Niñez y mercado laboral, los grandes desafíos de política pública
Los últimos resultados generales de acuerdo a los recientes resultados de la Encuesta Casen, muestran que un 17,3% de la población está bajo los estándares de pobreza por ingreso, cifra menor al 20,5% de 2022 (actualizada con los cambios posteriores). Para varios especialistas, ello se explica por los aportes de la PGU y los subsidios; pero los datos también van más allá, reflejando el deterioro del mercado laboral y la preocupante situación de la infancia. Aquí presentamos el análisis de académicos UC.
photo_camera Recientemente se dio a conocer la a Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2024, cuya medición considera un nuevo cálculo metodológico para la pobreza, tanto por ingresos como multidimensional. (Fuente fotografía: Ciper)
“Lo que no se puede medir, no se puede mejorar”. La frase atribuida al físico y matemático británico William Thompson Kelvin —luego masificada por Peter Drucker, “padre” del management moderno, y otros— sirve para graficar la importancia de la medición de indicadores básicos para analizar y promover mejores políticas públicas.
En Chile, recientemente se conoció —tras cinco meses de postergación— la última entrega de la Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) 2024, cuya medición —más exigente, amplia y actualizada— considera un nuevo cálculo metodológico para la pobreza, tanto por ingresos (que refleja la incapacidad de un hogar para adquirir una canasta básica), como multidimensional (que evalúa carencias en educación, salud, vivienda, trabajo y cohesión social).
Claudia Martínez, directora del Instituto de Economía UC, explica que, en el primer caso, las cifras arrojaron que en 2024 la tasa nacional de pobreza fue 17,3% (3,5 veces más que el porcentaje que habría dado la metodología anterior, un 4,9%), mientras que un 6,9% sufre condiciones de pobreza extrema. Además, advierte que, al desglosar esos datos por tramos etarios, “emerge una brecha generacional que evidencia una relación inversa entre la edad y la vulnerabilidad social. La pobreza de ingresos afecta al 25,7% de los niños entre 0 y 3 años y al 24,6% de los menores entre 4 y 17 años. En términos simples, uno de cada cuatro niños en Chile vive en un hogar con ingresos insuficientes”.
Respecto a la pobreza multidimensional, advierte que esta “afecta al 22,5% de los menores de 18 años. Esta cifra es significativamente superior al promedio nacional (17,7%), lo que refleja que ese segmento no solo carece de recursos monetarios, sino que habita en entornos con deficiencias más profundas que el resto de la población”.
Una realidad que hipoteca el futuro
Para Claudia Martínez, “el dato más alarmante de la reciente medición es la pobreza severa: un indicador que identifica a quienes son pobres simultáneamente en ambas dimensiones (ingresos y multidimensional). Mientras que a nivel nacional este grupo representa el 6,1% de la población, en la primera infancia (0-3 años) la cifra se eleva al 10%, y en el tramo de 4 a 17 años es de 9,8%”.
Ese dato confirma “una tendencia sistemática: la infancia se encuentra en una posición de desventaja crítica respecto al resto de la población. Esta realidad —añade— no es solo dolorosa, sino que hipoteca el futuro. Si bien la pobreza restringe las oportunidades en todas las etapas de la vida, su incidencia durante la infancia es determinante. La precariedad limita el acceso a factores claves para la formación de capital humano, como nutrición, salud y educación de calidad. Además, la fragilidad económica actúa como un estresor crónico del entorno familiar, lo que afecta el desarrollo socioemocional de los niños, propiciando una transmisión intergeneracional de la pobreza: quienes crecen en estas condiciones suelen percibir menores ingresos en la adultez”.
A su juicio, ignorar la alta incidencia de pobreza infantil “no solo es una deuda ética, sino una amenaza al desarrollo del país. El impacto de estas carencias se cristaliza mucho antes de que el individuo ingrese al mercado laboral, limitando su potencial”.
Esta preocupación también es compartida por Marigen Narea, académica de la Escuela de Psicología e investigadora del Centro de Justicia Educacional: “Los niños que crecen en hogares con niveles más altos de pobreza, inestabilidad y estrés presentan más dificultades de autorregulación emocional, más conductas problemáticas tempranas y menos oportunidades de estimulación. Estas diferencias no son anecdóticas ni transitorias: tienden a persistir y a organizar trayectorias de desarrollo que se vuelven cada vez más difíciles de revertir con el paso del tiempo”, advierte.
Y agrega: “La pobreza no actúa como un simple déficit de ingresos. Opera, más bien, como un entorno de estrés acumulado que afecta simultáneamente al niño y a sus cuidadores. Madres con mayores síntomas de depresión, hogares con mayor desorganización cotidiana, menor disponibilidad emocional y menos oportunidades de aprendizaje, configuran un contexto que dificulta el desarrollo socioemocional desde muy temprano”.
La académica añade que, sin embargo, “la pobreza no determina el destino. Incluso en contextos de alta vulnerabilidad, los niños que crecen en hogares con mayor calidez emocional, rutinas más estables y prácticas de cuidado sensibles presentan trayectorias significativamente más favorables. Dicho de otro modo, el ambiente familiar importa —y mucho—, pero no como un rasgo fijo, sino como un proceso dinámico que puede mejorar o deteriorarse en función del apoyo que recibe”.
Políticas públicas pensadas en la infancia
Consultada sobre cómo enfrentar esta situación, Marigen Narea comenta que “las políticas públicas chilenas han oscilado entre dos enfoques insuficientes: por un lado, transferencias monetarias que alivian la pobreza, pero que no siempre reducen el estrés cotidiano; por otro, programas parentales que ponen el foco en cambiar conductas individuales, sin modificar las condiciones estructurales en que esas conductas se despliegan”, afirma.
“En cuanto a la evidencia, los mejores resultados ante las consecuencias de la pobreza en la infancia aparecen cuando se combinan ingresos estables, apoyo a la salud mental parental y servicios de primera infancia de alta calidad, especialmente durante los primeros años de vida. Es hora de pensar las políticas centradas en los niños y con una mirada integral”, añade.
Respecto a la forma de abordar este tema, Ignacio Irarrázaval, director del Centro UC de Políticas Públicas, menciona el informe Propuestas Presidenciales en Pobreza Infantil, elaborado junto a expertos de la Fundación Colunga y Unicef. En particular, destaca la propuesta sobre diseñar e implementar un sistema para aplicar la Ley de Inclusión Escolar en educación inicial y fortalecer las capacidades de los equipos de aula.
En un conversatorio sobre la CASEN 2024, Gabriel Ugarte, investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) y profesor UC, expresó que “el gasto social en niños y niñas es menor que en otros grupos de riesgo. En el ciclo de vida de adulto mayor y jóvenes, entre 2017 y 2024, el gasto ha aumentado un 80%, y en el grupo de niños se ha gastado menos de un tercio de eso”, lo cual refleja la urgencia para la próxima administración. Además, destacó que “ya no es solo importante acceder a un colegio, sino que ahora también lo es aprender; en el fondo, la calidad a la que se está accediendo”.
El deterioro del mercado laboral
En el mismo encuentro se planteó la necesidad de potenciar la “capacidad de generar empleo” a través de educación y nuevas oportunidades. Claudia Martínez apuntó que “la tasa de desocupación —que actualmente está en un 8,4%— es siempre más alta en los hogares pobres, porque una de las razones por las cuales están en situación de pobreza es porque no encuentran trabajo”.
Para Ignacio Irarrázaval, la disminución de la pobreza a nivel general “se explica fuertemente por el aumento de los subsidios monetarios que se han duplicado entre la situación prepandemia 2017 y la actualidad 2024”. Mientras que Paulina Henoch, del Instituto Libertad y Desarrollo, alude a un deterioro o nulo avance en el mercado laboral: “Algo está pasando con las oportunidades laborales para los grupos más vulnerables. Es preocupante porque nos hace ver que hay 3,5 millones de personas en la pobreza”.
En línea con lo anterior, Felipe Larraín y Carmen Cifuentes, director e investigadora del Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales (Clapes UC), expresan su preocupación por “la fragilidad laboral y la incidencia del Estado”, en una columna en El Mercurio. Según los autores, las cifras demuestran que el bienestar descansa cada vez menos en el trabajo y cada vez más en la acción del Estado: “Entre 2022 y 2024, el ingreso monetario promedio aumentó, pero este crecimiento no se explica por mayores ingresos laborales, sino por el fuerte incremento de los subsidios”.
El economista Sergio Urzúa, también investigador de este centro y profesor de la Universidad de Maryland, también se refiere a la situación: “Entre 2017 y 2024 el promedio de los subsidios monetarios mensuales creció 109,8%, mientras que el promedio de los ingresos mensuales del trabajo aumentó solo 4,5%. ¿Será que parte de los problemas del mercado laboral son producto de los (des)incentivos que produce este crecimiento desigual?”.
Inversión y evidencia
Clave es recordar lo planteado por los premios Nobel de Economía, James Heckman, para quien la inversión en los primeros años de vida es la que posee la mayor tasa de retorno económico y social para un país: "La inversión en la primera infancia es la estrategia más eficiente para el crecimiento económico y para reducir la desigualdad" ; y Angus Deaton -también experto en medición de bienestar- sobre la importancia de la estadísticas como base de un Estado eficiente: "Las estadísticas de alta calidad no son un lujo, sino una necesidad absoluta para diseñar políticas que realmente mejoren la vida de los ciudadanos".
En un Chile que enfrenta desafíos estructurales en su mercado laboral y una vulnerabilidad infantil persistente, la CASEN 2024 debería ser el cimiento sobre el cual se construyan políticas basadas en la evidencia y no solo en la asistencia.
La pobreza es un tema de especial preocupación del Papa León XIV y que de hecho inspiró su exhortación apostólica “Dilexi Te”, publicada en octubre de 2025. Centra su magisterio en el amor a los pobres, definiendo la pobreza no como un destino, sino como una realidad a combatir, llamando a "destruir las estructuras de injusticia" que la perpetúan. Enfatiza una visión integral de la pobreza (material, cultural, espiritual y soledad), criticando la inequidad del sistema económico actual.
“La pobreza interpela a los cristianos, pero interpela también a todos aquellos que en la sociedad tienen roles de responsabilidad. Exhorto por ello a los jefes de Estado y a los responsables de las naciones a escuchar el grito de los más pobres”, afirma el Papa.
Y agrega: “No podrá haber paz sin justicia, y los pobres nos lo recuerdan de muchas maneras, con su migración, así como con su grito tantas veces sofocado por el mito del bienestar y del progreso que no tiene en cuenta a todos, y que incluso olvida a muchas criaturas abandonándolas a su propio destino”.
(…) “buscar el Reino de Dios implica el deseo de transformar la convivencia humana en un espacio de fraternidad y de dignidad para todos, sin excluir a nadie. Está siempre a la vuelta de la esquina el peligro de vivir como viajeros distraídos, desatentos al destino final e indiferentes hacia quienes comparten el camino con nosotros”.