que sí nos dice la evidencia es que es esencial construir entornos en los que criar sea viable, con sistemas de cuidado accesibles, programas de apoyo y comunidades que acompañan a las familias. (...)
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