Estudio propone nuevo método para el seguimiento de felinos menores
Un equipo de investigadores liderados por el académico del Campus Villarrica y CEDEL UC, Nicolás Gálvez, logró individualizar por primera vez a la güiña (Leopardus guigna), a través del uso de cámaras trampa orientadas verticalmente hacia el suelo, lo que permite mayor precisión para su estudio, aspecto clave para la conservación.
photo_camera La innovación metodológica es clave para la conservación de especies en peligro de extinción. (Crédito fotográfico: Jerry Laker)
En ecosistemas como el bosque templado lluvioso del Valle de Reñihué, en la provincia de Palena, el fotomonitoreo de fauna silvestre impone desafíos particulares. La lluvia constante y la densidad del sotobosque dificultan el registro de especies como la güiña (Leopardus guigna), el felino más pequeño del continente, cuyo peso apenas supera los dos kilos, y con una longitud que ronda los 60 centímetros.
A pesar de ser una especie estudiada con frecuencia en los ecosistemas chilenos, los estudios aún no lograban dar con un mecanismo que permitiera estimar con precisión su abundancia y densidad poblacional, a partir de la identificación de individuos. En cambio, las metodologías acercaban las investigaciones a estimaciones que no consideraban la precisión deseada, pudiendo obtener estas cifras a partir del trabajo realizado con cámaras trampa instaladas lateralmente.
Así, una nueva investigación publicada en la prestigiosa revista Oryx y liderado por el investigador del Centro UC de Desarrollo Local (CEDEL UC) y académico del campus Villarrica, Nicolás Gálvez, puso a prueba una metodología innovadora en el fotomonitoreo de felinos menores: instalar cámaras de forma vertical, en ángulos de 90°, para registrar las manchas en su espalda, las que serían clave para su identificación.
El secreto está en la espalda
En 2018, del trabajo de una estudiante de magíster sugerió que el pelaje dorsal del gato güiña presentaba una variabilidad mucho mayor que sus costados. Fue entones que Thomas Kramer, de Fundación Reñihué, junto al investigador Nicolás Gálvez, decidieron innovar en su estudio.
"¿Esto es posible de realizarlo en condiciones naturales?", se preguntaron entonces, según recuerda Nicolás. La respuesta requirió una innovación metodológica: diseñar e implementar un sistema de cámaras trampa con orientación cenital; es decir, fijadas en ramas o vigas de forma completamente vertical, apuntando hacia el suelo, por donde transita el animal.
La instalación no fue sencilla, recuerda Thomas. "Fuimos aprendiendo criterios nuevos de cómo había que instalar estas cenitales". Esta nueva metodología requería estudiar con precisión el área de encuadre de las cámaras. "Uno tiene que ser muy selectivo con los lugares que elige y saber que por ese metro cuadrado en particular va a pasar la güiña", detalla el coautor.
De esta forma, a través de fórmulas trigonométricas basadas en el largo del cuerpo de la güiña y el ángulo de visión de los lentes, los científicos calibraron la altura óptima en 2,5 metros. Esto permitió asegurar que el sensor registrara el cuerpo entero del animal al menos en dos imágenes consecutivas, sorteando incluso la rapidez con la que suele desplazarse este felino.
Así, tras un despliegue de 40 estaciones cenitales, que cubrieron un área de 640 hectáreas durante casi dos años, el esfuerzo dio frutos: se acumularon 1.386 fotografías de güiñas en 586 eventos independientes.
Aprender un nuevo idioma
El procesamiento de los datos requirió un filtro riguroso de visibilidad y nitidez, descartando las tomas borrosas o aquellas donde el porcentaje del animal en la imagen, no era suficiente. Asimismo, se excluyeron los ejemplares melánicos (negros), dado el bajísimo contraste de sus manchas bajo estas condiciones.
De esta forma, las imágenes seleccionadas fueron sometidas a una edición que permitió aislar la figura de los individuos, someterlas a un tratamiento en escala de grises y un aumento de contraste que permitió resaltar sus marcas.
Thomas, quien además es fotógrafo profesional, lideró el proceso de identificación bajo un estricto protocolo de doble ciego. Tras imprimir y recortar las 300 siluetas obtenidas, el investigador pasó dos semanas completas buscando patrones coincidentes de forma puramente visual, donde el único requisito fue identificar, al menos, dos marcas diagnósticas distintivas: una en el inicio de la cola y otra en la base del cuello.
"Al principio era muy difícil reconocer individuos. Después ya era cosa de verlo inmediatamente y casi que uno estaba viendo la cara del individuo en esas manchas, porque se nos hacía familiar", explica.
100% de éxito
Para comprobar la precisión del método, el equipo realizó una evaluación cruzada. En cada evento, la cámara trampa tomaba una ráfaga de tres imágenes, es decir, tres fotografías para un mismo individuo. Cada imagen fue identificada de forma que pudieran referenciar a un mismo individuo, lo que permitió luego verificar si las siluetas agrupadas visualmente correspondían efectivamente a la misma secuencia de captura. El resultado fue contundente: en el 100 % de los casos evaluados, la asignación visual dio en el clavo.
"Fue un momento emocionante después de tanto tiempo trabajando, viendo que realmente tenía sentido lo que estábamos haciendo", confiesa Thomas. A través de este ejercicio, lograron catalogar e individualizar a un total de 12 ejemplares de güiña, bautizados con nombres de árboles y plantas nativas, como Tepa, Sauco, Quila o Alerce.
Una ventana hacia la conservación
Más allá del logro técnico, las implicancias de esta metodología para la conservación de la biodiversidad en el neotrópico son profundas. Hasta la fecha, las evaluaciones de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) respecto a la güiña se han fundamentado mayoritariamente en tasas de detección general de cámaras horizontales, utilizando estimaciones matemáticas sumamente conservadoras.
"Una vez que ya sabemos que el método sí logra individualizar, la proyección es armar diseños que busquen estimar densidad y abundancia", recalca Nicolás Gálvez. Estos parámetros son vitales para actualizar los verdaderos niveles de amenaza y riesgo de extinción de la especie, particularmente en las zonas norte y centro de su distribución en Chile, así como en Argentina, donde las subpoblaciones se encuentran fragmentadas y en un estado mucho más crítico debido a la pérdida de hábitat, incendios forestales y ataques de animales domésticos.
Además, el método cenital ofrece una ventaja operativa única en ecosistemas australes de alta pluviosidad: al mirar hacia el suelo, los lentes quedan naturalmente protegidos de las gotas de lluvia y el barro, que suelen empañar y arruinar los registros laterales convencionales. Asimismo, requiere la inversión de una sola cámara por estación de monitoreo, a diferencia de los esquemas tradicionales cruzados que exigen dos dispositivos para capturar ambos flancos del animal.
Los investigadores sostienen que esta innovación no se limita únicamente a la güiña. Su uso tiene un potencial enorme para ser replicado en el estudio de otros pequeños felinos amenazados que habiten entornos boscosos y cuenten con patrones de pelaje dorsal característicos, como los pertenecientes a los géneros Neofelis, Prionailurus y otros miembros de Leopardus.
Revisa el estudio completo