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Columna rectores UC y U. Chile: El necesario retorno a clases de los escolares


Los rectores Ignacio Sánchez y Ennio Vivaldi V. comentan en una carta a El Mercurio la importancia de este nuevo inicio de clases y la necesidad de que sea una reapertura progresiva, flexible y variable en el tiempo y un retorno gradual de los estudiantes a sus establecimientos. 

photo_camera Hasta ahora, lo que es motivo de consenso a nivel nacional y global, es el impacto negativo de la suspensión de clases presenciales que en ciertos grupos sociales llega a ser devastador. Crédito imagen: Karina Fuenzalida

Nos enfrentamos al desafío de iniciar el retorno a clases con la reapertura de escuelas, liceos y colegios a un año de su cierre, así como de aumentar las actividades presenciales en las universidades. Ha existido abundante debate y diferentes planteamientos sobre esta materia. El Ministerio de Educación ha fijado el inicio del año escolar para el lunes 1 de marzo, reconociendo que se debe proceder con flexibilidad y adaptación a la situación que viven las comunidades y regiones del país. Por su parte, el Colegio de Profesores ha indicado que no están dadas las condiciones en esta fecha para un inicio de las clases presenciales, basado en la existencia de riesgos a la salud de las comunidades educativas. Además, los sostenedores han presentado dudas sobre la adecuada disponibilidad en las escuelas de los insumos sanitarios y condiciones básicas para retornar. 

Hasta ahora, lo que es motivo de consenso a nivel nacional y global, -como lo expresan informes recientes de UNICEF, UNESCO y OCDE-, es el impacto negativo de la suspensión de clases presenciales que en ciertos grupos sociales llega a ser devastador. A pesar del enorme y muy encomiable esfuerzo que han realizado las y los docentes para responder al nuevo contexto, es evidente que la pandemia actuó sobre una sociedad con profunda desigualdad, importantes brechas educativas e insuficientes soportes del Estado para compensar estas desigualdades, afectando el desarrollo cognitivo, social y emocional de los niños, niñas y adolescentes. Así también, es importante relevar el impacto familiar, -específicamente en el trabajo femenino-, que tendrá repercusiones difíciles de cuantificar. 

En este contexto, las universidades estamos presentes en la Mesa Social COVID, buscando colaborar en definir nuevos caminos para restablecer el funcionamiento pleno de nuestro sistema educativo, una prioridad para el país. En primer término, debe analizarse el ámbito sanitario, en el que la iniciativa iCOVID es de gran utilidad al entregar información actualizada en cada comuna. Ello debe adaptarse a la situación diversa a lo largo del país, ya que hay comunas en cuarentena y otras en etapas avanzadas de reapertura de actividades. Por otra parte, el proceso de vacunación para los profesores y el personal de educación están en pleno desarrollo. Estos factores sanitarios deben considerarse para una reapertura progresiva, flexible y variable en el tiempo y un retorno gradual de los estudiantes a sus establecimientos. 

"Hoy, más que nunca, las necesidades de aprendizaje estarán en el ámbito de lo socioemocional, reelaborando la experiencia de los vínculos comunitarios, con un esfuerzo para resignificar la escuela y volver a construir los vínculos de las comunidades escolares" - Ignacio Sánchez y Ennio Vivaldi, Rector UC y Rector UCH

En segundo lugar, en los cambios curriculares a implementar, las facultades de educación pueden entregar un aporte muy significativo, como ya lo hicieron el año pasado con ocasión de transitar a la virtualidad. En esto, se ha planteado una síntesis curricular con menor número y mayor profundidad de los contenidos; mayor incorporación de metodología de enseñanza virtual; avances en el apoyo tecnológico de los profesores y estudiantes; y un aumento de recursos y capacitación por parte del sistema educacional. Hoy, más que nunca, las necesidades de aprendizaje estarán en el ámbito de lo socioemocional, reelaborando la experiencia de los vínculos comunitarios, con un esfuerzo para resignificar la escuela y volver a construir los vínculos de las comunidades escolares. Así, la superación de la pandemia nos permitirá implementar transformaciones e innovación con miras a una educación de futuro.

Así también, es evidente que en este retorno se ha generado un problema de prejuicios y antagonismos que debemos reconocer y enfrentar en beneficio de los estudiantes, quienes son el centro de nuestra preocupación. A la actual mesa de trabajo ministerial se ha integrado el Colegio de Profesores, lo que es de la mayor relevancia. El desafío es ahora poder analizar en conjunto todos los aspectos involucrados en esta tarea, incorporando a los diferentes actores para que puedan expresar sus temores, inquietudes y requerimientos en el proceso de retorno. En este ámbito, es de especial importancia la opinión de los apoderados, -quienes finalmente decidirán si enviar o no a sus hijos(as) a los establecimientos educacionales-, de los trabajadores de la educación y de los estudiantes. A través de un trabajo en equipo, permanente y de largo plazo, podremos avanzar para lograr el ansiado retorno educacional.

La pandemia nos ha demostrado la importancia de la ciencia, el conocimiento y el trabajo conjunto e integrado de la academia al servicio del país. Por ello, desde nuestras universidades manifestamos nuestra mayor voluntad de colaboración para contribuir al retorno seguro del sistema escolar a la presencialidad en beneficio del desarrollo país y de sus habitantes.


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