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Miryam Singer dirigió ópera en Jerusalén


La directora de Artes y Cultura de la universidad fue la regisseur a cargo de la ópera cómica “La Jolie Parfumeuse” de Jacques Offenbach, producción que la Jerusalem Academy of Music and Dance realizó en Israel.

photo_camera Archivo UC

Apenas se le menciona un tema relacionado con su carrera, sin mediar mucha conversación, Miryam Singer declara con los ojos encendidos que la pasión de su vida es enseñar.  “La alegría que da trabajar con una persona joven que no tiene mayor experiencia es inmensa. Durante el montaje empiezas a ver cómo se le abren mundos, cómo establece relaciones de colaboración con sus pares y cómo empiezan a potenciarse y a aprender unos de los otros. Llegas a la sala y donde no había nada hay un personaje cabal, una obra y un universo nuevo. Para mí es la coronación de todas mis aspiraciones artísticas”. 

Por eso, no tuvo dudas cuando recibió la propuesta del director de la catedra de canto de la Jerusalem Academy of Music and Dance. Buscaban una regisseur para su producción anual y ella, a quien habían conocido a través de unas clases magistrales, era la elegida. Las fechas de presentación eran 21, 22, 23 y 24 de febrero. Por eso los primeros días del mes se embarcó con destino a Israel para hacerse cargo de la dirección de “La Jolie Parfumeuse”, ópera en tres actos que Jacques Offenbach creó en 1873. El francés fue uno de los grandes del entretenimiento y llegó a ser uno de los más destacados creadores en materia de ópera bufa o cómica. “El libreto es muy inteligente y respeta todas las convenciones del género”, afirma Miryam. 

Ella no conocía la obra, comenzó a estudiarla en Santiago. Fue una tarea desafiante, porque no existen grabaciones de la pieza y se perdieron algunas de sus partituras originales. Cuando conoció al elenco, no sabía cuán talentosos eran los participantes. “Empecé a foja cero, a crear un mundo nuevo, sintiendo al principio un poquito de resistencia, porque ninguno conocía el género de la opereta y la construcción de los personajes que les resultaban extraños”, recuerda. 

Los miembros del elenco tenían entre 22 y 26 años, todos eran estudiantes de pregrado, excepto una alumna de magíster. Tenían una gran disposición al estudio y prepararon la obra rigurosamente. Todos cantaban en francés con una perfecta fonética y tenían las notas muy bien aprendidas. En dos semanas preparó los tres actos y logró cambiar los paradigmas que ellos tenían. La tercera la dedicó a ensayos generales y la cuarta fue la presentación, que se realizó en la misma Jerusalem Academy of Music and Dance, con entrada liberada al público. 

“Para mí fue una experiencia maravillosa. Académica, pero también artística. Creo que para todos hubo un antes y un después. Porque se dieron cuenta de que cuando una persona que tiene muy claro que las posibilidades de un cantante son infinitas, y las explora con amor, respeto y cuidado, consigue que la persona crezca, florezca. Todo lo que consigo es con amor, con delicadeza. Y su propia persona se reveló de una forma que para ellos era desconocida”, comenta.

Al final de la puesta en escena, los cantantes le mandaron una carta muy emotiva, agradeciendo la dedicación y la energía que le puso al proyecto. “Las bases que nos diste nos ayudarán a ser mejores cantantes y actores y nos acompañarán a través de nuestra carrera. Estuviste dedicada a este proyecto desde el principio y estamos muy agradecidos por eso. Siempre supiste dar críticas constructivas junto con palabras cálidas y útiles… Trabajar en esta ópera contigo fue una experiencia maravillosa”, eran algunas de sus frases. 

Los profesores de la academia se mostraron muy satisfechos y el público, feliz. “Nunca imaginé que iba a tener una respuesta tan agradecida. Quedé muy emocionada”, recuerda Miryam. “Porque uno cuando trabaja, no es para que den las gracias, sino para hacerlo bien. Me gustaría mucho repetir la experiencia”. 

Sobre “La Jolie Parfumeuse”

La historia trata de una joven dueña de una perfumería en la Francia del SXIX. Ella se casó con un joven que tiene un padrino muy rico. Él, a su vez, tiene una amante, una bailarina de la ópera de París. El joven le encarga al padrino que lleve a la novia a su nuevo hogar, pero él se la lleva a su propia casa. Ella, avergonzada porque su esposo nunca le creerá que llegó ahí víctima de un engaño, se disfraza y aparenta ser la nueva bailarina de la ópera. Todos se enamoran de ella, quien se confabula con la amante del padrino para darle a éste su merecido. Finalmente se resuelve el engaño y el novio celoso es castigado. El padrino se casa con su amante y todos son felices. 

 

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

Constanza Flores L., cmflores@uc.cl


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