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Adulto mayor

El confinamiento para las personas mayores: ¿cómo enfrentarlo?


Académicos señalan que este tipo de restricciones debe considerar los efectos adversos para la salud mental de las personas mayores en un contexto nacional donde aproximadamente un cuarto de la población posee síntomas depresivos (según última Encuesta Nacional de Salud o ENS), donde existe bajo acceso a atención psiquiátrica, y donde persiste una alta tasa de suicidios entre mayores de 60 años (12,5 por 100.000 habitantes o 360 por año).

photo_camera En la columna dicen que a pesar de los valiosos esfuerzos del Gobierno por proteger a personas mayores que viven en residencias para ellas, un número incierto de este tipo de instituciones funcionan en condiciones informales y sin autorización sanitaria. Imagen: César Cortés

Para reflexionar acerca del efecto del confinamiento en personas mayores, los profesionales Ignacio Madero Cabib, académico UC y director alterno del Núcleo Milenio para el Estudio de Curso de Vida y la Vulnerabilidad (MLIV), investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) y colaborador del Centro de Estudios de la Vejez y Envejecimiento UC; Jorge Browne Salas, de Geriatría UC; junto al académico de la Usach Pablo Villalobos Dintrans, escribieron la siguiente columna de opinión que fue publicada el pasado 30 de mayo en El Mercurio.

¨De manera similar a otros países, en Chile las personas se han visto desproporcionadamente afectadas por el covid-19. Según los últimos datos oficiales del Gobierno las personas mayores de 60 años representan un 14,2 % del total de los contagios, pero un 48,6 % de las hospitalizaciones en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) y un 83,2 % de los fallecimientos. Como resultado, desde marzo del presente año el Gobierno ha decidido implementar regulaciones específicas que buscan el confinamiento y distanciamiento de este segmento de la población.

Entre estas regulaciones se encuentran la prohibición de visitas familiares a los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (Eleam), el cierre de los Centros Día, la cancelación de actividades de prevención de salud dirigidas a personas mayores, la prohibición de reunión en todos los clubes de personas mayores en el país, y además la cuarentena domiciliaria obligatoria para personas sobre los 75 años de edad. Esta última medida, según las proyecciones para 2020 del Censo 2017, afectaría a 960.619 Personas en nuestro país.

Aunque muchas de estas regulaciones siguen las directrices emitidas por instituciones internacionales, como la Organización Mundial de la Salud, las restricciones dirigidas a personas mayores son comprensibles principalmente como una primera reacción para enfrentar y de algún modo mitigar los efectos nocivos del covid-19. Sin embargo, es necesario reflexionar críticamente sobre los desafíos a corto plazo que ellas implican.

El primer y más evidente desafío a corto plazo es que el “distanciamiento social” de personas mayores se convierte en “aislamiento social”, en un que, según un informe de Naciones Unidas en 2019, más del 30% de las personas mayores viven solos/as o con otra persona mayor.

El primer y más evidente desafío a corto plazo es que el “distanciamiento social” de personas mayores se convierte en “aislamiento social”.

En segundo término, este tipo de restricciones debe considerar los efectos adversos para la salud mental de las personas mayoresen un contexto nacional donde aproximadamente un cuarto de la población posee síntomas depresivos (según última Encuesta Nacional de Salud o ENS), donde existe bajo acceso a atención psiquiátrica, y donde persiste una alta tasa de suicidios entre mayores de 60 años (12,5 por 100.000 habitantes o 360 por año).

En tercer término, la prestación de salud para enfermedades diferentes al covid-19 se ha visto afectada negativamente debido al cierre parcial de los servicios “no esenciales”. Por ejemplo, si observamos cifras del Departamento de Estadística e Información en Salud (DEIS) y comparamos las tres primeras semanas de enero de 2020 con las tres primeras semanas de abril de 2020, las consultas de Urgencia entre personas mayores por síndromes coronarios agudos y accidentes cerebrovasculares muestran un descenso del 39% y del 29% respectivamente.

Esto último es particularmente importante considerando el fuerte aumento de algunas enfermedades crónicas no transmisibles reportadas en la última ENS. Aunque todavía no hay datos disponibles públicamente, esto sugiere que podrían aparecer cifras similares para el tratamiento del cáncer, la prevención de enfermedades cardiovasculares, y otros servicios esenciales no asociados al covid-19.

Finalmente, a pesar de los valiosos esfuerzos del Gobierno por proteger a personas mayores que viven en residencias para ellas, un número incierto de este tipo de instituciones funcionan en condiciones informales y sin autorización sanitaria. Considerando este aspecto, actualmente no es posible estimar el real efecto de medidas preventivas de covid-19 dirigidas a personas que viven institucionalizadas. Las decisiones de confinamiento responden a la priorización de criterios epidemiológicos necesarios para comunidades de alta transmisión viral.

Sin perjuicio de ello, es necesario revisar críticamente las medidas preventivas de covid-19 para personas mayores, y entender que así como es relevante evitar el contagio de este virus, también lo es el funcionamiento físico, mental y social de estas personas durante la actual crisis sociosanitaria. Un número cada vez mayor de académicos/as buscamos contribuir en esta perspectiva integral para las personas mayores.

Así como es relevante evitar el contagio de este virus, también lo es el funcionamiento físico, mental y social de estas personas durante la actual crisis sociosanitaria.

Sobre el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES)

El Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) desarrolla investigación colaborativa en temas relacionados al conflicto social y la cohesión (convivencia) en Chile, por medio de un equipo multidisciplinario proveniente de las ciencias sociales y humanidades. COES centra sus actividades académicas y de difusión en el análisis de las múltiples manifestaciones del conflicto social en Chile, sus causas así como también su contexto cultural e histórico.

El Centro está patrocinado por la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile, y como instituciones asociadas se encuentran la Universidad Diego Portales y la Universidad Adolfo Ibáñez. COES cuenta con el financiamiento del programa FONDAP de CONICYT.


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