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El Mercurio

¿Cómo reducir la huella ambiental de la ciencia?


Foto de Flavia Zacconi
Académica Facultad de Química y de Farmacia
Investigar al más alto nivel exige recursos. Centros de investigación en Cataluña y Chile demuestran que reducir esa huella es posible sin sacrificar el rigor de los procedimientos. Comenta la también investigadora asociada Centro UC Investigación en Nanotecnología y Materiales Avanzados (CIEN UC).

Cajas llenas de puntas plásticas de pipeta descartadas tras un solo uso, ventiladores encendidos las 24 horas y ultracongeladores a -80 °C consumiendo energía sin pausa. El avance científico tiene una huella ambiental colosal, y lo que durante generaciones se consideró el precio inevitable de la excelencia, hace ya algunos años ha comenzado a cuestionarse desde los propios centros de investigación.

En el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), primer centro de España acreditado como “laboratorio verde”, la transformación nació de dentro. “El impulso vino de los propios investigadores y técnicos preocupados por el cambio climático”, recuerdan Isabel Oliveira y Cristina Arimany, responsables de gestión de instalaciones y programas estratégicos del IBEC. La estrategia priorizó acciones de bajo impacto metodológico: rellenar cajas de pipetas, reutilizar botellas de vidrio o aplicar un decision tree para viajes que eliminó el avión en trayectos cortos a favor del tren. “La sostenibilidad y la ciencia de excelencia tienen que ir juntas. Si apagas un equipo al terminar, no alteras el resultado y ahorras mucha energía”, afirman. (…)

En Chile, la búsqueda de laboratorios sostenibles sigue un camino paralelo. Para Flavia Zacconi, académica de la Facultad de Química y de Farmacia y del Instituto de Ingeniería Biológica y Médica de la UC y referente en química verde, el problema debe abordarse antes de encender el mechero. “Incorporar la sostenibilidad implica preguntarnos, desde el diseño experimental, si podemos usar sustancias menos peligrosas, reducir disolventes o trabajar a menor escala, manteniendo la reproducibilidad científica”. (…)

La transición ecológica de la ciencia choca con la coyuntura financiera. Ante la reducción de los fondos públicos para la ciencia proyectada para el próximo año —que afectará directamente a programas de infraestructura, como Fondequip—, Zacconi advierte sobre el impacto ambiental indirecto: “Una disminución de estos recursos restringe las oportunidades de renovación tecnológica. Las tecnologías modernas no solo aportan precisión, sino mayor eficiencia energética y menor consumo de reactivos”. (…)

 

 


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