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El Mercurio

Inicio etapa escolar y salud mental de los padres


Foto de Marigen Narea
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Profesora Escuela Psicología
De acuerdo al estudio longitudinal “Mil primeros días”, aunque se ven fortalezas en vocabulario y memoria de trabajo, la medición detectó ausentismo grave, atrasos en habilidades iniciales de lectoescritura y matemática, junto con dificultades socioemocionales. El bienestar de los cuidadores aparece como un factor relevante.

En 2019 —cuando tenían entre 12 y 15 meses—, 1.161 niños de la Región Metropolitana comenzaron a formar parte de un seguimiento que buscaba entender cómo las experiencias de cuidado, las condiciones familiares y los entornos en que crecían iban moldeando su desarrollo. Todos fueron seleccionados a partir de su primer control de salud en centros públicos del Gran Santiago. Desde entonces, el estudio longitudinal Mil Primeros Días, del Centro de Justicia Educacional de la U. Católica - CJE, los evalúa de manera constante. 

“Es de los pocos estudios en Chile que han logrado ver toda la trayectoria del niño, desde casi nacer hasta llegar al colegio”, dice Marigen Narea, académica de la Escuela de Psicología UC e investigadora del CJE. Justamente, su quinta y más reciente medición, realizada entre agosto de 2024 y marzo de 2025, pero recientemente dada a conocer, abordó cómo los niños enfrentaban esta transición hacia la etapa escolar.

A primera vista, uno de los resultados de la nueva medición se muestra positivo: 99,4% de los niños estaba matriculado en kínder o 1° básico. 

Sin embargo, esa cobertura casi universal viene con una alerta. Cerca de 31% había faltado cuatro o más días durante el último mes. Es decir, presentaba ausentismo grave. (…)

En sus recomendaciones, el informe plantea que abordar el ausentismo supone hacerse cargo de causas estructurales como el cuidado de hermanos y los problemas de salud. 

Narea además agrega que las razones y percepciones sobre la asistencia van cambiando. Mientras en edades más tempranas hay familias que prefieren no enviarlos, entre prekínder y kínder se identifica una tensión entre distintos mensajes respecto de qué es lo mejor.

“Tenemos distintos discursos: desde la parte más médica es mejor que no vaya para que no se enferme, pero por otro lado se dice que tienen que estar en sala para poder aprender”, ejemplifica. Esto abre “el desafío de cómo coordinar los sistemas de salud y de educación para potenciar el mejor beneficio de los niños”. (…)

En cuanto a la evaluación de problemas emocionales y conductuales, 67,1% de los niños se ubicó dentro del rango normal, mientras 16,6% apareció en rango de riesgo y 16,4% en rango clínico. Las dificultades fueron especialmente visibles en problemas como ansiedad y retraimiento. La académica UC explica que un niño con problemas socioemocionales puede empezar a tener dificultades con su entorno y a partir de ahí, otros de atención y aprendizaje en otras áreas. 

Siguiendo esta línea, el informe también indaga en el bienestar de quienes los cuidan. En esta quinta medición, 35,9% de los cuidadores presentó niveles de sintomatología que se consideran compatibles con depresión. Narea recalca que “esto es un screening, no un diagnóstico”, pero señala que el resultado ha sido una preocupación persistente durante los años de seguimiento.

“A una madre deprimida le es muy difícil ponerle atención a un hijo que en los primeros años no habla mucho y requiere interpretación constante. Al perder esa capacidad de interpretación, el niño queda un poco a la deriva”, explica. 

A ello se suma el estrés parental: 19,9% de los cuidadores se ubicó en rango clínico. “Un papá estresado no estimula cognitivamente de la misma manera; está más cansado y no tiene tanta energía para dedicarle al niño”, agrega Narea. (...)

 


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