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El Mercurio

El abandono de adultos mayores se instala como desafío


Foto de Macarena Rojas Gutiérrez
Directora Ejecutiva Centro UC Estudios Vejez y Envejecimiento
Casos recientes de fallecimientos en condiciones de aislamiento evidencian la fragilidad de las redes de apoyo en un país que envejece aceleradamente.

El envejecimiento de la población ha traído como consecuencia lógica un incremento de hogares habitados solo por adultos mayores, sumando además situaciones de abandono.

Esta realidad eleva tambiénlos riesgos en seguridad social, exposición a delitos y daño en la salud mental al vivir en soledad.

Solo en casos más recientes, este panorama lo evidenció el fallecimiento de un adulto mayor (94) en la comuna de Independencia, cuyos restos, en estado de abandono, se hallaron al interior de su casa en octubre pasado. Su data de muerte se proyectó en 12 meses. También está el deceso a inicios de mes, por suicidio, de otra persona de avanzada edad (94), en la comuna de Llolleo.

Mientras que solo hace unos días, en una habitación rodeada de basura, Carabineros de El Quisco encontró a una mujer (87) que presentaba indicios de desnutrición. Habitaba la vivienda supuestamente al cuidado de su hija, quien resultó detenida.

Según datos del Censo, los hogares conformados por personas de 65 años o más aumentaron desde 4,3% en 1992 a 11,6% en 2024. Se proyecta que un número significativo podría corresponder a viviendas unipersonales habitadas por este segmento de la población. (…)

Macarena Rojas, directora eje-cutiva del Centro UC Estudios de Vejez y Envejecimiento, comenta que la vejez forma parte de una realidad heterogénea. Para esto, ilustra con casos de adultos mayores de rangos etarios menores, que permanecen activos laboralmente por más años y no necesariamente en desprotección o abandono. Aunque esto último podría explicarse por un cambio en la estructura social, según afirma.

“En Chile estábamos muy arraigados al acompañamiento familiar. Era muy común familias que convivían con los abuelos constantemente. Eso hoy día se ha modificado mucho. Las familias se han transformado, hay menos hijos para cuidar, acompañar o sostener a los mayores. Muchas veces viven en ciudades o en regiones distintas, y algunas personas mayores también por voluntad propia quieren mantener su independencia (...). Eso en sí mismo no es ni bueno ni malo, porque cuando uno mantiene la autonomía y se siente vinculado y con redes, está bien”.


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