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Revista Diálogos

La IA y la civilización del amor


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Directora Revista Diálogos
Con su primera encíclica, Magnifica humanitas, sobre la custodia de la dignidad humana en tiempos de IA, León XIV nos invita a renovar la mirada de la “Civilización del amor”, escribe la directora de la revista Diálogos de Pastoral UC.

Su mensaje central es que ni los algoritmos más sofisticados, veloces y exactos pueden igualar, y menos reemplazar, la dignidad de cada ser humano compuesto por alma, cuerpo y espíritu, con una historia única, con emociones, recuerdos, talentos y limitaciones. Las que, dice el Papa, nos permiten encontrar nuestra grandeza porque se convierten en “un espacio en el que el ser humano madura y se abre a la relación”, (MH 118).

Resulta iluminador que León XIV actualice el mensaje de la Doctrina Social de la Iglesia. Su encíclica es un aporte no solo a los creyentes sino a líderes políticos, educadores, instituciones educativas y a la juventud misma. El Papa habla con objetividad y equilibrio de las ventajas de la IA como la inmediatez para brindar y ordenar información. Nos recuerda eso sí, que no puede pensar, discernir por nosotros ni mucho menos darnos orientaciones morales o psicológicas. Nos pide que no nos dejemos robotizar, nos advierte los riesgos de sacrificar nuestra privacidad cuando tantas veces las redes nos presentan justo aquello que estábamos buscando para que seamos presas de consumo, haciéndonos sentir que nos conocen más que nuestro mejor amigo.

Una de las muchas reflexiones que ofrece el Papa es el llamado a “desarmar la IA”, en sintonía con la invitación que hizo desde el inicio de su pontificado a “desarmar el corazón”.  ¿Cómo se desarma la IA? rompiendo “esta equivalencia entre el poder tecnológico y el derecho a gobernar” (MH 110), buscando que esta nueva herramienta no sea motivo de brechas sociales o culturales, ni mucho menos permitiéndole que sea ese “gran hermano” que nos controle y domine como si fuese nuestro dueño y señor. Para ello debemos usar nuestra inteligencia natural (infinitamente superior) trazando límites y no dejando el rumbo de nuestra vida y decisiones en manos de la “moralización de la máquina”. (…)


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