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Ecólogo del IEB recibe premio internacional por su investigación en el Desierto de Atacama


El científico del Instituto de Ecología y Biodiversidad y de la Universidad Católica, Claudio Latorre, fue galardonado por la Geological Society of América, con una de las máximas distinciones para investigadores que trabajan en zonas áridas.

Claudio Latorre en el salar de Sororal-Atacama. Foto Magdalena Fuentealba.

photo_camera Por sus investigaciones de más de dos décadas en el desierto de Atacama, el paleoecólogo e investigador Claudio Latorre fue distinguido con el Premio “Farouk El-Baz” que cada año entrega la Geological Society of America (Sociedad Geológica de Estados Unidos de América (geosociety.org)). Gracias a ello, Latorre se convierte en el primer latinoamericano en recibir este galardón. Foto Magdalena Fuentealba.

Claudio Latorre, paleoecólogo e investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad y profesor titular de la Universidad Católica, lleva más de dos décadas sumergido en el desierto de Atacama, tiempo que le ha permitido explorar en profundidad este ecosistema y entender incluso, cómo ha variado el clima, la vegetación y los ciclos del agua durante los últimos 50 mil años, en uno de los territorios más áridos del mundo.

Por éstas y otras contribuciones a la investigación en zonas desérticas, el Doctor en Ecología y Biología Evolutiva fue recientemente distinguido con el Premio “Farouk El-Baz” que cada año entrega la Geological Society of America (Sociedad Geológica de Estados Unidos de América (geosociety.org). Gracias a ello, Latorre se convierte en el primer latinoamericano en recibir este galardón, denominado así en honor al científico egipcio-americano del programa APOLO, responsable de estudiar la geología de la luna y los sitios más adecuados para el aterrizaje de la misión espacial.

“Este sábado me enteré que había sido nominado y además ganador de este premio, que es como el “Nobel del Desierto”, lo que fue muy emocionante. Esta distinción también ha sido otorgada a dos de mis mentores, Julio Betancourt y Jay Quade, quienes han sido tremendamente importantes en mi formación. Por todo ello, el anuncio de este premio que entrega la Sociedad de Ecología de Estados Unidos y la Sección de Geología Cuaternaria y Geomorfología, es una noticia muy gratificante”, señaló el investigador del Instituto de Ecología y Biodiversidad.

“Este sábado me enteré que había sido nominado y además ganador de este premio, que es como el “Nobel del Desierto”, lo que fue muy emocionante. Esta distinción también ha sido otorgada a dos de mis mentores, Julio Betancourt y Jay Quade, quienes han sido tremendamente importantes en mi formación”- Claudio Latorre, académico UC premiado

Fue el propio Julio Betancourt quien nominó al científico de la UC a este premio, a través de una carta en la que destaca su amplia trayectoria y contribución al entendimiento de los efectos climatológicos, ecológicos, hidrológicos, y cambios geomorfológicos y culturales en el desierto de Atacama. Ambos se conocieron en 1995, cuando Latorre se trasladó a la Universidad de Arizona para realizar un magíster, período en el que también compartió con el geoquímico Jay Quade, donde estudió rocas de Plioceno, dientes fósiles y otros elementos, a fin de comprender cómo se expandieron las plantas C4 por primera vez en América. Luego de eso, y a partir de su doctorado, el científico del IEB inició su camino de exploración por el desierto y sus múltiples secretos.

Por su parte, Claudio Latorre también valora la distinción como un reconocimiento a la ciencia que se desarrolla Chile, y al trabajo que desde sus inicios ha sido respaldado por el Instituto de Ecología y Biodiversidad: “Desde mi período de formación, mis investigaciones han sido apoyadas y financiadas por fondos nacionales y en particular por el IEB, centro que le ha dado prioridad a esta línea de trabajo, impulsando su continuidad. Por esta razón, la distinción también es un reconocimiento al Instituto, gracias al cual además, muchos jóvenes han participado de las investigaciones durante su formación profesional”.

“Uno de los puntos que más destaco es la interdisciplinariedad de los estudios, factor que me ha permitido trabajar con investigadores no solo de otras ciencias naturales sino también los que están en la arqueología, antropología, o incluso en áreas relacionadas con el arte rupestre"- Claudio Latorre, académico UC

En ese contexto, el paleoecólogo también advierte los aportes que ha generado su trabajo y trayectoria, en el estudio de las zonas áridas, incluyendo múltiples miradas. “Uno de los puntos que más destaco es la interdisciplinariedad de los estudios, factor que me ha permitido trabajar con investigadores no solo de otras ciencias naturales sino también los que están en la arqueología, antropología, o incluso en áreas relacionadas con el arte rupestre. Otros trabajos también han hecho posible abordar aspectos políticos como el manejo del agua. Todo esto revela cómo la ciencia ha sido tan importante para entender la naturaleza del agua en el norte, de donde viene, y como ha variado, entre otros factores. Las investigaciones desarrolladas además nos han permitido analizar escenarios pasados que pueden ayudar a comprender las transformaciones que traerá el cambio climático en estas zonas áridas, donde aún tenemos muchas preguntas por develar”, detalla el científico.

La labor de Claudio Latorre también destaca por sus numerosos estudios con diferentes archivos paleoecológicos, como son las paleomadrigueras: fragmentos del pasado compuestos por huesos, material vegetal, insectos y heces acumuladas por roedores, encerrados en una matriz cristalina sólida de orina de los mismos ratones, conservadas durante miles de años en refugios de rocas y cuevas.

Respecto de su trayectoria, la labor de Claudio Latorre también destaca por sus numerosos estudios con diferentes archivos paleoecológicos, como son las paleomadrigueras: fragmentos del pasado compuestos por huesos, material vegetal, insectos y heces acumuladas por roedores, encerrados en una matriz cristalina sólida de orina de los mismos ratones, conservadas durante miles de años en refugios de rocas y cuevas. Dichos registros biológicos constituyen un registro fundamental para entender la evolución de la vida y las transformaciones en el Desierto de Atacama.

 


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