¿Líderes o discípulos?
El mérito de la investigación está en volver al Evangelio para pensar una cuestión muy actual. Marcos no presenta la autoridad cristiana según las categorías del prestigio, el dominio o el honor. La corrección de Jesús a los discípulos va en otra dirección: ser el último, hacerse servidor, recibir a los pequeños y renunciar a reproducir las formas de poder de “los jefes de las naciones” (Mc 10,43). La autoridad, entonces, no se legitima por la posición ocupada, sino por su conformidad con el camino de Jesús.
A partir del planteamiento de Vernola, podríamos avanzar en decir que, si el discipulado es tal, entonces el liderazgo será eficaz porque tendrá como criterio el servicio, el reconocimiento de la propia fragilidad, la búsqueda del desarrollo de los talentos de quienes son liderados y, lo que está a la base de todo: poner a Cristo en el centro de toda dimensión actitudinal y pragmática del liderazgo.
A lo largo de su libro, Vernola esculpe la categoría de liderazgo en los discípulos a partir de un contexto histórico y retórico. Esto es una apuesta que se puede seguir desarrollando; pero lo que sí es posible afirmar que el liderazgo así identificado corresponde a un discipulado que se radicaliza, precisamente, en aquellos que tienen mayores responsabilidades dentro de la comunidad.
Este enfoque no debilita la tesis del ‘liderazgo como Jesús’, sino que lo vuelve más fecundo. Obliga a distinguir entre autoridad, función, ejemplaridad y discipulado. Los Doce son llamados, enviados y ocupan una posición singular, pero el relato no los idealiza: no comprenden, no demuestran la fe, discuten por los primeros puestos, sienten miedo y finalmente abandonan a Jesús. En contraste, varios personajes pequeños o anónimos —Bartimeo, la viuda, la mujer sirofenicia, la mujer de Betania— parecen comprender antes que ellos la lógica del Reino. (...)