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Aguas con residuos de antibióticos pueden favorecer aparición y dispersión de bacterias resistentes


Las plantas de tratamiento convencionales no logran eliminar completamente los compuestos antimicrobianos, por lo que el agua se devuelven a los ríos y al mar con una fuerte carga de antibióticos, que al entrar en contacto con bacterias que están en ese ambiente, provocan que estas se vuelvan más resistentes. Una propuesta, impulsada por el Centro de Políticas Públicas UC, plantea implementar un sistema de monitoreo ambiental de aguas residuales urbanas, lo que permitiría estimar el consumo poblacional de antimicrobianos y evaluar su presencia en el ambiente.

Agua corriendo de un río entre medio de unas piedras.

La resistencia antimicrobiana es una de las grander amenazas en salud pública a la que se enfrenta la humanidad, poniendo en riesgo décadas de avances en medicina humana y animal. El uso excesivo de antibióticos -por automedicación, prescripción innecesaria o no completar el tratamiento- ha permitido que las bacterias -que han sobrevivido por millones de años en el planeta- aceleren su evolución y muchos medicamentos pierdan eficacia.

Esto hace que enfermedades que tradicionalmente se trataban con antibióticos se vuelvan difíciles de controlar. Es el caso, por ejemplo, de la infección urinaria, que ya no se puede tratar con amoxicilina, porque la bacteria que la provoca se volvió resistente a este medicamento.

Pero el asunto es aún más complejo, ya que los antimicrobianos no solo se quedan en el organismo del portador; también se traspasan a las aguas residuales. Y si bien las plantas de tratamiento eliminan materia orgánica y patógenos, no están diseñadas específicamente para remover residuos de antimicrobianos.

Como resultado, estos compuestos pueden persistir en el agua, que una vez tratada se devuelve a los ríos y al mar con una fuerte carga de antibióticos, que entran en contacto con bacterias que están en ese ambiente. En la mayoría de los casos las eliminan, pero también pueden evolucionar y volverse resistentes, favoreciendo la aparición y dispersión de resistencia antimicrobiana.

Eso ocurre en Chile, en los ríos y en las zonas costeras que reciben descargas de aguas residuales tratadas. En muchos casos, estas aguas son posteriormente utilizadas para riego agrícola, como ocurre en la cuenca del río Mapocho.

“Infecciones comunes, como una amigdalitis o infecciones urinarias pueden volverse más difíciles de tratar cuando las bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos. Incluso algunas infecciones de transmisión sexual, como la gonorrea, han mostrado niveles crecientes de resistencia a tratamientos disponibles”, afirma Ricardo Salazar-González, académico de la Facultad de Química y de Farmacia de la Universidad Católica.

“Esto representa un riesgo para la salud pública y también tiene un impacto económico significativo, ya que implica tratamientos más prolongados, mayor uso de recursos hospitalarios y una mayor probabilidad de propagación de infecciones resistentes”, agrega.

Planta de tratamiento de agua
Si bien las plantas de tratamiento eliminan materia orgánica y patógenos, no están diseñadas específicamente para remover residuos de antimicrobianos. (Crédito fotográfico: Pexels)

Qué son los antimicrobianos

Los antimicrobianos, como antibióticos, antivirales, antifúngicos y antiparasitarios, son medicamentos utilizados para tratar infecciones en humanos y animales. Su uso es fundamental para la medicina moderna, pero una parte de estos compuestos no se metaboliza completamente en el organismo y es eliminada a través de la orina o las heces. 

Estos residuos llegan a las aguas residuales y, posteriormente, a las plantas de tratamiento, que no siempre están diseñadas para eliminar completamente este tipo de compuestos. Como resultado, algunos antimicrobianos pueden persistir y ser descargados hacia ríos, lagos o zonas costeras. 

“Estos compuestos pueden provenir del consumo humano, del uso veterinario, la acuicultura y también de la agricultura. Una vez en el ambiente, pueden entrar en contacto con bacterias y favorecer la aparición de resistencia antimicrobiana”, explica el profesor. Agrega que la exposición continua a estos compuestos puede hacer que algunas bacterias desarrollen mecanismos de resistencia, dificultando el tratamiento de infecciones y aumentando los riesgos para la salud pública.

Proponen implementar sistema de monitoreo de aguas residuales urbanas

El académico Ricardo Salazar-González, junto con otros especialistas de diversas disciplinas, desarrolló una propuesta de política pública orientada a abordar la presencia de residuos antimicrobianos en el medio ambiente.

La iniciativa, impulsada por el Centro de Políticas Públicas UC, destaca que Chile cuenta con avances importantes en la lucha contra la resistencia antimicrobiana, como el Plan Nacional contra la Resistencia a los Antimicrobianos y medidas regulatorias que han fortalecido el uso responsable de estos medicamentos. Sin embargo, el documento advierte que aún existe una brecha relevante en el componente ambiental.

“Actualmente, la vigilancia se centra principalmente en el ámbito clínico y en el uso de antimicrobianos, pero no se está monitoreando de manera sistemática su presencia en el medio ambiente. Esa es la brecha que buscamos abordar”, explica el profesor Salazar-González.

El académico afirma que la propuesta plantea implementar un sistema de monitoreo ambiental en aguas residuales urbanas, lo que permitiría estimar el consumo poblacional de antimicrobianos y evaluar su presencia en el ambiente. “Este enfoque permitiría generar información clave para la toma de decisiones, identificar zonas prioritarias y apoyar el desarrollo de futuras políticas públicas basadas en evidencia”, agrega. Y explica que esta información permitiría avanzar hacia un sistema de vigilancia ambiental a nivel nacional.


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