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¿Hereditaria o electiva?: Estudio UC analiza cómo se trasmite la religión dentro de las familias


La investigación define los mecanismos a través de los cuales las prácticas religiosas se transmiten entre generaciones, y aborda las posibles razones detrás de la creciente desafiliación de los jóvenes católicos y la permanencia en el mundo evangélico-protestante.

Rosario

photo_camera En el mundo evangélico-protestante el mecanismo de transmisión tiende a ser “contracultural-electivo” y en el catolicismo, mayoritariamente “cultural-hereditario”.

La tendencia a la desafiliación religiosa se ha instalado en las últimas décadas en Chile, especialmente entre los más jóvenes. De acuerdo al Censo 2024 los desafiliados —que no declaran tener ni credo o religión— aumentaron marcadamente: de ser 8,3% en 2002 a 25,8% en 2024. Esto se condice con los datos de la Encuesta Bicentenario UC, donde el 51% de quienes tienen entre 18 y 34 años declara no identificarse con ninguna religión.

Pero esta desafiliación no se observa de manera homogénea en todas las religiones. Según el Censo, en 2002 el 70% se declaraba católico, cifra que bajó al 54% en 2024. Por otra parte, la proporción de evangélicos-protestantes se ha mantenido relativamente estable: 13,2% en 1992 y 16.3% en 2024.

A partir de los datos, se podría aventurar que la transmisión del catolicismo es más débil a través de las generaciones. Esta diferencia parecería dar cuenta de que en un caso hay presencia de mecanismos de transmisión de la creencia y práctica religiosa; y en otro no.

Esto es lo que indagó Maureen Neckelmann, profesora asistente del Instituto de Sociología UC y del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Religión de la Facultad de Teología. En su estudio “Transmisión religiosa intergeneracional: una aproximación comparada” (Fondecyt de Iniciación Número 11250169), profundiza en los mecanismos a través de los cuales la religión se transmite a través de las generaciones dentro del espacio familiar, desde una perspectiva comparada. Los resultados preliminares fueron presentados en el último Coloquio organizado por el Instituto de Sociología.

La religión en contextos de pluralidad

La profesora Neckelmann prefiere conceptualizar el panorama religioso contemporáneo desde el “pluralismo” más que desde la idea de “secularización”. El concepto –tomado del investigador de las religiones, Paul Berger– da cuenta de un contexto en el que se produce una apertura de las posibilidades de elección religiosa que incluyen, también, la secular o no-religiosa.

Esta pluralidad, comenta la investigadora, es algo que se experimenta tanto a nivel colectivo como individual y que hace que la verdad religiosa pierda realidad y deje de ser algo que las personas experimentan en su vida cotidiana de forma tan evidente a través de significados y símbolos, como también de ritos compartidos.

La pérdida de plausibilidad puede, en último término, producir desactivación religiosa, pero también convierte al credo y la práctica religiosa en algo incrementalmente selectivo, puntualiza la profesora. Por una parte, esta selectividad del credo y la práctica religiosa permiten convertir la opción religiosa en una expresión de autenticidad individual y, por otra, invita a las comunidades a crear las condiciones para su transmisión y plausibilidad.

Estudio comparativo de familias religiosas

Este último punto —la necesidad de crear las condiciones para la religión —, argumenta la profesora, se vive especialmente dentro de la familia, porque ésta se ha convertido en el espacio autorizado para la socialización religiosa en un contexto de pluralismo.

Por esta razón, la investigación toma el espacio familiar intergeneracional para profundizar en los mecanismos de transmisión religiosa, a través de “monografías familiares” que incluyen entrevistas y observación etnográficas de familias de tres generaciones —abuelos, padres e hijos— tanto evangélicas-protestantes como católicas.

Una de las claves a la hora de emprender la investigación han sido los mecanismos de transmisión que, en gran parte, se definen por su relación con el mundo exterior a la comunidad religiosa. Estos mecanismos explicarían, en parte, la estabilidad intergeneracional en el tiempo tanto de la creencia como de su transmisión.

El primero de los mecanismos es el que la profesora Neckelmann nombró como “contracultural-electivo”, adoptado en gran medida por el mundo evangélico-protestante. Uno que se define por la creación de una esfera familiar aparte y regida por prácticas religiosas que conscientemente buscan la separación de la cultura mayoritaria. En estas familias se busca crear mecanismos de aislamiento, pero que a su vez entregan herramientas para conducir la búsqueda espiritual propia y la afirmación individual de la religión en un contexto de pluralidad de creencias.

Por otro lado, la investigación da cuenta de un mecanismo “cultural-hereditario”, que es mayoritariamente adoptado por la religión católica. Un mecanismo eficaz en contextos sociales en donde se espera una unanimidad social de la creencia religiosa y que, por tanto, se encuentra fuertemente amenazado en un contexto de pluralidad. Esto porque la religión deja de ser transmitida de forma intencionada y da amplio espacio a la acomodación al mundo y flexibilidad sobre lo que significa pertenecer a un credo.

En la presentación, la investigadora dio cuenta de los resultados preliminares de sus observaciones de campo con familias evangélico-protestantes y católicas que revelan cómo la religión se transmite, vuelve plausible y concreta en la vida cotidiana del espacio familiar.

Conversión en el mundo evengélico-protestante

En los casos evangélico-protestantes, las primeras generaciones generalmente comparten testimonios de conversión que transformaron su creencia y práctica religiosa que afirmaron, posteriormente, en el vínculo conyugal. En éstos, lo que se buscó intencionadamente fue la concordancia religiosa que posteriormente, sentó las bases para la formación de “subsociedades”, como lo llamó Paul Berger, fuertemente ligadas a parroquias. Esto permitió que la segunda generación naciera y fuera criada dentro de un contexto intencionadamente religioso que luego en algunos casos, transmite a través de la educación escolar dentro del núcleo familiar en la tercera generación.

Este mecanismo “contracultural” también es acompañado por mecanismos electivos, que se reflejan, por ejemplo, en la apertura a una búsqueda espiritual autónoma en distintas generaciones. Ya sea en la búsqueda de alternativas de iglesias o denominaciones que se adecuaran o concordaran de mejor manera con los cambios experimentados por las familias a nivel educacional o socioeconómico.

Por otro lado, en las familias católicas observadas, el mecanismo hereditario-cultural es el mayoritario. La experiencia de las primeras y segundas generaciones de la religión se produjo en contextos de menor pluralismo que sustentaron sus expectativas de la continuidad de la práctica y credo religioso. El ambiente general así lo propiciaba y, por tanto, también las familias estaban abiertas a una alta acomodación al mundo que no era acompañada de una decisión clara y explícita de tener hijos practicantes.

Peregrinación y manda: prácticas no institucionales del catolicismo popular

Sin embargo, sí existen dos excepciones interesantes dentro del catolicismo. La primera es el catolicismo de élite, que replica la idea de una contra-culturalidad religiosa y apartamiento del mundo a través de la educación y la práctica cotidiana. Esta contraculturalidad es experimentada como una consciencia de minoría dentro de la pluralidad que debe ser continuamente intencionada en estilos de vida, modos de hablar, prácticas religiosas intensivas y estilos de familia que propicien la conservación de esa estructura de plausibilidad religiosa.

La segunda excepción es el caso del catolicismo cultural, una idea levantada en investigaciones anteriormente publicadas sobre prácticas de peregrinación religiosa en Chile. En estos casos, la religión católica sí logra transmitirse a través de las generaciones mediante prácticas no-institucionales de religión popular, como la manda y la peregrinación.

En estos casos, la religión logra ser reproducida dentro de la familia a través de las generaciones, habilitando a su vez espacio para expresiones individuales dentro de una estructura familiar más comunal. Por ejemplo, conservando la práctica de la peregrinación, pero adaptándola a preocupaciones individuales.

La académica comentó la necesidad de buscar la posible existencia de mecanismos contraculturales dentro del catolicismo en contextos socioeconómicos medios y bajos, así como también indagar en los credos y prácticas religiosas evangélico-protestantes que expresarían una relación más “acomodada” con el mundo.


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