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Revista Universitaria Nº166:

Reimaginar la cultura como un bien público


La libertad artística es aquella que permite imaginar, crear y distribuir diversas expresiones sin la censura de los gobiernos, la interferencia política o las presiones de actores no estatales. No obstante, para lograr esta libertad debemos asegurarnos de que la cultura se convierta en un bien común de acceso universal.

photo_camera Revisar el ecosistema cultural en su totalidad y adaptarlo a los nuevos retos, brindando una oportunidad única para reflexionar sobre la transformación ocurrida en los sectores culturales y creativos en los últimos años, es lo que plantea Sergio Ottone, subdirector general de Cultura de UNESCO. (Crédito fotografía: UNESCO)

*Este artículo es parte de Revista Universitaria Nº166, "La hora de las culturas". Leer más artículos de su especial aquí.


La pandemia de covid-19 ha sumido al mundo de la cultura en una profunda crisis, cuyas consecuencias siguen sufriendo hoy los creadores y profesionales del sector. Las instituciones culturales y los sitios del Patrimonio Mundial de cada región se han visto drásticamente afectados por los cierres y las restricciones a la movilidad, teniendo un grave impacto sobre las comunidades que dependen de estos lugares para su subsistencia. Muchas prácticas del patrimonio cultural inmaterial han sido interrumpidas, con importantes consecuencias para la vida social, económica y cultural de las comunidades de todo el mundo.

Esta situación sanitaria nos ha obligado a revisar el ecosistema cultural en su totalidad y a adaptarlo a los nuevos retos. Es una oportunidad única para reflexionar sobre la transformación ocurrida en los sectores culturales y creativos en los últimos años, impulsada por las nuevas tecnologías y plataformas digitales, el aumento de la movilidad de los profesionales del sector y la aparición de desafíos relacionados con la propiedad intelectual, el estatuto de los creadores y la diversidad cultural en el espacio digital. Ante esta nueva realidad, la UNESCO ha tratado de proporcionar una respuesta inmediata, conforme a su mandato, liderando el diálogo político y ministerial sobre las políticas culturales a nivel global, a través de varios procesos.

En primer lugar, el Foro de Ministros de Cultura establecido por la UNESCO, en 2019, y celebrado por segunda vez en 2020, en los inicios de la pandemia, ha logrado grandes avances de cara a la integración de la cultura en el marco del G20 –el mayor espacio de deliberación política y económica mundial–. Lo anterior, bajo las presidencias de Arabia Saudita y de Italia, respectivamente.

Asimismo, en la víspera del cuarenta aniversario de la histórica Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales (Mondiacult), cuyo papel en la conformación de políticas culturales nacionales e internacionales ha sido esencial, la UNESCO ha propulsado junto a México la organización de Mondiacult (Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales), que tendrá lugar en septiembre de 2022.

Este nuevo encuentro intergubernamental tendrá como objetivo establecer una plataforma interministerial de referencia sobre políticas culturales que permita una reflexión en torno a los nuevos retos, desafíos y perspectivas del sector y de las políticas culturales a nivel global, reafirmando el papel de la cultura como eje transversal del desarrollo sostenible. Además, revisará y analizará el conjunto de políticas, mecanismos y prácticas públicas que deberán ser integradas en la nueva agenda global de cultura y en la definición de los nuevos paradigmas en materia de arte, cultura y creatividad. Reconocer y proteger los derechos individuales y colectivos de propiedad intelectual en el ámbito digital y en los aspectos vinculados con los derechos culturales, incluidos los de los pueblos indígenas, reviste máxima prioridad. Combatir la destrucción del patrimonio cultural universal, así como el tráfico y el comercio ilícito, particularmente a través de mercados digitales, y reconocer la necesidad de nuevos modelos de cooperación internacional resulta igualmente esencial.

Un sector resiliente

El presente escenario requiere sinergias y estrategias comunes para lograr la recuperación y el fortalecimiento de la sociedad. Esto no solo en el plano nacional, sino también a nivel regional, a través de nuevos modelos de acción y colaboración entre los estados. (Crédito fotografía: UNESCO)
El presente escenario requiere sinergias y estrategias comunes para lograr la recuperación y el fortalecimiento de la sociedad. Esto no solo en el plano nacional, sino también a nivel regional, a través de nuevos modelos de acción y colaboración entre los estados. (Crédito fotografía: UNESCO)

El presente escenario requiere sinergias y estrategias comunes para lograr la recuperación y el fortalecimiento de la sociedad. Esto no solo en el plano nacional, sino también a nivel regional, a través de nuevos modelos de acción y colaboración entre los estados, en los que la cultura juega un rol central como catalizador del desarrollo humano y social.

La crisis ha puesto de manifiesto las vulnerabilidades preexistentes del sector cultural. Los derechos sociales y los medios de vida de los trabajadores se han visto particularmente debilitados. La naturaleza precaria de su labor los ha hecho especialmente frágiles a la crisis económica derivada de la pandemia, a la vez que ha exacerbado las ya existentes desigualdades y volatilidad del sector creativo. Por lo tanto, una de las prioridades que ha puesto de relieve la pandemia ha sido la necesidad de reforzar la gobernanza cultural.

Por otra parte, la importancia de fortalecer la recopilación de datos con el fin de medir el impacto de la crisis en el sector y basar las políticas de respuesta en información concreta y cuantificable también ha sido resaltada.

El covid-19, además, ha servido para evidenciar la necesidad imperiosa de digitalizar el sector cultural. Aprovechar las oportunidades de la transformación digital implica asegurar la igualdad de acceso a una diversidad de contenidos en línea, promoviendo asimismo el multilingüismo, y garantizar una remuneración justa de los profesionales de la cultura a través de sus derechos de autor.

La transición digital debe beneficiar a todos los actores de la cadena de valor creativa. Para ello, se ha desarrollado una serie de recomendaciones sobre cómo superar la brecha digital, incluidas la necesidad de mejorar la infraestructura de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), de subvencionar la oferta de contenidos culturales en Internet y de asegurar un apoyo estatal mayor a la digitalización de archivos y futuros contenidos culturales. También se abogó por una actualización de las leyes de propiedad intelectual para abordar adecuadamente el consumo en línea de contenidos culturales.

Apoyar la creación y difusión de contenidos creativos locales digitales supone un paso fundamental para promover la diversidad de las expresiones culturales en toda la región. En este sentido, la regulación de las plataformas culturales globales se presenta como un desafío crítico que requiere un diálogo político concertado y coordinado. Para respaldar estos esfuerzos, la UNESCO lanzó una guía práctica de referencia: “La cultura en crisis: guía de políticas para un sector creativo resiliente”. Esta ofrece consejos concretos a los responsables políticos en sus esfuerzos por mantener las industrias culturales y creativas en este periodo de crisis y más allá.

Sin embargo, estas iniciativas serán en vano si no somos capaces de escuchar otras voces, a menudo marginadas, y de implicar plenamente a la sociedad civil en estos procesos.

Es por eso que lanzamos el movimiento ResiliArt, el 15 de abril de 2020, con el cual nos propusimos no solo sensibilizar a la comunidad internacional sobre la importancia del sector creativo, a través de diálogos abiertos, sino también poner en contacto a todos los actores del sector para encontrar soluciones sostenibles que refuercen las industrias culturales y creativas, y apoyen a los artistas y profesionales de la cultura, durante y después de la pandemia.

El éxito y la relevancia de este movimiento han quedado ampliamente demostrados. No en vano, se han celebrado más de 297 debates en más de 142 países. La precariedad de los artistas expresada en los debates ResiliArt evidencia que estamos lejos de alcanzar la visión definida por la Recomendación de 1980 de la UNESCO relativa a la Condición del Artista. Los artistas no reclaman derechos especiales, sino derechos sociales y económicos básicos, tales  como un mejor acceso a la salud, a las prestaciones de desempleo, a un salario mínimo, a los planes de pensiones, a la movilidad, a una remuneración justa y a oportunidades de formación. Muchos nos han recordado que el apoyo del Estado a la creación de sindicatos de artistas es necesario para facilitar la acción colectiva frente a la crisis.

Género y creatividad

Las mujeres artistas y las profesionales de la cultura siguen siendo objeto de acoso, intimidación y abusos, al tiempo que el desarrollo del entorno digital plantea nuevas amenazas a su libertad artística. (Crédito fotografía: UNESCO)
Las mujeres artistas y las profesionales de la cultura siguen siendo objeto de acoso, intimidación y abusos, al tiempo que el desarrollo del entorno digital plantea nuevas amenazas a su libertad artística. (Crédito fotografía: UNESCO)

Las desigualdades de género en los sectores cultural y creativo también se han visto afectadas por la crisis del covid-19. La publicación de la UNESCO “Género y creatividad: progresos al borde del precipicio” explora los obstáculos que dificultan la igualdad de género en los sectores cultural y creativo, entre ellos, el acceso desigual al trabajo decente, la remuneración justa y los puestos de dirección. Las mujeres artistas y las profesionales de la cultura siguen siendo objeto de acoso, intimidación y abusos, al tiempo que el desarrollo del entorno digital plantea nuevas amenazas a su libertad artística. Las restricciones ocasionadas por la crisis sanitaria han exacerbado estas desigualdades. Las mujeres se enfrentan a una sobrecarga de trabajo no remunerado y a un desgaste mental desmesurado en el desarrollo de su carrera. Además, la pandemia ha provocado un aumento de la violencia contra las mujeres: mientras que el confinamiento las protege del acoso laboral, las sobreexpone a la violencia doméstica. Para las mujeres en situación de vulnerabilidad (con trabajos precarios, madres solteras, mujeres de minorías), los retos son aún mayores.

En el marco del Año Internacional de la Economía Creativa para el Desarrollo Sostenible, celebrado este año en curso, debemos trabajar juntos para intensificar nuestros esfuerzos a favor de la economía creativa. Hay que asegurar que los actores de todas las etapas de la cadena de valor creativa –desde la creación y la producción, pasando por la distribución y el acceso– estén representados. Las organizaciones de la sociedad civil pueden llenar ciertos vacíos y garantizar una mayor representación. Debemos hacer todo lo posible para que los enormes retos a los que nos enfrentamos hoy se vean recompensados con un periodo de creatividad sin límites.

Para asegurar una rápida recuperación del sector de la cultura, tenemos que abordar estas cuestiones fundamentales y facilitar la mejora de la situación económica y social de los profesionales de la cultura. Queda de manifiesto el compromiso y el entusiasmo de los trabajadores culturales de todo el mundo por participar en los procesos de reconstrucción. Así pues, mientras empezamos a reimaginar lentamente la cultura en el contexto de esta nueva realidad, debemos aprovechar la inteligencia colectiva de los artistas y los profesionales de la cultura y de la sociedad civil.
 

*Leer más artículos del especial "La hora de las culturas" de Revista Universitaria Nº166.


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