IA y empleo, ¿complementariedad o desplazamiento?
Este verano se vio interrumpido por reportes y artículos sobre los saltos exponenciales en la capacidad de la inteligencia artificial (IA). Ver cómo tareas técnicas que antes requerían semanas de programación ahora se resuelven en minutos no es solo una anécdota de eficiencia; es una señal inequívoca de que la forma en que trabajamos debe cambiar como respuesta a este avance.
Es innegable que la IA tiene efectos económicos profundos y aún difíciles de dimensionar. La narrativa predominante suele ser binaria: o nos dirigimos a una era de productividad y bienestar infinito, o a un escenario apocalíptico donde la IA reemplaza el trabajo de escritorio (economistas, abogados, ingenieros tendríamos fuerte competencia de IA entre otros) y los robots el manual (trabajo en bodegas, cosechas etc), exacerbando la desigualdad y fracturando el tejido social. En Chile, según datos recientes, mientras un 55% de los trabajadores ya utiliza IA en sus labores diarias, un 39% manifiesta el temor de que la tecnología pueda sustituir el trabajo humano.
Un camino intermedio consiste en la adaptación, el uso de la tecnología, y el impacto preventivo o mitigador de la regulación. Dos investigaciones publicadas en el mes pasado nos invitan a mirar aristas del impacto de la IA en el mundo del trabajo en esta dirección.
Un working paper basado en un experimento realizado en Argentina ofrece evidencia fascinante sobre el potencial nivelador de esta tecnología. Los investigadores enfrentaron a participantes de diversos niveles educacionales a una tarea compleja: diagnosticar problemas y proponer soluciones técnicas. En forma aleatoria, algunos de ellos pudieron usar IA, mientras otros no.
Los resultados son interesantes. Primero, el acceso a la IA aumentó la productividad de todos los participantes. Segundo, y más disruptivo, es que el aumento en productividad fue mayor para quienes tenían menor nivel educacional.
En la práctica, la IA actuó como un ecualizador de habilidades, disminuyendo la brecha de rendimiento entre trabajadores. Si el mercado laboral asocia el pago a la productividad, y estos resultados se escalan, la IA podría reducir la desigualdad salarial. Un tercer resultado, importante también, es que no encuentran evidencia negativa sobre el conocimiento que tienen los participantes sobre la tarea realizada. (...)
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